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D´s, la Creación y el Alma.
Los Fundamentos de la Existencia
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La Misión del Hombre y la Providencia Individual 1

Extraído de El camino de D-os. Rab Jaim Luzzato.
Ediciones Oblisco Alef

 

1) Ya hemos comentado anteriormente el hecho de que la misión del hombre depende de su elección del bien en un mundo que contiene tanto el bien como el mal. Los conceptos individuales de bien y mal son extremadamente numerosos. Pues el bien comprende todas las cualidades positivas valederas, mientras que su contrario comprende todas las malas cualidades.

Los elementos del bien y del mal existen como opuestos. Entonces, por ejemplo, la vanidad es una característica negativa, mientras que su opuesto, la humildad, es positiva. La piedad es una buena cualidad mientras que la crueldad es su opuesto. El ser feliz y estar satisfecho con lo que uno tiene es bueno, mientras que su contrario es malo. Lo mismo ocurre con todas las demás características.
La Suprema Sabiduría determinó todas las posibles cualidades que pueden ser incluidas dentro de los límites de la naturaleza que el hombre debe tener para cumplir con su objetivo final. Dios trae a la existencia todas estas cualidades, junto con sus causas y efectos y todo lo que les circunda, y les acompaña, decretando que ellas deberían ser posibles en el hombre.

Para que estas cualidades existan fue necesario que los individuos atraviesen diferentes situaciones en la vida, de modo que cada una de estas situaciones fuera una prueba para cada individuo particular. Esto permite que estas malas cualidades existan, dándole a él la oportunidad de luchar en su contra y comprometerse con el bien.
Por ejemplo, si la riqueza y la pobreza no existieran no habría oportunidad para que la gente demostrara su generosidad o su crueldad. El hecho de que la riqueza exista permite al rico ser probado en esta ventaja, determinando si él será generoso o cruel hacia el pobre que necesita su ayuda. Los pobres son de igual manera puestos a prueba para determinar si están satisfechos y dan gracias a Dios por lo poco que ellos tienen.

La riqueza del hombre rico también es una prueba en otro sentido. Sirve para determinar si él será arrogante y orgulloso, y si dejará que su riqueza lo incite a perseguir las vanidades mundanas y a abandonar su servicio a Dios. Pero también le brinda la oportunidad de ser humilde y modesto a pesar de su riqueza, y de rechazar las vanidades mundanas en favor de la Torá y su devoción por Dios. Hay muchos ejemplos similares.
La Suprema Sabiduría diseminó estos desafíos en el género humano mediante el decreto de ajustes y correcciones, para que su plan fuera cumplido.

Todo individuo tiene su propio reto en la batalla contra su inclinación al Mal. Ésta es su función y su responsabilidad en este mundo y en este contexto él debe luchar para tener éxito. Sus acciones son juzgadas por los atributos de justicia de Dios con verdadera precisión, dependiendo de la responsabilidad particular que le fue dada.

Esta situación puede compararse con un gobierno, donde muchos sirvientes del rey deben obedecer sus órdenes. Todos ellos juntos deben cumplir con la función de administrar su gobierno, y el rey entonces le da a cada uno una función particular, de tal forma que la contribución de todos ellos sea necesaria para poder cumplir la tarea.
Cada uno de estos sirvientes, entonces, tiene la obligación de completar su asignación particular. Él es recompensado por el rey según cómo desarrolla la responsabilidad en su área específica.

La forma en la cual estos retos son diseminados dentro del género humano está más allá de la habilidad de nuestro intelecto para captarlo, y nosotros nunca lo podremos entender de manera total. La Suprema Sabiduría determina y arregla estas cosas de la mejor manera posible.

2) Como ya tratamos antes, todo en el mundo físico es derivado y transmitido, de un concepto a otro, nivel por nivel, desde su esencia en el plano trascendental al universo físico.

Los detalles del reto de cada individuo también tienen sus matices en el mundo trascendental de acuerdo con sus conceptos asociados de perfección y deficiencia, tal como fue planteado anteriormente. La manera en la cual es juzgada y decretada cada acción particular de cada individuo, depende en este mundo de las Raíces trascendentales. Esta distribución está determinada por todos los elementos que existen en cada nivel espiritual.
La Suprema Sabiduría supervisa la totalidad del sistema — y, de acuerdo con la verdadera naturaleza de esta entidad, decreta qué es lo que sería apropiado y adecuado. Según los principios que ya hemos mencionado, esto resulta obvio.

3) De acuerdo con este principio básico, todas las gratificaciones y sufrimientos de este mundo existen como un reto para el hombre. La naturaleza de cada reto particular es lo que la Suprema Sabiduría determina como lo mejor para cada individuo.

4) Sin embargo, para explicar lo que le ocurre a un individuo en este mundo existe otra razón y está basada en la justicia y la recompensa: el Supremo Juez decretó que cada acción individual en sí misma resulta una ayuda de Dios hacia él, simplificando su tarea de sumar perfección y protegiéndolo de posibles obstáculos. Éste es el significado del versículo (1 Samuel 2:9): “(Dios) cuida los pasos de sus fieles”.

Con relación a esto existen varios grados. El verdadero juicio puede determinar que Dios ayude a un individuo sólo un poco a causa de sus acciones previas. El juicio de otro individuo puede ser que él sea más ayudado y eso para facilitarle la obtención de la perfección. Otro puede ser acreedor de una mayor ayuda.
Lo mismo ocurre en el caso opuesto. La justicia estricta puede requerir que a un individuo no le sea dada ninguna ayuda divina, pero al mismo tiempo el logro de la perfección no se hace mucho más difícil para él. En el caso de otro individuo, el juicio puede ser que muchas barreras sean colocadas en su camino, haciendo que deba esforzarse mucho más para obtener la perfección. Otra persona puede ser tan malvada que le hayan sido cerrados todos los caminos de corrección y, debido a su maldad, sea rechazado.

Muchos otros detalles pueden también tener influencia y de ahí que cuando un individuo es merecedor, puede decretarse que tenga éxito en este mundo para ayudarlo en su servicio a Dios. Todos los obstáculos le son apartados, haciéndole mucho más fácil el obtener la perfección deseada.
Como resultado de sus acciones, en otro caso, puede decretarse que las pérdidas y los sufrimientos lo confronten, haciendo que la perfección sea extremadamente difícil de obtener. En tal caso, la superación de estos obstáculos requerirá más lucha para superar los impedimentos y llegar a la perfección absoluta.

Esto es también así en el individuo malvado. Es posible que el éxito le sea otorgado abriendo el camino de destrucción a través del cual él será definitivamente descartado. También es posible que sea destinado a sufrir, previniendo o evitando que lleve a cabo sus malas intenciones. Esto ocurre a menudo cuando, por varias razones, el Supremo Legislador sabe que no es propicio que tal maldad se realice. En relación con esta situación se cita el rezo de David (Salmos 140:9): “El Eterno, no concedas al malvado sus deseos, no dejes que sus planes sigan adelante”.

Dios hace todo esto con sabiduría inimaginable, completando todo lo que es apropiado en beneficio de Su obra. Él conoce la situación de cada individuo, de acuerdo con su verdadera naturaleza y juzga a cada uno consecuentemente. En-tonces, quien se encuentra en estado de prosperidad y rehuye a sus obligaciones es juzgado mucho más duramente que uno que está angustiado y le es imposible superar el bajo nivel de su vida por las presiones que debe enfrentar.

Dios juzga cada hecho individual de acuerdo con las circunstancias, si el hecho es accidental o deliberado, si es algo forzado o realizado con alevosía. Porque Dios conoce la verdad de todas las cosas, ya sean pensamientos o acciones, y Él lo juzga todo de acuerdo con su verdadera naturaleza.

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