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Imagenes de una Rusia no muy lejana (2)

Un sombrero negro en moscú

A los trece años Michael Schneider fue expulsado de una de las más importantes escuelas superiores de matemáticas de Moscú por haber llamado “antisemita” a un profesor de geografía antijudío. Proveniente de un entorno muy asimilado, “Misha” entró en una crisis cuando se dio cuenta que “las leyes de la naturaleza no bastan”.

Graduándose en otra escuela a la edad de 14, en su último año el prodigioso interés de Schneider por las matemáticas había mermado y se presentaba a clase sólo para rendir los exámenes. En lugar de ir a la escuela, leía. En particular le gustaba Franz Kafka (“quien describió la desesperanza, persecución e impotencia que yo estaba sintiendo entonces”), la poesía de Alexander Block y la filosofía religiosa de Soloviyev (el maestro de Block y Berdayev).

“En todos los libros que leía, buscaba la Torá. Me gustaba la filosofía religiosa porque intentaba brindar respuestas acerca de qué es la vida”, rememora Misha. “Pero sabía que debía llegar a ser un judío religioso”.
Uno de los profesores de Schneider en la escuela, un judío que se había convertido al cristianismo en Rusia, le dio una Biblia Cristiana. Aunque Misha automáticamente rechazó este “judeo-cristianismo”, de esta fuente se enteró de un profesor judío que le podría enseñar a leer la Torá en hebreo.

Al comenzar a aprender Torá, la vida de Schneider hizo rápidamente un cambio total. Adquirió un viejo par de tefilín (que antes había mandado a revisar) y aprendió cómo rezar. Se puso una kipá sobre la cabeza, dejó creció su barba y peot, y caminaba por las calles de Moscú mostrando sus tzitzit. Cuando oyó del atuendo jasídico, comenzó a vestir un sombrero negro y un abrigo negro todo el tiempo.

“Quería cambiar por completo. La verdad tiene que ser correcta, y yo quería vivir en base a ella por entero”, comenta Schneider de una manera bonachona.
“El resto de la gente encontraba mi aspecto un tanto extraño”, admite con una sonrisa modesta, “pero en Rusia ni judíos ni gentiles sabían que yo me vestía a propósito como un judío. A veces la gente pensaba que yo era un turista extranjero o simplemente un excéntrico. A veces me puse los tefilín y recé mientras viajaba en el tren”.

Cuando Schneider sirvió tres meses en el Ejército Rojo, continuó observando abiertamente las mitzvot. En Shabat, cuando su unidad salió para maniobras, se le permitió quedarse y montar guardia. Una vez su comandante no-judío lo invitó a escuchar una emisión de Kol Israel en onda corta en vez de cavar trincheras. Otras mitzvot, tales como la del kashrut, eran muy difíciles de observar en la U.R.S.S. Misha pasó largo tiempo sin comer pan, carne o pollo, hasta encontrar las apropiadas conexiones “clandestinas” para obtener estos alimentos básicos en una condición kasher.

Ahora que Misha Schneider vive en Israel con su esposa, su hija y su hijo, afirma haber olvidado mucho del hebreo moderno que una vez había hablado fluidamente en su “ulpán” ilegal en Rusia. Ahora vive en el barrio de Gueula de Jerusalén, donde todos hablan Idish, y estudia principalmente Guemará en arameo. Schneider es un estudiante de tiempo completo en la Ieshivá de “Shamir”, cuya casa editora imprimió un libro del cual él fue coautor en Moscú. Llamado Aní Maamín (“Yo Creo”), el libro brinda una explicación del judaísmo en ruso, para los judíos soviéticos.

Cuando se le pregunta respecto de sus planes, Michael filosofa con ecuanimidad, “no es importante qué es lo que una persona quiera hacer para sí misma. Lo único que cuenta es qué hace uno para Di-s”.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

MICHAEL SCHNEIDER

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