Profundizando
La Torá y la Actividad Económica
Temas Varios
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Interacción entre Economía y Religión

La siguiente exposición se refiere a temas que conciernen al mundo de la administración empresarial, vistos a la luz de las enseñanzas de la Cabalá y el Jasidismo, la tradición mística judía. Con este objetivo empleamos el método expositorio tradicional del discurso jasídico, como un medio para llegar a ideas relevantes y profundos pensamientos, relativos a estas cuestiones contemporáneas.

El retorno de nuestro pueblo a su histórica tierra natal, nos desafía como nación a planear una estrategia para una renovación social y económica que pueda garantizar nuestro bienestar material, mientras que al mismo tiempo refleje el carácter espiritual único de la tierra y su pueblo[1]. De hecho, la antigua tradición mística judía tiene mucho para aportar a la inspiración de tal estrategia. Siempre ha sido uno de sus postulados básicos que la realidad material, que Di-s trajo a la existencia, posee grandes posibilidades espirituales que deben ser aprovechadas para que la Voluntad Divina que hay dentro de la Creación se vuelva manifiesta completamente.

Habiendo sido repatriados al lugar donde el cielo y la tierra han mantenido un diálogo eterno, debemos esforzarnos por liberar la realidad material de su carácter claramente secular y así reestablecer el propósito Divino que está ligado a toda experiencia, tanto mundana como sagrada.

Encontramos a menudo en la Biblia que antes de asignar a alguien una misión específica, Di-s se dirige a él por su nombre, con el fin de despertar la individualidad especial que posee, considerada apropiada y específica para la tarea en cuestión. Pero cuando el llamado profético deja de ser audible para el hombre, puede ser inferido según la forma en que cada uno es tocado espiritualmente por la Creación de Di-s, es decir, por las maravillas de la naturaleza y los milagros de la Divina Providencia. Las incomparables sensaciones que emergen del encuentro con Su mundo, sirven para guiarnos en la tarea de mediar entre el cielo y la tierra y así cumplir nuestra misión Divina.

El peculiar apego del hombre moderno a las fuerzas materialistas que obran en la Creación, nos incitan a explorar, entre otras cosas, las oportunidades inherentes a la búsqueda del incremento del capital y los dividendos. A pesar de que esto podría ser rechazado por aquellos que buscan en la religión un respiro ante las obsesiones materiales de la vida moderna, nuestra tradición nos enseña que no debemos ignorar la experiencia colectiva de nuestra generación. Debemos, en cambio, revelar la chispa de divinidad que anima las fuerzas históricas que hay detrás de ella, pues la dinámica del crecimiento económico es lo que más caracteriza la vida contemporánea.

Cualquier intento de legitimizar la inclinación del hombre hacia la búsqueda material, debe ofrecer primero alguna justificación de la reducción del mundo y todo lo que contiene, a una mera variedad de objetos cuantificables. Esta lógica puede derivar de la tendencia “cuantificadora” de ver relaciones de volumen y evolución numérica entre objetos diversos y no relacionados. El mismo acto de contar (aritméticamente), genera de por si una concordancia de esa relación, al reducir todas las cosas a un valor igual a “uno”. Esta forma de encarar la experiencia a través de un “mínimo común denominador”, puede servir para confirmar la fuerza centrípeta en la Creación, que actúa uniendo todos los elementos discretos de este mundo a una fuente individual en la Divinidad. Tal reduccionismo nos ayuda a descubrir la unidad fundamental subyacente y la interconexión de todas las cosas.

A la inversa, el que mide la realidad en términos puramente cualitativos puede en cambio perder esta percepción. Enfatizando la intangible y única esencia de las cosas, la mentalidad propensa a evaluar sólo la calidad puede desarrollar un idealismo de tipo pagano, con lo cual todos los elementos de la Creación están aislados dentro de su propia, inviolable y diferente individualidad. La orientación cuantitativa del pensamiento económico es la que acomoda la calidad dentro de un sistema al que también le concierne el beneficio, siempre en expansión, de la Creación.

Participación, Calidad y Flujo

Exploremos ahora un aspecto de la vida económica moderna, el campo de la Empresa Corporativa, sugiriendo una fórmula particular para el éxito, que proviene del pensamiento jasídico como así también basado en declaraciones de la Biblia.

Los tres escenarios principales de interacción que caracterizan el ámbito empresarial son:

  1. Interacción entre la compañia y sus empleados.
  2. Interacción entre la compañia y sus mercados.
  3. Interacción entre la compañia y sus inversores.

Toda estrategia amplia para el éxito de la empresa debe estar dirigida al manejo dinámico de cada una de estas tres esferas.

La estrategia fundamental que aspiramos a poner en marcha, está basada en los tres principios siguientes: Participación (מְעוּרָבוּת, meuravut), Calidad (אֵיכוּת, eijut), y Flujo (זְרִימָה, zerimá). Se verá claramente luego de la siguiente discusión, cómo cada uno de estos tres principios pueden servir para guiar a una empresa en la negociación de sus diversas actividades, y ayudar conjuntamente a maximizar la rentabilidad y el éxito.

Las tres dimensiones de la actividad corporativa identificadas anteriormente se centran alrededor del personal (los empleados), el producto (mercado) y el capital (inversores). Por lo tanto, nuestra fórmula se puede resumir fácilmente como consistente en: la participación del personal, la calidad del producto y el flujo del capital. Antes de proceder a dilucidar cada uno de estos componentes a la luz del pensamiento jasídico, debemos considerar dos lugares en la Torá en donde se sugeriere el significado de estos tres principios.

El primero es una frase que aparece en el libro de Proverbios (8:22) del rey Salomón, donde la Torá se refiere a si misma con las siguientes palabras:

ה’ קנני ראשית דרכו, קדם מפעליו מאז.

“Di-s me creó en el comienzo de Su camino, la primordial de Sus obras desde el principio del tiempo”.

Las palabras kedem (קדם, “primordial”) y mifal (מפעל, “obra”), tienen connotaciones que las vuelven de particular relevancia en la discusión del emprendimiento empresarial. La palabra kedem, que literalmente significa “precedente”, denota también los conceptos de “progreso” y “avance”. La palabra mifal implica cualquier emprendimiento creativo, y en hebreo moderno es usado específicamente para referirse a una planta industrial. Estas dos palabras del versículo anterior juntas, evocan la siguiente asociación: “Para hacer prosperar una empresa (לקדם מפעל, lekadem mifal), promueve meaz (מאז)[2], que podemos tomar como un acrónimo de los tres principios mencionados: Participación (מעורבות, meurabut), Calidad (איכות, ijut) y Flujo (זרימה, zerimá).

Podemos encontrar otro indicio en las escrituras para esta fórmula en el siguiente versículo [3]:

ויאמר יעקב כאשר ראם, “מחנה אלקים זה”

“Y dijo Iacob, cuando vió [a los ángeles aproximarse], ‘Este es un campamento de Di-s‘”.

Como podemos ver, las iniciales de la frase  מחנה אלקים זה  (majané Elokim ze, “este es un campamento de Di-s”), cuyas iniciales también forman la palabra meaz.

La imagen del “campamento de Di-s” sirve como un símbolo adecuado de lo que toda compañía judía debe tratar de ser. El “campamento” era la estructura organizativa básica que definió la primera fase del desarrollo de Israel como pueblo[4]. Acompañando su desplazamiento y asentamiento durante los cuarenta años de su permanencia  en el desierto, el “campamento de Di-s” se convirtió en el primer paradigma de la actividad grupal constructiva en la comunidad israelita[5]. Analizando estas tres palabras (מחנה אלקים זה), “este es un campamento de Di-s), es posible llegar a una correspondencia aún más exacta de los principios corporativos enumerados arriba. El “campamento” (מחנה) como un arquetipo organizacional, alude a la Participación guiada y a la estructura grupal que uno se esfuerza por alcanzar dentro de una compañía. Ser “de Di-s” (אלקים, Elokim), indica el ideal Divino de Calidad al que debe aspirar toda organización en su vida activa. Finalmente, “este es” (זה, ze) sugiere en nuestro versículo la habilidad de identificar la calidad cuando uno la ve, dirigida hacia el Flujo (זרימה) de la fuerza creativa que inspira el éxito (זה y זרימה comienzan con la letra zain y finalizan con la letra he).

La palabra meaz (מאז), que hemos adoptado como el acrónimo para el propósito de este estudio, implica literalmente la idea de escuchar la voz que viene “desde el principio de los tiempos”. Como tal, imparte un sentido de lo primordial, como en el caso de la palabra kedem que aparece escrita a su lado. La relevancia de las cosas primordiales respecto de la empresa corporativa, yace en la correlación implícita que uno puede establecer entre el éxito creativo duradero y la raíz primaria de la cual deriva su inspiración.

Uno puede tener confianza en que sus esfuerzos creativos van a encontrar bendición, sólo si la inspiración para ello proviene de una antigua y eterna fuente de sabiduría. Todas las cosas primordiales permanecen eternamente (כל קדמון נצחי, col kadmon nitzjí); en hebreo “eternidad” (netzaj, נצח) también posee el significado de “victoria” y “éxito”. Si nuestra empresa es establecida sobre una base de conocimiento exclusivamente contemporáneo y temporal, el éxito puede ser alcanzado pero no será de naturaleza permanente. La creatividad perdurable sólo es posible yendo más allá de los recursos que se disponen, invocando una fuente primordial de energía que infunda en nuestra empresa un carácter eterno y Divino.

La Torá es por supuesto la fuente primaria de sabiduría creativa que desciende a nosotros meaz, desde entonces, por lo tanto, utilicémosla para una exploración más exhaustiva del tema que nos ocupa.

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1.La declaración de nuestros sabios (Ketubot 110b) “quien vive fuera de la tierra de Israel es como si fuera un idólatra“, puede ser tomada tal vez como una velada referencia a aquellos que dejan la Tierra temporariamente por razones de sustento. A pesar de ciertos momentos que son halágicamente permisibles, abandonar la tierra sobre la que están puestos los ojos de Di-s eternamente para conseguir seguridad en otro lado, refleja algo así como una creencia idólatra en las fuerzas materiales de la Creación.

Nuestros sabios nos enseñan (Baba Batra 91 a) que Elimelej, un líder de su generación, fue castigado por dejar la tierra de Israel en busca de sustento, incluso en una época de hambruna.

En la historia “El Maestro de la Plegaria” del Rabi Najman de Breslov, la seducción asociada al dinero resulta, en definitiva, en una comunidad entera de hombres ricos volviéndose hacia objetos de adoración de ídolos.

2.La frase קדם מפעליו מאז (kedem mifalav meaz) equivale numéricamente a חתך (jataj, 428), una denominación cabalística (significa literalmente “distribución) derivada de las letras finales de las palabras de la frase (Salmos 145:16) פותח את ידיך (poteaj et iadeja), “Abres Tu mano”, que simboliza la capacidad de Di-s de conferir la bendición del sustento a toda la creación, como se ve de la conclusión del mismo versículo: “y satisface las necesidades de todo ser viviente”.

Este versículo escrito en forma completa (cada letra a su vez deletreada), equivale numéricamente a 4280 = 10 veces חתך (=קדם מפעליו מאז)!

La relación especial existente entre las palabras קדם y  מאזes evidente también por su correspondencia numérica: קדם = 3 veces מאז, siendo esta última el valor promedio de cada letra en קדם, sugiere los tres principios de מעורבות, איכות y זרימה.

3.Génesis 32:3

4.  La conclusión de los versículos arriba mencionados – el verso final de la porción semanal de la Torá Vaietzé (que relata acerca de los casamientos de Iacob y el nacimiento y crecimiento de once de sus doce hijos) – es: “y él llamó el nombre del lugar ‘Campamentos’ (מחנים, majanaim)”. [La palabra מחנים, que es la última palabra de la porción Vaietzé, es también usada en la Tradición como el nemotécnico para recordar el número de sus versículos (148 = מחנים), implicando que la evolución de la casa de Israel, que trata esta porción, concluye con el establecimiento de “campamentos”].

En el principio de la porción siguiente de la Torá, Vaigash, la palabra “campamento” aparece en forma reiterada. Cuando se prepara para encontrarse con su hermano Esav, Iacob organiza su grupo familiar en campamentos; envía “regalos” (מנחה, minjá, una permutación deמחנה , “campamento”) para ganar el favor de su hermano, quien se refiere al regalo en sí como un “campamento”.

De aquí vemos que uno de los objetivos del “campamento” familiar o “corporación” es la producción de regalos de calidad.

5.  La disposición sistemática de Israel, en forma de campamentos, tuvo lugar sobre todo después que se construyó el Tabernáculo en el desierto, y las doce tribus se preparaban para su peregrinaje a la Tierra Prometida (ver comienzo del libro “Números”). Este proceso organizativo guiado en forma Divina, que debía ser precedido necesariamente por un minucioso recuento del pueblo (como se explico arriba, un aspecto importante del manejo corporativo), estableció la configuración esencial con la que Israel acampó y viajó durante sus cuarenta años en el desierto. Esto le brindó el “equilibrio” y orientación necesaria a la naciente nación para su progreso y desarrollo.

Las doce tribus de Israel estaban divididas en cuatro campamentos de tres tribus cada uno; cuando se asentaban, cada una tomaba su respectiva posición en una de las cuatro direcciones frente al Tabernáculo, conocido como el “campamento de la Shejiná [la Presencia Divina]”. El Tabernáculo propiamente dicho estaba rodeado a su vez por “el campamento de los Levitas”, quienes también estaban separados en cuatro familias, situadas en cada una de las cuatro direcciones.

Así, había tres “campamentos” generales: “El campamento de Israel”, “el campamento de los Levitas” y “el campamento de la Shejiná“, teniendo cada uno su grado de santidad. El “producto” de la corporación de Israel era el resultado de la interacción creativa entre dichos campamentos. Los Levitas, situados entre las otras tribus y el Tabernáculo, servían como intermediario para la elevación de la conciencia Divina de Israel. El ideal creativo representado por el Tabernáculo y transmitido a través de los Levitas, inspira a todos los judíos, en cualquiera de los desiertos que esté caminando, a seguir el camino de las mitzvot y aspirar a perfeccionar la realidad material (al conseguir un producto de calidad) para que pueda servir como una morada para Di-s.

Para una comprensión más profunda de la correspondencia entre la esfera empresarial y el “campamento de la Shejiná“, ver Anexo Uno: Las Tres Etapas de la Creación.

Rab Itzjak Ginsburgh

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