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Introducción: una bendición y una maldición

(selección extraída del libro «Profecía y Providencia» por R. Meir Sokolovski, © Kest-lebovits)

 

Mira que hoy pongo ante vosotros una bendición y una maldición. La bendición es válida si cumpliereis los mandamientos del Eterno vuestro
D-os, que hoy os imparto… y la maldición os valdrá si no cumpliéreis los mandamientos del Eterno vuetro D-os…
(Devarim 11:26:27)

La Torá repite esta advertencia varias veces. En dos partes pone especial énfasis en enumerar los detalles de ambas alternativas: las bendiciones que recaerán sobre los justos, y las maldiciones que sufrirán los que se descarríen. La Torá trata este tema primero en las Advertencias (Tojajá) del libro Vaikra, cap. 26, y luego en las del libro Devarim, cap. 28.
En su comentario de la Torá (Vaikra 26:12), el Ramban escribe acerca de las bendiciones que la Torá les garantiza a quienes cumplan con los preceptos de D-os:

Estas bendiciones se habrán de cumplir en su totalidad recién cuando todo Israel obedezca la voluntad de su Padre Celestial… Sepan que el Pueblo Judío jamás alcanzó el cumplimiento total de estas bendiciones, ni como comunidad ni en forma individual, por falta de méritos. Por eso, nuestros Sabios dijeron de David (refiriéndose al versículo) «Y esgrimió su espada sobre ochocientos cuerpos», que lo apenaba el no haber derribado a los otros doscientos, pues la Torá promete: «una sola persona perseguirá a mil». Entonces se oyó un eco celestial que dijo: «Esto se debe únicamente a que Uria el jeteo, es decir, tu pecado (con Batsheva) evitó el cumplimiento total de esa promesa…»

El Ramban concluye con una cita de los Sabios, que las bendiciones proféticas en su totalidad sólo se cumplirán en el momento de la redención final, que será una era de perfección.
No sólo no fuimos merecedores del cumplimiento perfecto de esas bendiciones, sino que a causa de nuestros pecados y los de nuestros padres, fuimos exiliados de nuestra tierra, se destruyó nuestra ciudad Jerusalén y arrasaron nuestro Templo Sagrado. Y a partir de entonces fuimos acosados con la persecución y el sufrimiento. Ya hace casi dos mil años que soportamos este amargo exilio, algo que no tiene precedentes en la historia de las demás naciones, mientras que, por otro lado, todas las maldiciones mencionadas en la Torá ya se han cumplido.

Los Pecados que Causaron la Destrucción del Templo

Los Sabios y eruditos de las generaciones sucesivas analizaron en detalle los pecados específicos que causaron el cumplimiento de las maldiciones referentes a la Destrucción. Veamos cuáles son las fuentes.
En el tratado Yoma 9b, los Sabios sintetizan las razones de la destrucción del primer y del segundo Beit ha-Mikdash. En su obra Yaarot Devash (textos 4 y 10), el famoso Rabí Jonatan Eybeschuetz explica estos motivos (ver además el comentario de la Torá Beit ha Levi, Parashat Bo).
En el tratado Shabat 119b, los Sabios enumeran otra lista de pecados que causaron la destrucción de Jerusalén, mientras que en el Talmud Yerushalmi, Yoma 1,1, se menciona otra razón más del jurban (destrucción).
Al tratar el tema de la recompensa y el castigo es fundamental recordar ciertos principios básicos. En primer lugar, las bendiciones y las maldiciones enumeradas en las Advertencias habrán de cumplirse en este mundo, y no solamente en el Mundo Venidero. En segundo lugar, las secciones de advertencia que aparecen en los libros de Vaikra y Devarim fueron una predicción hecha a toda la nación y no a cada judío en particular.
Es verdad que a cada individuo se le advierte: «Os di para escoger entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición» (Devarim 30:19), y por cierto que cada individuo será recompensado por sus buenas acciones y será castigado por sus faltas con escrupulosa exactitud, para que finalmente los justos puedan cosechar todos los beneficios de sus devociones. Sin embargo, en relación al individuo ocurre el fenómeno de que «parece que los justos sufren y los malvados prosperan» (Berajot 7a), pues para cada individuo se realiza un cálculo general que comprende tanto este mundo como el próximo.

Cuando nuestros Sabios y los eruditos posteriores citan las causas del exilio, se refieren únicamente a transgresiones colectivas que afectan a toda la nación. Son únicamente las faltas comunes a todo el pueblo las que sellan el destino de la generación y hacen que se cumplan las maldiciones previstas en la Advertencia. Además debemos recordar que la sociedad entera podrá ser juzgada en base a la mayoría (Kidushin 40b, ver además las Hiljot Teshuvá del Rambam, cap. 2)

Hay varios libros de la Biblia (Shoftim, Melajim y Yirmiyahu) que contienen profecías que se cumplieron en la época en que todavía existía el Beit ha-Mikdash. En los capítulos siguientes analizaremos el cumplimiento de las profecías de las Advertencias que tratan de la destrucción de los Batei ha-Mikdash y de los distintos períodos de la Diáspora.

 

R. Meir Sokolovski

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