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7. Behar-Bejukotai
El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Karna de Itzjak: No os preocupeis!

Extraido de Karna de Itjzak

“Seis años podrás sembrar tu campo y seis años podrás podar tus viñedos y recoger sus frutos…” “Pero al 7º año, la tierra deberá tener descanso absoluto, Shabat (año sabático) consagrado para Hashem, tu campo no deberás sembrar, ni tu viñedo podar.” Levítico 25 v. 3/ 4

Darle descanso a la tierra el 7º año es reconocer la autoridad de Dios sobre el universo. Nosotros, como dependientes de Hashem, aceptamos sus mandamientos de manera incuestionable, y la enseñanza es por demás elocuente: Cualquier cosa que hagas, siempre deberás hacerla con el carácter de consagrarlo a Hashem, inclusive las actividades vitales como trabajar, dormir, etc., tendrás que realizarlas en honor a nuestro creador.

El Ialkut (Tehilim 103) cita: Rab Itzjak Nafja solía decir: La costumbre normal de la gente es hacer una Mitzvá por un día. Quizá, en el mejor de los casos, consagran una semana o, incluso, hasta un mes lo santifican para Hashem, ¡¿Pero un año?! El dueño del campo o del viñedo observa durante el transcurso de 365 días cómo le están desbastando su propiedad y… ¡Se queda mudo!… ¡Calla sin hablar! Esto es lo que reza el versículo: “Bendecirán a Hashem sus ángeles poderosos (de voluntad) quienes cumplen su palabra”

Rab Jaim Shmulevitz Z’L decía: El ser humano posee la fuerza de sobreponerse a su mal instinto por un día o dos, máximo, una semana pero, ¿quién le gana a su “Ietzer” por un año entero? Ya que esta tarea implicaba abandonar integralmente su campo, viñedo, fábrica, negocio, etc., para luego ver con sus propios ojos cómo vienen todas esas personas y arrasan con el fruto ganado por el sudor de su frente, su trabajo e inversión de su vida queda todo a la deriva, a la buena de Dios, en el buen sentido de la palabra, todo quedará “Hefker”, lo que significa libre sin dueño.

Aparentemente, quien posea esa fuerza y cuente con una buena salud mental, se ubicaría por encima de los terrícolas, puesto que lo considerarían un ángel que cuenta con fuerzas y convicciones extraterrestres. Por eso determinó Rab Itzjak Nafja que el rigor de los cuidadores del precepto de “Shebiit”, el año sabático, se lo compara con la fuerza de los arcángeles. Sin embargo, el versículo prosigue en Salmos… “Quienes hacen y oyen”

Este concepto de primero aceptar incondicionalmente, para después oír las instrucciones, el pueblo de Israel lo lleva en la sangre desde la entrega de la Torah, como cuenta la Guemará en el tratado de Shabbat 88A: “En el momento que anticipó el pueblo de Israel el “Naasé Venishmá”, o sea, haremos y luego escucharemos se oyó un “Bat Kol”, una voz temblorosa del cielo, que expresó: “¿Quién le descubrió este secreto a mis hijos, el cual es empleado por los ángeles celestiales?”

Rashí explicó allí así: Cuando llegaron a sus tiendas, el que se desesperó y recolectó con demasía y el que no se preocupó por la cantidad, al fin de cuentas el resumen del balance era exactamente el mismo. De aquí se desprende que la cantidad era lo de menos, puesto que vivían bajo la dirección directa del Todopoderoso. Lo primordial era que todos lo recibían por igual, lujos no existían. Cada uno al fin y al cabo recogía lo que tenía asignado.

El Talmud en Babá Metziá 42A sostiene: “Quien se predispone a medir su granero, debe pronunciar la siguiente bendición: “Que sea la voluntad delante tuya soberano del universo, que pose la bendición en este granero.” Si ya realizó la medición y luego efectuó la bendición, se considera una petición en vano, puesto que la bendición no reposa sobre cantidades medida. En otras palabras, la Berajá aparece cuando uno no sabe precisamente cuánto tiene. Quien se la pasa contando para ver de cuánto es su patrimonio, encontrará sólo lo que tiene.

Los “Poskim” sostienen que cualquier persona puede pronunciar esta bendición antes de medir la cantidad de producción, inclusive con la invocación del nombre de Dios, aunque se tenga una vaga idea de la cantidad de granos o cosecha. Si no se sabe con exactitud, por medio de la ceremonia de consagración se espera una cantidad mayor, ya que la bendición de Dios es la que enriquece al hombre.

Éste es simplemente un receptor de la fortuna que el Todopoderoso le prodiga. Lamentablemente, me recuerda a ese encargado del edificio (portero) que se creía dueño del mismo por el hecho que manejaba gran parte de la manutención del inmueble, hasta que se topa con alguien que lo acomoda en su lugar.

Lo mismo ocurre con nosotros. Los humanos nos creemos dueños y soberanos de todo nuestro patrimonio. En los tiempos de Irmiahu (profeta Jeremías), los hijos de Israel no destinaban mucho tiempo al estudio. Esta gente le preguntaba al vaticinador: ¿Pues de dónde nos vamos a alimentar? El profeta Jeremías les sacó un frasquito que conservaba la Maná y les dijo: “Vean la palabra de Hashem, no les pido que escuchen. Acá lo puedo ver. Con esto se alimentaron vuestros padres.” Dios tiene muchos emisarios para mandar ¡A él no le faltan mensajeros para enviarles a vosotros el sustento! “¡¡La Parnasá es del Shamaim!!”

Es verdad que se requiere de esfuerzo y dedicación para mantener una vida digna pero, sin embargo, hay que tener bien en claro que el esfuerzo es unmedio y no un objetivo, y existenmuchosmedios. La Guemará en el tratado de Berajot 8A, dice: “Es más grande quien se gana la vida por su esfuerzo que aquel que le teme a Dios.” Cabe inquirir, ¿de qué clase de persona está tratando? Si el que se gana la vida trabajando también es temeroso de Hashem, entonces ¿por qué no sería mejor? Obvio que lo superaría, por el hecho de tener un valor agregado, y si se trata que el trabajador no es un “Iere Shamaim” o temeroso, ¿con qué razón lo superaría? La respuesta es, según Rab Shmulevitz Z’L, que esto es así dado que el trabajador ve con sus propios ojos cómo invierte aquí y pierde y luego, por donde menos se imagina, gana, y también a la inversa.

Ocurre de cualquier forma, esta persona ve la mano de Hashem. Por lo tanto, es más grande el que trabaja y observa con una óptica de Torah la mano de Hashem que aquel que es un temeroso de Dios nato, que desconoce el sistema que tiene el creador de hacerle llegar a cada uno y uno lo que necesita por los medios más remotos, ya que él posee muchos emisarios.

Volviendo al tema del año sabático, no había que temerle a los años que no se podía trabajar. Él tiene muchos emisarios para hacernos llegar lo que necesitamos… No os preocupéis…

Isaac Cabaritti

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