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Heroes entre Todos

Extraido de Entre Todos 11. Revista Sucath David

Una de las organizaciones de ayuda y beneficencia en Eretz Israel, a la cual acuden miles de familias en busca de soluciones para sus dificultades económicas y de salud, es sin duda la Organización Yad Eliezer.

En las carpetas de dicha institución, se encuentran registradas numerosas anécdotas e historias que los voluntarios del lugar oyen y apuntan de individuos a los que la vida dejó de sonreírles, y se presentan para solicitar ayuda o simplemente para compartir con alguien su pesar.

En una oportunidad, se montó un operativo especial para la distribución de carritos de bebé de una prestigiosa firma, los cuales fueron donados por una pareja de Jerusalén en memoria de su pequeña hija fallecida tiempo atrás. La tarea de componer la lista de los beneficiarios no era nada fácil, tomando en cuenta la cantidad de los pedidos y lo elemental que representa ser un carro de bebé para estas familias.

Sin embargo, algunos de los casos eran incluídos inmediatamente sin precisar de evaluaciones, ya que eran conocidos como preferenciales debido a su difícil situación. Entre estos, se encontraba el caso de una mujer sumamente sufrida, muy debilitada físicamente a raíz de padecer diabetes, la cual a pesar de sus limitaciones, tenía que atender a cuatro pequeños y, entre ellos, a un bebé que no contaba con carrito para transportarlo…

La sonrisa de esta mujer no alcanzaba a reflejar la inmensa alegría y emoción por esta grata noticia y, al día siguiente, se presentó en la sede de la Organización para recibir la unidad tan deseada. Luego de comprobar su funcionamiento y agradecer profundamente a los encargados, ubicó a su bebé en la nueva carriola y se retiró.

Días más tarde, se presentó nuevamente esta mujer, esta vez, para pedir infusiones de insulina ya que las que tenía en su casa se habían agotado. Asombrosamente, su bebé se encontraba… en sus brazos. Cuando una de las voluntarias se acercó para preguntarle lo sucedido con el carrito, ésta estalló en llantos sin poder hablar.

Cuando se repuso de su llanto contó su historia: -No quiero que piensen que soy desagradecida. La verdad es que, cuando obtuve el carrito que ustedes me otorgaron, mi alegría y mi satisfacción eran indescriptibles. Para mí, era vital como el oxígeno. Era el fin de los dolores de mi espalda y columna. Pero… tengo una hermana que vive en un barrio alejado, en el cual no hay instituciones de ayuda como ésta. Cuando me topé con ella, advertí que debía caminar todos los días más de veinte cuadras cargando a su beba por que no tenía dinero para comprar un carrito. Me dio mucha lástima y se lo entregué ese mismo día.

Ante la mirada de sorpresa y de admiración de los responsables, ella completó sus palabras: -No me malinterpreten. No estoy llorando por la falta del carro, sino por que ustedes podrían pensar que no valoro vuestro apoyo. El responsable de este registro agregó al pie de la página, la siguiente nota: “Agradezco a Hashem por ser parte de una organización que ayuda a personas como éstas.”

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