Festejando
El Seder y la Hagadá
Pesaj
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La noche del Seder, un canto de alabanza

Extraído de Nosotros y el tiempo, de Eliahu Kitov

El Santo, bendito sea, quería llevar alegría a los corazones de los Hijos de Israel, infundir en ellos esperanza para los Días Venideros y familiarizarlos con la grandeza de aquellos. Por eso les dijo (Isaías 30:29): Vosotros tendréis un cántico como la noche en que se santifica la Festividad; es decir, la canción del futuro se parecerá a esta noche de Pesaj. El versículo no se refiere únicamente a la noche específica en que el pueblo de Israel abandonó Egipto, así como tampoco a la noche en que permanecieron en la ribera del mar y cantaron, pues la Festividad aún no se había “santificado”. Incluso las mitzvot de Pesaj que recibieron en Egipto, eran obligatorias sólo para cumplirlas luego. Más bien, la noche a la que se hace referencia es aquella en la que los judíos de todo el mundo y de cada generación se reúnen para relatar las maravillosas obras de Di-s y alabarlo por todo lo que llevó a cabo cuando nos sacó de Egipto.

En esa noche todos -los que moran en los Cielos y los que habitan la Tierra- se unen para entonar cánticos de alabanza al Di-s viviente. Las paredes mismas de las casas y todo lo que contienen, la vasta extensión celeste y las profundidades de la tierra, el mar y todas sus olas; todos juntos ofrecen canción y alabanza en esta tan sagrada noche de fiesta.

La canción de esta noche, de la que participa toda la Creación, no siempre es percibida por el oído del hombre. A veces el oído no reconoce esta música, y otras la oye pero no la comprende. Nuestra preocupación por los deseos mundanos crea una cortina que amortigua este sonido. Si alguien lograra la pureza del corazón y el sosiego del alma, sus oídos escucharían la canción de gloria que emana desde adentro y desde afuera; una melodía que inunda todo el mundo: Alabad a Di-s, alabad el Nombre de Di-s; ofreced alabanzas, vosotros, servidores de Di-s… (Salmos 135:1). En ese momento, el alma misma de cada persona exclama: ¡Que el Nombre de Di-s sea bendecido de ahora y por toda la eternidad! (ibíd.). ¡Si nuestros corazones continuaran así en todo momento! ¡Si pudiéramos sentir el eco de esta canción constantemente, sin que velo alguno la oculte y ninguna preocupación nos perturbe! ¡Si siempre pudiéramos ver cómo Desde donde el sol sale hasta donde se pone, alabado es el Nombre de Di-s!

Cuando el mundo se llene del conocimiento de Di-s en el Final de los Días y todas las voces entonen Su alabanza, la canción que se entonará entonces no será más imponente que la entonada en esta noche sagrada en que entra la Festividad. En ese momento se abren todos los corazones, y todos los oídos se afinan para percibir la melodía de la alabanza que toda la Creación ofrece a Di-s.

Es así que todos debemos esforzarnos por purificar nuestros corazones antes de comenzar el Seder. Aquel que logra eliminar de su corazón los malos pensamientos, podrá percibir en sus oídos la canción de esta noche especial, y su cuerpo y corazón se unirán para ensalzar al Di-s viviente.

El Shlá HaKadosh [Rabí Ishaiá Horowitz] escribe:

Luego del servicio, el hombre debe regresar a su casa, y junto con su esposa e hijos, todos se comportarán como reyes. Deben sacar sus utensilios de oro y plata, vestir prendas de seda fina -toda la belleza que Di-s les ha concedido- para demostrar su inmensa alegría y regocijo en la bondad de Di-s. La santidad de esta noche y de todas las leyes que la rigen es muy elevada, ya que fue en esta noche cuando Di-s nos escogió de entre todas las demás naciones y nos santificó con Sus mandamientos. Por lo tanto, corresponde que la persona se cuide de hablar temas mundanos en esta noche y eduque a sus hijos al respecto, concentrando sus esfuerzos por lograr un total apego a Di-s, sin desviar su atención hacia cosas vanas. Así, debe dedicarse únicamente a las mitzvot de la noche, a relatar los milagros que acompañaron nuestra salida de Egipto y divulgarlos entre los miembros de su familia.

Se cuenta del Maharíl [Rabí Israel Isserlein] que muchos no-judíos le confiaban vasijas de oro y plata de gran valor para que se las guardara en un lugar seguro. Durante todo el año no las tocaba, pero en la noche del Seder las sacaba y colocaba en una mesa especial para deleitarse contemplando su belleza. De esta forma se preparaba para comenzar el Seder contento y de buen ánimo, pues la santidad sólo se expresa y revela en aquel cuyo corazón rebosa de alegría.

Eliahu Kitov

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1 comentario
  1. Gloria Rendina

    Q hermoso es HASHEM al regalarnos cada año una noche para alegrar nuestro corazón con alabanzas a Su Nombre,bendito sea,,Shabat Shalom

    08/04/2017 a las 00:07

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