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La plegaria: Una escalera al Cielo

Sara Dubov es graduada del Jewish Teacher´s Training College de Gateshead, Inglaterra, y profesora de Estudios Judaicos en Majón Janá Womens Ieshivá en Brooklyn.

El Muro Occidental en Jerusalén… hombres, mujeres, y niños… turistas, jerosolimitanos, sabras. Se mecen de aquí para allá, mientras canturrean las antiguas plegarias de nuestros antepasados. ¿Qué fórmulas especiales contienen sus Libros de Oraciones? ¿Qué significado y fortaleza se encuentra disponible para cada judío a través del rezo?
De hecho, ¿por qué orar del todo?
Para el judío, la plegaria es el nexo más cercano que él o ella tienen con Di-s. La plegaria puede alterar el curso de la vida de la persona, acercar más al judío a su Creador, y proveernos de nuestras necesidades y deseos.
La plegaria es un maravillo regalo de Di-s, entregado especialmente al judío y a la nación judía como un todo. Con ella hemos sobrevivido privación y dolor en el curso de los milenios. Cuando la vieja nación Moabita planeó el ataque a los israelitas mientras marchaban por el desierto, pidieron consejo a la nación de Midián: “¿Cuál es el secreto que se oculta detrás de esta nación y su líder?”, preguntaron. Los Midianitas contestaron, “Su poder radica sólo en la boca (la plegaria)”[1].

Una característica importante de la plegaria del judío es su poderoso efecto. En la Biblia se nos cuenta que nuestra Matriarca Leá tenía “ojos débiles” [2]. El Talmud explica que sus ojos estaban débiles y enrojecidos de tanto llorar. ¿La causa de sus lágrimas? Como era una mujer virtuosa, sufría incomparablemente al enterarse de que estaba destinada a casarse con Esaú, su primo. Ella era la hija mayor de Labán, Esaú era el hijo mayor de Rivká, de modo que estaban destinados a casarse. Rajel, la hija más joven, estaba destinada a casarse Iaacov, el hijo más joven.
Esaú era conocido como un ladrón, un asesino y un individuo brusco y tosco, en tanto que Iaacov era una persona justa y piadosa.
¿Qué hizo Leá? Lloró… y rezó. De hecho, el Talmud explica que Leá rezó tan fervientemente a Di-s, que sus ojos se pusieron literalmente débiles de tanto llorar. Ella rogó: “Por favor, no permitas que mi destino sea con este malvado”[3].
La plegaria nunca es en vano [4]. Por eso, los esfuerzos de Leá fueron premiados debidamente. Sus plegarias fueron respondidas, y ella se casó con el tzadik Iaacov y no con el malvado Esaú. De hecho, Leá se casó con Iaacov incluso antes que su hermana Rajel, quien estaba destinada por el Cielo a ser su esposa [5].
Además, Leá fue la madre de seis de las Doce Tribus de Israel y se convirtió en una figura principal en la historia de nuestro pueblo.

Uno podría preguntarse: estas historias de la Biblia están bien, pero, ¿cómo se aplican a nosotros, en nuestra época y era moderna?
La respuesta es que la plegaria tiene el poder de sanar en cada generación y para todos los pueblos del mundo. Ayuda al judío no solamente en épocas de dificultad y severa tensión; al examinar sus cualidades de cerca, nos percatamos de las muchas aplicaciones y la naturaleza especial de la plegaria en el judaísmo.
En hebreo, la palabra para `plegaria´ es tefilá, derivada de la palabra palel, que significa `unión´ [6]. Rezando, el judío se conecta con Di-s (según el grado de sentimiento del alma y su poder de comunicación). Esos factores determinan la “cercanía” del nexo entre uno y Di-s.
Nuestras acciones mundanas cotidianas, cuando no se hacen con el pensamiento de algún propósito espiritual, a duras penas nutren al alma. Por el otro lado, cuando ésta se acerca a su unión con su fuente, el Creador, experimenta entonces verdadero placer espiritual [7].
Nuestros Sabios comparan la plegaria con la “escalera de Iaacov” en la Biblia [8]. Pues tal como la escalera se extendía desde la tierra hasta los cielos, así también la plegaria lleva al judío más allá de sus asuntos terrenales y eleva un espacio de su tiempo a empeños más celestiales.

En su excelso más nivel, por supuesto, el alma desea una unión absoluta con Di-s, incluso al grado de abandonar el cuerpo. Se cuenta la historia del Rebe jasídico que cada mañana, antes de sus plegarias, se despedía cariñosamente de su amada esposa y familia, pues temía que su alma ascendiera a las esferas supremas. Contenta de estar allí, ¡bien podría rehusarse a volver a la tierra![9]
Claramente, el judío término medio no alcanza niveles tan elevados inmediatamente. Comienza escalando hacia arriba desde abajo, abriéndose camino hasta la cima. Lo hace, en primer lugar, meditando acerca del significado literal de las palabras de la plegaria.
Examinando nuestras plegarias diarias, encontramos que consisten de tres elementos: 1) alabanzas al Todopoderoso, 2) pedidos por nuestras necesidades diarias, y, 3) agradecimiento por la generosidad de Di-s.
Estos componentes constituyen plegaria del judío.

Pero surgen preguntas: si de hecho el judío cree que todo viene de Di-s, ¿por qué debe pedir por sus necesidades en la plegaria? El Creador ciertamente conoce nuestras necesidades. En segundo lugar, ¿qué beneficio deriva El de nuestra plegaria humana? ¿Cómo pueden nuestras palabras dar a Di-s cualquier medida de satisfacción?
El Talmud afirma que cierto hombre justo concluía siempre sus plegarias con las siguientes palabras:
“Di-s, Tú sabes qué es bueno para mí y mi modo de vida. No he venido a informarte de mis necesidades o para llamar Tu atención a ellas; más bien, para que yo me dé cuenta de cuánto dependo de Ti…” [10].
La respuesta es que Di-s Mismo no requiere de nuestros recordatorios. Más bien, es nuestro deber rezar para que nosotros mismos recordemos a nuestro Creador y cómo todo surge de El.
Si Di-s nos otorgara cada una de nuestras necesidades sin la plegaria, podríamos pronto llegar a creer que nuestras bendiciones de subsistencia, salud y felicidad, son el resultado de nuestros propios esfuerzos humanos. Por lo tanto, rezamos para tomar conciencia de nuestra dependencia de Di-s para nuestro bienestar espiritual y material; pues El es la genuina fuente de todo lo que recibimos en la vida.
La plegaria, tefilá, es como los demás mandamientos en este respecto. No podemos decir que el Creador de toda la vida dependa de nuestro desempeño, de los ceremoniales y rituales judíos. Más bien, los mandamientos, como la plegaria, sirven para beneficiar al judío mismo.
Esta idea arroja luz sobre otro aspecto importante de la plegaria.
Di-s es Omnisapiente y Omnipresente, nada Le falta [11]. Así que no podemos decir que El precise de nuestras alabanzas. Más bien, las palabras de alabanza que recitamos del Sidur sirven para recordar al judío que es Di-s, nuestro Padre y Rey, quien concede nuestros deseos. Tal como un súbdito alaba al Rey antes de formular un pedido, así también el judío inicia la plegaria formal con la alabanza apropiada de Di-s [12].

Nuestros Sabios enfatizan que la alabanza debe adaptarse al pedido[13]. Así, antes de que pidamos lluvia (que en la tradición judía simboliza el “sustento”) decimos: “Tú, Di-s, eres Aquel que hace que el viento sople y la lluvia caiga” [14]. Antes de hacer nuestro pedido, recordamos fortalecer nuestra fe implicando que Di-s realmente puede conceder aquello que pedimos.
Dejando de lado los momentos y tipos específicos de plegarias (que son aspectos esenciales pero demasiado extensos como para su análisis aquí) el factor principal en la plegaria es kavaná, que significa devoción sincera. Como exhorta el Código Judío de Leyes: “Mejor menos súplicas con kavaná, que muchas sin kavaná” [15]. En otras palabras, Di-s no cuenta el número de páginas que se dieron vuelta, sino la intención de uno en la plegaria. Como declara el Talmud: “Di-s desea el corazón”[16].

Hay una historia que ilustra la importancia de la kavaná. Cierta vez, un hijo de Rabí Iehudá Arié Leib de Gur se puso muy enfermo. Su hermano fue inmediatamente enviado a ver al tzadik Rabí Iejíel Meír de Gotstynin, para pedir que intercediera en el Cielo por el muchacho. Dijo Reb Iejíel Meír: “Obligar al Rebe de Gur a recitar todo el libro de Salmos es difícil. Pero al menos diez Salmos debería leer”. Cuando Reb Iehudá Arié Leib recibió este mensaje, exclamó: “¡Diez Salmos! Cuando leo un único Salmo, mi cabeza literalmente comienza a dolerme (por la intensa devoción y concentración). ¿¡Y él dice `Diez´!?” [17]
La importancia de kavaná no pretende servir jamás de excusa como para atenuar el orden apropiado de nuestras plegarias. El concepto es, más bien, rezar con sentimiento, en lugar de hacerlo de una manera mecánica y superficial. “No hagas de tu plegaria una rutina fija”, dice la Etica de Nuestros Padres, “sino, más bien, súplicas y pedidos ante el Omnipotente” [18].

Si los sentimientos y la devoción de uno son realmente de importancia extrema, ¿por qué recita el judío sus plegarias de un Sidur? ¡Indudablemente nosotros podemos expresar mejor qué hay en verdad en nuestros corazones!
El Talmud responde con una pregunta retórica: “¿Puede uno ser tan familiar con el Omnipotente?” [19] Cuando uno pretende una cita con un importante Jefe de Estado, prepara cuidadosamente su presentación y quizás hasta consulte a un experto en armar discursos para expresar sus ideas de la manera más respetuosa y clara. Similarmente, mientras el judío siente una relación personal con Di-s, al mismo tiempo debe recordar que está ante el Rey de todos los Reyes, y debe dirigirse a El de manera consonante. Dado que la mayoría de la gente no está en el nivel de conocer el modo apropiado para dirigirse a Di-s, nuestros Sabios recopilaron las plegarias dándoles una forma fija, con su orden correcto y redacción específica. La combinación de sus palabras, orden y profundas connotaciones, ayudan al judío a elevarse gradualmente en la “escalera ascendente”, trepando cada vez más cerca de Di-s.

La tercera parte de la plegaria se llama hodaá o agradeciendo. Ya antes de sernos otorgados nuestros pedidos, agradecemos a Di-s anticipando Su ayuda. Aun cuando El no concede nuestro pedido específico, igual Le agradecemos por permitirnos pedir (pues, ¿qué monarca permite a sus súbditos solicitar sus necesidades tres veces cada día, todos los días?)
¿Dónde se encuentran estos tres componentes esenciales de la plegaria? En la Amidá (las “dieciocho bendiciones” pronunciadas silenciosamente) que recitamos de pie tres veces al día: a la mañana, a la tarde, y a la noche. En las primeras tres bendiciones alabamos a Di-s, las 13 del medio contienen nuestros pedidos, y las últimas tres son palabras de agradecimiento [20].
Uno reza más fervientemente cuando se ve acuciado por las mareas estresantes de la vida. Cuando pedimos la ayuda de Di-s, creemos saber qué es lo mejor para nosotros. A veces, sin embargo, esto no es así. En la Guemará se cuenta de un joven a quien un Sabio vio rezando con gran entusiasmo en la sinagoga. Cuando le preguntó por qué había rezado con tanta fuerza, el hombre contestó: “Hay una cierta dama con la que yo deseo casarme; ¡ella, y ninguna otra!” El Sabio lo bendijo. Apenas unos pocos meses después, el mismo hombre fue visto rezando nuevamente con igual fervor. “¿Qué pasa ahora?”, preguntó el Sabio. El joven contestó: “En efecto, me casé con la joven. Pero ahora, ¡que Di-s me aparte a mí o a ella, pues no puedo vivir con ella bajo un mismo techo!”
A veces insistimos en que las cosas sucedan como nosotros las queremos, pues suponemos que sabemos qué responde mejor a nuestro interés. Luego nos molesta que nuestro pedido no haya sido otorgado. La verdad es, sin embargo, que Di-s oye cada plegaria del judío; y el Omnisapiente hará lo que es realmente mejor para nosotros. Es, de hecho, un elemento esencial de nuestra fe que todo lo que Di-s hace es para mejor (pero eso es un artículo en mérito propio). Di-s puede a veces otorgarnos lo que exigimos, como en la historia precedente, a fin de enseñarnos una importante lección en la vida. Por lo tanto, es necesario concluir nuestros pedidos con la declaración de uno de nuestros Sabios en el Talmud, quien dice:
“…y si he de pedir, en mi necedad, algo que no es bueno para mí… Tu elección es más sabia que la mía; yo (por lo tanto) encomiendo todos mis asuntos a Tu decreto y acciones supremas…”.
En otras palabras, concluimos diciendo que sabemos qué queremos, pero porque podría no ser bueno para nosotros pedimos a Di-s que haga aquello que es definitivamente mejor, y que aceptemos su Voluntad sin queja.

¿Cuál es el efecto de la plegaria? Como con nuestra Matriarca Leá, vemos que la plegaria puede cambiar el destino del individuo. Como lo dice la plegaria de Rosh HaShaná: “Arrepentimiento, Plegaria y Caridad, pueden apartar el mal decreto” [21]. Mediante la súplica sincera, el judío siempre logra resultados.
Se conocen historias acerca del poder de la plegaria para revivir muertos. En 1927, una mujer visitó la tumba del santo Rabí Shimón bar Iojái. Ella y su hijo de tres años llegaron a la tumba en Lag BaOmer, tras lo cual el muchacho contrajo malaria y murió repentinamente. La pobre madre sollozó amargamente, implorando en la tumba de Rabí Shimón que Di-s, en mérito al santo tzadik, devolviera la vida a su hijo. ¡Milagrosamente, el muchacho se levantó! [22]

La plegaria también tiene el poder de prevenir la muerte. El Talmud nos cuenta que cuando Rabí Iehudá HaNasí yacía en su lecho de muerte, sus dedicados discípulos rezaron que el Todopoderoso le dispensara la vida. Sin embargo, la fiel criada del Rabí, viendo la inmensa agonía que azotaba su extenuado cuerpo, quiso poner fin al suplicio. Ella se dio cuenta de que Di-s no tomaría la vida del Rabí a causa de las sentidas plegarias de sus dedicados discípulos, de modo que alzó una vasija de barro y la lanzó contra la pared detrás de la muchedumbre de suplicantes, distrayendo su atención por un momento. En esa fracción de segundo, silenciadas sus plegarias, el alma de Rabí Iehudá pudo partir [23].
La plegaria puede ayudar en cualquier situación. Como nuestros Sabios han dicho: “aun cuando una espada está sobre el pescuezo mismo de uno, que no desespere” [24].
Es notable que el judío debe volverse a Di-s para todas sus necesidades, no apenas durante tiempos de angustia. Debemos dirigir nuestra mirada a Di-s para nuestras necesidades cotidianas (por más pequeñas que parezcan). Pues así como el sustento y la salud son partes esenciales de la vida, así lo son situaciones tales como cuando nuestros niños salen para ir a la escuela (“Por favor, que vayan y vuelvan sin contratiempos”). Todo está en manos de Di-s. Pues entonces, ¿por qué no volverse a El en todo momento?
Se cuenta una famosa historia del tzadik Joni HaMeaguel. Durante su vida, una severa sequía asoló la campiña de Israel. Cuando las lagrimosas plegarias de la comunidad no dieron ningún resultado, Joni HaMeaguel tomó una vara en su mano, dibujó un círculo sobre el suelo, y mientras permanecía dentro del círculo anunció con voz segura: “¡No saldré de este círculo hasta tanto Tú, Di-s, no traigas lluvias!” De hecho, su demanda tuvo respuesta, y la lluvia comenzó a caer primero a gotas y luego torrencialmente [25].
Es interesante notar que cada uno de los comentaristas sobre este pasaje particular formula la pregunta obvia: ¿Cómo puede un tzadik, un santo sirviente de Di-s, actuar tan descaradamente como para imponer demandas a Di-s? El Malbim (en Beit Elokím) lo explica así: El círculo que Joni dibujó representaba al mundo finito y físico. Permaneciendo en el círculo, Joni en verdad declaraba a Di-s: “Porque Tú no contestas las plegarias de esta comunidad, muestras que el poder de la plegaria es limitado, exactamente como mi grabado de este mundo finito! Pero se nos ha enseñado de otra manera: ¡que la plegaria es infinita y puede lograr cualquier cosa! Haz caer la lluvia y demuéstralo a nosotros, y entonces podré salir de mi círculo!”
Quizás la plegaria de Joni HaMeaguel fue un prototipo de la conexión especial del judío con su Hacedor. Pues la fe del tzadik en el poder absoluto de la plegaria, su fe y sinceridad simple, satisficieron inmediatamente las necesidades de la comunidad. ¿Y la fuente de salvación? La sincera kavaná y fe del judío a través del poder de la plegaria.

1. Bereshit Rabá 20:4.
2. Ibíd. 29:17.
3. Bavá Batrá 123.
4. Ierushalmi Berajot 1:1.
5. Bereshit Rabá 70:16.
6. Tosafot en Pesajím 5:9.
7. Compárese con Sidur Tefilot LeJol HaShaná, pág. 422.
8. Zohar I, 149b.
9. Historias Jasídicas.
10. Citado en Jovat HaLevavot, Shaar Jeshbón HaNefesh.
11. Compárese con Sefer Avodat HaKodesh.
12. Berajot 30a.
13. Basado en Berajot 31b.
14. Amidá.
15. Código Judío de Leyes del Alter Rebe 1:9.
16. Sanhedrín 106b.
17. Historias Jasídicas, Vol. II, pág. 441.
18. Pirké Avot 2:13.
19. Berajot 34a.
20. Rambam, Hiljot Tefilá, 4.
21. Plegaria de Musaf de Rosh HaShaná.
22. Sefer Taaméi HaMinhaguím, pág. 263.
23. Ketubot 104.
24. Taná deBéi Eliahu Rabá 8.
25. Taanit 19a.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

 

Sara Dubov

2 comentarios
  1. dany quinchia

    como hago para que nuestro DIOS ESCUCHE mi oracion y como hago la plegaria para que DIOS actue y sea dada la peticion lo necesito y mucho hago oracion y veo que no tengo respuesta incluso me desespero porque no veo la bendicion o la solucion al problema le oro y no veo resultado sera que lo estoy haciendo mal le agradesco que me ayuden porque si quiero salir adelante con las bendiciones de DIOS gracias

    26/07/2018 a las 15:06
  2. Editor - iojai

    Dios siempre escucha pero El sabe mejor que nosotros que es bueno para nosotros. Para ser recipiente de la bendicion Divina, lo primero que hay que hacer es cumplir sus preceptos y agradecer por todo lo que nos ocurre

    27/07/2018 a las 16:40

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