Estudiando
7.Balak
El Libro de Bamidbar (Números)
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La humildad de Moshé y la arrogancia de Bil’am

¿QUIÉN ERA BILAM?
La Parasha que leemos esta semana (muchas comunidades leen esta semana Pinejás) lleva el nombre del Rey de Moab, Balaq, el protagonista principal es un individuo muy misterioso llamado Bil’am (Balaam). ¿Quién era Bil’am? Bil’am era un profeta no-judío. Y de acuerdo a nuestros Sabios, Dios se reveló a Bil’am en un nivel similar al que se reveló a Moshe (Moisés).
Pero no asumamos que por el hecho que Dios se reveló a Bil’am, Bil’am se parecía a Moshé. En realidad aunque ambos, Moshé y Bilam, recibieron un mensaje profético, procesaron esta experiencia de una manera completamente diferente. Opuesta.

LA EXPERIENCIA DE MOSHE
El comunicarse con Dios le hizo darse cuenta a Moshé de lo humilde y limitado que somos los hombres. Un ejemplo. Moshé tenía muchas preguntas que hacerle a Dios. Uno de los temas que más angustiaba a Moshé era no comprender la justicia de Dios. ¿Cómo puede ser que Dios es todo bondad (omnibolente) y todo lo puede (omnipotente) y aún asi, los hombres justos muchas veces sufren? Sin embargo, después de su «encuentro cercano» con Dios, esta pregunta desapareció. Pero no desapareció porque Moshé encontró una respuesta a este interrogante, sino porque la cercanía de Dios le permitió a Moshé entender mejor sus insuperables limitaciones humanas. Su encuentro con Dios le hizo comprender a Moshé por qué no podía comprender. Al aproximarse a la Infinitud de Dios Moshé tomó conciencia de su infinita pequeñez. Y entendió que tratar de entender «los pensamientos de Dios» está más allá de las capacidades cognitivas de un ser humano, por más sabio o inteligente que este fuera. Es por eso que después de experimentar la revelación Divina, Moshé, que ya era humilde, se comportó con más humildad y se convirtió en «el hombre más humilde que hubo sobre la faz de la tierra» (Bamidbar 12:03).

LA EXPERIENCIA DE BILAM
Bil’am también tuvo un encuentro cercano con Dios. La misma epifanía abrumadora que experimentó Moshé Rabenu. Pero la reacción de Bil’am fue exactamente opuesta a la de Moshé. Cuando Dios se reveló a Moshé, Moshé se enfocó en Dios, en su Infinita Sabiduría que tan lejos está de nosotros. Pero cuando Dios se reveló a Bil’am, Bil’am se enfocó en sí mismo. Bil’am pensó que si Dios se comunicaba con él, era porque él, Bil’am, era una persona muy especial y única: un iluminado. Y así Bil’am se convenció de que él era el hombre más importante sobre la faz del planeta. Y actuaba de esa manera. Lejos de tomar conciencia de su finitud, al tener más conciencia de la infinitud de Dios, Bil’am se jactó de que él ahora podía comprender la Sabiduría Divina. Y en un momento pronunció la frase más arrogante que se haya escrito en la Torá. Bil’am, por ejemplo, se refirió a sí mismo hablando en tercera persona: yode’a da’at ‘Elion, «[Yo soy Bil’am, el hombre] que conoce la mente del Todopoderoso».

LA EXPERIENCIA RELIGIOSA
Vemos como la misma experiencia espiritual transformó a Moshé se en el hombre más humilde y Bil’am en el más arrogante. Bil’am también se alardeaba de que Dios hablaba «a través de su boca», como si él fuera Su elegido. Bil’am presumía tener la habilidad de destruir a toda una nación, Israel, con el poder de su palabra, sin necesidad de un enfrentamiento militar. Bil’am pensaba que podía «forzar» la voluntad Divina y «obligar» a Dios, a través de su magia a hacer lo que él, Bil’am, quisiera.

CUANDO LOS BURROS HABLAN
Nuestros rabinos señalan que Bil’am recibió una lección de humildad de quien menos imaginaba: de su burra. Cuando Bil’am se dirigía a encontrarse con Balaq, que lo había contratado para maldecir a Israel, iba montado en su asno. El animal de pronto se detuvo y se desvió de su camino. La Torá explica que al animal vio un ángel, se asustó y por eso se detuvo. Pero Bil’am castigó a su burra y la amenazó de muerte con su espada. Dios, entonces, «abrió la boca» del animal y la burra le reveló a Bil’am por qué se había desviado.

Nuestros rabinos explicaron lo siguiente:
Bil’am se jactaba de que Dios «hablaba por su boca». Ahora, Bilam vió que incluso un burro, que nunca fue considerado un animal muy inteligente, también podía hablar y transmitir un mensaje Divino, si Dios así lo quiere. Ergo: Bil’am no era ni siquiera superior a su burra.

Bilam también afirmó que él podría eliminar toda la nación de Israel con sus maldiciones mágicas. Pero entonces ¿por qué amenazó matar a su burro con su espada? Se ve que Bil’am alardeaba de poderes que él mismo sabía que no tenía.

Por último, Bil’am afirmó que podía entender la Mente Divina. Y Dios le demostró a Bil’am que ni siquiera era capaz de comprender la mente de una burra…

El hombre humilde no es como Bil’am, es como el Bambú, como dice un proverbio chino: cuando más alto, más se inclina.

Rab Iosef Bitton

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