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La Obligación de Cuidar la Salud Según la Torá

Extraido de Una Vida Saludable

La Obligación de Cuidar la Salud Según la Torá

Como es sabido, la obligación de toda persona en este mundo es refinar el alma mediante el estudio de la Torá, el cuidado de las mitzvot y la mínima ocupación mundana y material. Aun así, también aprendemos de las palabras de nuestros Sabios sobre la gran responsabilidad y obligación de ocuparnos de la salud de nuestro cuerpo. Por ejemplo, vemos en el Talmud (Shabat 82a) que Rab Huna le preguntó a su hijo Raba por qué no acudía a las clases de Rab Jisda, cuyas enseñanzas eran muy refinadas. Le respondió Raba: “¿Para qué habría de acudir a las clases de Rab Jisda, si cuando voy, me habla de asuntos mundanos como sobre el cuidado del cuerpo?”. Sorprendido, Rab Huna le respondió a su hijo: “¡¿Él se ocupa del cuidado de la salud y tú llamas a eso asuntos mundanos?! ¡Con más razón debes ir a estudiar con él!”. De aquí, no sólo aprendemos que las normas del cuidado de la salud no se consideran “asuntos mundanos”, sino además, que incluso hay preferencia por un maestro que enriquece sus clases de Torá con la mención de estos asuntos. Como dijo Rab Huna: “¡Con más razón debes ir a estudiar con él!”.

Reflexionemos sobre las ejemplares palabras del Rab Shimshón Refael Hirsch z”l, acerca de la obligación que tiene toda persona de cuidar su salud y la integridad de su cuerpo:

Debes saber que tanto tu cuerpo, como tus fuerzas y el tiempo limitado que te encuentras en este mundo, no te pertenecen […] Todo ello te fue entregado solamente para que lo utilices como medios y herramientas para el cumplimiento de tus obligaciones. Por lo tanto, eres responsable de utilizar tu cuerpo, así como los demás obsequios con los que fuiste congraciado, sólo de acuerdo a la voluntad de Dios y a Su orden. Pero arruinar, anular y destruir estas herramientas […] ¡De ninguna manera! ¡Dios te guarde de hacer algo así!; eso es algo inconcebible […] Pues Dios te llevará a juicio y te reclamará severamente por lo más preciado que tienes […] ¡Tu propia vida demandará si la arruinas! Eres un servidor de Dios, una persona de espíritu; fuiste enviado aquí a la tierra para entremezclarte con los asuntos materiales y [aun así] cumplir en este mundo con la orden de tu Dios […] Todo esto es un mandato Divino y un objetivo para ti; ¿acaso habrás de rehusarte a desempeñar fielmente tu función? […] ¡Incluso el daño más pequeño tienes prohibido causarle a tu cuerpo! ¡Ay de ti si por ser irresponsable debilitas la constitución de tu cuerpo… ay de ti si por privarte de lo necesario y permitido te extenúas demasiado! […] No pierdas tu vigor a causa de una alimentación desordenada; no disminuyas ni desgastes tu salud, tampoco acortes los días de tu vida. Pues tu responsabilidad por el desgaste errado de tus fuerzas es severa delante de Dios. Cualquier flojera y perjuicio, por mínimos que sean, son un “asesinato parcial”. Por lo tanto, recae sobre ti la obligación y el precepto de ser cuidadoso en todo esto lo más posible y evitar cualquier cosa que pueda dañar tu salud […] No pruebes a Dios ni confíes en un milagro de la Providencia, pues la Providencia Divina no protege ni resguarda cuando hay negligencia, descuidos e imprudencia […] Y es más grave lo que es peligroso que lo que es prohibido [según la halajá]. Entonces, cuida mucho tu alma y presta atención de alimentar correctamente a tu cuerpo. Así, siempre tendrás a tu servicio una herramienta que contendrá bendición, fuerte y saludable, la cual podrás utilizar para el desarrollo de tu vida. Abstente de todo lo que pueda dañar a tu cuerpo y deteriorar su salud; utiliza y aprovecha en tu vida diaria todo aquello que incrementa la fuerza, la salud, el vigor y la firmeza.

Palabras similares, aunque más sucintas, encontramos en las cartas del Jazón Yish (Rabí Abraham Yeshayahu Karelitz, 1878- 1953). Allí él escribió:

En lo que a mí respecta, considero que el cuidado natural en lo que concierne a la salud es una obligación y una mitzvá, como las demás obligaciones cuyo objetivo es perfeccionar al ser humano, así como lo implantó el Creador en la naturaleza (Epístola, tomo I, 136). El cuidado estricto de las conductas saludables es una tarea preciada delante de Dios (Epístola, tomo I, 137).

En el libro Mesilat Yesharim (La Senda de los Justos), el Rab Moshé Jaím Luzzatto z”l se refiere a quien desatiende su salud con las siguientes palabras: “…no es considerado sino un necio absoluto” (cap. 11). También encontramos que el Shulján Aruj se refiere al tema de la preservación de la integridad física. Al final del último capítulo de la parte Jóshen Mishpat, Rabí Yosef Caro escribe: “Todo aquel que se expone al peligro merece ser castigado con azotes”. Y escribe allí el autor del comentario Beer Hagolá:

Quien pone en peligro su vida es como si despreciara la voluntad de su Creador y rechazara tanto Su servicio como la recompensa que Él retribuirá por éste. Y esto es un insulto y un abandono libertino sin igual. Mas quienes atienden su obligación se beneficiarán.

El Cuidado de la Salud es un Precepto de la Torá

Para el Rambam, el cuidado del cuerpo y la salud es mucho más que una buena recomendación. Según él, esto está incluido en el precepto de Vehalajtá bidrajav, seguir los caminos de Dios, intentando imitarlos (Debarim 28:9; y véase Ibíd. 8:6, 26:17, 30:16).

¿Cómo sabemos esto?

He aquí, el Rambam comenzó su gran obra –el libro Yad Hajazaká o Mishné Torá– con las Leyes de los Fundamentos de la Torá, donde codificó todas las reglas relacionadas a la creencia en la existencia de Dios. Luego de explicar las normas en las cuales se basan la Torá y la creencia en Dios, prosiguió con las Hiljot Deot, nombre que podría traducirse como Leyes de los Caracteres o, más conceptualmente, Leyes de las Actitudes o Leyes de las Conductas.

Así como el Rambam mismo escribió al comienzo de esas Halajot, el primer precepto que se propuso explicar allí es el de Vehalajtá bidrajav, seguir los caminos de Dios, a cuya elucidación el Rambam le dedicó los primeros cinco capítulos de dichas leyes. Al profundizar en el estudio, vemos que en los primeros tres capítulos (de los cinco), el Rambam expone el primer aspecto del cumplimiento de este precepto: la obligación de distanciarse de las malas cualidades de la personalidad tales como el enojo, la soberbia, la envidia, la ambición y la búsqueda de honor. Asimismo, el maestro plantea la obligación de encaminarse en pos de los atributos Divinos, por ejemplo: la bondad, la piedad, la santidad, y también se refiere a la obligación del hombre de realizar todos sus actos leshem Shamaim, es decir en aras del Cielo. El Rambam finaliza ese primer aspecto del cumplimiento del precepto de Vehalajtá bidrajav con las siguientes palabras: “Y sobre esto dijo sabiamente el Rey Shelomó: ‘Conoce al Creador en todos tus caminos y Él enderezará tus conductas’ (Mishlé 3:6)”.

Luego, al comenzar el cuarto capítulo, el Rambam pasa a explicar el segundo aspecto del cumplimiento del precepto de “seguir los caminos de Dios”, y abre dicho capítulo con las siguientes palabras:

Dado que el estado saludable e íntegro del cuerpo es uno de los caminos [del servicio] de Dios –pues es imposible adquirir comprensión o sabiduría si se está enfermo–, el hombre debe apartarse de las cosas que arruinan su cuerpo y conducirse según los modos que lo fortalezcan y lo mantengan saludable. (Nótese que gracias a esta explicación del Rambam queda aclarado por qué las leyes del cuidado del cuerpo y la salud preceden a las leyes del estudio de la Torá y los demás 613 preceptos.)

En dicho capítulo, el Rambam se explaya en una detallada exposición de todas las normas del cuidado de la salud. Sus palabras están dirigidas a todos por igual, tanto al público general como al sabio y el erudito. Allí explica cómo y qué comer, cómo y cuándo dormir, cuándo hacer ejercicio físico, en incluso cómo debe ser la evacuación. Todas sus palabras allí también son “halajot del Mishné Torá”, por lo cual es digno estudiarlas, analizarlas, comprender su profundidad, y cumplirlas al igual que cumplimos todas las demás leyes de su obra. Como dijimos, todas las reglas que el Rambam expone allí, en el cuarto capítulo de las Hiljot Deot, están destinadas por igual a todo el público en general. No obstante, en el capítulo siguiente, el Maestro pasa a explicar en forma cabal la obligación particular que tienen los sabios de la Torá de distinguirse de la gente normal en sus acciones y sus hábitos alimenticios. Así comienza la primera halajá del quinto capítulo:

Así como el sabio se distingue por su sabiduría y sus conocimientos, y de este modo se destaca entre el resto de las personas, también debe sobresalir por sus acciones, por su forma de comer y beber […] por su forma de vestir […] pues todas estas actividades deben verse en él de manera muy honrada y correcta. ¿Cómo debe comportarse? Un sabio no debe ser glotón, sino consumir [sólo] los alimentos que requiere para mantener sano su cuerpo; no debe comer en forma voraz ni buscar llenar su estómago como aquellos que comen y beben hasta que su estómago explota […] Por el contrario, el sabio debe comer uno o dos platos, y sólo en la cantidad necesaria para su subsistencia. Y así dijo el Rey Shelomó: “El justo come para saciar su alma”.

Luego, en la halajá 9, el Rambam declara:

La vestimenta de un sabio debe ser pulcra y limpia, no debe haber en ella ninguna mancha o suciedad.

Y así finaliza el Rambam el capítulo 5, y por ende, las leyes del precepto de Vehalajtá bidrajav (seguir los caminos de Dios):

La regla general es que… la persona que se conduce según todos estos modos, y similares, sobre ella dice el versículo: “Y me dijo: ‘Tú eres Mi siervo, oh Israel; contigo Me habré de glorificar”.

Cabe mencionar que también el Tur considera el cuidado de la salud como un precepto, así como escribió en Óraj Jaím, capítulo 155:

Es una mitzvá guiarse correctamente y tener una buena conducta en el cuidado de la salud, a fin de estar sanos y fuertes para servir al Creador.

También el Jafetz Jaím codificó como dictamen halájico estas palabras del Tur en su libro Mishná Berurá (155:11).

El Jafetz Jaím Instaba Siempre al Cuidado de la Salud

Escribió el Rab Petajia Mankin z”l, ex alumno de la Yeshivá del Jafetz Jaím en Radin:

El amor del Jafetz Jaím por los estudiantes de la Torá era como el amor de un padre por sus hijos. No le bastaba con el hecho de reunir a su alrededor a los alumnos ni se conformaba con la preocupación por su nivel espiritual. Él también se ocupaba con gran afecto de la salud física de ellos. Recuerdo que en una oportunidad, a comienzos del verano del año 5663 (1903), cuando yo estudiaba en Radin, el Jafetz Jaím zt”l entró antes de la plegaria de Arbit al recinto donde se estudiaba musar. Él acostumbraba hacer eso todos los lunes y jueves antes del rezo, para despertar a los alumnos con sus palabras de ética. Pero aquella vez mi asombro fue muy grande al escuchar de su sagrada boca las siguientes palabras de musar, tan poco usuales: “No acostumbren a estudiar más de lo normal. La persona debe cuidar que su cuerpo no se debilite ni se enferme, para lo cual es necesario descansar, refrescarse y respirar aire fresco. ¡Es importante salir a pasear un rato por la tarde o sentarse en la habitación y descansar; y en lo posible, incluso bañarse en el río para fortalecer el cuerpo! Pues la diligencia excesiva en el estudio es una persuasión del instinto del mal para que mediante el esfuerzo exagerado el cuerpo se debilite y con el transcurso del tiempo el hombre se vea obligado a dejar de estudiar Torá por completo. ¡Entonces la persona termina perdiendo más de lo que ha ganado! “Y yo, en mi propio cuerpo sufrí esto”, continuó diciendo el Jafetz Jaím, “pues en mis años de juventud solía estudiar más de lo que mis fuerzas me permitían y finalmente mis ojos se debilitaron tanto que los médicos me ordenaron no leer ningún libro durante dos años. ¿No vemos entonces que la diligencia excesiva es producto del impulso del mal? “Y si, Dios nos libre, el hombre habría de enfermarse por no cuidar su salud a causa de su excesiva diligencia, estaría restando de los setenta años destinados a su vida. ¡Y sin duda se lo reclamarán en la Corte Celestial!”. Aproximadamente durante veinte minutos el Jafetz Jaím continuó hablándonos sobre esto, concentrando en este asunto todo el estudio de musar de aquella noche. (Extraído de la publicación Shaaré Tzión de Jerusalem, del volumen llamado Orjot Tzadik, en conmemoración del primer aniversario del fallecimiento del Jafetz Jaím.)

Escribe el autor del libro Meír Ené Israel (tomo II, páginas 168-169): El Jafetz Jaím verificaba que los alumnos de la Yeshivá no se quedaran estudiando al llegar la hora de dormir. Ocurrió más de una vez que el Rab mismo entró a la sala de estudio a altas horas de la noche y, con palabras suaves pero firmes, les ordenó a los alumnos que interrumpieran el estudio y se retirasen a dormir. A veces, incluso él mismo se subía a un banco y apagaba la lámpara de la sala de estudio… Asimismo, en el libro Toldot HaJafetz Jaím se relata lo siguiente: El Jafetz Jaím cuidaba que las habitaciones estuvieran siempre bien ventiladas […] su alimentación seguía estrictamente las normas de la salud. Su vestimenta y calzado eran muy pulcros.diciendo el Jafetz Jaím, “pues en mis años de juventud solía estudiar más de lo que mis fuerzas me permitían y finalmente mis ojos se debilitaron tanto que los médicos me ordenaron no leer ningún libro durante dos años. ¿No vemos entonces que la diligencia excesiva es producto del impulso del mal? “Y si, Dios nos libre, el hombre habría de enfermarse por no cuidar su salud a causa de su excesiva diligencia, estaría restando de los setenta años destinados a su vida. ¡Y sin duda se lo reclamarán en la Corte Celestial!”. Aproximadamente durante veinte minutos el Jafetz Jaím continuó hablándonos sobre esto, concentrando en este asunto todo el estudio de musar de aquella noche. (Extraído de la publicación Shaaré Tzión de Jerusalem, del volumen llamado Orjot Tzadik, en conmemoración del primer aniversario del fallecimiento del Jafetz Jaím.)

Escribe el autor del libro Meír Ené Israel (tomo II, páginas 168-169):

El Jafetz Jaím verificaba que los alumnos de la Yeshivá no se quedaran estudiando al llegar la hora de dormir. Ocurrió más de una vez que el Rab mismo entró a la sala de estudio a altas horas de la noche y, con palabras suaves pero firmes, les ordenó a los alumnos que interrumpieran el estudio y se retirasen a dormir. A veces, incluso él mismo se subía a un banco y apagaba la lámpara de la sala de estudio…

Asimismo, en el libro Toldot HaJafetz Jaím se relata lo siguiente:

El Jafetz Jaím cuidaba que las habitaciones estuvieran siempre bien ventiladas […] su alimentación seguía estrictamente las normas de la salud. Su vestimenta y calzado eran muy pulcros. Él tenía un cuidado muy especial del precepto de Venishmartem lenafshotejem, la integridad corporal, tanto respecto de sí mismo como respecto de su familia y sus alumnos. Siempre aclaraba que el cumplimiento de toda la Torá depende de la observancia del precepto de cuidar la salud. Más de una vez le cerró la Guemará al alumno más diligente, a la vez que le decía: “También esto es un consejo del instinto del mal para que se debilite y deteriore la salud de los más estudiosos debido a su excesiva diligencia. Y luego ellos se ven obligados a cesar de estudiar por completo debido a su extenuación”.

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2 comentarios
  1. manuel Mendoza

    All so interesting, profound! Thanks!

    29/10/2016 a las 06:35
  2. Aurora C.

    Gracias por compartir
    Lo que está escrito significa mucho para mi!!

    23/12/2017 a las 15:56

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