Estudiando
5.Koraj
El Libro de Bamidbar (Números)
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Farbrenguen: Likutei Sijot

Extraido de Sijot en español

Una Antologia de Alocuciones del Lubavitcher Rebe Rabí Menajem Mendel Shneerson Sobre las Lecturas Semanales de la Torá y Ocasiones Especiales del Calendario Judío
Un proyecto de Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Kóraj publicamos la primera parte de la Sijá correspondiente a la Sección Kóraj, del Volumen II de Likutei Sijot.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908. Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
25 de Siván de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. Uno de los temas abordados por la Sección Semanal (Kóraj) es el de los matnot kehuná, los presentes que debían entregarse a los Kohaním (sacerdotes). La mitzvá de los “presentes a los Kohaním” consiste en que de todo lo que la persona posee tiene el deber de entregar una parte a los Kohaním. [Este deber abarca a diferentes categorías de bienes: Se debe separar un presente para el Kohén] de aquello que pertenece a la categoría de or pnimí –la “luz interior”–, como ser Terumá y Bikurím, y también de los que provienen del or makíf –la “luz abarcadora”– como reshít haguez, la primicia de la esquila, lo que se relaciona con las vestimentas de la persona.

Las Escrituras explican que el sentido de los matnot kehuná es que se debe dar a Di-s de lo primero [y mejor] de cada producto. [Pero debemos aclarar: Si el concepto es “entregar a Di-s”, ¿por qué se daban los presentes a un Kohén? La explicación es la siguiente:] De los Kohaním se ha dicho: [“No tendrá patrimonio entre sus hermanos;] Di-s es su patrimonio”. Ellos no tenían conexión con cuestiones materiales, “Di-s es su patrimonio”. Así, en realidad, los regalos eran dados a Di-s, y los Kohaním los tomaban como presentes obtenidos “de la mesa de lo Alto”.

[Así visto, el propósito de esta mitzvá no es la mera entrega al Kohén, sino la toma de conciencia por parte de la persona de que sus bienes materiales son el resultado de la bendición Divina, y por lo tanto debe entregar a Di-s lo mejor de ellos]. Por eso, conforme escribe Maimónides, el concepto [y sentido interior de los matnot kehuná] continúa vigente también en la actualidad: “Cuando se alimenta a un pobre, se le debe dar de lo mejor y más delicioso de la mesa; cuando se viste al desnudo –‘cuando veas un desnudo, cúbrelo’–, se le debe dar de las prendas más bellas que uno posea; cuando se erige un Beit Tefilá –Templo para la Plegaria– se lo debe construir más hermoso que la propia casa, [todo esto] conforme declaran las Escrituras: ‘Toda la ‘grasa’ [es decir, lo mejor y más suntuoso,] es para Di-s’”.

–[El Mishné Torá de] Maimónides es considerado generalmente una obra que pertenece al ámbito de la faceta exotérica de la Torá, [lo netamente legal y técnico]. Aun así, en muchos pasajes [de su obra] éste introdujo expresiones que insinúan conceptos pertenecientes al Pnimiut HaTorá –la faceta oculta y mística de la Torá–. [Sin embargo,] en este pasaje, [con sus tres ejemplos,] Maimónides hace alusión a los tres conceptos de “alimento, vestimenta y vivienda”–.

La idea es la siguiente: La persona debe dar de todas sus pertenencias –alimento, vestimenta y vivienda– la primera y mejor parte al “Kohén que se halla en el interior de su alma”, o sea, [que todos sus asuntos ‘personales’ deben estar orientados] a cuestiones pertenecientes al ámbito de la santidad. En este contexto, el “pobre” al que le falta “alimento” y “vestido” es el Néfesh Elokít (el Alma Divina) del beinoní (el judío intermedio). Con respecto al “techo”, el Rambam se refiere explícitamente a una “Casa de Plegaria”, que es manifiestamente para Di-s.

Para que la conducta de la persona se adapte a este principio conforme todos sus detalles, ésta debe ser prologada con una preparación [mental y emocional concienzuda], y así concluye Maimónides [el texto citado]: “Cuando se consagra algo a Di-s, uno debe entregar de lo mejor de sus posesiones, como está escrito: ‘Toda la ‘grasa’ es para Di-s’”. La persona debe incorporar como principio rector [de su vida] que “lo principal es para Di-s”; de ese modo, toda su conducta en cuanto a “alimento, vestimenta y vivienda” estará orientada a entregar lo mejor al “Kohén que se halla en el interior de su alma”.

Esta visión de la vida, y la conducta que de ella resulta, afecta también la situación material del hombre. Como estamos tratando con los “presentes al sacerdocio”, es pertinente extraer una enseñanza de un episodio [relatado por nuestros Sabios] vinculado a esta mitzvá: Cierta vez, un judío entregó en concepto de diezmo una cantidad menor que la que estaba obligado a dar. Al año siguiente, su producción total fue apenas tanto como lo que debería haber dado al Kohén.

2. Este principio se aplica de igual manera al [aprovechamiento del] tiempo: En la vida hay momentos en los que el hombre no está involucrado en las cuestiones mundanas. En general, estos son sus primeros años de vida. Luego existen momentos en los que sí se involucra en asuntos materiales. [Y así como hay diferentes momentos y épocas a lo largo de toda una vida, del mismo modo] en el curso de un año [calendario, el cual abarca diferentes ciclos,] también [se experimentan situaciones similares:] Existen días comunes de la semana en los que estamos atareados [con asuntos mundanos], y existen el Shabat y los Días Festivos en los que no estamos involucrados [con éstos], particularmente en Rosh HaShaná y los Diez Días de Teshuvá, cuando “la luminaria se acerca de la chispa”.

También [en este contexto] debemos saber que “toda ‘grasa’ es para Di-s”: El primer y mejor momento [del día] debe ser dedicado a Di-s. Todos los días, el mejor momento, y el más tranquilo, es no bien uno despierta. En esos instantes [iniciales] la persona goza de tranquilidad mental. Ese momento debe ser entregado a Di-s, como está escrito: “Lo primero de vuestra masa –reshit arisoteijem-, entregarán como ofrenda a Di-s”. Mi suegro, el Rebe [anterior], interpretó que “Lo primero de vuestra masa”, alude a que tan pronto como el judío se levanta de su lecho, [de su arisá, en ese momento] “entregarán como ofrenda a Di-s”, es decir, ese [preciso] momento el judío debe entregárselo a Di-s.

Por esta razón, cuando en los Estados Unidos se debatió el programa de estudios en las Ieshivot, el Rebe [anterior] se mantuvo muy firme en su posición de que las mañanas debían ser dedicadas a limudéi kodesh –los estudio sacros de Torá y judaísmo–, mientras que los estudios seculares debían dejarse para después del mediodía. Pues por la mañana, cuando la mente está descansada, es el mejor momento, [y en consecuencia debe ser dedicado a la Torá,] conforme dictamina Maimónides: “Toda ‘grasa’ es para Di-s”. Más tarde, en el transcurso del día, uno puede involucrarse en [el estudio de] aquellas cosas sobre las cuales se dice: “Di-s, tu Señor, te bendecirá en todo lo que hagas”.

El mismo principio es aplicable también a los hombres de negocios. Si bien su ocupación los involucra con cuestiones mundanas, deben saber [y reconocer], no obstante, que lo principal [de sus vidas] es la Torá y la Tefilá (plegaria), y que el primer y mejor momento del día debe ser dedicado a Di-s. Lo primero [del día, antes de cualquier otra cosa,] debe ser la plegaria. Luego se debe estudiar Torá, en concordancia con la norma [establecida en la Halajá, Ley Judía] que “del Beit HaKneset (la Sinagoga) se debe ir al Beit HaMidrash (la Casa de Estudios)”, y sólo después se puede comer el “pan matutino” (desayuno). El Tzemaj Tzedek establece que el momento para el “pan matutino” es luego de la plegaria de la mañana, pero como uno debe ir del Beit HaKneset [inmediatamente] al Beit HaMidrash, el momento del desayuno, por ende, queda relegado para después del estudio. Sólo a partir de entonces la persona tiene permitido ocuparse de cuestiones mundanas.

Debemos saber que la Torá y la Tefilá constituyen lo primordial [de nuestras vidas]. Es erróneo actuar teniendo incorporado que lo principal son los negocios, reduciendo el estudio de la Torá a “Un capítulo por la mañana y otro por la noche” sólo con la intención de satisfacer la obligación mínima estipulada en el Shulján Aruj, murmurando las palabras [de Torá] sin escuchar lo que se dice y sin reflexionar acerca de lo que se escucha. El mejor momento, las mejores fuerzas y energías, el esfuerzo mental y aun el físico, debe ser dedicado a la Torá y a la Tefilá.

Si bien [encontramos normativas que parecerían contradecir lo dicho, por ejemplo:] acerca de la terumá (el presente agrícola que debía llevarse al Kohén) se dijo que debe separarse de tal manera que fuera “una primicia cuyo sobrante sea notorio”, [es decir, no sólo que no hay que entregar todo al Kohén, sino que debe ser notable que se deja para uno mismo], y en espíritu similar [encontramos restricciones] en relación con el maaser (el diezmo de las ganancias que debe entregarse como tzedaká), [pues] éste debe totalizar una décima parte, [o sea, la Halajá impone un límite a la obligación de dar], y en este sentido [el Sabio talmúdico] Usha dictaminó que [aun si se desea ser sumamente generoso] no se puede dar más que la quinta parte [de las ganancias] – [la respuesta es que] el Alter Rebe escribe que cuando se trata de salvar una vida “la curación del alma ciertamente no es inferior [a la del cuerpo, cuando la suma de dinero que se gasta no tiene restricciones] y ‘todo lo que el hombre tiene lo dará por [salvar] su vida’”, [lo que significa que cuando la tzedaká es dada con el propósito de purgar al alma de sus pecados y de ese modo “salvar la vida”, todas las mencionadas restricciones no rigen].

Pero aun sin considerar lo que escribe el Alter Rebe, [las mencionadas restricciones a la tzedaká no contradicen el concepto antes desarrollado, pues] nuestro tema no está relacionado con el concepto de tzedaká, [pues el factor principal de tzedaká es la “cantidad”, en tanto que el concepto de “toda la ‘grasa’ es para Di-s” alude a la “calidad” de nuestra entrega]. Así, incluso si la persona dedica la mayor parte de su día a cuestiones mundanas y sólo la porción más pequeña de su tiempo es aplicada a Torá y tefilá, ese tiempo reducido, de todos modos, constituye lo principal de todo el día. Por lo tanto, debe ser de lo mejor – “la ‘grasa’ [lo más ‘sabroso’ del día]”.

El prólogo y la preparación [adecuada] para aprovechar [cualitativamente al máximo] los primeros momentos del día es kabalat ol –sumisión total a Di-s–: inmediatamente al despertar del sueño se debe recitar el Modé Aní con el sentimiento de kabalat ol, teniendo incorporado concienzudamente que “toda la ‘grasa’ es para Di-s” y, como se mencionara antes, esta actitud afectará también la realidad material, [económica,] de la persona.

(De una Sijá de Shabat Parshat Kóraj, 5714)

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