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La Difamación

Extraido de Jabad Magazine. De nehora.com

Aunque nacido, educado y casado en Jerusalém, y ya famoso por su extenso conocimiento de la Torá, Rabi Jaim Jizkia Medini se vio obligado a dejar la Tierra de Israel cuando era un hombre joven después de que su adinerado suegro murió, para poder mantener a su esposa Rivka, sus niños pequeños, madre y hermanas. Por cierto periodo vivió en Bujara. El pueblo tenía un kolel (programa de estudio de Torá, avanzado para hombres casados), patrocinado por un judío adinerado que apoyaba a los jóvenes estudiantes casados mientras ellos estudiaban Torá. Aunque el kolel tenía fijados horarios de estudio, Rabi Medini que amaba estudiar Torá llegaba muy temprano en la mañana y se retiraba tarde por la noche. Debido a esta dedicación y sus grandes logros en su estudio, el acaudalado patrocinador estaba encantado con él y le mostraba una simpatía especial.

Otro miembro del kolel se puso sumamente celoso, creyendo que Rabi Medini estaba recibiendo más dinero que los otros estudiantes. Y por ello ideó un plan maligno contra él. Sobornó a la criada gentil que limpiaba la casa del millonario y el Beit Hamidrash (casa de estudio para el kolel) para que dijera a la gente que Rabi Medini había intentado seducirla. Temprano una mañana, cuando Rabi Medini vino al kolel, la criada que había estado limpiando el Beit Hamidrash corrió, gritando histéricamente hacia la calle, reclamando que Rabi Medini había intentado faltarle el respeto. Muchas personas vinieron al Beit Hamidrash, encontrándose entre ellos el hombre celoso que había trazado el vil plan, y empezaron a gritar a Rabi Medini, inquiriéndole cómo se atrevió a hacer semejante cosa terrible. El hombre celoso convenció a la muchedumbre enfadada que fuera a la casa del hombre rico y demandaran que despidiera a Rabi Medini del kolel.

Después de relatarle lo sucedido, el hombre adinerado les dijo que volvieran al Beit Hamidrash y prometió que él verificaría la verdad de las imputaciones. Renuentemente, consintieron. Mientras tanto, Rabi Jizkia Medini continuó estudiando sin interrupción y no se tomó tiempo siquiera para contestar a sus recriminaciones. Sabía que su negación caería en oídos sordos y quizás enardecería más aun a sus antagonistas. Se sentía muy mal por la calumnia contra él, un estudioso de la Torá reconocido, que estaba causando semejante Jilul Hashem (profanación del Nombre de Di-s).

El hombre rico llegó al Beit HaMidrash y lo observó por más de una hora, mientras que durante ese período Rabi Medini continuaba estudiando sin notar su presencia. Finalmente, el rico anunció que Rabi Medini era un hombre santo y a cualquiera que se atreviese a calumniarlo no le sería permitido entrar en el Beit HaMidrash de nuevo. También despidió a la criada. Nadie se atrevió a desobedecerlo y todo el tema quedó en el olvido.

Unos días después, temprano por la mañana, cuando Rabi Jizkia Medini estaba estudiando solo como de costumbre en el Kolel, la criada se le acercó. Estalló en lágrimas y dijo: “¡Usted sabe la verdad, yo lo calumnié falsamente!. Pero no es mi culpa. Cierta persona me sobornó e hice lo que me dijo: ¿Pero qué he ganado con todo esto? El dinero se me ha terminado y ahora estoy sin trabajo. Por consiguiente deseo hacer una confesión pública para que usted sea declarado inocente y que él sea culpable pues planeó y llevó a cabo todo el asunto“

Rabi Medini consideró el tema. Sus primeros pensamientos fueron que la confesión pública de la criada sería de gran beneficio para él, ya que convencería a todos que había sido difamado y no había hecho nada malo, y esto detendría el Jilul Hashem. Pero entonces comprendió que otro Jilul Hashem similar resultaría de semejante confesión pública. La gente descubriría cuán malo era el hombre que estaba deseoso de estropear la reputación de Rabi Medini y había intentado privarlo de su sustento llevado por sus incontenibles celos.

“Tengo una buena idea,” le dijo a la criada. “¿Por qué pasar por semejante turbación pública? Yo le encontraré un nuevo trabajo. No hay necesidad de confesar su papel en lo que pasó” Ella prontamente estuvo de acuerdo, ya que esto servía a sus propósitos más que una confesión de la que no sólo saldría sin dinero, sino también mostraría una mala imagen de su persona. Rabi Medini mantuvo su promesa y convenció a otro miembro de la comunidad para que la contratara. Rabi Medini reveló que después de este incidente logró alcanzar más claridad en el estudio de la Torá, como nunca tenía antes había experimentado. Desde aquel momento, vio una bendición fenomenal en su aprendizaje. Continuó creciendo y se volvió una de las más grandes luminarias de la Torá de su generación.

Muchos años después – quizás incluso después de que fue nombrado Presidente de la Corte Rabínica y Director de la Ieshivá en Jebrón en 1880- Rabi Medini estaba sentado en su estudio. Profundamente inmerso en sus pensamientos, el rabino no notó la presencia de un estudiante suyo, que estaba observándolo. De repente, en el rostro del rabino se dibujó una gran sonrisa. Al obtener la atención de su gran rabino, el estudiante preguntó si podía saber por qué había sonreído. El rabino dijo que había recordado un hecho en su juventud que había sido sumamente instrumental en su éxito en el estudio. él relató entonces todo el episodio. El estudiante contó luego que como consecuencia de ello, es que conocimos esta historia inspiradora.

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