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La misión del pueblo de Israel
La Tora e Israel
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La misión del pueblo de Israel

Extraído de Nosotros y el Tiempo, de Eliahu Kitob

Cinco días antes de recibir la Torá le fue enseñada al pueblo de Israel una sección de la misma que constituía, en efecto, la base de toda la Torá. En ella se explicaba que la verdadera esencia de la Torá radica no sólo en el deber de observar un conjunto de preceptos, ordenanzas y celebraciones, sino más bien, en la aceptación de una singular misión de la cual depende toda la existencia humana, y la de un yugo del cual uno nunca puede librarse.

Cuando Di-s completó Su obra al final de los seis días de la Creación impuso al mundo la condición de que éste perduraría sólo si el hombre seguía el camino decretado por el Creador; si no, retornaría al caos. Este fue el pacto establecido entre el Creador y Su mundo.

Las primeras diez generaciones de la humanidad violaron esta condición, y en la época de Nóaj el mundo estuvo al borde de la destrucción. Pero Di-s Se apiadó de la obra de Sus manos y permitió que sobreviviera un remanente, y renovó Su pacto con Nóaj. Durante las dieciséis generaciones siguientes la humanidad se alejó cada vez más del conocimiento de Di-s y el mundo entero quedó desolado. La tradición del pacto fue preservada sólo por unos pocos individuos selectos. Sin embargo, su número no bastaba para conferirle el mérito que garantizaría la supervivencia del mundo. Había escasos individuos de esta talla y su influencia era insignificante. La humanidad por entero se rebeló, negando la existencia de un pacto entre el Creador y Su creación.

El hombre fue creado para ser hombre, no Di-s, pero la humanidad se atribuyó a sí misma el rango de la deidad. El hombre fue creado para ser hombre, no esclavo, pero se degradó hasta resultar comparable a mulas llevando cargas y baldes. Todos en Egipto eran un dios o un esclavo; un dios para los de una condición inferior y un esclavo para los de rango más elevado. El hombre fue creado de forma tal que su espíritu le permita escalar a las más encumbradas alturas al tiempo que sus pasiones pueden hacerlo caer al abismo más
profundo. Pero los egipcios dieron un giro a la situación. Suprimieron la dignidad humana y rebajaron el espíritu, exaltando aquello que era maligno, inicuo y reprensible. Y con respecto a Di-s, quien es alabado, glorificado y ensalzado por sobre todas las cosas y que busca agraciar a todos, ¡de El no tenían conocimiento!

Estos descendientes de Jam gobernaron sin control y el contaminado pueblo de Egipto alcanzó una supremacía tal que dominaba de un extremo al otro de la Tierra.

Y en cuanto al pacto del que dependía la existencia de la humanidad, ¿qué sería de él? ¿Podía el mundo prevalecer sin éste? De hecho, las piedras mismas de las paredes clamaron, y los árboles y las hierbas alzaron sus voces: “¡El fin del mundo se aproxima, todo ha de ser destruido!” Del universo mismo se pudo oír la voz de Di-s advirtiendo al hombre que detuviera su perversión y dejara de corromper al mundo y todo lo que hay en
él. Pero nadie escuchó esta voz, y la humanidad declaró: “No existen otras voces fuera de las nuestras, nadie es más supremo que nosotros, y ninguna fuerza supera a la nuestra”. El Faraón mismo declaró: El río [proveedor del sustento] es mío, y yo mismo lo creé (Ezequiel 29:3).

Y vosotros, hijos Míos [dice Di-s a Israel], descendientes de Mi amado [Avraham], concentrad vuestra fuerza en devolver al hombre su imagen Divina y restituir al mundo su Rey, y así poder ver una vez más al mundo colmado de todo el bienestar y la bondad que el Rey de toda la tierra procura otorgarle, pues El desea sólo su bien, no su destrucción. ¿Estáis listos para ingresar en el pacto en lugar de toda la humanidad, para aceptar su
yugo y guardarlo? ¿Os esforzaréis por escuchar Mi voz que emana de todo lo que he creado? ¿Tendréis misericordia de vosotros mismos y de todo lo demás para no ocasionar la destrucción del mundo que he creado?

Si estáis listos para aceptar esta misión, incrementaré vuestra fuerza y acrecentaré enormemente vuestra sabiduría y comprensión, de modo que podáis entender lo que debe hacerse y reconocer el camino que debéis seguir. Os entregaré Mi Torá, que será vuestra sabiduría y fortaleza – Así diréis a la Casa de Iaacov y declararéis a los Hijos de Israel… (Exodo 19:3).

VOSOTROS HABéIS VISTO

Vosotros habéis visto lo que hice a Egipto, y cómo os alcé sobre alas de águilas y os acerqué a Mí. Ahora, si escuchareis [bien] Mi voz y guardareis Mi pacto, entonces seréis para Mí propiedad preciada entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra. Y seréis para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los Hijos de Israel (Exodo 19:4-6).

Vosotros habéis visto lo que hice a Egipto… – A los presuntuosos he abatido, pues son despreciables y se han alejado de Di-s. Pero a vosotros os “alcé” y os elevé sobre alas de águilas, pues sois sumisos y humildes. El hombre no puede elevarse por sus propios medios; es sólo cuando se acerca a Di-s que puede alcanzar un sublime estado de elevación – …y os acerqué a Mí. ¿Existe algún grado de exaltación más elevado que éste?

Ahora… – No os he acercado a Mí para que os deleitéis contemplando Mi grandeza. Por el contrario, lo hice para perfeccionar Mi Mundo; para que los principios de verdad y bondad sean preponderantes; para que sintáis misericordia hacia Mi mundo; y para que veáis su aflicción y hagáis que retorne a su fuente de vida.

Si escuchareis Mi voz… que llena el mundo entero, y guardareis Mi pacto que establecí entre Mí y todo lo que he creado, para que no sea violado nuevamente, entonces, incluso si no pudierais acercar de inmediato hacia Mí a toda la creación tal como Yo os he acercado a Mí, seréis para Mí -vosotros, como representantes de toda la humanidad- propiedad preciada
entre todos los pueblos. Me regocijaré en vosotros y tendré compasión por Mi Mundo en vuestro mérito, porque Mía es toda la tierra y no deseo su destrucción.

Y vosotros -no los tiranos egipcios- seréis para Mí un reino de sacerdotes [kohaním]… – No seréis una nación de déspotas que se enriquecen mediante el trabajo de sus esclavos ni seréis tampoco un pueblo degradado, subordinado a una nación cruel. Por el contrario, seréis una nación cuyos hijos son reyes y líderes dignos de orientar al mundo, una nación cuyo poder no resulta de la opresión, sino de la voluntad de servir como sacerdotes en
nombre de toda la humanidad, ya sea con su consentimiento o sin éste.

Y una nación santa – No ángeles o serafines que carecen de esencia física y por lo tanto tampoco tienen necesidades materiales, sino una nación, con todas las debilidades y limitaciones de la humanidad. Mas no simples hombres que sólo son esclavos de sus pasiones físicas y no tienen las fuerzas para superarlas, sino [una nación] santa pues cada acción física vuestra está imbuida de una santidad peculiar que se origina en Mí.

Un reino de sacerdotes – Hay dos extremos en la sociedad: el Rey secular y el Sacerdote religioso, y para que ésta se preserve es menester que ambos asuman una participación activa. Estas necesidades generales de la humanidad encuentran su correspondencia también a nivel individual, por lo que vosotros debéis ser una nación santa -una nación con las mismas necesidades físicas que las demás, pero, no obstante, santa-.

Estas son las palabras que dirás a los Hijos de Israel – Ni más ni menos (Rashi). Pues de reducirlas, todos vuestros esfuerzos en la Torá no rendirán frutos; y de agregar a ellas pretendiendo convertiros en ángeles, todos vuestros esfuerzos en este mundo serán vanos, ya que nunca llegaréis a lograrlo. Sólo os debéis apegar a esta Torá que os he venido a entregar y seguir su senda.

Moshé vino, llamó a los ancianos del pueblo, y puso ante ellos todas estas palabras que Di-s le había ordenado (Exodo 19:7) – Los instruyó de la misma manera en que un maestro presenta su lección ante sus alumnos, sin retirarse hasta confirmar que su lección fue comprendida cabalmente y todas las dificultades han sido esclarecidas. Esta fue la forma en que Moshé puso antes ellos todas estas palabras.

Todas estas palabras, las cuales incluían todas las facetas de la Torá y de la existencia humana; que Di-s le había ordenado, para que las expusiera ante todos ellos: a los eruditos según su nivel y a los simples según el suyo; a los hombres conforme su comprensión y a las mujeres de acuerdo al entendimiento de sus corazones.

Entonces, todo el pueblo respondió al unísono, diciendo: Todo lo que Di-s ha dicho, haremos. Y Moshé transmitió las palabras del pueblo a Di-s (ibíd. 19:8).

Todo el pueblo respondió – sin adulación (Mejiltá) ni hipocresía, sino con total franqueza . Al unísono, sin consultarse entre sí todos llegaron a la misma conclusión. No se miraron para intuir qué responderían sus compañeros, pensando: “Haré lo mismo que ellos”. Por el contrario, cada uno habló con su propia voz, expresando los verdaderos sentimientos de su corazón, y aun así, ¡todos dijeron y sintieron lo mismo!

Ellos dijeron: Todo lo que Di-s ha dicho haremos – El versículo no dice: Todo lo que Di-s diga [en el futuro], sino Todo lo que Di-s ha dicho, refiriéndose a la misión que Di-s les había encomendado, indicando de esta forma que estaban preparados para asumir su responsabilidad respecto del resto del mundo.

Haremos – Aquí expresaron su disposición a aceptar las mitzvot que en el futuro les serían ordenadas, en tanto que la aceptación del “yugo de las mitzvot” tuvo lugar luego, cuando declararon: Naasé venishmá -Haremos y escucharemos- (Exodo 24:7).

Y Moshé refirió las palabras del pueblo a Di-s – Tal como las palabras de Moshé fueron dirigidas al pueblo según el nivel de entendimiento de cada uno, del mismo modo las respuestas del pueblo fueron expresadas según el nivel de cada individuo. Hubo tantas respuestas como personas, pues no habían dos de ellas que pensaran igual -aunque todas utilizaron la misma frase cuando respondieron Haremos-. Tal es así que el versículo especifica que Moshé refirió “las palabras” del pueblo, y no “la palabra” del pueblo.

Eliahu Kitob

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