Estudiando
7.Terumá
El Libro de Shemot (Exodo)
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Karna de Itzjak: Dar del Corazón

Extraido de Karna de Itzjak

«Habla a los hijos de Israel para que tomen para mí una ofrenda de todo hombre, a quien voluntariosamente mueva su corazón, tomareis ofrenda para mí…» «Y esta es la ofrenda que tomareis de ellos: oro, plata y cobre» «Lino fino azul celeste, púrpura y carmesí» «Aceite para el alumbrado, perfume para el aceite de ungir y para el incienso de las especies». «Piedras de ónice y piedras de engarce para el efod y para el pectoral» éxodo 25 vers 2 / 3 / 4 / 6 / 7

Rabi Jaim Ben Atar en su obra Or Hajaim resalta un punto muy importante en esta Perashá: Si observamos el orden de los objetos requeridos para el Mishkan (tabernáculo) nos daremos cuenta que a las piedras preciosas más valiosas, se les restó importancia, ya que se las citó al final. Aparentemente la donación que acercarían los príncipes de Israel, de valor incalculable, la Torah le resta importancia. El tratado de Kidushin 31A narra la siguiente historia:

Cierta vez los sabios de Israel necesitaron recurrir a Damá Ben Netiná, quien era un joyero gentil, para comprarle las gemas para el pectoral del sumo sacerdote por un valor de 600.000 u 800.000 Dinarim. Era una suma astronómica en aquel entonces, ya que su valor resultaba ser muy alto, finalmente Damá Ben Netiná «No»las vendió. De todos modos, estas piedras preciosas deberían figurar por lo menos al comienzo de la lista y no al final. ¿Por qué la Torah no las anticipó a los otros objetos? ¿Acaso no merecían aparecer al principio? Aquí el Or Hajaim Hakadosh nos brinda varias respuestas, una mejor que la anterior.

La primera respuesta es: por cuanto que los príncipes de Israel las trajeron últimas, por esa simple razón las nombró posteriormente. Nuestros Jajamin indicaron que los ilustres príncipes de Israel dijeron: Veamos qué es lo que trae el pueblo como donación, queremos saber hasta dónde estos llegan y recién después de que el pueblo haya finalizado, nosotros traeremos el faltante. Esta actitud no fue bien vista por el Todopoderoso, y si observamos la palabra príncipes está escrita en hebreo con una letra menos, por esta misma causa sus donativos fueron expuestos últimos en la lista.

Y la otra respuesta que nos enseña el exegeta es la siguiente: En el tratado de Iomá 75 A dijeron que los príncipes de Israel se apropiaron de estas piedras de una manera muy inusual. ¿Cómo ocurrió? Las nubes las llevaron hasta las puertas de las carpas de cada uno de los príncipes representantes de las tribus de Israel. Valdría decir que, una mañana radiante, cada uno de estos jefes encontró en la puerta de su casa un paquetito «con un moño y una cinta» que contenía una de las 12 piedras. Por lo tanto la donación que efectuaron no les costó mucho sacrificio, ya que como se suele decir «les vino de arriba». Ellos no se esforzaron mucho para con- seguirlas, ni transpiraron la gota gorda para alcanzar esa fortuna. Por lo tanto nuestra sagrada Torah le otorga prioridad al común trabajador que tuvo que arremangarse y esforzarse para conseguir su patrimonio.

Aquél que se esmeró y lo consiguió con el «sudor de su frente», que ahora lo valora muchísimo, y lo entrega al Mishkán por Orden Divina, su posición es la primera, ya que lo está dando de corazón, con amor, cariño y devoción. Estaría entregando algo que le cuesta más de lo que costaría una piedra preciosa de un valor altísimo, que a los ilustres Nesiím les llega por medio del «correo Celestial» a su domicilio. A tal efecto se entiende claramente la razón por la cual la Torah los manda al final y no los sitúa en la primera plana, ya que el valor de su donación en el sentido espiritual y afectivo era menor a la lana y el hilo púrpura y carmesí. Dicen nuestros jajamim, cuando alguien trabaja, se esfuerza y se sacrifica por algo, lo valora, lo respeta y lo ama. A medida que más le cuesta conseguirlo, más le costará desprenderse de él.

Mi Rosh Ieshibá solía decir estas sabias palabras: «Lo que entra duro, sale duro», en referencia al esfuerzo y a la dedicación que los jóvenes deben poner para superarse en sus estudios de Torah. Todo lo que uno aprende con dificultad y esmero, no se olvida fácil. Y lo mismo ocurre con el trabajo que un individuo lleva a cabo, si se dedica con alma y vida para alcanzar su meta y objetivo, no se va a despegar de su adquisición con facilidad. Justamente por esta razón nuestra Torah le dio tanta importancia a las demás donaciones de las demás variedades, el cobre, la plata, el azul celeste, el aceite para las luminarias, etc, dado que todos estos artículos ó productos se ofrecieron al santuario con un elemento muy importante, esfuerzo y entrega de corazón, en hebreo se lo denomina: «Nedivut Halev» . [..]

Esta cualidad tiene la virtud que cuando es alcanzada por el hombre, lo eleva hacia un nivel superior en el servicio Divino. En otras palabras se puede decir que sirve como trampolín para alcanzar un nivel mayor en aras del servicio a Dios: Como lo vimos con respecto a la Mitzvá de Bicurim (las primicias). Si nos adentramos en el conocimiento de las Mitzvot, nos damos cuenta que no existe prácticamente en la Torah ninguna Mitzvá que nos exija agacharnos al piso o inclinarnos, salvo en el caso de las primicias que fuimos ordenados así:

«He aquí traigo las primicias de los frutos de la tierra que me brindaste, los apoyarás delante de tu Dios y te aposternarás delante de tu Dios» Deuteronomios 26 ver10

¿Cuál es la causa que solamente aquí nos pide que flexionemos las rodillas? El individuo cuando trae las primicias está trayendo el fruto de su esfuerzo, el trabajo del arado, el esfuerzo del sembrado, la dedicación al campo, la malasangre de todo el año, todos los inconvenientes que le surgieron en la cosecha. Ahora llegó el momento de traer algo al Bet Hamikdash. ¿Qué es lo que nos piden? ¡Las primicias! ¡¡Justo esto!! Aquí nos dan la pauta que el ser humano debe ejercitar esa cualidad de «Nedivut Lev». Por medio de este desarrollo tiene el mérito de flexionar sus piernas agachándose hasta el piso. Le dice al Boré Olam, heme aquí, llegué hasta este punto tan difícil. Soy todo tuyo, logré deshacerme por una causa magnánima y benévola de lo que más me amarraba y aferraba. «Mírame como lo alcancé», ya estoy en otro nivel, he logrado su- perarme.

En una ocasión el célebre Jatam Sofer de la ciudad de Presburgo disertó así: «Tomarán para mí una ofrenda» Aparentemente nos está indicando una acción que implica un despego de nuestro patrimonio. Veamos: El tratado de Berajot 35A nos expone una duda ó inquietud que tenía un afamado Emorá. «Rabi Leví», he aquí su inquietud: Aparentemente existe un versículo que contradice a otro: «Para Dios es la tierra y su contenido» Salmos 24 ver 1 «La tierra la entrego a los humanos» ídem 115 ver 15 Si analizamos estos dos versículos podremos ver una presunta contradicción, ya que la tierra ó el planeta… ¿De quién es? Irrumpió Rabi Levi y enseñó… no existe ninguna contradicción; una ley es antes de pronunciar la Berajá (bendición) y otra cosa es luego de haber pronunciado la bendición.

En otras palabras, para ayudarnos a entender esta sabia instrucción veremos el siguiente concepto: Cuando un judío toma una fruta en su mano y pronuncia la bendición de ésta, antes de ingerirla, significa que la ha consagrado a Dios, ha tomado permiso de él, por lo tanto ya cumplió con su deber y se la puede comer. No es así antes de la pronunciación de la bendición, no le ha rendido ningún tributo a nadie, por lo tanto es todo de Dios.

Ahora observemos los versículos cémo quedan en una perfecta interpretación. «La tierra y su contenido es de Dios» = previamente a la Berajá. «La tierra se la entregó a los humanos»=después de citar la bendición. El Jatam Sofer dedujo de aquí que la persona no dona de su patrimonio nada, por más desorbitante que sea la suma de su donativo. El ser humano dona y ofrece parte de su corazón, eso sí que es patrimonio donado; el dinero, las piedras preciosas, los edificios, hospitales, Ieshibot, orfanatos, todo lo que uno puede llegar a ofrecer, es propiedad pura y exclusiva del creador del universo, él pone prácticamente todo. ¿Qué es lo que nosotros damos ó podemos llegar a dar? «El planeta tierra es de Dios y todo su contenido» Pues entonces ¿que podemos ofrecer? ¿Algo que no es nuestro?

Ahora las palabras del ilustre Tzadik quedan a la perfección: Nuestro «Nedivut Lev», ese corazoncito que se esforzó en hacer y producir, que tanto le cuesta separarse de las cosas que adquirió, eso sí sabemos conceder, y podemos realizar a pesar de lo que cuesta. El Midrash en Parashat Ki tisá cuenta que Hashem le mostró a Moshé como si fuese una moneda de fuego, enseñándole cómo era la moneda que el pueblo de Israel tenía que aportar. Pero cabe la pregunta: ¿Por qué le mostró una de fuego? Sino la enseñanza es que la concesión depende del fuego de la pasión, si se la da con todo el calor, amor, afecto y corazón. Con la pasión viva como el fuego tiene un valor sublime, de otro modo, menos caliente, que ya no alcanza la intensidad de calor del fuego, no es lo mismo.

Isaac Cabaritti

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