Conectándose
Crecimiento Espiritual
El poder del habla y la plegaria
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La Berajá te recuerda a Dios

Uno de los medios más poderosos para conectarse con Dios es la Tefilá (el rezo), y tal vez el modo más relevante de la Tefilá son las Berajot.
Las Berajot (bendiciones) se recitan decenas de veces cada día, en diversas situaciones, para recordarnos Quién es la Fuente de todas las bendiciones.
Todas las Berajot tienen como función principal acordarse de Dios cada vez que se pronuncian.
Una de las maneras para recordar a Dios cada vez que se dice una Berajá —y no acostumbrarnos a decirla sin pensar en nada—, es pensar que es un agradecimiento a Dios por lo que estamos diciendo.
Por ejemplo, cuando decimos la Berajá de Pokeaj Ivrim, debemos pensar que estamos agradeciendo por tener vista, porque podemos ver a nuestra familia, nuestros dos ojos están sanos, que no estamos ciegos, que podemos disfrutar de la naturaleza, y mucho más.

Cuando decimos Sheakol Nihiyá Bidbaró, debemos agradecer por la bebida o la comida que estamos disfrutando, porque tenemos comida, que podemos comer, etcétera.
Uno de los mejores medios para desarrollar el entendimiento de Dios y construir una relación con Él es por medio de la Tefilá y de las Berajot.
Este es un servicio especialmente importante y elevado, y cuando reflexionamos y concentramos nuestro corazón en las plegarias y en las Berajot, logramos realizar un servicio puro y completo, que lo santifica y lo eleva hasta un nivel muy alto.
Si llegamos a tener este sentimiento de agradecimiento cada vez que bendecimos, seremos mucho más felices y estaremos valorando mucho más todo lo que tenemos.

Recordar a Dios te apega a Él
Dicen los Jajamim que el único motivo por el que nos fueron entregadas las Mitzvot (los preceptos) es conectarnos con Dios. Cualquier tipo de Mitzvá (precepto) es capaz de crear un estrecho vínculo entre la persona y Dios, siempre y cuando aquella lleve la intención correcta, que tenga buena concentración y dé la atención debida al precepto.
El problema que podría presentarse es algo sencillo, aunque muy grave, llamado “la rutina”. Ésta hace y provoca que, incluso si hacemos la Mitzvá, no nos acordemos de Dios y la hagamos únicamente por rutina, porque así lo hicimos ayer, etcétera.

Así sucedió con un hombre que, decía, hallaba complicado conectarse con Dios en el transcurso del día, pues estaba muy ocupado.
Cuando le preguntaron qué tan ocupado podía estar para no acordarse de Dios, dijo así:
—Lo primero que hago en el día es decir Modé Aní (la oración al levantarse). Luego voy corriendo a hacer Netilat Yadaim (el lavado de manos). Luego me baño para ir a rezar. Luego con prisa llegó al Bet Hakneset (templo) y me pongo los Tefilín (filacterias). Después desayuno algo, por supuesto con Berajot de la comida. Luego estudio un rato y me voy a trabajar. En la tarde digo Minjá (oración vespertina) y Arbit (oración nocturna), y estudio un poco con el Rabino. Luego en la noche llego muy cansado y digo el Kriat Shemá (oración por Israel) en la cama y me duermo. ¿A qué hora puedo acordarme de Dios, si estoy todo el día tan ocupado?
Aunque esto parece chiste, es la realidad. Muchos de nosotros hacemos muchas Mitzvot en el día, decimos decenas de Berajot y, muchas veces, no nos acordamos de Dios.
¡Pero por medio de las Berajot bien dichas es muy fácil conectarse con Dios! Cuando alguien dice una Berajá con concentración, automáticamente estará creando un vínculo con Dios y se apegará a Él de una manera sensacional.

Bendecir, para conocer y reconocer a Dios
Está escrito en las “Letras de Rabí Akiba” (un libro donde Rabí Akiba explica todas las letras del alfabeto hebreo), que dijo Dios: “Abran sus bocas para bendecirme día con día y hacerme reinar en los cuatro puntos cardinales, ya que si no me bendicen ni me cantan día con día, no hubiera creado mi mundo”.

Escribe el Rambán (1138-1204): “Dios creó a la persona para que conozca a su Creador y le agradezca por lo que le da”.
En otro lugar escribe el Rambán: “La intención de todas las Mitzvot es creer en Dios y agradecerle porque fuimos creados”.
Vemos de esto que toda nuestra existencia en este mundo es para agradecer a Dios, ¡y qué mejor que recitar correctamente una Berajá como se debe!

Prueben y verán que bueno es Dios
Dice el Midrash (las enseñanzas del Talmud) algo hermoso: “Está escrito en el Tehilim: Taamu, Urú Ki Tob Hashem, “Prueben y verán que bueno es Dios”. Nuestro Creador nos dice: “Cumplan todas las Mitzvot que les escribí en la Torá. Cuando bendicen por las comidas y las bebidas están enalteciendo el Nombre de Dios en el mundo”.
La explicación del Midrash es la siguiente: al decir Berajot por las comidas, estamos cumpliendo con todas las Mitzvot de la Torá, ya que la finalidad de todas ellas es enaltecer el Nombre de Dios1 y, mediante el acto de bendecir por la comida y la bebida, estamos manifestando que Dios es Quien provee todo lo que poseemos. Por ello está escrito que quien no menciona el Nombre de Dios en una Berajá, ésta no se considera como tal, ya que toda su finalidad es enaltecer el Nombre de Dios.

Amar a Dios
Una de las categorías más grandes a la que debemos llegar en este mundo es el sentimiento de cumplir la Torá con amor. Para llegar a esto, es necesario alcanzar a la categoría de amar a Dios. No estamos hablando de temer a Dios o cumplir su Torá por obligación, sino de amarlo total y verdaderamente.
Una de las maneras de llegar a la categoría de “amar a Dios” es reconociéndolo y alabándolo. La persona que reconoce a Dios, automáticamente lo alabará y, en consecuencia, lo amará.

Por ejemplo, si un hombre regala a su esposa flores, joyas y cariño; le da tiempo, la invita a viajar, cumple lo que le pide, etc., el amor de él hacia ella crecerá, ya que mientras más se da más amor brota.
Así es con Dios: mientras más reconocemos que todo viene de Él y lo alabamos por medio de las Berajot, más lo amaremos. Y esta es la categoría más alta de unión con Dios: la que se alcanza por medio del amor.
En resumen: para llegar al amor con Dios no basta con decirle “gracias”, sino “sentir todo lo que Dios nos da”. Y al sentir que todo viene de Él, llegamos a amarlo.
Asimismo, para llegar a sentir que todo viene de Él, debemos entender el significado de las Berajot.

Apeguémonos a Dios por medio de las Berajot
Dicen los Jajamim que un verdadero Yehudí no debe bendecir para comer, sino que debe comer para bendecir.
Es decir, un Yehudí que quiere estar apegado a Dios, siente la necesidad de bendecirlo.
Es por eso que necesita comer alguna fruta o beber algo para decir la Berajá.
Si no llegamos a esa categoría, debemos utilizar el gran regalo que Dios hizo para nosotros: que sintamos hambre y sed, para que podamos decir una Berajá y, con ella, acordarnos de Dios.

El pastel del Jatam Sofer
Cuentan que uno de los alumnos del Jatam Sofer le llevaba una rebanada de pastel y un café todos los días por las mañanas.
En una ocasión, al alumno se le antojó el pastel y decidió no dárselo al Sabio; sólo le llevó el café y un plato con las migajas del pastel.
El alumno se dijo que, si el Jajam le preguntaba por qué no le había llevado lo acostumbrado, iba a decirle que, como estaba tan concentrado en sus estudios, no se acordaba de que ya se lo había comido.
Y así pasó. Por la tarde, el Jajam preguntó a su alumno por qué no le había traído el pastel y éste le contestó:
Jajam, yo se lo traje, pero seguramente no se acuerda de que ya se lo comió, pues estaba muy concentrado en su estudio.
El Jajam dijo a su alumno:
—Mira, si me lo comí o no, realmente no me acuerdo, pero si dije o no dije la Berajá, estoy seguro de que no la dije. Entonces, es seguro que no me trajiste el pastel.
Vemos de esta historia lo que es bendecir correctamente. Muchas veces tenemos la duda de si dijimos o no la Berajá; si bendecimos de manera correcta, seguramente nos acordaremos de si la dijimos o no.
Tal vez a nosotros nos pasa al revés: estamos seguros de que sí comimos algo, pero no sabemos si dijimos la Berajá o no. A diferencia del Jajam, él no supo si había comido o no, pero sí sabía que no dijo la Berajá.
La Berajá alimenta al alma; la comida, al cuerpo
La comida y la bebida son la materia que alimenta al cuerpo, y la Berajá es lo que alimenta al alma.
El Yehudí debe alimentar al alma más que al cuerpo. Así está escrito: Lo Al Halejem Ijiye Haadam, Ki Al Kol Motzá Pi Hashem, Ijiye Haadam, “No por el pan vive la persona, sino por lo que saca Dios de su boca”. Es decir, la materia física no nos da la vida, sino lo que alimenta al alma, que son las Berajot.

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Las Berajot traen beraja



1 comentario
  1. Dallis

    Me encanto.El judaismo es algo tan bello q cada dia uno aprende algo nuevo de lo mismo.Es decir de lo q uno ve como algo simple siempre tiene una enseñanza mas profunda.

    24/05/2018 a las 08:53

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