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¿Hay algún judío en el vuelo?

Extraido de jabad magazine , que extrajo de Our man in dakar de Aharon Halperin.

El Rebe me envió a visitar a los shlujim (enviados del Rebe) en la zona de Los Angeles en el verano de 1981. El viaje duró una semana y sirvió como punto de arranque para una nueva columna en la Revista Kfar Chabad. El martes, durante mi primer parada en California, visité el Beit Jabad en S. Monica y pasé cinco horas hablando con el shliaj local, el Rabino Levitansky, viendo sus actividades con estudiantes. Durante las oraciones de la tarde Rabi Levitansky miró alrededor para presentarme a alguien que me ofreciera su punto de vista de L.A. Un hombre que había venido para la Tefilá, de alrededor de cuarenta años y que llevaba una kipá, se ofreció.

Recuerdo su nombre hasta hoy. No debido a que tenga una memoria excepcional, sino debido a su nombre: Jaim Weizman. “No” dijo. “Ninguna relación con ese Jaim Weizman”. El Sr. Weizman tenía una historia extraña para contar. Jaim nació en Boston y sus padres eran tradicionalmente observantes. Cuando todavía era pequeño, la familia se mudó a Hong Kong donde su padre fue nombrado gerente de un negocio muy grande. Los años pasaron en el Oriente, y se alejaron de la tradición judía; Jaim creció totalmente occidentalizado. Después de la escuela secundaria lo enviaron a Oxford. No había rastro de su identidad judía. Allí se conoció con una mujer gentil y, después de un noviazgo de varios años, estaban preparándose para casarse.

Su relación con sus padres se dañó; a pesar de su distancia del Judaísmo ellos querían que su hijo se casara con una joven judía. Las frecuentes discusiones llevaron a aplazamientos repetidos de la fecha elegida, hasta que su hijo cambiara de idea. En su última visita a Hong Kong durante un receso, él les dijo con suma seguridad a sus padres: “La semana próxima me caso. Si lo desean, vengan conmigo a Londres para la ceremonia. Si no, quédense aquí”. Sus padres le dijeron que se quedarían en casa.

“Al principio de la semana,” Jaim relató, “después que el receso acabó, abordé un vuelo para Londres. Era un viaje largo, con varias escalas y antes de aterrizar en Londres, oí un anuncio extraño: “Su atención, por favor. Si viaja una persona judía en este vuelo, le rogamos amablemente que avise al personal de abordo”.
“No sabía qué pensar. Nunca había oído semejante anuncio en un vuelo. Me puse de pie, y me presenté a una azafata, que me llevó adelante, a la clase Ejecutiva. Allí, para mi asombro, vi a un judío barbado; el comandante de abordo estaba de pie junto a él. El comandante se disculpó por el anuncio. “Nunca hemos hecho algo así, pero este señor ha estado perturbando nuestros nervios desde el principio del vuelo. Dijo que había un judío a bordo y él tenía que verlo; al principio probó investigando solo, pero sin suerte. Claro que nos negamos a su demanda a lo largo del vuelo, pero ahora, antes de aterrizar, hemos cedido. Si usted no desea hablar con él, por favor siéntase libre de volver a su asiento. Pero si no le inoportuna – aquí está. Lo siento de nuevo, por ese penoso anuncio”.

“Innecesario es decir, que estaba curioso y me quedé para hablar con el hombre que, ahora, parecía bastante excitado. Hablaba rápidamente, sacó un libro de su maletín y me lo dio: “Esto se lo envía el Rebe de Lubavitch”
“Por favor, tranquilícese” le dije. “¿De qué se trata todo esto?” Y entonces me contó esta historia:
“Me dedico a la venta de piedras preciosas. Viajo por un negocio importante y soy un jasid del Lubavitcher Rebe. Me encontré privadamente con él la semana pasada y le dije que viajaría a Hong Kong y Londres. Antes de que dejara su oficina el Rebe me dio una copia recientemente impresa de Tania y su bendición para un viaje exitoso. Me dio una copia adicional y dijo: “A veces uno encuentra judíos en un vuelo. Si eso sucede, se debe tener otro Tania preparado”

“Pregunté qué era ese libro, pero no pude entender una sola palabra de su respuesta. Lo abrí en una hoja marcada por el señalador, y le pedí que me dijera por lo menos lo que decía en esa página. él leyó y tradujo al inglés. La mayoría estaba más allá de mi comprensión, salvo un pasaje que decía que el más humilde de los judíos incluso, sacrificaría su vida por Kidush Hashem, santificar el Nombre de Di-s. Y en un flash entendí lo que mis padres habían estado gritando todo el tiempo: incluso el judío más alejado debe casarse con una mujer judía.

“Le agradecí el libro y continué mi camino. Mis pensamientos me martillaban continuamente: ¿Por qué todos estos eventos estaban viniendo juntos? Cada momento que pasaba me hacía sentir más vacilante con respecto al matrimonio. “Dos días después le dije a mi novia que me sentía muy intranquilo sobre el tema; Necesitaba algún tiempo solo antes de tomar una decisión”. Esa tarde llamé a mis padres y les conté toda la historia, para su gran sorpresa y alegría. Mi padre sugirió que visitara a mi abuelo en Nueva York. él podría enseñarme algunos elementos esenciales de Judaísmo, y yo tendría más argumentos sobre el asunto del matrimonio y el matrimonio “mixto”. Acepté su consejo.

“El Tania que el Rebe envió siempre está conmigo. También he asistido a varios farbrenguens reuniones jasídicas. No soy un jasid y probablemente ni siquiera ortodoxo; pero soy mucho más que “tradicionalista”. He formado un hogar judío; mi esposa es de una familia observante. “Soy Consultor Senior de Management y Marketing y viajo mucho por California. Cuando llego a un Beit Jabad, como lo hice hoy en S. Monica, y me encuentro con estudiantes de la universidad que los shlujim están acercando al Judaísmo, les cuento mi propia historia. Les muestro mi Tania – tengo una traducción al inglés ahora también – abro la página 22, y les leo las líneas que me rescataron de la asimilación.”

Volviendo de mi viaje a Los ángeles, me pidieron que escribiera un informe para el Rebe. Escribí brevemente sobre la revolución espiritual que había visto, y que era mi intención, empezar a reproducirlo en la Revista. Minutos después de que entregué el informe, el secretario del Rebe me encontró y me dio la contestación del Rebe: “No hay necesidad de entusiasmarse tanto por el éxito, porque se nos ha prometido: ‘ Busca y encontrarás’ – mucho más allá del esfuerzo realizado…”.

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