Estudiando
1.Bamidbar
El Libro de Bamidbar (Números)
+100%-

Farbrenguen: Likutei Sijot 1

Extraido de Sijot en español

Una Antologia de Alocuciones del Lubavitcher Rebe Rabí Menajem Mendel Shneerson Sobre las Lecturas Semanales de la Torá y Ocasiones Especiales del Calendario Judío
Un proyecto de Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch

En ocasión de Shabat Parshat Bamidbar publicamos parte de la Sijá correspondiente a la Sección Bamidbar, del Volumen II de Likutei Sijot.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908.
Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
26 de Iyar de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. La primera mitzvá del Libro Bamidbar, [Números, el cuarto Libro de la Torá,] es la de censar al Pueblo de Israel, [como declara el versículo]: “Hagan el censo de toda la Congregación de los Hijos de Israel…”. Por este motivo, la Guemará llama a todo este Jumash, [el cuarto del Pentateuco,] con el nombre de Pekudím (cuentas).

El conteo –minián– de algo no guarda conexión directa con el elemento contado, ni evidencia, en absoluto, su importancia intrínseca, pues en el [mero] acto de “contar” todo tiene un valor idéntico, no hay diferencia entre lo grande y lo pequeño, sea en cantidad o en calidad. Cuando algo es contado, [incluso] lo más grande [no es más ni] no vale más que 1, mientras que lo más pequeño no es menos que 1. El conteo no señala, de ninguna manera, la importancia [individual] de los elementos contados.

Incluso [llegar a] la condición de ser un ben esrím, tener 20 años de edad –imprescindible para participar en el censo [relatado en nuestra Sección de la Torá]– no es algo que dependa del esfuerzo y la avodá (servicio espiritual) del hombre, ni se relaciona con la esencia de la persona, sino que resulta involuntariamente con el correr del tiempo. [En este contexto se aplica el principio halájico que sostiene que] “el hecho de que falte tiempo [para que se consume indefectiblemente determinada acción] no se considera que la acción falte”.

Conforme lo explicado –que [el censo] es algo superficial que no se relaciona con [el] significado e importancia [del elemento contabilizado]– resulta difícil entender por qué es ésta la primera mitzvá [del Libro Bamidbar,] y constituye, a su vez, el fundamento de todo este libro del Jumash, de modo que ¡todo el Libro es llamado Sefer HaPekudím – [el “Libro de las Cuentas”]!

2. La Halajá (ley judía) establece que “algo contado no se anula”. Esto es así porque el conteo pone en evidencia la peculiaridad del articulo contado. [Es decir,] una determinada importancia del género en cuestión es la causa de que se cuente cada uno de sus componentes de manera individual. Resulta, entonces, que si bien el censo no expresa el significado intrínseco ni el valor individual de cada uno de los componentes [del género contado,] sí pone de manifiesto la importancia del género [en general] respecto de otros grupos, [clases o especies].

Esta explicación, sin embargo, no aclara lo suficiente [nuestro tema]. Es cierto que gracias al conteo [de las unidades] se entiende que se trata de un género que, en su globalidad, tiene trascendencia. Pero a decir verdad, el conteo no es más que un indicio [una “señal”,] que hace notar cierta trascendencia, pero no constituye su causa, [es decir,] no produce esta trascendencia [del género, sino que es ciertamente a la inversa: el género es importante por sí mismo, y por eso se contabilizan sus componentes, y es por medio del acto de contar que se expone su importancia preexistente].

En base a este concepto podemos comprender la diferencia entre et shedarkó lehimanot –“aquello que generalmente se cuenta”– y kol shedarkó lehimanot –“todo lo que generalmente se cuenta”–. (Et shedarkó lehimanot es algo que siempre se cuenta, por lo que no se anula, en tanto que kol shedarkó lehimanot son aquellas cosas que a veces se venden por unidades contadas y otras veces no). Si la trascendencia del davár shebeminián –“aquello que es contado”– radicara exclusivamente en el conteo, no habría diferencia alguna entre [los objetos y artículos agrupados bajo la denominación de] et shedarkó lehimanot y [aquellos que pertenecen al grupo de] kol shedarkó lehimanot, pues: ¿qué diferencia hace si el elemento es contabilizado a menudo [o no]?

Independientemente de ello,] en aquellos casos en que sí fue contado [debería aplicársele la ley de que de mezclarse con otros elementos] no debería anularse [su individualidad]. De esto resulta claro que el aspecto distintivo [del elemento contado] radica en el objeto mismo, pues por sí mismo es trascendente, mientras que el minián (la cuenta), no es más que un indicio que nos permite notar su importancia. A ello se debe que Rabí Iojanán opine, (y así queda establecido en la Halajá), que cuando algo es a veces contado y otras no [para su comercialización], sí se anule, pues, por sí mismo, este objeto no tiene importancia. Así, vemos que el concepto de “censar”, “contar”, es insubstancial. Entonces, ¿cómo se entiende que la mitzvá de contar sea considerada tan fundamental, al grado de que todo el Libro [Bamidbar] sea llamado en alusión a ella: jumash hapekudím – el “Libro de las Cuentas”?

3. Ninguna cosa, y en especial si está relacionada con la Torá y las mitzvot es fortuita, Di-s libre. Todo obedece a la Providencia Divina. Por lo tanto, debemos decir indefectiblemente que tambié el indicio [o un mero “indicador”] de algo guarda estrecha relación con la cosa propiamente dicha. Lo mismo es válido para el concepto de minián. El hecho de que este minián –el censo o conteo de algo– constituya un “indicador” que denote su trascendencia nos obliga a pensar que el minián mismo reviste importancia.

Lo que explicáramos antes –que el minián mismo no tiene relevancia– se refiere al minián propiamente dicho cuando éste no está relacionado con un elemento importante; pero cuando éste s relaciona con algo que sí lo es, la importancia intrínseca del objeto del minián se transmite también a la cuenta, el minián, de modo que en el minián mismo se vislumbra la trascendencia del elemento contado. Es sólo que [en esa instancia,] cuando la trascendencia del objeto del minián se detecta por intermedio del minián, la misma se expresa sólo de un modo superficial.

Tras esta explicación, se entiende por qué todo el Libro Bamidbar se llama Jumash HaPekudím. Si bien es cierto que el minián, por sí solo, no asigna relevancia alguna al objeto contabilizado, dado que por su intermedio se manifiesta la importancia intrínseca del objeto de la cuenta, es correcto que el nombre de todo el Libro sea el de Jumash HaPekudím – “el Libro de las Cuentas”.

4. Este concepto mismo debe aclararse: Si el conteo propiamente dicho es algo externo carente de toda relación con el tenor de la cosa en sí, ¿con qué elemento se constituye en un “vehículo” que expresa significado e importancia [del objeto de la cuenta]? En realidad, sin embargo, esto constituiría una dificultad sólo si “cantidad” y “calidad” fueran dos facetas separadas, independientes. En ese caso el aspecto cualitativo no podría expresarse mediante un conteo (la faceta que hace referencia a su característica cuantitativa). No obstante, en nuestro caso nos estamos refiriendo al pueblo judío y a todo lo que se relaciona con ellos.

El pueblo de Israel es un goi ejad baáretz – “un pueblo único en la tierra”, y el Alter Rebe explica [respecto de esta virtud de Israel] que [ello significa que] incluso [estando] en la “tierra – áretz” ellos introducen en sus aspectos mundanos, terrenales y físicos, el “Ejad – Uno”, [es decir, revelan en estos el Ejad, la conexión intrínseca de todo lo creado con el Di-s Uno y Único. En otras palabras:] Los judíos conectan y fusionan “cantidad” con “calidad” [conjugando y unificando materia –cuyo aspecto principal es el de la “cantidad”– con espíritu –aquello que proporciona sentido e importancia a las cosas, “calidad”–. En razón de esta capacidad,] es posible que en ellos mismos se refieje su valor cualitativo por intermedio de una acción relacionada apenas con lo cuantitativo.

5. Asimismo, dada la relación que [en los judíos] hay entre “cantidad” y “calidad”, vemos que al incrementarse la cantidad, sucede lo propio con la calidad: [Por ejemplo:] Según la Halajá en todo lugar donde se encuentren 10 judíos –sin importar su [condición y] calidad [personal], si son simplemente cuantitativamente 10–, mora allí la Shejiná, [la Presencia Divina, como declara la Guemará:] “Sobre toda reunión de 10 [judíos] mora la Shejiná”, y [sólo entonces] es posible pronunciar algunas oraciones de especial carácter sagrado, lo que constituye un incremento cualitativo.

Así sucede también con la ley respecto del zimún, [la invitación para recitar la Bendición Final Después de la Comida]: Toda vez que hay tres personas [que comieron juntas] deben preceder su Bendición Final con el zimún. Pero si [los presentes al pronunciar el zimún] son 10 [y por lo menos 7 de ellos comieron juntos], deben mencionar [el Nombre Divino] “Elokéinu” –y según algunas opiniones en la Mishná, si son 100 deben decir “Hashem Elokéinu”, etc.–. Vemos de estos ejemplos que un cambio en la cantidad provoca una modificación que influye cualitativamente [en el nivel espiritual de la situación], dado que ambas facetas, [“cantidad” y “calidad”,] están relacionadas. Y por eso, mediante el aspecto cuantitativo se expresa el nivel de calidad [de aquello que es contado].

6. El mismo criterio se aplica al cumplimiento de las mitzvot. [La Guemará declara, y así lo establece el Shulján Aruj como norma, que] “Aquel que está ocupado con la observancia de una mitzvá está exento de cumplir [en ese momento] otra. [Este principio no rige sólo respecto de las mitzvot “importantes”, sino aun] cuando la persona realiza cualquier mitzvá, está exenta de observar incluso una mitzvá “más grande”, como se declara [en el Midrash]: “La [mitzvá] más simple de las simples, y la más severa de las severas, todas tienen idéntico valor”.

Es más: aquel que está ocupado con el cumplimiento de un mitzvá, está exento, mientras esté abocado a ello incluso del estudio de la Torá. Si bien [todas] las mitzvot son, en comparación con la Torá, como el “cuerpo” respecto del “alma” y como los “órganos” [del cuerpo] respecto de la sangre [que corre por ellos] –la que constituye el “alma” de los órganos–, y del mismo modo [las mitzvot, el “cuerpo”] se equiparan con la “cantidad” respecto de [la Torá, el “alma”, que alude a] la “calidad”, aun así, en el momento en que la persona está cumpliendo incluso una mitzvá sencilla, simple, está exenta del estudio de la Torá pues, como hemos dicho, “cantidad” [–el “cuerpo” de algo–] expresa y manifiesta “calidad” [–el “alma” que contiene–].

7. En el momento de la Entrega de la Torá –Matán Torá– se dio una situación similar [en la que el concepto explicado antes halló precisa expresión]. Para que la Torá fuera entregada, era menester que todos los 600.000 judíos estuvieran presentes; de haber faltado siquiera uno de ellos, aunque fuera el menos importante de la Tribu de Dan, Di-s no hubiera entregado la Torá incluso al más grande de los grandes, pues faltaría en la cantidad de 600.000. Lo mismo sucede con la bendición denominada jajám harazím, para la cual es necesario que estén presentes precisamente 600.000 personas [y sólo entonces se crea el ámbito necesario para el recitado de dicha bendición].

8. Así expuesto, el concepto de los censos del Libro Bamidbar se relaciona también con el tema de los Estandartes [que agrupaban a las Doce Tribus de Israel]. El Midrash cuenta que en el momento de la Entrega de la Torá el Pueblo de Israel observó la Merkavá (la Carroza Divina) y los campamentos de ángeles formados según Estandartes. En ese momento anhelaron [estar agrupados de ese modo, de acuerdo a] Estandartes. Dijo entonces Di-s a Moshé: “Haz para ellos Estandartes, tal como desearon”. Así como en Matán Torá fue necesaria la suma de 600.000 [judíos], análogamente los [grupos de Tribus representados por los] Estandartes –un concepto tomado precisamente de Matán Torá– debían tener una cantidad específica de judíos, como expresan
nuestros Sabios, que la cantidad de [judíos representados por] el Estandarte de [la Tribu de] Iehudá era la misma que el número de ángeles del Campamento de [el ángel] Mijaél, etc. Vemos [aquí otro ejemplo de] cómo por intermedio de [una] “cantidad” [específica], se generó una “calidad” [de nivel espiritual superior].

9. La enseñanza que todo lo dicho nos deja es la siguiente:
Estamos ahora en una época en la que la “cantidad” es más crucial que la “calidad”. Por ende, debemos ocuparnos en que la mayor cantidad posible de judíos ingresen bajo el “Estandarte” [de la Torá y las mitzvot] y [de ese modo formen parte de] el “Campamento de Israel”. [Esto debe hacerse] sin considerar su “calidad” [espiritual]. Así, cuando aumente la cantidad de judíos [que se rigen de acuerdo a las normas y costumbres del judaísmo,] instantáneamente se verá incrementado el nivel de su calidad. Inicialmente, no es tan relevante el grado de profundidad de la calidad que se genere en ellos. Lo principal es el mero hecho de hacer ingresar judíos al “Campamento de Israel”.

En este sentido, el Alter Rebe explicó que lo que dijeran nuestros Sabios que “Sobre toda reunión de 10 [judíos] mora la Shejiná” es incluso si estos 10 [judíos] no están ocupados con palabras de Torá; el mero hecho de que 10 judíos estén reunidos hace que la Presencia Divina more allí. El mismo principio constituye el eje del tema en cuestión: el mero hecho de que se incremente la cantidad de judíos dentro del “Campamento de Israel” influirá en la calidad [del nivel espiritual del pueblo judío como un entero y en cada uno de sus integrantes de manera individual]; así, se concretará el objetivo de [la creación del mundo:] “Di-s deseó tener una morada en los planos inferiores de la Creación”.

10. Pero hay que tener presente que “no debes hacer caso omiso de tu propia ‘carne’”. La preparación para Matán Torá no se lleva a cabo sólo ocupándose del prójimo, sino que también es preciso ocuparse de uno mismo. En este espíritu, el Midrash cuenta que en el momento de Matán Torá no había sordos ni ciegos, ni personas con otros defectos, Di-s libre. Todos fueron curados. Debemos saber, por lo tanto, que hay que presentarse en Matan Torá con todos los “órganos” [espirituales del alma] íntegros, sin ninguna clase de defectos. En cuanto al prójimo, no hay que alarmarse por su calidad impropia. Hay que acercar a todo judío [individualmente,] tal como sucedió en Matán Torá, acerca de lo cual está escrito vaíjan sham Israel, “ e Israel acampó allí”, en singular, todos juntos.

Sin embargo, cada uno, respecto de sí mismo, debe conocer su estado personal, y si existe algún defecto [espiritual,] ha de ser reparado, corrigiendo los defectos que [en el servicio a Di-s] pudieran existir en el [uso que se da al] sentido de la vista, la audición, etc.

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