Profundizando
Temas Varios
Zejut Avot – El Mérito de Nuestros Antepasados
+100%-

Kidush Hashem: un generador de luz

Extraído de Los días están llegando por el Rab Ezriel Tauber

En verdad, cada lugar debería estar completamente lleno con la presencia de Dios. Dios es todo, cada lugar, cada tiempo. Por lo tanto, no debería necesitar a nadie para hacerlo “Rey”.
Sin embargo, por el mismo propósito de la Creación, una cosa, un lugar y un tiempo tuvieron que ser extraídos del objetivo de esta realidad llamada Dios. El mundo es ese lugar. Es una constricción de Dios; un lugar donde Dios es algo removido, algo escondido. Es por eso que en hebreo la palabra “mundo”, olam, también significa escondido.

Esta palabra entonces es un jalal, literalmente un “hueco”, donde la brillantez completa de la Presencia de Dios está restringida. El jalal, sin embargo, puede ser llenado; de hecho, el hombre fue puesto en este mundo con ese propósito. Cuando sea y donde quiera que el hombre llene este jalal, él produce kidush Hashem, la santificación de Dios. Cuando sea y donde quiera que falle el hombre al hacer esto, el resultado es jilul (una variante de jalal Hashem), profanación del nombre de Dios.

Por ende, el hombre fue bendecido con “llena la tierra y conquístala.” En un nivel más profundo significa que el hombre es responsable de llenar el mundo físico, el mundo material, con kidush Hashem y conquistarlo para que ningún lugar quede sin la presencia de Dios. Por lo tanto, kidush Hashem y el coronar a Dios es una misma idea. Dondequiera que nos conduzcamos de acuerdo al deseo de Dios -dondequiera que coronemos a Dios- hacemos kidush Hashem.

El Rambam escribe que cada acto justo y bueno que hagamos cuando nadie nos está viendo es kidush Hashem. En otras palabras, nos quita de la cabeza el concepto de que kidush Hashem involucra sólo la santificación de Dios en público. La idea esencial contenida detrás de santificar a Dios es hacer Su deseo, aún en las circunstancias más difíciles. Los actos privados, de alguna manera, pueden llegar a producir las más inalcanzables santificaciones de Dios.

¿Por qué es tan difícil un acto privado? Porque la gente está naturalmente dispuesta a hacer cosas basadas en lo que los otros piensen acerca de ellos y si hacen cosas buenas en público es, por lo general, por el reconocimiento de los demás.
Los actos hechos en privado, por otro lado, son usualmente el barómetro de la grandeza, ya que están siendo manejados exclusivamente por la consciencia interna de cada persona. Finalmente, son los actos privados los que demuestran que la persona tiene a Dios y sólo a Dios en su mente; estos actos, por lo tanto, afirman la existencia de Dios de una manera única y muy poderosa.

Una persona, por ejemplo, puede hacer un gran kidush Hashem cuando camina por la calle y pasa frente a un puesto de periódicos y revistas que expone imágenes inmorales. Aunque nadie más se entere si ve o no estas imágenes, si él esquiva su mirada hacia otro lado, esto demuestra un reconocimiento de que Dios opera en su vida; esto es kidush Hashem aunque nadie se dé cuenta. El bendecir la comida con cuidado y concentración, aceptar el yugo con un amor genuino, etc., también son formas de kidush Hashem.

kidush Hashem, entonces, se presenta en dos formas básicas: pública y privada. Su cualidad está basada en el grado de dificultad que se mantiene en una alianza con el deseo de Dios. kidush Hashem tiene también otro aspecto muy importante: las causas posteriores que no son necesariamente vistas inmediatamente o a veces no son fáciles de entender. Es como plantar una semilla: los resultados no son vistos sino hasta después. Este lapso, esta distancia entre la causa y el efecto, aumenta la dificultad de mantener la alianza con el deseo de Dios.

Existe una anécdota del holocausto acerca de un judío que había logrado sobrevivir a uno de los peores campos de concentración. Dos horas antes de que los soldados aliados liberaran el campo, el comandante nazi congregó a los judíos, separó a este hombre y le dijo:
-Por cinco años has sobrevivido en los campos de concentración y nunca comiste nada que no fuera kasher. Has arriesgado mucho para cuidar hasta el detalle más pequeño de tu religión, sin embargo, te arriesgabas porque sabías que ibas a morir, tu vida no significaba nada para ti. Ahora, vas a ser liberado en dos horas, vamos a ver qué tanto vale tu religión para ti, aquí está este pedazo de carne de cerdo, cómela ahora o te mato en este instante.”

Excluyendo los tres pecados cardinales de asesinato, adulterio e idolatría, un judío está obligado a transgredir la Torá para salvar su vida. Sin embargo, cuando la intención del opresor es explícitamente hacer que el judío niegue la Torá, entonces aunque le diga que cambie el color de las agujetas de sus zapatos, el judío debe estar preparado a dar su vida por eso.
Y así ocurrió con este judío en los campos de concentración. Rehusó comer la carne de cerdo y lo mataron por no comerla.

Más adelante, cuando la hija del judío se enteró que su padre había dado su vida sólo dos horas antes de la liberación por negarse a comer cerdo, su dolor fue más grande que su capacidad de entendimiento. Cuando se estableció en la tierra de Israel, se convirtió en una judía no religiosa y educó a sus hijos para que fueran como ella.
Una de las formas en que esta mujer trató de adoctrinar a sus hijos fue mandándolos a Tel Abib a comprar cerdo. Su hijo, un Israelí totalmente secular y no religioso, estaba en la fila para comprar carne de cerdo cuando algo extraño le sucedió. Cuando estaba esperando y empujando para tener una mejor posición, la historia de su abuelo le vino a la mente y se puso a pensar: “¿Cómo puedo estar aquí en una fila luchando para comprar aquella comida por la cual mi abuelo dio su vida?” Entonces el joven se apartó de la línea y decidió que nunca más comería nada que no fuera kasher. Más tarde decidió cuidar Shabat y después empezó a estudiar Torá. Sobresalió en sus estudios y ahora es líder de una de las organizaciones dedicadas al reencuentro de judíos no afiliados al judaísmo.

Para los nazis, que vieron al abuelo de este judío morir por negarse a comprometer su religión, el kidush Hashem fue inmediato. Sin embargo, para algunos judíos no sólo no fue un kidush Hashem inmediato sino llegó a ser considerado como jilul Hashem. Ahora, años después, podemos ver claramente cómo las acciones del abuelo de ese judío fueron los actos más grandes de kidush Hashem; y de hecho estas mismas acciones son la causa directa de una renovada unión entre Dios y el judaísmo.

El propósito de la vida es generar kidush Hashem, reconociendo Su reinado por medio de las incomparables circunstancias individuales de nuestra vida, tanto pública como privada. A menudo esto trae gran dificultad, pero precisamente ese es el propósito. Una vida fácil no necesariamente es una vida buena o una vida exitosa. Una vida significativa es aquella donde la persona encuentra en sí misma la fuerza y el coraje para soportar los efectos posteriores, que aunque a corto plazo parecen ser negativos, en realidad son el resultado de llevar a cabo el deseo de Dios. Y aunque sea ahora o después, aparentemente o no, cada acto de unión con el reinado de Dios, es el kidush Hashem que borra los límites del tiempo y del espacio y que tiene un efecto monumental en el manejo del universo, con el propósito mismo de la Creación.

El generador de luz

kidush Hashem es como un generador. Probablemente está usted leyendo este libro en un cuarto bien alumbrado. ¿De dónde viene esa luz? De un generador que opera a través de la compañía local de electricidad. El generador no se ve, de hecho se encuentra lejos, dentro de un edificio cubierto por maquinaria y sin embargo está produciendo luz no sólo para este cuarto sino para miles de cuartos en la ciudad.

Cumpliendo con nuestros deberes internos hacia Dios -amándolo por medio del sufrimiento, que siempre es correctivo aunque a veces no lo veamos así, y también por lo bueno, llevando a cabo Su deseo cuando aparentemente somos los únicos que sabemos qué es lo correcto, etc.- generamos un poder de energía más allá de nuestra comprensión. De repente, un judío asimilado en la Universidad de Texas, se levanta un día y decide pasar un fin de semana en una organización de Torá. ¿De dónde salió esta inspiración?

Del kidush Hashem realizado en la vida privada de gente como ustedes o como yo.
¿De dónde tomó la inspiración un israelí secular salir de la fila para comprar cerdo y cambiar su vida, convirtiéndose en una fuerza más en el movimiento de volver a los judíos a sus raíces? Lo tomó del poder del kidush Hashem que realizó su abuelo, lo cual a su vez fue generado por el voltaje producido por acciones de sus ancestros y que también esta ligado a los kilovatio del kidush Hashem producido por las acciones de Abraham.

La vida de Abraham fue una prueba continua. El propósito de esas pruebas fue darle la oportunidad de coronar a Dios como rey en las circunstancias más difíciles para producir y engrandecer la salida de voltaje de su kidush Hashem para las generaciones futuras.
Por lo tanto, Dios probó a Abraham en muchas ocasiones: en la hoguera de Nimrod; cuando se le dijo “Lej Lejá”, y abandonar completamente la casa de su padre y su tierra; cuando se llevaron a su esposa (lo cual ocurrió en dos ocasiones); cuando se le dijo que sacrificara a su hijo; Dios lo probó en todos los posibles ángulos y aún así Abraham nunca se quejó. El conocimiento interno de que Dios fuera presentado como rey aun en los peores momentos, lo llevó a cabo y nunca protestó. La meta final de estas pruebas fue implantar para siempre en su semilla la habilidad de sobreponerse a situaciones como en las que él mismo se sobrepuso.

Cierta vez el Jatam Sofer preguntó: “¿De dónde adquirió el pueblo judío su coraje para soportar persecuciones -incluyendo la incomparable inquisición, pogromos y holocaustos- sólo para ser exiliados de estos inhospitalarios países y aún así reconstruir y empezar todo, hasta el punto de elevarse y prosperar en un país nuevo de la noche a la mañana?”
Ciertamente, el pueblo judío debió haber desaparecido como cualquier otra población que fuera oprimida y perseguida. Sin embargo, hemos roto las leyes de la historia (las cuales no son menos absolutas que las leyes de la gravedad, por ejemplo) gracias al poder de Abraham, escribe el Jatam Sofer.

A Abraham se le dijo que abandonara su lugar de nacimiento, la casa de su padre y que se aventurara hacia lo desconocido sin recurso alguno. él se ganó el derecho de haber transmitido a su semilla esta resistencia sobrenatural ya que se sometió a la prueba de abandonar la seguridad que tenía en su propia casa y en su país. Con cada prueba Abraham crecía y la luz que radiaba era cada vez más brillante. El haber logrado coronar a Dios era la máxima habilidad; aun en las peores circunstancias Abraham transmitió esa capacidad a sus hijos. Así nosotros que venimos de la semilla de Abraham tenemos dentro de cada uno el potencial único de convertir la oscuridad en luz.

Esta es la dinámica que opera detrás del sufrimiento del pueblo judío. El sufrimiento es oscuridad, de hecho es algo en la existencia del hombre que contradice la existencia de Dios. Sin embargo, existe en el mundo de Dios ya que originalmente él se ocultó para hacer posible el libre albedrío en la Creación. Desgraciadamente el hombre lo aumentó dramáticamente empezando con Adam luego siguió con Nimrod hasta llegar a Hitler.
Am Israel, como hijos de Abraham, Itzjak e Israel (Yaacob), han sido enviados a una misión para coronar a Dios donde quiera que se niegue Su mandato, donde quiera que la oscuridad reine. Israel sufre más que cualquier otra nación o que cualquier otra gente y es porque nuestra misión consiste en entrar a la densa oscuridad de jilul Hashem y convertirla en una brillante luz de kidush Hashem.

Ese es el poder que Abraham transmitió en su semilla: el poder de sacar de un lugar completamente negro un hilo de luz y convertir este hilo de luz en un diluvio de brillante iluminación. Entre más oscuro y hueco sea el lugar, más brillante es la luz cuando se logra kidush Hashem. kidush Hashem y coronar a Dios son la misma idea. Cuando nuestra conducta sea acorde con el deseo de Dios -es decir, donde quiera que coronemos a Dios- hacemos kidush Hashem, llenamos el jalal.

Rab Ezriel Tauber

Libros relacionados

Los dias están llegando

Cosmovision judia




1 comentario
  1. Julio A Abrahm

    BH!
    Exelente explicacion sobre un tema tan delicado y necesario.
    Gracias.

    21/10/2018 a las 11:02

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top