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La grandeza del Rambam

La sabiduría de Rabí Moshé Ben Maimón no abarca solo Torá, sino también medicina y demás ciencias.
Se hizo famoso como médico, en las tierras vecinas.
El rey de Egipto, Saladino, al escuchar la grandeza de Rambam en el campo de la medicina, lo nombró su médico personal.
Los ministros de la corte tuvieron mucha envidia por la encumbrada posición a la que ascendió Rambam, aumentada por el hecho que éste era judío.
Todas las denuncias y calumnias contadas acerca de su consejero judío, fueron rechazados por el rey.
También los médicos egipcios fueron atacados por la envidia y empezaron a confabular, para demostrar que no eran tan grandes sus conocimientos de medicina.
Le llevaron un petitorio al rey diciendo que querían debatir con Rambam sobre medicina.
Sabía el rey que muy grandes eran los conocimientos de Rambam en el campo de la medicina, por lo cual le informó, que los médicos de Egipto están interesados en hacer con él un debate profesional y le pidió que acepte la propuesta, ya que seguramente los vencería.
El debate se desarrolló largas horas y al final hubo diferentes opiniones entre las dos partes, en relación a la pregunta, si era posible curar a un ciego.
La opinión de Rambam fue que era posible curar a un ciego, sólo si perdió la vista después de nacer, más quien nació ciego, no tenía curación.
Los médicos egipcios, en cambio argumentaron que con “su gran sabiduría” podrían curar incluso a quien nació ciego y que estaban listos a demostrarlo.

Al final del debate se decidió, que si durante ocho días traerían los médicos un ciego de nacimiento y lo curarán se considera que vencieron a Rambam y podrán hacer con él lo que deseen.
Salieron los médicos a la calle de la ciudad y buscaron a un hombre que perdió la visión después de su nacimiento.
Después de larga búsqueda encontraron un joven de catorce años, que hace un tiempo perdió la visión.
Se acercaron a él los médicos y le preguntaron “¿estás interesado en que te curemos?”, “Seguro”, contestó el joven con alegría.
Le dijeron los médicos: “lo haremos pero con una sola condición, que digas delante del rey que eres ciego de nacimiento. También le dirás a tu madre y los vecinos que digan lo mismo”.
Se alegró mucho el joven al escuchar las palabras de los médicos y corrió a contarle las novedades a su madre y también ella aceptó la condición.
Fue la mujer a hablar con los médicos, expresó su aceptación a la condición y los médicos la dirigieron acerca de lo que ella y sus vecinos tenían que decir.
Tomaron al joven y después de ocho días de tratamiento intensivo, lograron que el joven recupere la vista.
Al pasar ocho días vino el Rambam frente al rey y llegaron los médicos con el joven ciego.
Dijeron los médicos: “Su majestad, hemos traído un joven que era ciego de su nacimiento, de acuerdo al testimonio de su madre y sus vecinos y lo hemos curado de su ceguera”.
Preguntó el rey a la madre y a los vecinos, y estos confirmaron las palabras de los médicos, diciendo que el joven sufría de ceguera congénita y hace unos días los médicos empezaron a tratarlo y lo curaron.
Pudo comprobar el rey, que la verdad estaba con los médicos y que era posible curar la ceguera congénita.
Se dirigió el rey a Rambam y le preguntó: “¿qué puedes decir sobre esto?, nuestros ojos confirman que es posible curar a un ciego de nacimiento”.
“Yo no creo que este joven fue ciego de nacimiento, debido a que la ceguera congénita no puede ser curada”.
Aceptó el rey y Rambam salió apresuradamente al mercado y compró siete papeles de diferentes colores y los trajo en su mano al palacio real.
Todos los presentes estaban desconcertados y no sabían que pensaba hacer el Rambam.
Llamó Rambam al joven y le dijo: “Hijo mío, deseo preguntarte algo: en este momento ves bien y puedes distinguir entre un objeto y otro”.
“Sí, puedo ver y distinguir claramente entre las cosas”, contestó el joven. Sacó Rambam los papeles de colores y preguntó:
“¿Puedes distinguir entre los colores? Dime que color es cada uno de estos papeles”.
“Este es rojo, el segundo verde, el tercero azul…”, señaló el joven.
En ese momento se dirigió Rambam al rey y dijo con una sonrisa: “puede observar su majestad, que los médicos, el joven, la madre y los vecinos mintieron al decir que el ciego no vio nunca luz”.
El rey y los médicos siguieron atentamente la palabras de Rambam y éste
continuó con voz segura y suave:
“Si fuera verdad que el joven era ciego congénito, ¿cómo supo distinguir entre los colores?”.
“Si supo el nombre de cada color, señal que el joven vio durante varios años y sólo en una etapa posterior perdió la vista”.
Al escuchar los médicos, la prueba irrefutable de Rambam quedaron con la boca abierta y avergonzados delante del rey.
Quiso el rey castigarlos severamente por sus mentiras, pero el Rambam pidió que sean perdonados.
El nombre de Rabí Moshé Ben Maimón, se difundió por todo el mundo por su gran sabiduría y por su gran piedad con todas las criaturas.

Extraído de “Mi boca contará”

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

1 comentario
  1. Moisés Lopez Onofre

    Gracias Hachem, por conceder inteligencia a cada ser viviente

    14/07/2016 a las 16:30

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