Profundizando
1. Perspectiva del Amor desde la Torá
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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La busqueda de pareja…

Extraido del El misterio del matrimonio

El Talmud [4] relata que en el antiguo Israel se acostumbraba a preguntar al recién casado: “¿Hallaste o hallas?”
La pregunta se refiere a una aparente contradicción entre dos frases del rey Salomón, el más sabio de los hombres. En el libro de Proverbios [5] dice:

“Quien halló mujer halló el bien”

Pero en el libro de Eclesiastés [6] afirma:

“Y hallo yo más amarga que la muerte a la mujer”

Aunque estos dos versículos parecen presentar imágenes contradictorias de la mujer, si las examinamos atentamente podemos detectar algunas diferencias gramaticales sutiles que explican la aparente discrepancia [7].
Ante todo, el verbo en el primer versículo está en tiempo pasado: “quien halló mujer”, mientras que el verbo en el segundo está en presente: “y hallo… a la mujer”.
De acuerdo a nuestra tradición, las almas de una pareja verdaderamente concertada derivan de una esencia espiritual común [8]. Por esta razón, las dos están destinadas, incluso desde antes de nacer, a unirse en matrimonio [9]. El uso del tiempo pasado al afirmar el bien a encontrarse en el matrimonio, sugiere que tanto en el proceso de búsqueda de esposa como en la relación con la mujer con quien se ha contraído matrimonio, uno debe intentar descubrir y concentrarse en esta identificación mutua, profunda y compartida.

Si ignora esta indicación y se concentra en la gratificación pasajera de sus deseos y predilecciones inmediatos, como lo implica el tiempo presente usado en el segundo versículo, la relación será inevitablemente amarga.
En el primer versículo, el verbo (“quien halló”) es inmediatamente seguido por su objeto (“mujer”) implicando que lo que el marido ha buscado y hallado es efectivamente su esposa. Su mente y corazón se centran en ella y su preocupación consciente es suplir sus necesidades y las necesidades de su familia antes que las propias [10]. Esa es la base de una vida matrimonial feliz.

En el segundo versículo, por lo contrario (que en el original dice literalmente: “y hallo yo más amarga que la muerte a la mujer”), el sujeto (“yo”) está interpuesto entre el verbo (“hallo”) y su objeto (“mujer”) [11], implicando que el hombre está realmente más ocupado en encontrarse a sí mismo, es decir en su propia gratificación.
De aquí que desinterés en si mismo, la anulación del propio yo es la clave para encontrar y relacionarse con la esposa a nivel de la raíz espiritual común. El esposo egocéntrico será incapaz de lograr una relación genuina y recíproca con su esposa, que el tiempo endulce en lugar de amargar [12].

Aunque en ese caso el marido probablemente sienta que su mujer se ha vuelto “más amarga que la muerte”, en realidad esto le ha sucedido a su propio “yo” interpuesto (que proyecta en ella). Esto es lo que indica la frase “más amarga que la muerte” que sigue directamente a la palabra “yo” incluso antes de mencionar a “la mujer”.
Miremos nuevamente a estos versículos. El primer versículo completo dice:

“Quién halló mujer halló el bien y despertará la [buena] voluntad [13] de Dios”

Y el segundo versículo completo es:

“Y hallo yo más amarga que la muerte a la mujer,
cuyo corazón es trampas y redes y sus manos grilletes.
El que es bueno ante Dios huirá de ella,
más el pecador quedará por ella preso”.

En otras palabras, así como el rey Salomón califica de “buena” la relación positiva entre marido y esposa, también dice que es “bueno” huir de una relación negativa. El marido que se buscaba a sí mismo comienza su retorno al estado del “bien” reorientando su conciencia de tal manera que se presenta “ante Dios” en lugar de preocuparse únicamente en sí mismo. Al hacerlo “huye de ella”, es decir de la imagen de su propio ego que ha proyectado en su esposa. Sólo entonces podrá salir en busca de su verdadera consorte espiritual [14].
No es sorprendente que el verbo que funciona como eje de estos versículos “hallar”, figura prominentemente en la creación de Eva, la mujer arquetípica:

“Y dijo Dios:
‘No es bueno que el hombre esté solo,
crearé alguien que lo ayude’.
Dios creó entonces de la tierra
todas las bestias del campo y las aves del cielo,
y El se las trajo al hombre para que las nombrara,
y así como el hombre las nombró ese fue su nombre.
Y Adán dio un nombre a todos los animales y aves del cielo y a las bestias del campo, pero para sí mismo, Adán no encontró ayuda” [15]

Y evidentemente no era suficiente para Dios crear simplemente a Eva y presentarla a Adán. Una verdadera esposa debe ser buscada y hallada [16].
Después de su creación Adán da a su esposa el nombre genérico “mujer”, que en hebreo es simplemente la forma femenina de la palabra “hombre” [17]:

“Esta es ahora, hueso de mis huesos, carne de mi carne,
esta será llamada ‘mujer’
porque de hombre fue tomada”.

Habiendo hallado a su verdadera consorte espiritual, Adán le da un nombre que proviene del suyo propio, reconociendo el origen común de sus almas.
Observando nuevamente los dos versículos en el original, vemos que en el versículo “Y hallo yo más amarga que la muerte a la mujer”, la palabra “mujer” aparece precedida por el artículo “la”. Esto implica que uno se refiere a su propia esposa como miembro de un grupo genérico más que como a un individuo que comparte su raíz espiritual. Esta carencia fundamental de unidad le impide encontrar el bien en su relación con su mujer.
Por el contrario, en el versículo “Quien halló mujer halló el bien”, “mujer” aparece sin el artículo. Esto implica que quien halla su verdadera consorte espiritual la nombra y la reconoce según su origen común, como sucedió en la historia de la Creación. Por lo tanto “Quien halló mujer halló el bien”.

En realidad, también aquel que considera a su esposa parte de sí mismo, puede hacerlo como consecuencia de su ego exagerado. En ese caso uno ve a su esposa meramente como un apéndice de sí mismo y no siente necesidad de relacionarse con ella como con un individuo distinto. A esto alude el versículo “Y hallo yo más amarga que la muerte a la mujer”, en el que el marido egocéntrico se ve sólo a sí mismo en su esposa.
La forma correcta de considerar a la esposa como parte de uno mismo es sintiendo la raíz espiritual común, que, como hemos dicho, es posible solamente cultivando un auténtico auto desinterés. Como ya explicaremos, la individualidad verdadera se origina en la raíz espiritual propia. Paradójicamente sólo cuando ambos consortes se relacionan uno a otro conscientes de esta fuente común, son capaces de verse mutuamente como individuos verdaderamente únicos [18].

Nuestros sabios nos enseñan que “es la condición del hombre buscar a la mujer” [19], porque en realidad está buscando una parte perdida, su “costilla”. Espiritualmente su parte perdida es el nivel inconsciente de su propia alma [20].
Cuando uno aprende a relacionarse (“hallar”) a su esposa al nivel de su raíz espiritual común, no sólo “halla” un buen matrimonio, sino asimismo el bien inherente al nivel inconsciente de su propia alma [21]. La buena esposa es entonces aquella que hace a su marido consciente de la profundidad del deseo de bondad de este. Este es el significado profundo de “Quien halló mujer halló el bien”.

En resumen, al referirse al lenguaje contrastante de estos dos versículos, quienes plantean la pregunta arriba mencionada al novio, aluden al resultado de la unión, para bien o para mal, dependiendo de su actitud. Las bendiciones del matrimonio dependen del abandono del egocentrismo y de una orientación positiva hacia la verdad interna y la realidad [22].

4- Ievamot 63b
5- 18:22
6- 7:26
7- Como es evidente del contexto en el que ambos versículos son discutidos en el Talmud, la solución simple y básica de la contradicción es que el primero se refiere a una buena esposa y el segundo a una mala. Sin embargo, en un nivel más profundo, describen las diferentes maneras en las que la esposa refleja el nivel de refinamiento personal de su marido.
8- Zohar 3:43b, 1:85b, Sefer HaGuilgulim 24, Mishnat Hasidim, Seder Nashim, Masejet Zivug HaNeshamot 1, Vaikra Raba 29:8.
El valor total de la frase: “Quien halló mujer halló bien” es 585. Este número es el producto de 45×13, siendo que 45=”hombre” ; 13=”uno” y “amor” . De aquí entendemos que el hombre y la mujer fueron creados para unirse (en amor) y devenir en “un hombre”, como está escrito “Varón y hembra El los creó, y El los bendijo y los llamó ‘hombre’ el día que Dios los creó” (Génesis 5:2
9- Sotá 2a
10- “Uno debería comer y beber por menos de lo que sus medios le permiten, vestirse de acuerdo a sus medios y honrar a su esposa e hijos por encima de sus medios”, Julín 84b.
11-Como si el sujeto del verbo fuese también su objeto primario.
12-Nuestros sabios dicen que uno debería “bajar un escalón para casarse con una mujer” (Ievamot 63a). El significado simple de esta frase es que uno debería contraer matrimonio con una mujer de nivel social más bajo para que ella no lo denigre. Sin embargo, y en este contexto, puede ser interpretado como que el requisito previo para un matrimonio de éxito es disminuir la auto-estima.
13-Esta benevolencia se refiere a la revelación de la raíz espiritual común de la pareja, ver más adelante (llamada 18).
14-El valor numérico de la frase “el que es bueno ante Dios huirá de ella” es igual al de “la Divina Presencia [mora] entre ellos” , es decir, 502, (ver más adelante, cap.5). Esto indica que cuando “el que es bueno ante Dios huirá de ella”, encontrará su verdadero consorte espiritual y merecerá que “la Divina Presencia [more] entre ellos”.
15-Génesis 2:18-20
16-Más aún, esta es la primera aparición de la raíz “hallar” en la Torá, y “todo es según el comienzo” (Pirkei d’Rabi Eliezer 41). Esta es entonces una clara indicación de la relación esencial entre la realidad de la mujer y el concepto de hallar.
Aquí, como en el versículo “Quien halló mujer halló el bien” la raíz aparece en tiempo pasado. La primera aparición en la Torá de esta raíz en tiempo presente es en referencia al castigo de Caín por matar a su hermano Abel (Génesis 4:14-15).
17-Génesis 2:23. “De este versículo surge que el mundo fue creado en el lenguaje sagrado (es decir hebreo)”, Rashi, Bereishit Raba 18:4. Hablar y pensar en hebreo es entonces conducente a reconocer a la verdadera consorte espiritual. El lenguaje es generalmente asociado con la mujer, y el hebreo corresponde al nivel más alto de la mujer: la profetiza (Likutei Moharan 1:19)
18-De acuerdo con los sabios (Eiruvin 18a, Rashi acerca del Génesis 5:2) Adán y Eva estaban originalmente unidos, espalda con espalda. En esta situación Adán y Eva eran “uno” pero Adán no podía verla, era consciente de ella sólo como un apéndice (una “costilla” adicional). Con el fin de hacer de Eva la esposa de Adán, Dios la “separó”. Sólo cuando Adán pudo verla por vez primera como un ser independiente, pudieron unirse cara a cara, como marido y mujer.
Se puede decir que los dos tipos opuestos de unidad aquí descritos corresponden a la condición de Adán y Eva antes y después de su separación. Antes, marido y mujer son uno, pero no se pueden unir, ya que el marido considera a su mujer como una mera parte de sí mismo. Después de la separación, si continúa viéndola de la misma manera, nada se ha logrado. Para unirse a ella, debe centrarse en la unidad que precedió a su creación física, es decir la de su raíz espiritual común.
De acuerdo a la Cábala (Etz Jaim 29) en el proceso de separación (?????, nesirá) el varón retiene los estados de jesed (benevolencia, generosidad) mientras que los estados de din (juicio o discriminación basada en mérito y gratitud al recibir) son pasadas a la mujer. Psicológicamente esto significa que el marido pierde conciencia de sí mismo como objeto de atención y el único objeto de su atención pasa a ser su esposa. él queda únicamente como dador de atención y cuidado.
De aquí que la nesira es el pasaje de egocentrismo al reconocimiento de la independencia objetiva del “otro”. En otras palabras, la relación pasa de “yo-eso” a “yo-tú”.
19-Kidushín 2b
20-Bereishit Raba 17:6, Berajot 62a.
21-La afirmación de nuestros sabios: “¿Quién es una esposa adecuada? Aquella que hace – la voluntad de su marido” (Tana d’vei Eliahu Raba 9) es interpretado en Jasidut como “aquella que rectifica la voluntad de su marido” (nuestros sabios a menudo interpretan la palabra como rectificar). La voluntad es expresión primaria del ámbito más profundo y subconsciente del alma.
22-El valor numérico de la palabra hebrea -, “halló”, es 131 que es igual al valor de la palabra humildad – reforzando la idea que ser humilde y anularse son requisitos previos para tener éxito en encontrar el consorte espiritual verdadero.

Rabino Itzjak Ginsburgh

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