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La Grandeza de Rav Jiá: Entonces & Ahora

Extraido de Jabad Magazine. Rabí Zalman A. Grossbaum es uno de los Emisarios del Rebe para Toronto, Canadá, y dirige la Organización Jabad Lubavitch del Ontario Sur.

El tema de la continuidad judía no es novedoso.
El Talmud cuenta que Rav Janiná dedicó todo su tiempo y talentos a explorar las profundidades de la Torá. De ser olvidada alguna vez como resultado de la dispersión o la persecución (Di-s libre), Rav Janiná estaba seguro de que podría restaurar su invalorable profundidad a través de sus esfuerzos.

Se abocó a un programa de estudio intenso y comprensivo para brindar un entendimiento más profundo de la Torá. En aras de ella, estaba dispuesto a arriesgarse alienando a la gente común ahondando más y más profundo en la complejidad de la Torá.
Estaba convencido de que a través del pilpul (el debate intenso en la Torá) ésta podría restaurarse independientemente de lo que pudiera suceder al pueblo judío. Creía que la gloria de la erudición de la Torá siempre podría ser revitalizada con la colosal reserva de Torá investida en los eruditos dedicados.

Su colega, Rav Jiá, pensaba diferente.
El dijo: “Sembré lino y usé su producto para armar redes. Luego atrapé un ciervo, que a su vez fue faenado y ofrecido como alimento a huérfanos. Sobre las pieles escribí cada uno de los cinco Jumashím (Libros de la Torá). Di los rollos a cinco niños, de modo que cada uno pudiera estudiar un libro del jumash“. Además, enseñó a otros seis niños sendos tratados de la Mishná, uno a cada uno. A estos pequeños se les encomendó compartir sus conocimientos con los demás. Con esto, Rav Jiá estaba seguro de que la Torá nunca sería olvidada.

Rav Jiá era de la opinión que debemos acercarnos a las masas, aun si esto pudiera impedir explorar sus profundidades. De hecho, sostenía que brindando oportunidades de aprendizaje a todos, incluso a principiantes, podremos salvaguardar la continuidad de la Torá.

Además, como evidencia de su sinceridad, Rav Jiá dedicó su propio tiempo precioso a llevar a cabo personalmente el proceso entero. No relegó los pasos preliminares a otros. Su iniciativa acentuó el estudio del jumash y la Mishná. Sabía que con paciencia y perseverancia el primer grupo de estudiantes dominaría los fundamentos y proseguiría compartiendo sus conocimientos con los demás. Rav Jiá confiaba en que, sobre un fundamento sólido, la erudición de Torá proliferaría.
Aunque cada enfoque tiene su mérito, el Talmud concluye diciendo: “¡Cuán grande es la obra de Rav Jiá!”

Tras una revisión cuidadosa de este pasaje del Talmud, es justo suponer que Rav Jiá estuvo entre los precursores del “Movimiento de Acercamiento al Judaísmo”. Exploremos la diferencia fundamental de opinión entre estos dos gigantes talmúdicos.
El Rebe, en sus notas de Torá recientemente publicadas, Reshimot, provee de comprensión a este punto. En una larga disertación que explica las dos Mishnaiot finales del todo el conjunto de Mishnaiot, ofrece un novedoso enfoque para la observancia de las mitzvot y su recompensa.

Primero, Rabí Iehoshúa ben Leví declara: “Cada Tzadik heredará 310 mundos”. Luego, en la última Mishná, Rabí Shimón ben Jalafta nota: “Di-s no encontró recipiente para contener la bendición, salvo (el recipiente de la) paz”.
Ambas Mishnaiot intentan encapsular el propósito del servicio Divino y ofrecen una mirada a la gratificación reservada. Pero aluden a formas diferentes de compensación que se corresponden con las dos metas que buscamos al realizar mitzvot.

Inicialmente, se nos instruye a servir a Di-s para que seamos meritorios de una porción en el Jardín del Edén (¡310 mundos!). Como esta gratificación es un resultado de nuestro servicio, se destina en forma proporcional. Cada Tzadik gana una porción de la dicha Divina que se corresponde con su nivel de devoción, compromiso, y profundidad de observancia.
Su “cámara” es cuidadosamente calculada y “hecha a medida” en relación con su avodá (servicio). Este foco centrado en profundidad y diligencia puede compararse con el enfoque de Rav Janiná en cuanto a la continuidad de la Torá.
Pero hay un objetivo más excelso inherente a todas las mitzvot; establecer un nexo entre el hombre finito y el infinito Di-s.

Fundamentalmente, el golfo es insuperable. No obstante, por gracia de Di-s, se nos ha ofrecido una oportunidad para forjar una relación. Mediante el cumplimiento de mitzvot tiene lugar una fusión que une al Creador con el creado. Se forma un nexo que trasciende la lógica y desafía la razón. Es un regalo desde Arriba que trae armonía y coherencia a fuerzas diametralmente opuestas.
Este enfoque de “vuelta a primera base” la idea de que una simple mitzvá puede lograr una alianza que supera a la mente se refleja en las acciones de Rav Jiá.

Podemos ver una metáfora para esta relación en las virtudes de la paz y la conciliación:
No hay dos personas que piensen igual, ocasionando diversidad, desunión y desacuerdo. Sin embargo, pese, y resistiendo, diferencias hondamente arraigadas, la gente civilizada, en aras de la paz, elige regirse con la mediación y el arbitraje, fusionando fuerzas opuestas.

En consecuencia, mientras la primera Mishná que enuncia la gratificación reservada para el justo es excluyente (atañe sólo a los de un servicio Divino excelso), la Mishná posterior es incluyente. Resalta la máxima bendición reservada a todos los que han forjado un nexo con Di-s observando siquiera una mitzvá al azar!
Este paradigma arroja luz sobre los empeños prácticos y filosóficos del Rebe.

Desde el primer día de su bendito liderazgo, el Rebe se empeñó en llegar a cada judío dondequiera él o ella pudieran encontrarse.
En lugar de dedicar los recursos de Jabad a aquellos que demostraban un potencial especial y prometían un futuro brillante, acentuó la comunidad inherente a todos los judíos.

Que un joven se ponga los Tefilín sobre una avenida principal, o que un niño recite un Shemá en un día de campamento, era de importancia suprema, y una meta en sí mismo. Así, también, ubicó estratégicamente a sus emisarios dondequiera pudieran encontrarse judíos, aun si esto significara privación personal y auto sacrificio. Se esforzó incesantemente en facilitar el nexo entre cada judío y su Creador, a través de una fusión que trasciende la lógica y el concepto fundamental de “recompensa y castigo”.

En vez de cultivar una élite, el Rebe eligió encender una llama de Divinidad entre las masas. Lo hizo alentando la traducción de obras básicas de Torá para que se volvieran accesibles a todos. Los Candelabros Gigantes de Janucá se exhibieron públicamente en todas las ciudades importantes, creando una conciencia sin precedentes de su mitzvá e impulsando el orgullo judío.
Las radios, carteleras, satélites, fax y computadoras se pusieron en actividad, diseminando Torá y promocionando las mitzvot.
Todo esto a instancias del Rebe. Y, al hacerlo, hizo del mundo un lugar más luminoso para todos!

Después de más de cuarenta años de liderazgo, los revolucionarios esfuerzos del Rebe se han vuelto universalmente aceptados y el método convencional de “difusión” entre todas las organizaciones de “kiruv” (que sólo recientemente han comenzado a proliferar).
Ahora que el valor inapreciable de cada judío ha sido reconocido, es momento de que el Mashíaj saque a todos los judíos del exilio diaspórico y nos conduzca a la Tierra Santa, donde construiremos el Tercer Templo y disfrutaremos de la gloria de Di-s.

Rabí Zalman A. Grossbaum

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