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La plegria de Izkor (Iom KIpur)

Momento de Recordación

La escena resulta familiar; casi cualquiera que ha cruzado alguna vez el umbral de una Sinagoga guarda cierta memoria de ella.
Es Iom Kipur. O el último día de una de las Festividades más importantes.
La Sinagoga está colmada de hombres y mujeres en sus mejores galas. El servicio religioso se ha iniciado hace rato pero muy pronto una sensación de ansiedad se apodera de la feligresía, a veces acentuada por el ingreso de visitantes, quienes vienen especialmente para este momento y silenciosamente avanzan hacia lugares desacostumbrados.
La Lectura de la Torá, y luego la de la Haftará, tocan a su fin. Más veces sí que no, el Rabino asciende al púlpito y da un sermón, impulsado a altos niveles de elocuencia por el abultado gentío. Casi siempre, a continuación sigue una colecta para alguna causa caritativa, provocando una generosa reacción por parte de los congregados que están ansiosos por que el servicio continúe.
Inmediatamente después, se produce una conmoción, cuando los miembros más jóvenes, aquellos que tienen padres, abandonan la sala.
Y entonces, comienza la plegaria.

Izkor Elokím Quiera Di s recordar…

Súbitamente, no importa cuán numeroso el gentío, cada individuo se siente solo. En silenciosa comunión con su Majzor (Libro de Oraciones para Iom Kipur), cada persona se aísla en la memoria de un ser querido desaparecido.
Para algunos, se trata de un padre que ha abandonado este mundo hace mucho, en una época o lugar muy diferentes a los presentes.
Para otros, es un padre o una madre, un esposo o una esposa arrancados en la flor de la vida, dejando a una dolorida familia sumida en el duelo. La herida aún puede estar fresca; o ser una memoria distante de tiempos mejores.
Para muchos, es el Holocausto lo que viene a la mente, los horrores de la guerra que dejaron a los supervivientes con una larga lista de parientes cuyo recuerdo cobra vida en este día.
Para todos, es un momento de reflexión. No importa cuánto tiempo haya pasado desde que el progenitor o pariente haya dejado este mundo, no importa cuántas veces se ha repetido este ritual, indudablemente se despertarán profundas emociones. Los ojos se humedecen, suspiros casi inaudibles escapan de susurrantes labios, y llantos sentidos son contenidos.
Izkor — en todo el mundo es igual.
Por un breve, silencioso y dignificado momento, los muertos se unen a los vivos. Su presencia es real y es casi demasiado para resistir.
En unos fugaces momentos más todo ha pasado. La cortina entre esta vida y la siguiente, tan brevemente abierta, vuelve a cerrarse una vez más. La generación más joven regresa y comienza el servicio de Musaf.
La vida sigue.
Es nuevamente Iom Kipur o una Festividad alegre.
Pero la memoria sigue flotando en el aire. Izkor — Quiera Di s recordar. También nosotros recordamos.

El Mundo de las Almas

Una apreciación de la plegaria de Izkor debe tomar en cuenta no sólo el significado de las palabras y el origen histórico de la costumbre, sino también el marco religioso filosófico en el cual todo el concepto de evocar a los difuntos fue concebido.
Como ninguna otra plegaria, Izkor nos transporta cara a cara con el mundo de las almas y la espiritualidad; a mirar ojo a ojo los límites de la experiencia humana.
Como tal, el servicio de Izkor está arraigado en las convicciones más esenciales del credo judío. Nos provee de una visión de la concepción de la Torá acerca de temas tan importantes como las realidades de vida y muerte, la Vida Después de la Vida, y Recompensa y Castigo.
Los muertos dependen de los vivos para asistirlos en su existencia en el Mundo Venidero. Por más místico que esto pudiera parecer, es un aspecto muy familiar de la tradición judía. El Kadish es una manifestación de esta enseñanza.
La fuente es el relato Talmúdico que cuenta cómo Rabí Akivá se enfrentó a una espantosa aparición, que era, de hecho, un hombre muerto soportando inenarrable sufrimiento por el mal que había cometido durante su vida.
“¿No hay manera de redimirte?”, le preguntó Rabí Akibá. “Sí”, respondió el hombre muerto. “Si mi mujer encinta tuviera un hijo varón y éste recitara el Kadish o condujera el servicio religioso público, hallaría redención”.
Rabí Akivá localizó a la mujer, ella tuvo un hijo varón; y él logró enseñarle a recitar el kadish. El hombre muerto regresó a Rabí Akibá y le agradeció por haberlo salvado de las torturas del infierno.
En consecuencia la tradición judía universal del Kadish de Duelo y de liderar a la congregación en los oficios religiosos durante el año de duelo y en el Iortzait (aniversario del fallecimiento).

La Plegaria

La práctica de esta plegaria y la promesa de caridad en aras del difunto es ciertamente antigua. Pero exactamente cuándo fue adoptada como rasgo permanente de nuestro servicio de la Festividad y cuándo fue formalmente aceptada la fórmula del Izkor como parte de nuestra liturgia, resulta difícil de determinar.
A partir de la literatura rabínica del período, no es descabellado suponer que fue en el tiempo de las Cruzadas (1096 1046), cuando la judería europea fue diezmada por sangrientas masacres, lo que dio lugar a la costumbre en su forma presente.
Así es que en festividades especiales, los judíos se toman un momento para evocar a sus seres queridos y prometer caridad en su memoria, recitando al mismo tiempo una sencilla plegaria que comienza con Izkor Elokím y menciona al pariente por su nombre.
La frase Izkor Elokím, “Quiera Di s recordar…”, es un tanto sorprendente. ¿Di s olvida? ¿Por qué precisa de nuestro recordatorio?
Una posible fuente de explicación puede derivarse del hecho que Rosh HaShaná es conocido también como Iom HaZikarón, el Día de Recordación. La connotación es una de renovación de la vida más que la del recordatorio de algo espiritualmente olvidado. Al comienzo de cada nuevo año, Di s renueva la existencia del mundo y, como resultado, somete a escrutinio la situación espiritual de Su Creación. Así, Rosh HaShaná es tanto el Día del Juicio como el Día de Recordación, pues ambos conceptos son sinónimos.
Izkor se recita en Iom Kipur y en las Festividades, días que traen elevación y renovación a las almas en el Mundo Venidero. Elevar el nivel de espiritualidad que experimenta el alma es un proceso conocido como zikarón (recuerdo) y, al igual que Rosh HaShaná, implica una cierta medida de juicio. Es en este momento que prometemos caridad por las almas de nuestros seres queridos, permitiéndoles ascender más alto aún por los peldaños de la interminable escalera espiritual.
Izkor Elokím.
La plegaria es directa.
A diferencia del kadish, se ocupa en forma directa del bienestar del difunto. Pero es apenas un componente de la fórmula. Caridad es el otro. Muy poco nos percatamos nosotros, los mortales, de la potencia de este acto. Un par de palabras murmuradas, unos billetes prometidos y, sobre las alas de este mérito, el alma de un ser querido fallecido es enviada a remontarse a los altos planos de existencia espiritual.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).
(Gentileza grafico: www.benuri.com.com)

 

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2 comentarios
  1. Guadalupe

    Esta perfecto lo que esta publicado

    22/03/2018 a las 00:17
  2. silvia

    shana tova!!!! quisiera saber cual es el horario de izcor_ (2018-5779)
    muchas gracias

    11/09/2018 a las 12:11

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