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Imagenes de una Rusia no muy lejana (3)

El Profesor de Hebreo de Moscú

Poco después de llegar a Israel, Michael Nudler fue llevado en un periplo de conferencias a lo largo del país para describir el renacimiento del hebreo y el movimiento de baaléi teshuvá -retornantes al camino de la Torá- en la U.R.S.S. Sin necesitar de un ulpán para aprender la lengua hebrea, pronto encontró trabajo como analista de sistemas en la Autoridad Terrestre de Israel. Después del trabajo de cada día estudia Guemará en el “Kolel Shamir” nocturno.

El abuelo y los tío abuelos de Nudler habían sido eruditos de la Torá, pero tras el Holocausto su abuelo había dejado de observar las mitzvot como protesta por la muerte de los seis millones. De modo que Michael creció en Moscú en un entorno no-religioso. Pero a los diez años decidió que el universo debe haber sido creado por Alguien. La imagen del mundo dibujada ante él por la escuela y la sociedad simplemente no respondía a todas sus preguntas. Entonces, como todos los judíos soviéticos, durante la Guerra de los Seis Días en 1967 se pegó a la radio, consumido por un súbito despertar judío.

A los dieciocho años Michael se encontró con un judío mucho mayor que él que tenía parientes en Israel y que le podía prestar libros de historia judía. Aunque su amigo no era religioso, se escandalizó al escuchar que Michael nunca había estado dentro de una sinagoga. Llevó a Michael a la Sinagoga de Moscú para Iom Kipur, y Michael continuó yendo para las fiestas judías importantes. Para su asombro, no fue expulsado de la universidad luego de rehusarse a las ofertas de la K.G.B. de actuar como un informante dentro de la sinagoga y entre los activistas judíos.

La mitad de los asistentes al Departamento de Matemáticas de la Universidad de Moscú, donde estudiaba Michael, eran judíos en la época en que él se matriculó. Por ese entonces había gran interés entre los estudiantes judíos por aprender hebreo, por saber sobre las fiestas y la cultura judía. Michael se unió a algunos amigos que estudiaban hebreo en pequeños grupos ocultos de tres o cuatro personas, usando páginas fotocopiadas de Elef Milím. Cuando alcanzó el nivel de poder comprender el idioma, comenzó a estudiar Torá mientras simultáneamente se convertía en un profesor de hebreo para principiantes. Lector ansioso, comenzó a tratar de mudar su modo de pensar, desde aquel de la antigua literatura griega y europea moderna, a una perspectiva judía. Esto era duro.

“Lo que me ayudó todo el tiempo”, articula Nudler cuidadosamente en un perfecto hebreo, “era el hecho de que yo quería ser judío y comprender qué significaba eso”.
Pero, ¿qué es exactamente un judío? Nudler pensó mucho sobre esto. ¿Por qué son los judíos como son? ¿Es la religión judía la que los hace diferentes? Si la religión es el factor distintivo, ¿cómo puede haber judíos que no son religiosos? ¿Es entonces el judaísmo una cultura en lugar de una religión? Si es así, ¿qué tienen en común los judíos húngaros y los judíos yemenitas? Si los judíos son una raza, ¿cómo son identificados los conversos al judaísmo?

Para ayudarse a sí mismo a ordenar estas preguntas, Michael contempló al pueblo judío como un sistema de dos círculos concéntricos. Las dos esferas rotan, una dentro de la otra. En el círculo interior se ubican aquellos judíos que son física y espiritualmente judíos en un 100%, observando tanto las mitzvot difíciles como las fáciles. En el círculo exterior, cerca del núcleo interior, oscilan los judíos que se consideran a sí mismos judíos pero que no observan todas las mitzvot. Cuanto más se alejan del núcleo interior, menos son las mitzvot que observan, hasta llegar a la periferia exterior del círculo exterior, donde no se identifican a sí mismos como judíos de manera alguna pero son marcados como judíos, no obstante, por el mundo exterior.

La circunferencia exterior del círculo es la asimilación física. El judío puede cortarse a sí mismo del organismo vivo llamado Judería para convertirse a otra religión o para un matrimonio exógamo y, en ambos casos, criar a sus niños de una manera ajena al judaísmo. Los judíos también pueden ser cortados por fuerzas de persecución y aniquilación provenientes del exterior que no diferencian entre las diversas longitudes de onda dentro de los círculos.

Por otra parte, los individuos pueden entrar en cualquiera de las esferas desde afuera al convertirse al judaísmo y llegar tan cerca del centro como lo deseen. Este es, desde luego, un fenómeno notable, pues la tendencia natural es hacia la entropía. La naturaleza humana intenta evitar las dificultades, queriendo serenidad, alejarse de las demandas del núcleo central. Para superar la entropía, el judío debe renovar constantemente su compromiso y poner esfuerzo en mantener su identidad sirviendo a Di-s.

Uno de los grandes eruditos europeos de Torá del siglo pasado dedicaba veinte horas al día a estudiar Torá. Cuando una vez se le preguntó por qué estudiaba tantas horas, contestó:
“Si yo estudio Torá veinte horas al día, entonces el Superior Rabino de Inglaterra estudiará diez horas al día. Y si él invierte diez horas al día en el estudio, entonces el Rabino de Nueva York estudiará cinco horas al día. Si él estudia cinco horas al día, entonces el Rabino en Baltimore estudiará una hora al día. Y si él estudia una hora al día, entonces el judío en Chicago cuidará el kasher. Si el judío en Chicago cuida el kasher, entonces el judío en San Francisco irá a la sinagoga en Iom Kipur“.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).


 

MICHAEL NUDLER

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