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Idolos Abstenerse

Extraido de Jabad Magazine. Por Aaron moss

PREGUNTA

Leí la siguiente historia y me estremeció. Quisiera oír sus comentarios: Un rabino se encontró con un monje budista. El monje invitó al rabino a su templo, pero el rabino se negó, diciendo: “No se me permite entrar en una casa donde se rinde culto a un ídolo”. El monje preguntó por qué. El rabino contestó: “Porque rendirle culto a un objeto es una afrenta a Di-s”. El monje sacó una pequeña estatua de Buda de su bolsillo, miró al rabino con una tranquila sonrisa y la tiró al piso, quebrándola a pedazos. El monje le preguntó al sobresaltado rabino: “Ahora dígame, ¿usted haría eso con uno de sus pergaminos de la Torá? Si no, ¿quién es el que hace los ídolos?” ¿Alguna contestación?

RESPUESTA

Esta historia encapsula la profunda diferencia entre la espiritualidad oriental y el Judaísmo. Las dos tradiciones tienen algunas cosas en común, pero en muchos de los problemas más profundos divergen considerablemente. Una pregunta fundamental produce dos respuestas diametralmente opuestas: ¿Qué es más santo, lo físico o lo espiritual?

El budista contestaría que lo espiritual es más elevado que lo físico. El judío daría una respuesta típica judía: no necesariamente. El monje tenía razón, nunca tiraríamos un pergamino de la Torá al piso. Es nuestro objeto más sagrado y lo tratamos con reverencia y ternura. La Torá no es Di-s, pero es sagrada. Un pergamino de la Torá representa lo que la misión judía es – tomar este mundo e infundirlo con Divinidad. En la fabricación de un rollo de la Torá, los representantes de los cuatro niveles de existencia – mineral, vegetal, animal y humano – se unen para crear un objeto santo. Los pedazos de pergamino hechos de piel animal se cosen con nervios animales. Una pluma suave se sumerge en tinta hecha de los derivados de una planta, y una mano humana viviente escribe la Torá, letra por letra. El pergamino está delimitado por palos de madera, cubiertos con una casaca de tela elegante, y decorado con adornos de plata, representando el reino mineral. Los cuatro niveles de existencia han transcendido su naturaleza física y se han vuelto un vehículo para expresar la sabiduría de Di-s y un recipiente para sostener Su presencia.

Este mundo bajo ha sido marcado con la impresión Divina. El pergamino de la Torá testifica que la necesidad física no es un impedimento para la santidad; al contrario, puede ser una morada para ella. El pensamiento oriental no está de acuerdo. La santidad queda en la conciencia más alta, estados elevados del ser, el conocimiento realzado, pero no en la piel de un animal. El budista puede quebrar su estatua, porque cree absurdo que un objeto puede ser algo más que un símbolo de algo superior. Para él no puede haber santidad intrínseca a la estatua, porque la santidad se limita a la espiritualidad. Para el judío, esta es la esencia de la idolatría.

Relegando la santidad a los mundos más altos, uno ha limitado la jurisdicción de Di-s. Di-s puede estar cómodo en el mundo físico como él lo está en los mundos espirituales, si le damos la bienvenida aquí. Claro que no podemos rendir culto a un objeto físico, pues mientras uno esté viendo algo físico no está viendo a Di-s. Pero un objeto puede convertirse en santo, si así Di-s lo desea. El pergamino de la Torá no es Di-s, pero revela a Di-s, es una manifestación de la Sabiduría de Di-s. Un ser humano no puede ser Di-s, pero podemos volvernos divinos llevando a cabo la Voluntad de Di-s. Para hacerlo, necesitamos escribir una Torá, estudiarla, y traer santidad a cada nivel de nuestra vida.

Aquí es donde los caminos del Budismo y el Judaísmo divergen. En el Budismo, un objeto físico no puede tener santidad innata, pues la santidad se remite a lo espiritual; en el Judaísmo un objeto físico puede ser lo más santo, porque no hay ninguna limitación para lo Divino. Esta diferencia en la visión del mundo se traduce en dos estilos de vida muy dispares.

El Budismo se trata del silencio; El Judaísmo se basa en las palabras.

El ideal budista es el celibato; El Judaísmo es familiar.

El centro espiritual budista es el templo; El centro espiritual judío es la casa.

El Budismo glorifica la vida de un monje; El Judaísmo glorifica la vida de una madre.

En el Budismo la santidad se descubre en la soledad; En el Judaísmo la santidad se encuentra en la comunidad.

El Budismo dice que el mundo físico es una ilusión; El Judaísmo dice que este mundo se entiende mal, su potencial para la santidad espera ser revelado.

Para abreviar, el Budismo es un llamado a retirarse de lo físico y alcanzar lo espiritual. El Judaísmo insta a unir los dos, y hacer santo este mundo. Relegar a Di-s a los cielos es idolatría. Pero revelar Su presencia en el mundo – escribiendo una Torá, y viviendo su mensaje – es la cosa más sagrada que podemos hacer. Cuando nuestra vida física se imbuye con la impresión Divina, hemos hecho el imposible: hemos extendido infinitud, incluyendo el mundo finito. Eso no es espiritual. Es más elevado que espiritual – es Divino.

Aaron Moss

1 comentario
  1. JBM

    Shalom,
    Excente articulo.

    05/01/2017 a las 20:46

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