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La importancia de la rabanit

Cierta vez, en una ciudad de una comunidad judía muy importante, fue nombrado un Rab para que se hiciera cargo de los destinos de la gente del lugar.
Cuando llegó, todos los habitantes de la ciudad fueron a recibirlo; una verdadera multitud se reunió en el centro de la ciudad, donde el carruaje arribó, después de un largo viaje.
Desde ese lugar hasta la casa donde iba a residir el Rab con su familia, el carruaje fue llevado por los más importantes personajes de la ciudad. Cada uno de los hombres que eran elegidos, tenía en sus manos las riendas de los caballos que tiraban del carruaje, y así caminaban un tramo, hasta que se las pasaban a otros hombres. Por toda la ciudad, de esa manera, iban demostrando su respeto hacia la Torá, representada por el Rab que venía a vivir.

En la noche se organizó una cena en honor al Rab, donde estaban invitados todos los directivos y la gente más importante de la comunidad. En medio de la reunión, se levantó un hombre, conocido como muy atrevido y falto de educación, y en su boca se escuchó una pregunta:
“Yo puedo entender perfectamente por qué todos los dignatarios de la ciudad quisieron tener el honor de conducir el carruaje donde se trasladaba al Rab. La gloria de la Torá viajaba en ese vehículo, y tirar de esas riendas es un honor para el que le toca hacerlo”.
El público estaba en silencio, esperando la intención de las palabras de aquel hombre, que apareció en lo que dijo a continuación:
“Lo que no entiendo muy bien, es de qué méritos goza la Rabanit, que fue trasladada por toda la ciudad junto a su esposo, por gente tan importante”.

Un fuerte murmullo estalló ente toda la concurrencia, con palabras de indignación, y no faltó quien quiso invitar al hombre a que se retire inmediatamente, por haberle faltado el respeto a la Rabanit y al Rab mismo.
En ese instante, la Rabanit pidió silencio y solicitó permiso para responder a la ofensiva pregunta. Cuando se lo concedieron, dijo:
“Yo también tengo una pregunta: Vemos que todos los habitantes de la ciudad son gente muy respetable; desde el más grande hasta el más chico, todos están ligados a la Torá y a las Mizvot de Hashem. Entonces, ¿para qué precisan un Rab? ¿Con qué objeto trajeron un Rab desde tan lejos, si aparentemente no lo necesitan? La explicación es: Por si alguna vez se equivocan en el camino, y ni siquiera se dan cuenta que se equivocan. El Rab, que observa las cosas desde otro punto de vista, viene a indicarles cuál es la manera de conducirse correctamente. El Rab les aclarará los ojos; les enseñará la sabiduría de la Torá, y les solucionará y evitará todo tipo de problemas.

Pero todavía tengo otra pregunta: El Rab es el cuidador de la ciudad, pero el Rab es también un ser humano, no un ángel, y también él puede tener errores y problemas. él también, muchas veces, necesitará alguien que lo cuide, que lo reprenda, que lo aconseje, que lo escuche. Todo esto, para que el Rab cumpla con su función y se desempeñe en ella como corresponde. ¿Quién estará al lado suyo para asistirlo en esas ocasiones? La respuesta no es otra más que la Rabanit. ¡Es la única que se preocupará por él! Por eso, quiero que sepan, señores: ¡Toda la ciudad depende del Rab, y el Rab depende de la Rabanit! Ahora ya saben por qué he tenido el alto de honor de que las más importantes personalidades de la ciudad conduzcan el vehículo donde yo viajaba”.

Reim Ahubim

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

1 comentario
  1. Vero Juailler

    No me canso de leerles amados míos. Son de tremenda beraja para todos nosotros. Lo que hacen uds es indescriptible. Aportes de luz que nos llevan cada día un poco más a los brazos del único y verdadero Boré Olam. Simplemente EJAD! =)

    09/12/2017 a las 14:13

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