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Los Sueños y la Profecía
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Introduccion a los Sueños

Extraido de Sefer Hajalomot – interpretacion de sueños

El judaísmo presenta gran cantidad de escritos y tratados sobre sueños, los cuales arrojan luz sobre un tema que por siempre ha fascinado a la humanidad. En el judaísmo, los sueños tienen relevancia tanto a nivel individual como a nivel colectivo, al punto de que muchos tópicos trata dos en la Torá, aun tópicos de importancia vital para el Pueblo judío y para la historia, se presentan por medio de sueños a personalidades específicas.
Al respecto, Eliahu De Vidas en su obra Reshit Jojmá cita a Rabi Shimon bar Iojai en el Zohar, y expone así:

Todo cuanto acontece al hombre en esta realidad física se revela previamente a través de sueños, como expone Rabi Shimon bar Iojai: Treinta días antes de que una nación se transforme en potencia o deba enfrentar alguna desgracia, los niños predicen el evento (como cuando de modo casual —o más causal que casual— citan alguna frase o versículo que aluda a un hecho inesperado), o a veces la gente más simple lo predice, o incluso los pájaros (a través de conductas extrañas). Pero nadie presta atención, pues nadie comprende tales mensajes. Cuando la nación en cuestión es meritoria, de lo Alto comunican el eventual hecho (a través de sueños) a los líderes virtuosos de la generación para que difundan la advertencia; y así, cuando la gente toma conocimiento de la eventual desgracia retornan al Creador” (Zohar, parte II, 6b).

Los sueños se presentan a través de imágenes más que de palabras; las imágenes constituyen el lenguaje de los sueños. Las palabras son privativas de quienes las comprenden; en contraposición, las imágenes son universales, no conocen de fronteras. Similarmente, Rabi Iosef Itzjak Schneerson, un gran Maestro de la Torá, expone la diferencia entre una canción con letra y una melodía sin ella. El concepto “palabra” está relacionado con “revelación”. Existen palabras del habla y palabras del pensamiento. Estas últimas se refieren a la revelación de un concepto en la mente, el cual, al menos hasta entonces, ha permanecido en estado latente, oculto. Las palabras del habla tienen el poder de revelar un concepto a terceros, pero dejan bajo un manto de ocultamiento al ser que las emite. Las palabras del pensamiento, en cambio, son impenetrables para otros, pero sumamente reveladoras para uno mismo. A este nivel pertenecen las melodías puras, aquellas sin palabras, que fluyen de lo más profundo del ser, tal como las imágenes oníricas son reflejo de la psiquis de la persona, un nivel que las palabras, siquiera palabras del pensamiento, podrían jamás revelar. No en vano Freud define a los sueños como el “camino directo hacia el inconsciente”.

Tanto Sigmund Freud como especialmente Carl Jung reconocen la naturaleza simbólica del lenguaje de las imágenes de los sueños; y sobre la base de los fundamentos establecidos por los Sabios en el Talmud y obras posteriores basadas sobre aquél, compusieron sus propios sistemas de interpretación. De hecho, en su Die Traumdeutung (“Interpretación de los Sueños”) en una nota al pie, Freud cita una edición del año 1848 de la obra de Rabi Shlomo Almoli, Pitrón Jalomot (literalmente, “Interpretación de los Sueños”, publicada por primera vez bajo el título Mefasher Jalmin), que consiste en una presentación sistematizada de la simbología onírica que ofrece el Talmud, más precisamente el capítulo 9 del tratado Berajot. Y es de destacar que la citada obra de Almoli vio la luz en numerosas ediciones, ¡la primera de las cuales, la de Salónica, fue en 1515, algunos siglos antes que el Traumdeutung de Freud!

Regresemos a nuestro punto central: las imágenes constituyen el lenguaje de los sueños, y tal como lo analizaremos en el apartado “Diferentes Significados Para Sueños Idénticos”, las imágenes oníricas, los símbolos que visualizamos en nuestros sueños, tienen significados distintos según cada soñante; y de hecho, así lo plantea el Talmud (Berajot 57a), y ofrece varios ejemplos, entre los cuales citamos el siguiente:

El que sueña con granadas partidas al medio, si es un sabio que aguarde adquirir mayores conocimientos de Torá, como expone el versículo: “Te daré de beber vino aromático, jugo de mis granadas” (expresiones que aluden a la Torá.) Y si es un ignorante, sin duda realizará actos de bien, como expone el versículo: “cual granada partida son tus rakatéj” (textualmente “sienes”, “mejillas”). ¿Y qué significa rakatéj? Que incluso los ignorantes del pueblo (reikaním, voz emparentada con rakatéj) están colmados de buenas acciones como semillas una granada.

Ese concepto es el que Freud denomina lo inconsciente y Carl Jung rebautizó inconsciente personal, denominación que obedece al hecho de que procede de la experiencia personal adquirida, nata, y como tal es propia y específica de cada individuo. Por ello, remitiéndonos al ejemplo citado, el símbolo “granada” significará una cosa u otra según el soñante sea un sabio o un lego.

Al respecto, el Talmud (Berajot, cap. 9) expone que hay símbolos oníricos universales, comunes a todos los seres humanos, lo que Carl Jung define como “arquetipos del inconsciente colectivo”. Pero también están las sub-divisiones del citado inconsciente colectivo, los sub-grupos de gente afín. Estos sub-grupos tienen determinados códigos que les son propios; y tienen valor y son comprensibles como tales sólo entre ellos. Por ejemplo, en la India, los vacunos tienen status de sagrados, igual que los corderos en el antiguo Egipto. Por lo tanto, para un nativo de la India, soñar con un vacuno tiene el significado propio y específico de su comunidad, diferente del que podría tener para un occidental.

Lo mismo es aplicable a los códigos que rigen entre grupos de adolescentes, los cuales son válidos para ellos y entre ellos; y por lo tanto, si un adolescente sueña con una imagen asociada a alguno de tales códigos, el significado de dicho sueño estará en función del marco de códigos en el que ese adolescente se desempeña.

Sin embargo, varios siglos antes que Jung, el Talmud estableció que los símbolos oníricos deben interpretarse dentro del contexto en el que se manifiestan. Así, por ejemplo, el significado de soñar con un gato dependerá de la cultura a la que el soñante pertenezca; y expone que si el soñante se encuentra en un lugar donde “gato” se dice shunra el sueño se realizará como un canto placentero. En cambio, si se encuentra en un lugar donde se dice shinra, sufrirá un cambio para mal. (La voz shunra es parónima de la expresión shirá naá, “canto placentero”. Y la voz shinra es parónima de shinúi ra, “cambio malo”).

Y también mucho antes que Jung, los Maestros de la Sabiduría Interior de la Torá expusieron que Adam, el primer hombre, era una especie de sinergia, la suma de todas las almas de la humanidad, la expresión máxima del inconsciente colectivo de la humanidad toda. La transgresión de Adam produjo la caída espiritual de las almas, la cual continuó su curso hasta que a partir de la Torre de Babel la humanidad se disoció definitivamente para reagruparse en naciones, cada una con su propia lengua, con su propia idiosincrasia, con sus propios códigos, cada una cual sub-grupo del inconsciente colectivo representado por Adam.

Esa capa de registro de experiencias psíquicas a la que Carl Jung denomina inconsciente colectivo, descansa sobre otra capa más profunda, lo inconsciente primordial, formado por las experiencias primordiales, previas aún a la creación de la humanidad y previas aún a la misma creación del universo, como expone el Zohar (Libro del Esplendor): “El Supremo se fijó en la Torá y creó el mundo” (parte 2, folio 161b). Y a ese mismo concepto alude la Torá en su primera palabra: Bereshit, generalmente traducida como “génesis” o “en el principio”. Sin embargo, la primera letra de dicha palabra, Be, en vez de significar “en” bien puede significar “con”, “con el principio”, donde “principio” alude a la Torá misma, de modo que el significado sería “Con el Principio, con la Torá, Él creó el universo”; es decir, el universo fue concebido a través de la lente de la Torá y creado a través del molde de la Torá; y en esta línea, la voz “principio” debe tomarse en sus dos acepciones: en sentido temporal como “primero”, porque la Torá antecedió al universo; y en el sentido cualitativo de “fundamento”, puesto que ella, la Torá, constituye el fundamento de la creación toda.

Por consiguiente, las imágenes y símbolos relacionados con esta capa primordial sólo podrán ser interpretados por alguien afín a la misma. Un interpretador de sueños podrá interpretar la simbología de la subdivisión a la que él mismo pertenezca o comprenda, pero no podrá interpretar símbolos que pertenezcan a otros grupos, a otras culturas; y menos aún símbolos propios de ese inconsciente primordial y absoluto. En cambio, un interpretador de sueños iniciado en esa Sabiduría milenaria, versado en Talmud, dotado de Irat Shamáim (“temor reverencial”) y observante de la Voluntad Divina, estará capacitado para interpretar los símbolos oníricos debidamente merced a su conexión esencial con el Supremo y al Rúaj Hakodesh (“Inspiración Divina”) requerido para comprender el valor trascendental de los sueños, más que el mero significado superficial de los mismos.

El inconsciente requiere de un canal a través del cual habrá de expresarse, canal al que llamamos “lenguaje”. Usualmente nos referimos como “lenguaje” a la manera en que se comunican los seres humanos entre sí; pero “lenguaje” es también la manera en que uno se comunica consigo mismo, la conexión de lo inconsciente con el ser consciente, inconsciente que si no se expresa queda tan sólo reducido a imágenes impenetrables que ni siquiera pueden ser llamadas “símbolos”, pues los símbolos son imágenes ya perceptibles para la mente consciente. Y así como existe un inconsciente primordial, también existe una lengua primordial, llamada así porque fue por medio de ella que el Supremo creó el universo a través de las Diez Expresiones Creativas. Es la lengua madre de todas las lenguas, la lengua de la creación, el hebreo original; y como tal constituye el ámbito apropiado en cuyo contexto habrán de interpretarse las imágenes y los símbolos oníricos; pues en definitiva dichos símbolos son imágenes tomadas de la estructura del universo, creado justamente por medio de dicha lengua primordial, de modo de que es ella la que establece el marco adecuado de interpretación, las pautas bajo las cuales los símbolos oníricos deberán analizarse, trascendiendo de las diferentes interpretaciones que surjan de los códigos específicos de los diferentes sub-grupos del inconsciente colectivo.

En este sentido, sobre la manifestación de Freud acerca de que los sueños se hallan sumamente relacionados con el lenguaje verbal, Sándor Ferenczi “médico y psicoanalista húngaro del siglo XIX” hace notar que todo idioma tiene su propio lenguaje onírico. Sin embargo, sólo un iniciado en la Torá y en el Talmud sabrá que ello es válido para las lenguas específicas de cada pueblo en tanto sub-grupos del inconsciente colectivo de la humanidad. Pero el hebreo “en su carácter de lengua madre de todas lenguas” lengua con la cual el Supremo creó el universo, trasciende de dicha condición de sub-grupo para erigirse como la lengua maestra bajo cuyo análisis deberán analizarse los
símbolos de los sueños en general, pues sólo bajo su dominio las imágenes de los sueños cobran real valor, tal como lo hemos expuesto en los párrafos precedentes y lo analizaremos a continuación.

Veamos un ejemplo: Expone el Talmud:
El que se visualiza en un sueño manteniendo relaciones con una mujer comprometida, que aguarde obtener conocimiento de Torá (Berajot 57a).
Asimismo, expone el Talmud (ibid.):
Soñar con un camello presagia salvación.

A priori, el símbolo “soñar con una mujer comprometida” denota “promiscuidad”; así como el símbolo “camello” denota “carga”, “yugo”, “perseverancia”. (Reiteramos que los citados son ejemplos tomados del Talmud, por lo que los mismos serán tratados nuevamente en el capítulo “Talmud” del presente libro, y nuevamente en el capítulo referido al análisis de conceptos y definiciones).

En cambio, un Maestro iniciado en la sabiduría esencial de la Torá entenderá que soñar con una mujer comprometida significa adquirir conocimientos, como surge del versículo: “El Supremo nos ordenó la Torá, legado de la congregación de Iaacov” (Devarim / Deut. 33:4). En la mencionada cita, en hebreo, en vez de morashá (“legado”) bien se puede leer
meorasá (“comprometida”). Por eso, la imagen “tener relaciones con una comprometida” bien puede interpretarse como “relacionarse con el legado”, adquirir conocimiento del legado por excelencia, la Torá en tanto Conocimiento primordial transmitido por el Supremo.

En el segundo caso, la relación entre la imagen “camello” y la interpretación “salvación” surge del hecho de que “camello”, en la lengua primordial, es gamal, voz que también significa “salvación”. Como hemos expuesto, las citadas imágenes, los mencionados símbolos, sólo tienen valor onírico en el contexto de la lengua primordial, el
hebreo bíblico, y sólo en ese contexto se les puede brindar la más abarcadora interpretación. Y más aún: los nombres de las letras que han llegado a occidente a través del alfabeto griego, originalmente son nombres hebreos, las letras del alfabeto primordial. Suele decirse que son nombres fenicios, aunque dicha afirmación carece de sentido. Más bien, las denominaciones de las letras hebreas que han dado al alfabeto griego los nombres de las suyas, tienen significado en hebreo. Por ejemplo, Alef, la primera letra del alfabeto hebreo, tiene la misma raíz que Aluf (“Supremo”); Bet, la segunda letra, significa “casa”; Guimel, la tercera significa “camello”; Dalet, la cuarta letra, significa “puerta”; y así sucesivamente. En cambio, en griego, la voz Alfa no tiene un significado propio, ni tampoco Beta, ni Gamma, ni Delta…

La mitología griega tiene la leyenda de que fue un tal Kadmus quien trajo el alfabeto a los griegos. Kadmus significa “llegado de Kedem”, que en hebreo significa “de oriente”; pero Kedem significa también lo anterior, lo primordial, en alusión a que la mencionada lengua primordial, madre de todas las lenguas, es la que dio origen al alfabeto griego. De lo expuesto resulta pues, que las letras del alfabeto primordial son la base más importante de los alfabetos occidentales de la actualidad. Como mera información técnica valga el siguiente dato:
El Profesor Dan Winter es un académico estadounidense de reconocida trayectoria internacional, físico, y creador de software. En este último campo ha desarrollado una utilidad para analizar las diferentes longitudes de onda que irradia el corazón frente a diferentes estímulos de orden emocional; y en el encuadre de este desarrollo, junto a sus colegas, estudió las ondas producidas por el sonido de las letras que conforman el alfabeto hebreo, y así descubrieron que, al menos en líneas generales, la forma de cada letra hebrea respondía al gráfico de la onda generada por el sonido de cada una de ellas.

Vale aclarar que las letras del alfabeto hebreo son pictogramas, porque no sólo representan sonidos, sino también “y fundamentalmente” significados. Pues dichas letras, los símbolos que las representan, son de un orden superior, no fueron adoptados por convención alguna, sino son absolutos. Y no necesariamente estamos refiriéndonos en el nivel esencial, profundo, del alfabeto hebreo, sino incluso en el nivel más elemental. Así resulta que los veintidós símbolos que conforman este alfabeto, tanto sus nombres como las formas que los representan, son distintas manifestaciones o estructuras de una misma y única Fuerza cósmica superior, la cual
constituye la esencia e imagen de la existencia toda.

Por ejemplo tomemos el caso de la letra Alef; su representación gráfica son dos letras Iud unidas por una letra Vav en diagonal. Cada una de esas letras Iud individualmente representan el Nombre del Supremo, al igual que la letra Vav. Y todo el conjunto de esas tres letras que conforma la letra Alef también representa al Supremo, pues sabemos que en el alfabeto hebreo cada letra tiene un valor numérico; y así, la suma de los valores numéricos de esas tres letras es 26, idéntico valor que el del Nombre Supremo del Tetragrama. Las cuatro letras que componen el Nombre del Tetragrama pueden reagruparse para formar las voces hebreas haiá (pasado), hové (presente), ihihé (futuro), lo cual alude a que Él es los tres tiempos a la vez, Él es la suma de todos los tiempos; Él trasciende de la dimensión de tiempo. Y también, el valor numérico de la letra Alef es 1, Ejad en hebreo, palabra ésta cuyo valor numérico es 13, concepto que en sí mismo también alude al Supremo; pues la voz Ejad consta de las letras Alef, jet, dalet, cuyos respectivos valores numéricos son 1-8-4. El Uno es la esencia del Supremo, el cual comprende los siete cielos y la tierra (el ocho) y los cuatro puntos cardinales. Ello significa que Él comprende el espacio todo; Él es la suma de todo el espacio; Él trasciende de la dimensión de espacio (En verdad, ello es lo que buscamos significar cuando nos referimos a Él como Omnipresente).

E incluso la forma de la letra Alef evoca la cabeza de un vacuno, típico animal de sacrificio a través del cual el hombre se aúna con el Creador. Por otro lado, como lo hemos planteado, el mismo nombre de la letra Alef significa “Jefe”, “Superior”, “Supremo”. Todo ello explica por qué esta letra Alef es la primera letra del alfabeto hebreo, pues ése es su lugar natural, y no porque alguna comisión lingüística lo haya decidido. Un análisis semejante se podría llevar a cabo con todas y cada una de las veintidós letras de este alfabeto, pero ello escapa al sentido del presente estudio y es tema para un libro en sí mismo. Tan sólo pretendimos demostrar el carácter absoluto del alfabeto hebreo y con ello el valor universal de la lengua primordial, canal de expresión del inconsciente primordial, cuna primaria de la simbología onírica.

De este modo creemos haber aclarado por qué los sueños han de interpretarse sólo en el contexto de la simbología de la Torá y del Talmud y por medio de Maestros no sólo conocedores de esa sabiduría, sino por sobre todo consagrados a ella y que hacen de la misma su manera de vivir día a día.

 

Rab Moty Segal

3 comentarios
  1. Nilda Nora Martino

    es muy interesante y si pueden ayudarme a explicar dos sueños el primero una pariente mio soño que en mi casa habia abitaciones en el techo yo estaba alli y el buscaba una habitacion las cuales estaban todas ocupadas eran 117 habitaciones que luego no estando seguro de la cifra podian haber sido 112 habitaciones. Despues de dos dias yo tuve otro sueño que buscaba un hotel en Jerusalen (alli estuve en Enero del 2018 ,esto es real) el cual habia estado una calle oscura luego lo encontre pero no era el mismo ,gente quer hablaba por problema en el mismo creo que de electricidad , me esplicaron que subiera unas escaleras estaba el acensor una cortina pude abrir la puerta con dificultad ,me dijeron piso 12 pero el hotel no tenia tantos pisos frente mio habia un circulo el cual arriba estaba el numero 12 y mas abajo el 10 tuve que golpear con la palma de la mano derecha ese circulo hasta que el acensor comenzo a subir. Desperte y me extraño verme en mi habitacion pues tenia todavia la sensacion de que mis pies pisaban la tierra de Israel . muchisimas gracias si pueden ayudarme suelo tener sueños y algunas revelaciones . MIL GRACIAS

    01/04/2018 a las 16:49
  2. Editor - iojai

    Gracias por comentar en nuestra web. La explicacion e interpretacion de sueños personales esta mas alla de las posibilidades de este sitio.

    02/04/2018 a las 13:01
  3. Julia

    Que sigmifica soñar con la luna blanca y brillante y reflejada en ella la letra Aleph (en símbolo) y cuando quise tomar una foto cambio a Shin… esta es la parte de mi sueño que llama mi atención.

    12/11/2018 a las 19:12

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