Festejando
Iom Kipur
La Teshuvá (retorno a D-s)
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La dinámica del arrepentimiento…

Extraído de nosotros y el tiempo. Rab Eliahu Kitov

 

El arrepentimiento expía todas las transgresiones. Aunque uno haya pecado toda su vida y se arrepienta sólo en el instante final, no le será recordado ninguno de sus actos inicuos, como declara el versículo (Ezequiel 33:12): Y en cuanto a la iniquidad del malvado, éste no tropezará con ella el día que se aleje de su iniquidad.

No creas que la persona debe arrepentirse sólo de aquellos pecados que involucran una acción, como ser robar; por el contrario, también debe examinar sus malos pensamientos y alejarse del enojo, el odio, los celos, la burla y la procura de dinero y honores. Sobre estas transgresiones expresa el Profeta (Isaías 55:7): Abandone el malvado su camino, y el hombre impío sus pensamientos. Es más difícil alejarse de este tipo de pecados que de las acciones prohibidas, ya que cuando uno se encuentra inmerso en ellos resulta muy difícil abandonarlos.

El hombre debe centrar especialmente sus esfuerzos en arrepentirse de aquellos pecados o rasgos negativos de su personalidad que se han vuelto parte intrínseca de su ser. No debe postergar su arrepentimiento, y así no se convertirá en alguien que dice a sí mismo: «pecaré y luego me arrepentiré», pues nuestros Sabios dijeron que a semejante persona no se le concede la oportunidad de arrepentirse. Dado que en este caso la persona pecó pensando que más tarde podrá arrepentirse, su arrepentimiento termina siendo la causa de su pecado, y por lo tanto no es aceptado.

Por el contrario, del hombre que generalmente comete pecados y corrige su hábito a través del arrepentimiento, erradicando ese pecado de su ser y abandonándolo totalmente, se dice que es tan preciado por Di-s como aquel que trae una importante ofrenda al altar, y su recompensa es inmensa. Cuanto más forme el pecado parte de la persona, tanto mayor será la recompensa por el arrepentimiento.

Lo mismo es válido respecto de un lugar, una época o una edad. Si una persona ve un lugar donde la gente tiende a cometer una determinada transgresión, ha de saber que este pecado en particular constituye la máxima fuente de acusación en contra de ellos. Por lo tanto, el arrepentimiento por éste es más importante que cualquier otra fuente de méritos que pudiera existir, y es mucho más apreciado por Di-s que cualquier otra buena acción. Si se arrepienten, ello les ayudará a abandonar sus demás transgresiones. Si no, aunque sus demás acciones sean buenas, serán considerados como quien se sumerge en la mikvé (baño ritual) para purificarse al tiempo que sostiene un objeto impuro en sus manos.

Si una generación es conocida por cometer una transgresión específica, las personas perceptivas entre ellos deben abocarse a corregir esa falta en particular más que cualquier otra, ya que su arrepentimiento ayudará a inclinar la balanza en beneficio de todos aquellos que posteriormente imitarán su conducta y también se arrepentirán.

Esto también se cumple en las etapas de la vida del hombre. La infancia es diferente de la juventud, y ambas difieren de la edad adulta. En cada una de estas etapas del desarrollo, la Inclinación al Mal lleva al individuo a cometer transgresiones. La esencia del arrepentimiento consiste en darse cuenta de cuáles son los pecados que lo dominan, para así poder concentrar todos los esfuerzos en superarlos, hasta alcanzar la etapa en que Di-s testifica que nunca más reincidirá en esa actitud insensata.

Las bases del arrepentimiento
Rabeinu Ioná escribe que el arrepentimiento consta de tres etapas: contrición, confesión y abandono del pecado.
El Midrash (Vaikrá Rabá 3) declara:

Rav Bibi bar Abaié enseñó: ¿Cómo debe uno confesar sus pecados en la víspera de Iom Kipur? Debe declarar: Reconozco toda mala acción que he cometido ante Ti. He estado en el mal camino. Todo lo que hice, no volveré a hacerlo. Sea Tu voluntad, Di s mío, disculpar todos mis pecados, perdonar todas mis transgresiones, y concederme expiación por todas mis iniquidades, como declara el versículo (Isaías 55:7): «Que abandone el malvado sus caminos, y el hombre impío sus pensamientos».

Abandonando el pecado

Nuestros Sabios enseñaron: ¿Qué se considera arrepentimiento completo? Aquel que incluye el abandono del pecado. ¿Hasta qué punto? Hasta que El, quien conoce lo oculto, da testimonio de que esta persona no reincidirá en el pecado (Maimónides, Leyes de Teshuvá 2).

Sin embargo, si el hombre se arrepiente de su pecado, evita reincidir en él durante un tiempo, y luego vuelve a su hábito pecaminoso, aunque será recompensado por evitarlo durante ese tiempo, no puede ser considerado un penitente y sus pecados originales siguen sin expiación plena ya que todavía lo llevan a comportarse erróneamente.

Puesto que el arrepentimiento genuino –teshuvá– es tan complejo, uno nunca debe sentirse conforme y siempre lo acosará la preocupación de si cumplió adecuadamente la mitzvá de teshuvá o no; se preguntará si sus nuevos pecados son tal vez el resultado de pecados anteriores que aún no abandonó por entero.

El versículo (Isaías 55:6) declara: Buscad a Di-s mientras El puede ser hallado. Los Sabios explicaron que esto se refiere a los diez días entre Rosh HaShaná y Iom Kipur. Es por ello que muchas personas se preocupan de no dejar pasar estos días sin rectificar al menos una acción incorrecta. Cada año asumen el compromiso de enmendar otro pecado y construir otra valla protectora que jamás volverán a violar.

Aunque la acción elegida sea insignificante, y aun si rectificarla no demanda demasiado esfuerzo, su arrepentimiento sigue siendo de gran valor pues le permite relacionarse con el auténtico arrepentimiento.

Rab Eliahu Kitov

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