Analizándose
Introducción
Pirke Avot
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Introducción

El Tratado de los Principios (en hebreo denominado Masejet Avot o Pirkei Avot) constituye una obra única en su género dentro del vasto cuerpo de literatura sagrada judía. Bien que formando parte integral de la Mishná, perteneciente al Seder Nezikín, no encarna un compendio de pronunciamientos legales tal como lo son los demás tratados de la Mishná, cuyo propósito principal consiste en definir el marco de acción legal al que está sujeto todo judío. Este tratado, en cambio (bien que, como acertadamente señala el Rabí Ovadia de Bartenura en su comentario inicial, tiene su origen en la revelación divina que tuvo lugar en el Sinaí, igual que el resto de la Mishná), posee un propósito fundamentalmente ético. Ello lo sitúa no en un marco estrictamente legal sino más bien en el contexto de los deberes éticos que el ser humano debe esforzarse por actualizar en su vida. En la Torá ambos imperativos se complementan entre sí, ya que el Creador es el origen único de todo el universo vital del ser humano, ya se trate del marco individual, social o propiamente religioso.

Acerca del valor intrínseco de esta obra nuestros Sabios señalaron en el tratado de Baba Kama (30a): «El hombre que desee convertirse en una persona devota, que cumpla lo que se dice en el tratado de Avot».

* * * *

(Selección extraída del libro «Etica del Sinai», por Irving M. Bunim, ©Editorial Yehuda)

Pirké Avot significa literalmente, «Los capítulos de Avot». ¿Qué es Avot? El nombre de una sección, un tratado en el gran compendio de la ley y del saber judíos que es la Mishná.

Para el lector que no está totalmente familiarizado con la Mishná, será mejor comenzar con una descripción introductoria de este clásico milenario de la literatura rabínica.

Es una creencia fundamental para el judaísmo histórico, que la Torá nos fue dada desde su origen divino en el Sinaí: el inmortal Moshé la recibió del Todopoderoso, nos la enseñó y nos la dio a nosotros, su pueblo. Esta Torá constaba de dos partes: una era escrita y pasaría a ser el Pentateuco, los Cinco libros de Moshé; a ésta la llamarnos Torá shebijtav, la Torá Escrita. La otra era la Torá shebeal-Pé, la Torá Oral. Esta contenía explicaciones, interpretaciones y enseñanzas de la Torá Escrita. La Torá shebeal-pé no estaba destinada a ser escrita: era enseñada oralmente por medio de la palabra, como un complemento de la Torá Escrita.

Moshé le enseñó el sagrado libro de la Torá con sus interpretaciones a su discípulo Iehoshúa; éste, a su vez, se lo enseñó a los ancianos y ellos, por su parte, lo enseñaron a otros. Lo que ellos trasmitían oralmente, por medio de la palabra dicha, debía ser repetido y repasado muchas veces, para asegurarse de que nada sería olvidado. Por esta razón fue llamada Mishná, término que se refiere a un cuerpo de enseñanza, instrucción, que siempre es examinada y analizada de continuo.

La Míshná se convirtió en nuestra Tradición Oral, transmitida de maestros a alumnos, generación tras generación. Desde el comienzo estaba prohibido poner por escrito cualquier parte de esta Tradición Oral y esto por dos razones: Primero, si ninguna parte podía ser escrita, maestros y alumnos debían trabajar duramente y durante mucho tiempo para asegurarse de que todo fuese recordado perfectamente y comprendido en profundidad. Hay una descripción bien conocida de lo que sucede supuestamente en algunas aulas escolares: «Los apuntes (escritos) del maestro se convierten en los apuntes (escritos) de los estudiantes, sin pasar por las mentes de ninguno de ellos». Esto no podía suceder con la Tradición Oral, pues no había apuntes escritos. Sólo podía existir en la mente, la memoria, el entendimiento del sabio y del erudito.

En segundo lugar, se temía que si la Torá Oral fuera puesta por escrito, con el tiempo la gente llegaría a considerarla como una parte de la Torá Escrita y la trataría como tal. Esto produciría una seria distorsión, ya que ambas son complemente diferentes en cuanto a su carácter y deben ser tratadas en forma enteramente distinta dentro de las normas del judaísmo.

Hace alrededor de 1700 años, sin embargo, Rabí Iehudá Hanasí («el Príncipe», presidente del Sanhedrín y, por lo tanto, jefe de su pueblo) se dio cuenta de que bajo las turbulentas condiciones de su época ya no era posible para maestros y alumnos estudiar y memorizar apropiadamente la gran Tradición Oral. Para bien o para mal, tenía que ser escrita antes de que fuera enteramente olvidada. Varias generaciones más tarde, Rabí Iojanán y Resh Lakish tenían incluso un volumen escrito de la Hagadá, enseñanzas y exposiciones homiléticas, que estudiaban en shabat. Como justificación citaban un versículo de las Sagradas Escrituras en su apoyo y afirmaban la necesidad de tener la Tradición Oral por escrito, «antes que permitir que la Torá fuera olvidada por el pueblo de Israel’. Para ellos se había convertido en la base misma de la Torá.

Rabí Iehudá Hanasí fue el primero (pero de ningún modo el último) en violar deliberadamente la prohibición de poner la Tradición Oral por escrito, a efectos de que esta «Torá no fuera olvidada por su pueblo». La obra que él compiló fue llamada con una sola palabra: Mishná; y este trabajo subsiste hasta nuestros días. (Como las generaciones posteriores discutieron la Mishná y trabajaron sobre ella, su estudio dio lugar a la Guemará; ambas, la Mishná y la Guemará, forman el Talmud).

Ahora bien, en las Sagradas Escrituras la palabra mishná tiene un significado distinto: mishné lemelej denomina al que le sigue al rey en el mando, un virrey que sirve como ayudante del rey. Aplicar esta acepción significaba que la Torá Escrita es la principal, el «rey» en la herencia divina, mientras que la Mishná sería su virrey, el «segundo en el reinado» que lo ayuda con su interpretación clarificadora y explicación constructiva.

La Míshná está dividida en seis secciones u órdenes, de las cuales la cuarta se denomina Nezikín, a pesar de que trata principalmente sobre daños y compensaciones, procedimientos judiciales y derecho penal, incluye a Avot, un tratado sobre ética y conducta moral. Bien podemos preguntarnos por qué.

En el Talmud, uno de nuestros sabios dice: «Si una persona quiere ser un jasid (piadoso y benevolente) que observe las leyes de Nezikín» para asegurarse de que no perjudica a nadie o que efectúa el pago equivalente a cualquier daño que provoque. Pero otro sabio va más lejos: «Que observe las enseñanzas de Avot». No es suficiente evitar perjuicios o pagar por daños tanto como sea necesario. Para ser un jasid, bondadoso ante D-s y el hombre, debes conocer y seguir la instrucción y la guía sabias de este tratado, pequeño en extensión pero grande en su percepción y significado. De ahí que Avot esté incluido en la sección de Nezikín: después de haber aprendido sobre asuntos de daños y prejuicios constituye la etapa siguiente en el crecimiento y desarrollo del carácter por medio de la Torá.

II

La palabra Avot significa, literalmente, «padres», y puede parecer poco claro por qué se le dio este título a nuestro tratado.

El rey Shelomó dice: «Oye, hijo mio, la instrucción (musar) de tu padre». En el curso de nuestra historia, la palabra musar ha tenido muchas connotaciones; pero fundamentalmente deriva dé la misma raíz, que mesorá, que significa tradición, enseñanzas transmitidas de mente a mente y de corazón a corazón. Tener en cuenta «el musar de tu padre» implicaba, por lo tanto, aceptar las enseñanzas tradicionales de nuestros sabios de bendita memoria, que han sido transmitidas de generación en generación desde el Sínaí. Y esto es lo que el título Avot, «padres», significaría.

En el lenguaje de la Mishná, sin embargo, el plural avot y el singular av significan, a menudo, algo totalmente distinto. En términos tales como av melajá (trabajo principal, mayor), av atuma (una fuente original, directa, principal de impureza ritual), avot nezíkín (tipos principales de perjuicio o daño), y binián av (el establecimiento de una categoría o regla principal), la palabra av denota una categoría o regla general, principal, de la cual podemos deducir y derivar otras categorías y leyes secundarias. En este sentido, Avot significaría que este pequeño trabajo contiene principios fundamentales de ética para guiarnos en nuestra vida cotidiana, de los que se puede inferir mucho. Estas enseñanzas, quizás la esencia del judaísmo, realmente han constituido la base y fueron el «padre» de muchos sistemas éticos y filosofías morales distintos.

Sin embargo, es muy probable que Avot simbolice a los «Padres» del judaísmo: luminarias tales como Hilel y Shamai, Rabí Akiva y Rabí Tarfón -como sesenta sabios en total- cuya sabiduría y enseñanzas son presentadas en estos capítulos. Estos son nuestros «Padres», nuestros patriarcas rabínicos en la moral y ética, así como Avraham, ltzak y Iaakov son los avot originales de la Biblia.

En la época de los gueonim. Se hizo costumbre en las academias de Babilonia recitar y estudiar un capítulo de Avot los sábados por la tarde, después del servicio de minjá, como Rav Amram Gaón (siglo IX ea.) destaca en su Sidur acerca de su academia. Los gueonim sabían de una tradición según la cual Moshé había pasado a su descanso eterno un shabat por la tarde a esa hora. (Por esta razón incluyeron los tres versículos de tzidkatjá tzédek, «»Tu rectitud es una rectitud eterna…» como una oración de justificación y aceptación de su muerte.) Y se hizo costumbre seguir el servicio de minjá con un capitulo de Avot para conmemorarlo, ya que comienza con su nombre: «»Moshé recibió la Torá, etc.» Rabí Palto Gaón (siglo IX e.a.) dio otra razón: El Talmud enseña que «cuando muere un sabio, todas las casas de estudio y culto de su ciudad deben cesar su actividad. Esto sugiere que en conmemoración de la muerte de Moshé sería apropiado no emprender un estudio intensivo, concentrado, del Talmud, sino, más bien, aprender y repasar el tema más fácil de Avot.»

Desde las academias de Babilona esta costumbre se difundió hasta las comunidades judías de Ashkenaz, la Francia y Alemania de hace más de 900 años, y nosotros la encontramos mencionada por Rabí Avraham Ben Natán de Lunel (Ibn Iarji; siglo XIII e.a.) en su Sefer Hamanhig. Pero en el Col Bo, un trabajo anónimo del siglo XIV, leemos que la costumbre variaba según las comunidades: algunos estudiaban esos capítulos sólo desde Pésaj hasta Shavuot, otros, todo el año o durante diferentes períodos del año. En su Sídur Avodat Israel, publicado en Redelheim en 1868, el Dr. Seligmann Baer enumera tres costumbres diferentes entre las comunidades judeo-alemanas de su tiempo.

En la Mishná propiamente dicha Avot tiene sólo cinco capítulos. Pero entre Pésaj y Shavuot hay seis Sábados y aparentemente por esta razón fue agregado un sexto capítulo ya en los días de los gueonim, puesto que Rav Amran Gaón habló de «Avot y Kinián Torá. Este capítulo agregado, Kinián Torá («La adquisición de la Torá) es una beraitá, material muy similar a la Mishná, que Rabí Iehudá Hanasí no incluyó en ésta cuando la recopiló.

Desde tiempo inmemorial nuestra costumbre en la comunidad judía de Europa Oriental es recitar y estudiar Avot desde el shabat posterior a Pésaj hasta el sábado anterior a Rosh Hashaná, quince shabatot en total. En cada uno de los primeros doce estudiamos un capítulo; en cada uno de los últimos tres, dos capítulos.

Puesto que en hebreo «capítulo» se dice Pérek; («capítulos» P-rakim; y «capítulos de»- pirké), el trabajo ha llegado a ser llamado Pirké Avot o, simplemente, Pérek.

III

No es un accidente o una coincidencia que anualmente el tiempo para Pérek pareció haber sido el período entre Pésaj y Shavuot. En Pésaj celebramos la liberación de Egipto y de su esclavitud física hacia un destino de santidad y Torá. Sin embargo, nuestro pueblo no estaba preparado para recibir la Torá inmediatamente y fue sólo semanas más tarde, cuando estuvo ante el monte Sinaí, que recibió la Torá durante Shavuot. En el lenguaje simbólico de nuestros sabios de bendita memoria, en Pésaj nos «desposamos» con la Torá – en Shavuot tuvo lugar la «boda» espiritual, pues en esa ocasión hicimos un pacto eterno e irrevocable, una alianza con el Todopoderoso y Su Torá. Ahora bien, en tiempo de «noviazgo», la novia y el novio llegan a conocerse como preparación para una vida en común. Entre Pésaj y Shavuot, a medida que «contamos los días» observando la sefirá, esperando recibir nuevamente la Torá del Sinaí, es bueno prepararse estudiando Avot para tener una idea de la grandeza maravilla y profundidad de la Torá, esa «novia» espiritual única que vamos a recibir. Hasta un erudito no judío ha hecho esta observación: «Para un conocimiento de los ideales de la ética y la devoción rabínicas, ninguna otra fuente fácilmente accesible puede equipararse a Avot».

Tampoco es una coincidencia, creo, que comencemos a estudiar pérek en la primavera. Es cuando la naturaleza renueva su gran ciclo de vida y crecimiento anual: las fuerzas cálidas, vitales de la regeneración comienzan a agitarse y fluir. El hombre también siente dentro de sí el despertar de poderosos impulsos instintivos. En esta época del año, por lo tanto, es mejor escuchar la «sabiduría» de nuestros jajamim, Z»L, aprender cómo superar la tentación y la pasión, desarrollar nuestra fuerza de voluntad y controlar nuestras acciones. Pirké Avot provee instrucción, musar, un dibujo de ejecución de la Torá para la vida que llega con fuerza renovada en la primavera.

Pero puedes preguntar ¿Realmente necesitamos esta instrucción especial? Tenemos el Shulján Aruj, un elaborado código legal que delinea el bien y el mal, lo justo y lo injusto, en todas las circunstancias prácticas. Y el pasaje de la Mishná que decimos antes de cada capítulo de Avot proclama: «todo el pueblo de Israel tiene parte en el mundo venidero». ¿Por qué debemos tener, entonces, este musar especial, esta enseñanza y correctivo?

La respuesta es que el Shulján Aruj, un código legal del bien y del mal, no es suficiente. Nuestra meta no es simplemente observar la Ley, si bien esto es importante y fundamental. El objetivo final de la Torá es transformar el espíritu humano, el carácter, en algo hermoso y divino, David, el Salmista, le suplicó al Todopoderoso: «Guarda mi vida, pues yo soy un jasid». En su sentido clásico milenario esto significa una persona de profunda bondad, benevolencia y devoción. Mencionamos anteriormente el aserto de nuestros sabios: «El que desee convertirse en jasid deberá observar las leyes de Nezikín, relativas a los daños y perjuicios. En otras palabras, debes aprender de la Torá cómo evitar causar perjuicios y cómo pagar adecuadamente el mal que puedas hacer. Pero para otros de nuestros sabios, esto no es suficiente; su consejo para llegar a ser un jasid es «que observe las enseñanzas de Avot». El conocimiento y la observancia estricta de la ley no es todo. El verdadero jasid es aquél cuya profunda devoción lo eleva por encima de la estricta letra de la ley. Si tiene la más mínima duda de que puede estar equivocado en su disputa o que su reclamo potencial es dudoso, le dará a su compañero el beneficio de la duda en vez de usar sus derechos legales agresivamente. El jasid superó su naturaleza adquisitiva y mira más allá par ver el espíritu de la Ley.

Si deseas alcanzar este nivel de caridad y amante devoción, si quieres ser un jasid, las enseñanzas de Avot son esenciales.

 

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