Estudiando
6.Jukat
El Libro de Bamidbar (Números)
+100%-

Farbrenguen: Likutei Sijot

Extraido de Likutei Sijot

Una Antologia de Alocuciones del Lubavitcher Rebe Rabí Menajem Mendel Shneerson Sobre las Lecturas Semanales de la Torá y Ocasiones Especiales del Calendario Judío
Un proyecto de Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Jukat publicamos la la Sijá correspondiente a la Sección Jukat, del Volumen II de Likutei Sijot.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908. Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
3 de Tamúz de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. En los Midrashím de nuestros Sabios vinculados a la Sección Semanal Jukat se comenta que las “Nubes de Gloria” [que guiaban y protegían al pueblo judío durante su travesía por el desierto] estaban gracias al mérito de Aharón, el “Manantial” [que los abastecía de agua en ese mismo período histórico] por el mérito de [su hermana,] Miriam, y el Maná, [el alimento que caía del cielo], por el mérito de Moshé. Cuando Aharón y Miriam partieron de este mundo, las “Nubes de Gloria” y el “Manantial” desaparecieron, pero luego, en mérito de Moshé, fueron restituidos.

Si bien la Torá es [un libro de] Jojmá (sabiduría) –conforme lo declara el versículo: “Pues ella es vuestra sabiduría y entendimiento ante los ojos de las naciones”– no se la llama Jojmá sino Torá, un vocablo derivado de la palabra horaá (instrucción, enseñanza). Esto es así pues cada tema y concepto que relata la Torá constituye una horaá, una instrucción eterna para [ser puesta en práctica en] el día a día en todo lugar. Es decir, no sólo los preceptos de la Torá, [compuestos por las dos categorías generales de] mitzvot asé –Preceptos Positivos, harás– y mitzvot lo taasé –Preceptos Negativos, no harás–, son una instrucción para la vida, sino también los relatos de la Torá nos proveen de lecciones para la vida.

De hecho, incluso las mitzvot no fueron escritas en la Torá como órdenes, sino como parte de una narración: “Di-s habló a Moshé” y luego “Moshé habló al pueblo judío”. Así, al igual que las mitzvot que aunque escritas en un estilo narrativo constituyen lecciones para la vida, del mismo modo los relatos de la Torá también son enseñanzas [y no mera información histórica], pues también ellos forman parte integral de la Torá, [de la horaá, lección].

[Es por esta razón que encontramos que] Maimónides escribe (y en la Guemará se insinúa el mismo concepto) que no hay diferencia alguna entre los versículos “Timná era concubina…” y “Oye Israel,…”. Si bien el segundo de éstos hace referencia a uno de los principales preceptos [de la Torá, el de la Unicidad de Di-s], en tanto que el primero parecería un mero relato, [aun así,] dado que ambos son parte de la narrativa [de la Torá], ambos contienen enseñanzas y son componentes de la Sabiduría y Voluntad Divinas, [por lo que conceptualmente tienen el mismo peso y entre ellos no hay diferencia alguna].
Así, tal como todos los relatos de la Torá contienen su enseñanza, del mismo modo es con el relato mencionado inicialmente: también éste porta un mensaje y lección para la vida cotidiana.

2. Estos tres elementos –“Nubes de Gloria”, “Maná” y “Manantial”– pueden entenderse [también de un modo conceptual] y [ser interpretados como aludiendo a tres diferentes niveles y aspectos que] se hallan en la Torá [misma].
[Para comprender el paralelismo entre estos tres conceptos y la Torá, antes debemos clarificar el significado simple, físico y concreto, de cada uno de ellos, ubicados en el contexto histórico del éxodo del pueblo judío de Egipto:]

Las Nubes de Gloria resguardaban [a los judíos] de los factores externos. Ofrecían protección [de cualquier fenómeno que se originara en alguno] de los cuatro puntos cardinales: Eliminaban a las serpientes del desierto, alisaban los terrenos montañosos [y dispersaban toda molestia resultante de la naturaleza. Además,] mantenían limpias las vestimentas [de todo el pueblo], como fuera dicho: “Tu vestimenta no se desgastó”. Todos estos son instancias que hacen a la protección externa.

El Maná era un artículo comestible y en él podía degustarse cualquier sabor que se deseara. La ingesta de alimentos consiste en incorporar e internalizar [lo ingerido].
El Manantial, agua, no es alimentario en mérito propio; por eso dice Maimónides que no se puede hacer un eruv con agua, pues el agua no sacia, y un eruv sólo puede hacerse con algo que sacie. [En cambio,] la función del agua es trasportar [los nutrientes de] el alimento ingerido a todas las partes del cuerpo.
Estos tres aspectos son inherentes a la Torá: En la Torá hay una facultad mediante la cual penetra en la persona; también tiene una faceta que brinda protección externa; y también lleva estos dos aspectos a todos los judíos, [cuyas almas conforman un ‘gran cuerpo’].

3. Como ya se explicara, el vocablo Torá deriva de “horaá, enseñanza”. La Torá nos indica [cómo debe ser] el modo de conducirnos en nuestra vida. Este es el aspecto de la Torá que penetra dentro [de la persona], tal como el Maná [llegaba a las entrañas de la persona]. La Torá debe ser [estudiada y] entendida incorporándola e internalizándola de modo que uno sepa cómo debe ser su propia conducta, la de su familia y la de su descendencia.

Según esta analogía, que compara la Torá con el Maná, existen diferencias entre un judío y otro, pues como se está hablando de internalizar conceptos, [ésta es una cuestión personal, que] cada cual [lleva a cabo] conforme sus propias características individuales. Así también el Maná era recibido de diferentes maneras, desde un pan listo para comer hasta una sustancia que debía ser previamente triturada en un mortero: los tzadikím –los hombres piadosos, rectos– lo recibían listo [para su uso inmediato], pero los reshaím –pecadores– lo recibían en un estado diferente.

[En contraste,] en cuanto a las Nubes de Gloria y el Manantial no había diferencia alguna [entre un judio y otro; las Nubes cubrian, y el Manantial abastecia, a todo el pueblo por igual]. Solo con el Mana [habia diferencias], ya que este es de un caracter interior [personal].
Lo mismo sucede con la [mitzva de estudiar] Tora: A algunos, sus circunstancias les imponen cumplir su deber de estudiar Tora con apenas el recitado del Shema, en tanto que otros deben estudiarla el dia entero.

El mismo criterio se aplica a los hidurim [de mitzva. Cada uno debe asumirlos en conformidad con su nivel personal en el servicio a Di-s]. Es mas: Hay hidurim de mitzva que [de tan especiales y especificos] solo son obligatorios para aquel que se encuentra en un nivel espiritual que amerita practicarlos, pero a otra persona que no esta en dicho nivel le esta prohibido hacerlos, pues aparentaria ser presuntuoso de su parte. Asi, en este caso, las mismas cosas que le estan prohibidas a una persona comun se tornan obligatorias a los individuos prominentes, en quienes [dado su grado de responsabilidad,] su omision se consideraria un Jilul Hashem ¡Profanacion del Nombre Divino!, Di-s libre.

4. La Tora tambien tiene una cualidad similar a las Nubes de Gloria y por su intermedio brinda proteccion exterior.
Cuando la persona debe salir al «desierto» -[cuando su alma desciende a] este plano fisico de la Creacion, denominado mundo de las kelipot y la sitra ajara, un desierto grande y temible… en el que no hay agua sino solo kelipot, «viboras, serpientes y escorpiones», lo protege la facultad de mesirut nefesh -la entrega incondicional a Di-s- inherente en cada judio, sin excepcion. Esta facultad [del alma] se nutre del hecho de que Israel, [el nombre de cada judio,] esta formado por las iniciales de Iesh Shishim Ribo Otiot LaTora, «hay 600.000 letras en la Torá”. [Así, todo judío debido a su condición de Israel, mantiene su conexión con la Torá y por medio de ella con Di-s, el Dador de la Torá, de modo que todas las almas judías forman en su conjunto un ‘Rollo de la Torá’ perfecto, pues] la idónea integridad de un Rollo de la Torá depende exclusivamente de la presencia de todas sus letras, [representando, cada una de ellas, a un judío].

Por lo tanto, cada judío –incluso aquel de nivel espiritual sumamente inferior– tiene [en su interior, por el mero hecho de ser un integrante de la Comunidad de Israel y, en consecuencia, estar conectado con la Torá,] el poder de mesirut nefesh, la capacidad de [estar dispuesto a] entregar [incluso] su propia vida en aras de Kidush Hashem –la Santificación del Nombre de Di-s–.
Este es el aspecto de ‘Nubes de Gloria’ presente en la Torá. Las Nubes de Gloria incluyeron y abrazaron a todos los judíos desde el momento de Kriat Iam Suf –la Partición del Mar [tras abandonar Egipto]– hasta su ingreso a la Tierra de Israel. Estas abarcaron incluso a aquellos que [al salir de Egipto] llevaron consigo un pésel –una estatua idolátrica–.

Análogamente, también hay un aspecto de la Torá –el que agrupa a sus 600.000 letras– que abarca a todos los judíos, desde “el más grande entre los grandes” hasta “el más bajo entre los inferiores”, brindándoles la fuerza y firmeza requeridas para atravesar el “gran y temible desierto” sin verse afectados por la presencia de “víboras, serpientes y escorpiones”, y mantenerse “erguidos” imbuidos de un sentimiento de mesirut néfesh.

Mi suegro, el Rebe [anterior], contó que [al inicio de la II Guerra Mundial,] cuando caían bombas sobre Varsovia, la gente corría a buscar refugio. En una de esas oportunidades, se había reunido un gran grupo heterogéneo: el Rebe, gente de nivel intermedio, personas comunes, y algunos que pensaban que nada tenían que ver con el judaísmo. Sin embargo, cuando explotó una bomba muy cerca de allí, todos, absolutamente todos, exclamaron al unísono “¡Shemá Israel...!”

[Este episodio evidencia que] en el momento en que se “toca” la Iejidá (esencia) del alma –si bien es difícil llegar a ella, cuando ello sí sucede, ya sea debido a circunstancias extremas, como en el incidente citado, o de manera placentera– incluso el judío del nivel espiritual más bajo grita el “Shemá Israel” con la misma firmeza [e intensidad] que un líder de Israel [de la talla espiritual del Rebe anterior].

Quizás ellos exclamaron Shemá Israel porque estaban en el mismo recinto que el [Rebe, el] “Alma Colectiva” [que abarca a todo el pueblo judío] de la cual ellos eran partes [individuales] específicas. Esta proximidad, sin embargo, hizo que se despertara su Iejidá. El grito de Shemá Israel surgió de su propia Iejidá.

5. Para que en todo judío se manifiesten las dimensiones de “Maná” y de “Nubes de Gloria” presentes en la Torá, se precisa el aspecto de [“Manantial de] Agua” de la Torá.
[La explicación del concepto es la siguiente:]
Tal como el agua desciende de un sitio alto a uno bajo, del mismo modo la Torá descendió y se invistió “abajo”, [expresándose en el idioma de quienes habitan el plano inferior físico de la Creación,] – “una hermosa sabiduría en un recipiente sucio”. En virtud de este descenso de la Torá, todo judío, cuando recita [un párrafo de la] Torá SheBijtáv –la Torá Escrita– (aun si no entiende el significado de las palabras) o estudia Torá SheBeál Pe –la Torá Oral– (aun si no entiende más que su significado simple), por medio de ello [es decir, conectándose con la Torá tal como ésta descendió a su nivel,] puede manifestar [e incorporar en sí mismo] las dimensiones de “Maná” y “Nubes de Gloria” de la Torá.

Tal como el agua transporta [los nutrientes de] el alimento a todas las partes del cuerpo, lo mismo sucede con el “Agua” de la Torá: cuando la Torá descendió y se invistió “abajo”, trajo consigo el “Maná de la Torá” y las “Nubes de Gloria de la Torá” para todo el “Campamento de Israel”, para cada hombre y mujer judíos, satisfaciendo todas y cada una de sus necesidades.

6. Ahora ya podemos entender por qué el Maná se relaciona con Moshé, las Nubes de Gloria con Aharón, y el Manantial con Miriam.
Moshé era el “Pastor de Israel”. El se hizo cargo de cada judío de acuerdo las necesidades individuales de aquel. De él se cuenta que cuando llevaba el ganado a pastar, alimentaba hierbas tiernas a las crías jóvenes y matas a las mayores, pues el pastoreo se relaciona con el ser interior y por ende debe ajustarse a cada uno. Y a ello se debe que el Maná, que es [alimento] interior y se vincula con las diferencias de cada uno, [como se explicó antes], cayó en mérito de Moshé.

Aharón “amaba a las briot (criaturas)”. Amaba incluso a aquellas personas que no tenían otra virtud más que ser “criaturas [de Di-s]”. Es por eso que sólo de él se dice que [con su desaparición] “Toda la Casa de Israel lloró a Aharón treinta días”. El amor que él tenía por todas las criaturas generaba en ellas que desearan cumplir las mitzvot, aun cuando por sí mismas no sentían inclinación alguna por ello. Conforme lo explicado, se entiende por qué las Nubes de Gloria se mantenían en mérito de Aharón, ya que todo sigue el principio de “medida por medida”: Como él amaba a todas las briot sin hacer diferencias, él proyectó [al plano físico] las Nubes de Gloria que abrazaban y abarcaban a todos los judíos por igual.

En cuanto a Miriam, esta escrito que ella era Púa, aquella mujer de la que la Torá cuenta que se entregó a la crianza de los niños pequeños en Egipto. ¿Por qué se la llamó Miriam, [un término derivado de mar, ‘amargo’]? Porque vivió en la época más dura [y amarga] del galut; pero, aun así, ella profetizó que el salvador de Israel estaba próximo a nacer. De esta forma ella no sólo contrarrestó el decreto del Faraón sino también el de Amrám [su padre], pese a que el de este último tenía sus válidos fundamentos. Ella actuó con mesirut néfesh para criar a aquellos niños que luego, [en la Partición del Mar,] habrían de decir: “Este es mi Di-s, y Lo alabaré”, la generación que recibiría la Torá. En su mérito estaba el Manantial, había agua, pues [el sentido de] ‘agua’ es [el de] acarrear la Torá y sus conceptos a un sitio “bajo”, es decir, a aquellos que se encuentran en el extremo mismo del campamento.

7. La presencia de las Nubes de Gloria y el Manantial cesaron con la desaparición física de Aharón y Miriam, pero luego fue restituida en mérito de Moshé. Indefectiblemente, esto demuestra que Moshé dio inicio a un nuevo estilo de avodá (servicio a Di-s). Si bien la avodá singular de Moshé era la de ser el Pastor de Israel (el aspecto de ‘Maná’), su nuevo modo de avodá, sin embargo, restituyó también las Nubes y el Manantial.

El verdadero aspecto distintivo de un Pastor de Israel es que no se restringe a la avodá asociada con su propio ser y personalidad, sino que cuando las circunstancias así lo demandan se ‘olvida’ de sí mismo y se sacrifica en aras de Israel.
Cuando es preciso acercar los corazones de Israel a la Divinidad, incluso el del individuo menos valorado, el Pastor de Israel abandona todas sus cuestiones personales y estudia el alef-bet con los judíos, ya sea el alef-bet [los primeros pasos] de la Torá y sus mitzvot o el alef-bet en sentido más literal.

Si bien [se podría argumentar que] aquí estamos hablando de un Kohén –de modo que ‘¿qué hace un Kohén en el ‘cementerio’?’, pues “los pecadores son llamados ‘muertos’ aun en vida”– y [el Pastor de Israel] es un ‘anciano’, o sea, “aquel que ha adquirido sabiduría” –por lo que ‘¿qué hace este anciano ocupándose de restituir un objeto extraviado?’, ¡ello es inconsistente con su honorabilidad y no es su función! ¡Su tarea es la de enseñar a los líderes judíos cómo guiar a su pueblo, y no la de dedicarse a gente indigna!–. Sin embargo, [vemos de Moshé que estos argumentos no son válidos en este caso;] no obstante, cuando Aharón y Miriam partieron de este mundo y no había quien los reemplazara en sus tareas, la “Cabeza de Israel” se ocupó de estos temas. él mismo se involucra en estas cuestiones aunque no sean acordes a su estatura.

8. En el Tania está escrito que cada judío tiene dentro de sí una chispa de [el alma de] nuestro Maestro Moshé. Por lo tanto, el principio mencionado antes [concierne a todos y] brinda una clara lección a cada judío:

Si bien cada uno tiene su propia tarea [y misión espiritual personal], no obstante, cuando falta el “Manantial” que es en mérito de [alguna] “Miriam” y las “Nubes de Gloria” que son en mérito de [algún] “Aharón”, y existe la amenaza de “víboras, serpientes y escorpiones”, en una situación tal, de cada uno se demanda que él sea quien restituya el ‘Manantial’ y las “Nubes”, sin considerar si ésta es su función o no.

Aun si esta persona fuera una que se encuentra en un estado personal tal que nada tiene que temer de “víboras, serpientes y escorpiones” –pues la Imagen Divina se manifiesta sobre él de modo que nada se le puede imponer, como señala la Guemará: “La bestia no tiene dominio sobre el hombre, a menos de que éste le parezca un animal” – no obstante ello, dado que para la otra persona ésta sí es una situación de peligro y es posible que no estén el “Aharón” o la “Miriam” que se preocupen por impedir el daño, su situación es una de Pikúaj Néfesh [espiritual] –cuando corre peligro la vida [del alma]–; y [así como] ante una situación de pikúaj néfesh [literal] se profana el Shabat y ésta hace a un lado a la Torá por entero incluso de imperar diversas dudas [si efectivamente se salvará esa vida], y aun cuando sólo se trate de prolongar apenas por un momento la vida de la persona [en peligro], en consecuencia, [del mismo modo, cuando hay riesgo de “muerte espiritual”, la situación compromete a cada uno individualmente, de manera que] él tiene que ser aquel que se involucre en la tarea de asegurar que estén el “Maná”, las “Nubes” y el “Manantial”, [aunque para ello tenga que renunciar momentáneamente a su propia misión espiritual específica].

Cuando la persona “se corre a un costado” [dejando de lado su calidad espiritual personal] y no sopesa si éste es su rol o quizás su función sea [la de abocarse a una cuestión] superior, y acerca a los judíos a su Padre Celestial, Di-s lo acercará entonces a él junto a su familia. Les concederá todo lo que precisen, incluyendo lo principal de todo: [otorgarles la posibilidad y las fuerzas para] concretar el “Harán para Mí un Santuario” – pues ésta una mitzvá que incumbe a la comunidad como un todo –tanto a hombres como a mujeres– y ello hará que “Yo moraré dentro de ellos”, en el interior de cada integrante del pueblo judío.

(de una Sijá del 12 de Tamuz, 5713)

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