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La Menorá: actualizando tu potencial

(Extraído de ” Jánuca con el Rabí Najmán de Breslov” escrito por Por Ioshúa Starret)

“¿Qué ves?” [el ángel le preguntó al profeta]. “Veo una Menorá hecha completamente de oro… Con sus siete lámparas”. De aquí podemos ver que el Tzadik, en este caso el profeta, es comparado a la Menorá del Templo (Vayikrá Rabah 30:2).

Todos nacemos con tendencias naturales y adquirimos otras durante nuestros años de formación. Entonces, al llegar a la edad adulta, nos sentimos asentados en nuestra vida, para bien o para mal, y pensamos que tratar de cambiar sería un esfuerzo inútil que llevaría un tiempo interminable.

Aquellos que fueron bendecidos con tendencias positivas, buenos rasgos innatos o adquiridos, y cuya naturaleza no se les cruza en el camino, son capaces de alcanzar y de lograr objetivos; no están lisiados por rasgos negativos. Por otro lado, aquellos que no fueron tan beneficiados, tropiezan constantemente con ellos mismos; impedidos constantemente de lograr objetivos y siempre preguntándose, ¿Es que la vida realmente tiene que ser así?.

¿De dónde nos vienen esos rasgos negativos? ¿Qué fuerzas maléficas están trabajando sobre nosotros? Y más importante aún, ¿cómo podemos liberarnos de ello?

En última instancia, todos los rasgos humanos provienen de las Sefirot – los canales Divinos a través de los cuales Dios se relaciona e interactúa con el mundo. Tal como un prisma separa las diferentes frecuencias de luz y revela todo el espectro de colores, las Sefirot separan las diferentes intensidades de la Luz Divina y revelan el espectro completo de las “emociones” Divinas. Esto, por supuesto, no debe tomarse en sentido literal, pues Dios no tiene emociones – las Sefirot crean los diferentes “colores” emocionales. Cada vez que actuamos de acuerdo con alguna de esas maneras Divinas, se lo atribuimos a una emoción o a un rasgo específico del hombre, por tanto decimos que cada vez que Dios “actúa” de alguna manera a través de las Sefirot, él está actuando, por así decirlo, con esa emoción específica.

En última instancia, Dios actúa a voluntad – la voluntad de actuar como si estuviese bajo la influencia de esa emoción. Así, cada vez que manifestamos alguna emoción, nos encontramos bajo la influencia de la Sefirá identificada con ese rasgo o emoción. Incluso si no actuamos y sólo sentimos la energía de esa emoción, estamos bajo la influencia de esa Sefirá.

La influencia de las Sefirot no nos llega directamente, sino sólo a través del canal de los ángeles. Sin embargo, los ángeles no actúan directamente sobre nosotros, sino a través del canal de las estrellas y de los planetas. Estos son los cuerpos celestes de la astrología que influyen sobre las acciones humanas, los siete cuerpos de nuestro sistema solar (el Sol, Mercurio, Venus, la Luna, Marte, Júpiter y Saturno – los planetas externos no tienen una influencia significativa pues no son visibles a simple vista). Algunos de ellos tienen una relativa influencia positiva, mientras otros tienen una influencia más negativa (Aryeh Kaplan Sefer Yetzirah, p. 167ss.).

Así, Dios ordena que la persona deba nacer bajo la influencia de un cierto planeta para determinar la tarea en su vida (Toldot Iaacov Iosef, Kedoshim 5; Asara Maamarot, Jikur HaDin II:28, 30-31; Eim Kol Jai III:1). Si esa influencia es negativa, la tarea de tu vida será obviamente difícil. No es siquiera fácil cuando es positiva, pues si todo lo que tú eres es la suma de tus buenos rasgos innatos, entonces no has servido a Dios nunca en toda tu vida (Gaón de Vilna [Gra], Imrei No-am, Berajot 33b; Torá Or [Jabad] 23b). De todas maneras, no culpes a Dios por tu destino, ¡pues esto es lo que tú elegiste! En un nivel muy profundo, tu alma sabe qué es lo mejor y ella elige las circunstancias de la vida más apropiadas para enseñarte las lecciones que necesitas aprender (Imrei No-am [Zhikov], Torá II:70b) – tus rasgos de carácter son los que atraerán esas circunstancias.

Si tienes rasgos negativos, aprende a trascenderlos antes que a expresarlos, pues esas tendencias siempre estarán dentro de ti. Pero debes comprender que esas tendencias no son tu verdadero yo – ¡de hecho son lo opuesto! Dios sólo quiere lo mejor de ti y esto requiere de tu lucha contra lo opuesto (Mei HaShiloaj II, Isaías 51).

Si tienes rasgos positivos, aprende a llevar una vida de manera consciente. No te bases solamente en tu buena naturaleza, expándela y úsala conscientemente.

Las siete velas de la Menorá del Templo representan los siete rasgos de carácter basados en las siete Sefirot. Estas son categorías generales de la naturaleza humana, siete tendencias básicas, siete maneras únicas de relacionarse con la vida. Tal como cada llama toma infinitas formas, cada tipo se presenta de infinitas maneras. Estas representan las inclinaciones de cada individuo dentro de las categorías y tipos generales. Cada individuo es así una vela de la Menorá, cada alma una luz específica (Zohar II:99b).

Sin embargo, la verdadera belleza de la Menorá se debía a que estaba modelada en una sola pieza y no tenía partes separadas soldadas entre si. Esto muestra que cada uno de los tipos de carácter se vuelve completo sólo cuando se une con los demás. No debes limitarte a un molde de carácter, sino que tienes que ser capaz de elevarte por sobre él. Debes ser capaz de moldear toda rigidez de carácter, tal como fue modelada la Menorá.

Para poder hacerlo, tienes que usar la conciencia – los mojín, el intelecto, que están más allá de las siete Sefirot. Debes saber conscientemente qué es lo haces y decidir cómo vas a actuar antes de hacerlo. De esta manera permites que los mojín desciendan a las Sefirot – integras la conciencia con tu tipo. Eres capaz entonces de ver más allá de las limitaciones de tu carácter y de percibir la unidad que subyace a todo los tipos.

Los mojín están representados por el “Rostro de la Menorá”, el lugar hacia el cual todas las velas deben enfrentar (éxodo 25:37; Números 8:2). Esta es la conciencia que te permite elegir cómo actuar, la percepción que subyace a todo los actos, la mente que unifica todas las partes de la Menorá. Es la octava vela “invisible” de la Menorá de siete brazos del Templo (Maasé Rokeaj, Maasé HaMishkán, cap. 6; Ismaj Moshé II, p. 50d).

Esta octava vela representa al Tzadik oculto, quien encarna la Menorá (Likutey Halajot, Behema v-Jaiá Tehorá 4:30). él es la totalidad de la Menorá, no sólo una vela. Es más que la suma de sus velas, tal como el todo es más que la suma de las partes.

Aunque él ha ido más allá de las velas – más allá de los tipos humanos que representan – debe unirse con todos los tipos de personas y amándolas, llegar a ser uno con ellas (Toldot, ad.loc.). Es su responsabilidad elevar a la gente haciendo que brille la chispa interior de espiritualidad – “elevar las velas” encendiéndolas (Números 8:2).

En Jánuca encendemos ocho velas a diferencia de las siete de la Menorá. Revelamos entonces la espiritualidad que yace más allá del mundo físico, revelamos la mente en el mundo de la acción, revelamos al Tzadik en nosotros.

Cada uno de nosotros es un Tzadik en potencia; cada uno de nosotros puede iluminar el mundo. Pero, ¿cómo se actualiza este potencial? Visualizando que tú eres un Tzadik, viéndote actuar como si lo fueras. Visualiza entonces la Menorá de siete brazos y luego contémplala desde más allá. Mira cómo sus velas representan todos los tipos de comportamiento, pero aun así, con la mente, tú puedes trascenderlos a todos. Fíjate cómo puedes trascender el comportamiento estereotipado; mira cómo puedes elevarte por sobre la multitud. Pero aun así, mírate también como parte de la Menorá, pues tú eres una parte integral del mundo.

Finalmente te transformarás en aquello que ves; te identificarás con tu visión. Podrás alcanzar el control total de todas tus acciones y serás capaz de acceder al comportamiento apropiado en el momento adecuado. Encenderás – y serás – la Menorá.

Sí, es así que el alma judía puede trascender todos estos poderes y llegar más allá de las estrellas más elevadas. Incluso los ángeles que influencian aquellos cuerpos celestes que afectan tu carácter son incapaces de llegar tan alto. La plegaria y el servicio del judío van directamente hacia Dios en lo Alto (Likutey Moharán I, 61:3, II, 1:9). Dios entonces influencia al ángel, quien influencia a la estrella, que influencia las cosas sobre las cuales la persona está orando (Ibid. I, 9:2). Debes por tanto orar para tener la fuerza de superar tus rasgos negativos. Debes creer que obtendrás aquello por lo cual estás orando.

Dado que las siete velas de la Menorá del Templo representan las siete Sefirot, cuando el cohen encendía las velas en el Templo, estaba “encendiendo” las Sefirot, que entonces brillaban sobre los planetas que a su vez influenciaban la vida en la tierra (Siftei Cohen, Baaloteja; Midrash Tanjuma, Baaloteja 5).

Los griegos creían que los poderes más elevados del mundo eran los cuerpos astrológicos y que el hombre no podía trascenderlos. De hecho, el nombre hebreo de Grecia es Iaván, cuyo valor numérico es equivalente al de la palabra galgal, que literalmente significa rueda y que hace referencia a los cuerpos astrológicos. Esta es otra razón por la cual decretaron que los judíos no debían guardar el Shabat, la Luna Nueva ni la circuncisión, pues estos mandamientos contrarrestan los poderes astrológico negativos (Bnei Isajar, Kislev 4:38, 74, 79).

El planeta Saturno reina en el Shabat y Saturno trae pobreza. La luna está conectada con la depresión, y derramar sangre es el efecto del planeta Marte. En el Shabat, cada judío es Rey en su hogar, sin importar su situación financiera. Celebramos la Luna Nueva como una señal de renovación y no como signo de un destino recurrente. Celebramos la circuncisión del recién nacido, pese a su dolor y al derramamiento de sangre.

Es así que al celebrar Jánuca debes recordar siempre que trae un mensaje muy personal: no estás regido por el destino de tu “mazal” – tu signo astrológico. ¡Nunca te sometas a las ruedas del destino!

Ioshúa Starret

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