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La Guerra y la Emuná Existencial

Las guerras hacen lo suyo. Un día celebramos nuestras victorias, y al otro día lloramos la irreparable pérdida de preciosas almas judías. Esos jóvenes soldados que han sacrificado sus vidas por todos nosotros. Estos altibajos emocionales son inevitables en todo conflicto bélico. Son parte de un paquete, que B»H confió, al final, dejará un resultado positivo, que le dará aún mas significado al sacrificio de estos maravillosos jóvenes Jayalim.

Las guerras también cambian a la sociedad. Profundamente. La atomiza o la fortalece. Resetea sus valores y prioridades. La sociedad israelí no es una excepción. Hay muchos cambios, creo que la mayoría muy positivos. Y se van a notar en los próximos años y décadas. Cuando los que hoy luchan contra un enemigo amalequita se transformen en los portavoces y los líderes políticos de Israel. Uno de los cambios que yo noto es que la sociedad israelí se está volviendo más respetuosa de la religión y de los judíos observantes. Este no es un cambio menor. Es parte de un proceso de «unidad de nuestro pueblo”.

EL DELICADO BALANCE

El israelí —y también el judío secular de la diáspora— parece estar más abierto a abrazar la tradición judía. Este mayor respeto por la Torá no nace en un vacío. Siento que cada vez se disipa más el antiguo prejuicio antirreligioso. La guerra ha demostrado que los judíos más observantes —Jasídim, Jaredim —tienen una entrega total a la sociedad israelí, y en muchos ámbitos su contribución es esencial: ayuda civil de todo tipo, asistencia financiera, médica, práctica, etc. como: Hatzala, Jaberim, Zaka, y mucho más. Incluyendo los miles de casos de soldados Jaredim que últimamente se están alistando al ejército. El cambio más fundamental en este aspecto es “cultural”. En el pasado, algunos sectores Jaredim solían criticar al ejército y a los soldados, porque“no es lo suficientemente religioso». Esto, me parece, está desapareciendo. En momentos de crisis los ojos se abren. Y nadie puede ignorar que el ejército está protegiendo nuestras vidas y “nuestra observancia religiosa en Eretz Israel”. De pronto, el frente de guerra se santificó. Desde los sectores más ortodoxos se escucha que los soldados, aun los menos religiosos, son considerados Kedoshim (santos) ya que entregan sus vidas AL KIDDUSH HASHEM, a la consagración del nombre de Dios, protegiendo a Am Israel.

Es un cambio del que mucho no se habla. Y que quizás no se nota porque no es súbito. Pero está allí. Y va creciendo. Este cambio a su vez está logrando que una parte significativa de la sociedad israelí que en el pasado había «demonizado» a los judíos religiosos, esté cambiando su vision. Poco a poco, los israelíes más y menos religiosos, finalmente, se están acercando. Están gravitando hacia al centro. De pronto, el foco ya no está en lo que nos separa sino en lo más elemental que nos une: sobrevivir en la tierra de Israel.

EMUNA EXISTENCIAL

Y hablando de supervivencia, la guerra ha producido un nuevo tipo de EMUNA –fe judía– de conexión con Dios. En una entrevista que hace unos días atrás brindó el ex comandante del ejército Rafi Eitan en el Canal 14 (www.now14.co.il) hizo un comentario profundo sobre un video, que me emocionó hasta las lagrimas. En este video un soldado llega de sorpresa a su casa. La joven madre lo ve y obviamente se emociona y lo abraza. Su hijo había estado luchando en Gaza y no lo había visto por más de 100 días. Mientras lo abraza, la madre reza en voz alta. Le agradece a Bore Olam (el Creador) que su hijo está sano y salvo, recitando el Mizmor LeTodá, el salmo de gratitud a Dios, que recita “de memoria”. Los panelistas del canal 14 notan que ni la madre ni el hijo parecen religiosos. Eitan dice: “Estamos siendo testigos de un nuevo tipo de conexión con Dios a nivel nacional: la Emuná Kiyumit” (אמונה קיומית), que yo traduciría como Emuná existencial. ¿A qué se refirió Raffi Eitan? A la conexión con Dios que se pone de manifiesto, que surge o resucita con gran intensidad, cuando uno vive un evento existencial traumático, de vida o muerte, como la enfermedad o la guerra. Cuando uno se da cuenta de la fragilidad de la vida, comienza un acercamiento a Dios y desarrolla una relación íntima incomparable. Pienso en las cientos de miles de madres de los soldados judíos de Gaza, que pasan las larguísimas noches de la guerra, literalmente, sin dormir. Con el constante terror de que alguien golpee la puerta en la mitad de la noche para darles la peor noticia de sus vidas. Estas madres judías, aún las menos observantes, “pasan las noches con Dios”. Se sobreponen al pánico rezando y leyendo Tehilim. Y como saben hebreo, entienden lo que escribió el Rey David, fortalecen su conexión con Dios, rezan y recuperan su esperanza al visualizar el reencuentro con sus amados hijos. Hablan con Dios, le suplican, desde lo más profundo de su sufrimiento. Y también repasan en sus corazones y memorizan una y mil veces las palabras de gratitud que prometen dedicarle al Creador cuando llegue ese sagrado abrazo.

¿DIME CÓMO TE VES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES?

El uniforme religioso ha pasado a un segundo plano en esta guerra. Hay un nuevo fenómeno en Israel: ¡El que no lleva kipá o no viste una falda también puede ser observante, también practica su EMUNA! Eso lo veo mucho en el Canal 14 (que les sigo recomendando mirar). La mayoría de los panelistas no lleva kipá, pero manifiestan un amor por el judaísmo, por la Torá, por HaShem y una admiración por la entrega de los judíos más observantes que es maravillosa. Como decía uno de mis maestros: lo importante no es verse más religioso de lo que uno es, sino ser más religioso de lo que uno se ve.

La horrible guerra en Israel —y el antisemitismo irracional en el resto del mundo—nos está haciendo comprender que lo que causa que nuestros enemigos nos odien –ser el pueblo de Dios– es también lo que nos une, y lo que nos hace judíos desde hace 3500 años atrás.

Rab Iosef Bitton

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