Estudiando
4.Beshalaj
El Libro de Shemot (Exodo)
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Farbrenguen: Likutei Sijot 1

Extraido de sijot en español

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Beshalaj publicamos parte de la Sijá correspondiente a la Sección Beshalaj, del Volumen I de Likutei Sijot.

Es natural ver a padres debatir y preocuparse por la educación de sus hijos. Sucede muchas veces que los adultos quieren brindar a los niños todo lo que a ellos les faltó en su temprana edad para que no “sufran” como sufren sufren. Este concepto será cierto, siempre y cuando se aplique en el contexto y perspectiva correcta.

En este Sijá el Rebe enfatiza la gran importancia de mantener a los niños conectados con Di-s y Su Torá desde el momento del nacimiento. El “Faraón, rey de Egipto” tratará siempre de convencer a los padres que por el porvenir de sus hijos es mejor otro tipo de educación que “garantice” un futuro mejor, pero el desafío de nuestra época consiste en hacer caso omiso a las estrategias del “faraón”, (léase “tendencias de la sociedad”), y enviar a los pequeños al “Jeider” y luego a la “Ieshivá”, para que sean orgullosos judíos, fieles a su legado ancestral, para recibir así a nuestro justo Mashíaj.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908.
Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
10 de Shevat de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. Hace veinte años, en Ajarón shel Pesaj 5698 (el último día de Pesaj del año 1938), mi suegro, el Rebe [anterior], se refirió en su alocución a la Haftará (la Sección de los Profetas que se lee a continuación de la Lectura Semanal de la Torá) de este Shabat.
En ese momento el Rebe [anterior] contó que su bisabuelo, el Rebe Tzemaj Tzedek, había contado que su abuelo, el Alter Rebe, preguntó cierta vez: “¿Por qué la Haftará de Shabat Shirá (“Shabat del Cántico”) es VaTáshar Devorá –el cántico de una mujer–, y no el cántico del Rey David, a diferencia de como sucede con la Haftará de Shvií shel Pesaj (el Séptimo Día de Pesaj)?

En la Sección Beshalaj de la Torá aparece el cántico de los hombres, Az iashír Moshé uBnéi Israel… (“Entonces cantó Moshé y los Hijos de Israel…”) y [a inmediata continuación del himno entonado por los hombres,] aquel de las mujeres: “Entonces Miriam tomó la pandereta en su mano y todas las mujeres salieron… con panderetas e instrumentos musicales; y Miriam cantó con ellos: Canten a Di-s, pues El es grandemente ensalzado…”; [de modo que, si tanto los hombres como las mujeres expresaron su gratitud a Di-s, y ambos hechos se mencionan en la Sección Beshalaj,] ¿por qué el párrafo de los Profetas [que sigue a la lectura de Beshalaj,] es precisamente [tomado de las Escrituras de aquel de] el cántico de una mujer – VaTáshar Devorá”?

Sobre esto relató el Alter Rebe una extensa historia (publicada en la mencionada alocución [del Rebe anterior]), y concluyó diciendo: Cuando los judíos salieron de Egipto, pasaron por tierra seca en medio del mar y entonaron, tanto hombres como mujeres, un cántico; pero las mujeres lo hicieron [además] con “panderetas e instrumentos musicales”, con alegría. Es por ello que la Haftará de Shabat Shirá es VaTáshar Devorá ([y la explicación mística de ellos es que] “todo proviene del polvo”, la sefirá de Maljut).

2. Resulta difícil comprender esta explicación. ¿Por qué, de hecho, el cántico de los hombres, el de “Moshé y los Hijos de Israel”, fue menos jubiloso que el de Miriam y las mujeres?
[Sin necesidad de ahondar en interpretaciones profundas,] el motivo simple [de esta diferencia] es el siguiente: Es imposible sentir la misma alegría por un logro alcanzado sin esfuerzo y angustia que por uno obtenido tras considerable esfuerzo y experimentar difíciles luchas. [En este espíritu asevera la Mishná:] “La recompensa es proporcional al esfuerzo”: cuanto más grande es el esfuerzo y el denuedo [para lograr un objetivo,] tanto mayor es la alegría [resultante, una vez alcanzada la meta propuesta].

En el momento en que los judíos fueron testigos de cómo el Faraón junto a los egipcios eran ahogados en el mar y [de ese modo] abandonaban [de modo concluyente] su exilio en Egipto, entonaron un cántico. Pero Moshé y todos los hombres no podían sentir en dicha circunstancia una alegría tan intensa como la de Miriam y demás mujeres judías. Pues el período más duro del exilio egipcio, y sus decretos más severos, tuvo lugar después del nacimiento de Miriam. El decreto más terrible fue aquel de que “todo niño que naciere, arrójenlo al río”.

Todas las dificultades sufridas hasta entonces –el duro trabajo “con mortero y ladrillos, y toda forma de trabajo en el campo, toda su labor con que ellos les hicieron trabajar con rigor”, [por devastadoras que fueran]– no llegaron al grado de severidad del edicto de arrojar a los recién nacidos al río. Es más: Nuestros Sabios relatan que a continuación de ello [los judíos tuvieron que soportar la angustia de ver cómo] el Faraón se bañaba en sangre de los niños judíos. Todo esto afecta mucho más a una madre que a un padre.
Por lo tanto, cuando el pueblo judío se vio liberado del Faraón y sus decretos, el júbilo de las mujeres judías fue muy superior al de los hombres.

3. Todos los relatos de la Torá [vocablo que deriva de la palabra horaá – “instrucción”] nos brindan una lección [a aplicar] en todas las generaciones [y épocas], incluyendo la nuestra. Y esto también es cierto en relación al jubiloso cántico, con panderetas e instrumentos musicales, de Miriam y las mujeres judías en el momento del éxodo de Egipto.
Las propias Escrituras dan un indicio de ello cuando declaran: “…y todas las mujeres salieron detrás de ella” – todas, hasta el fin de las generaciones, siguieron a Miriam y dijeron: “Canten a Di-s, pues El es grandemente ensalzado; arrojó en lo profundo del mar al caballo y a su jinete”.
Lo Divino y lo sacro es “grandemente ensalzado”, de una altura sublime como no hay más alto. Y aquellas cosas que son antagónicas a la Santidad, “el caballo y su jinete” – “arrojó en lo profundo del mar” – no simplemente al mar, sino “en lo profundo”, donde no hay más abajo.

4. Ya se mencionó en una ocasión anterior que el concepto y significado que entraña el decreto de “todo niño que naciere, arrójenlo al río” es relevante para cada generación y país – incluso para nuestra propia época y nación.
El modo de vida judío es introducir al niño en la Torá y las mitzvot desde el momento mismo de su nacimiento. Sin embargo, no bien nace el niño judío, viene el “Faraón, rey de Egipto” –es decir, la tendencia dominante de la sociedad– y arguye: ha nacido un niño que en su debido momento se casará y será quien provea el sustento de su familia. Por lo tanto, ya ahora, desde su niñez, debemos “arrojarlo al río” que provee sustento (tal como era el Nilo, del que dependía el sustento de todo Egipto) a fin de que se sumerja y esté inmerso en este “río”.

¿Y qué será de Torá y mitzvot [en este niño]? El “faraón” responde que para eso están los domingos. Los domingos –explica el “faraón”– no operan los bancos, los negocios están cerrados, etc.; el sábado por la noche se debe llevar al niño al cine y lugares similares. Al día siguiente, sin embargo, como los padres quieren dormir hasta las 12, no les molesta que el niño asista al Sunday School (“la escuela dominical”) para estudiar no sólo canciones y bailes sino también hebreo y Jumash. Después de todo, esto permite que los padres duerman – y estén también profundamente dormidos espiritualmente.
Luego, como a la 1 de la tarde, el niño será nutrido con la televisión, filmes y béisbol – junto al “río Nilo” que, en la perspectiva de los padres, es quien provee el sustento.

En lugar de conectar al recién nacido con Di-s –que es Quien sustenta a todo el mundo con Su bondad, gracia y benevolencia, de una manera honorable y pacífica– estos padres toman a su hijo y lo ahogan en las aguas del “Nilo”. De hecho, la realidad es que solamente la conexión con Di-s es el canal de sustento del judío. Las “leyes del Nilo” podrán determinar el sustento de los gentiles, pero no el de los judíos; pues sobre el Pueblo de Israel está escrito: “Y ustedes, quienes se aferran a Di-s, su Señor, están todos vivos hoy”: La vida propiamente dicha del judío, proviene de esta conexión con Di-s y el anhelo de estar aferrados a El, y en consecuencia también su sustento, pues “Aquel que da vida, otorga sustento” para el hombre, su esposa y sus hijos.

Al arrojar a los niños al “Nilo” estos son desconectados y alejados no sólo de la vida espiritual judía, sino también de la vida en su sentido más elemental. Pues, como hemos dicho, el único canal de vida y sustento del judío es su unión y nexo con el Todopoderoso.

5. En el galut egipcio, que precedió a la entrega de la Torá, ninguno de los decretos anteriores [al promulgado sobre los niños judíos] fue tan terrible como el edicto de que “todo niño que naciere, arrójenlo al río”. Lo mismo sucede con el actual galut: Ninguno de los ardides del Iétzer HaRá (la Inclinación al Mal) contra los adultos es tan atroz como el edicto que el [mismo] Iétzer HaRá promulga sobre los niños pequeños.

Cuando no nos dejemos impresionar por el “faraón” [y sus ideas], tampoco nos veremos afectados por “los buenos amigos” ni por “la vecina de enfrente” que [tratando de convencer a su compañera] arguye: “¡¿Cómo puedes enviar a tu hijo a un Jéider (la Escuela Tradicional Judía) o a una Ieshivá (Casa de Estudios) en la que se estudia una Torá que ya tiene 3500 años de antigüedad, una Torá que fue entregada en un desierto desolado en una época en que no había radio ni teléfono, ¡ni siquiera un periódico a la mañana, el Mode Aní para empezar el día! En aquellos días primitivos”, argumenta ésta, “se podía dar semejante educación. Hoy en día, en cambio, en pleno siglo XX, cuando hemos sido privilegiados con ‘progreso’ y ‘cultura’, no podemos ser anticuados?!”

Lo que es más, el “faraón” a veces se disfraza con “vestimentas sacras”, y argumenta: “Seguramente querrás que tu hijo contribuya con importantes sumas de Tzedaká [para obras benéficas] en general, y para las Ieshivot en particular. Por lo tanto, debes procurar que él sea un guevír –un millonario–, así que ¡arrójalo al “río” del sustento, para que sea como todos los Johns y Michaels que no se involucran en el servicio a Di-s, y entonces tendrás la esperanza de que contribuya generosamente con las Ieshivot y Jadarím!”
De semejante actitud, vemos concretamente, el único que obtiene parnasá, “sustento”, es el “faraón”. Los judíos nada obtienen.

¡Debemos reconocer la verdad! Este decreto proviene del mismo “faraón”. Solo que como él sabe que no le obedeceremos si nos dijera que cometamos una transgresión, se disfraza con un “caftán de seda” (el atuendo típico de los judíos temerosos de Di-s), y afirma tener una gran Ieshivá para la cual precisa fondos. Por lo tanto, se debe enviar a los niños a las escuelas públicas estatales y a las escuelas dominicales, ¡y ésto le permitirá construir una gran Ieshivá para ángeles! [ya que si los padres hacen caso a su recomendación, ciertamente no habrán niños judíos en ésa, su Ieshivá].

Cuando nos percatemos a tiempo de que éste no es más que una artimaña del “faraón”, aquel “astuto” que dice: “Actuemos astutamente con ellos, no sea que (pen) se multipliquen”, (en este momento de su alocución el Rebe acotó enfáticamente: pero la verdad es que “¡así (ken) habrán de aumentar y multiplicarse!”), de aquel que quiere que no quede vestigio alguno, Di-s libre, del judaísmo y de las almas judías –y, consecuentemente, tampoco de cuerpos judíos– y se reaccione con la determinación y firmeza característicamente judía para anular el decreto, [del siguiente modo:] dejando de preocuparnos por las carreras de nuestros hijos cuando estos tienen apenas cinco, siete, trece o dieciocho años; y actuando con fe y confianza en el Todopoderoso –pues “muchos son los pensamientos en el corazón del hombre, (y estos carecen de utilidad pues son muchos, variados y diversos, y no [acordes a, y resultantes de,] la unidad de Aquel que es el Unico del universo), mas el consejo (un único consejo, en singular) de Di-s es el que perdura”, [se habrá salvado a los judíos de “egipto”]– pues Di-s es el Soberano no sólo de los cielos sino también de esta Tierra en la que moran su marido, [el de la mujer acosada por los argumentos de su vecina,] junto a sus hijos.

Cuando ella, [la madre judía,] tenga claros estos conceptos, no sólo que no se dejará impresionar por [los comentarios de] su vecina, sino todo lo contrario: Podrá influenciar sobre ella para que también ella salve a sus hijos de las garras del “faraón”. Así, se criarán decenas de miles de niños judíos que reciban a nuestro justo Mashíaj, pronto en nuestros días.

6. En la época de Moshé y Miriam, cuando los judíos se libraron del Faraón, las mujeres sintieron más alegría que los hombres, pues su angustia frente a los edictos del Faraón fue más profunda que la sentida por los padres. Lo mismo sucede en la actualidad: “Los edictos del faraón”, así como la alegría por su supresión, son sentidos en mayor medida por las mujeres judías.

El hombre no se encuentra en su casa la mayor parte del día; incluso cuando sí, no está tan involucrado en la educación de los hijos como lo está la madre. Es la mujer judía la que lucha permanentemente contra los disfraces y artimañas de “buena amistad” del “faraón”. Y entonces es seguro que ella obtiene la victoria y logra que “Di-s (la Torá y el judaísmo raigal) es grandiosamente exaltado”, mientras que, del lado opuesto, “el caballo y su jinete [y lo que estos representan], El arrojó al mar”. Y lo hace con alegría, con panderetas e instrumentos musicales; introduciéndose así en la próxima Sección Semanal, Itró, la de Kabalat HaTorá, el Recibimiento de la Torá, pues ahora [en este estado, una vez que se enfrentó y neutralizó al “faraón” y a sus edictos contra los niños judíos,] podemos afirmar: “Nuestros hijos son garantes por nosotros”.

7. Lo explicado hasta acá nos permite comprender un texto de Midrash Tanjumá respecto de una aparente dificultad en el versículo. En éste se dice, textualmente, que “Miriam les respondió lahém (a ellos)”: pero el contexto sugiere que Miriam respondió a las mujeres, por lo que el versículo ¡debería decir lahén (en femenino) y no lahém (en masculino)!

El Midrash cuenta al respecto que cuando los judíos cruzaron el mar y cantaron la Shirá (el “Cántico del Mar”), también los ángeles quisieron entonar un Cántico. Entonces les dijo Di-s: Los judíos cantarán primero, y sólo después lo harán ustedes –con esto (“Los judíos cantarán primero, y sólo después lo harán ustedes”), el Midrash explica [por qué utiliza la Torá] la expresión az iashír Moshé (lit.: “Entonces cantará Moshé”): “No se dijo shar (“cantó”, la forma gramatical adecuada para referirse al pasado, en la tercera persona del singular), sino iashír (en modo imperativo), indicando [que fue resultado de] una orden Divina: (Primero) cantará Moshé con los Hijos de Israel, y sólo luego lo harán los ángeles”–.

Después, cuando Miriam y las mujeres se disponían a ofrecer su Cántico, los ángeles volvieron a quejarse: “Ya hemos cedido prioridad a Moshé y a los Hijos de Israel; pero ahora, queremos cantar antes que las mujeres”. Según una opinión en el Midrash, los ángeles obtuvieron lo que deseaban; según otra, también el Cántico de las mujeres precedió al de los ángeles.

Incluso según la opinión que sostiene que los ángeles no esperaron a las mujeres, estos no podían cantar hasta tanto Miriam nos les diera el permiso para hacerlo. Y así se entiende por qué está escrito que “Miriam respondió lahém”–en masculino–: Ello alude a los ángeles, pues Miriam les dio permiso para que ofrecieran su Cántico.
De este pasaje midráshico observamos la enorme importancia de la Shirá de las mujeres. Su impacto se sintió no sólo en este mundo físico sino también en las dimensiones espirituales. Su Shirá tuvo precedencia, y fue superior, a la de los ángeles.

8. Todo esto es una clara enseñanza para cada uno:
No hay motivos para asustarse del “faraón”, del “Nilo”, ni de todos los decretos severos. Cuando transitamos la vida únicamente con auténtica firmeza judía, es posible estar en “egipto”, y que allí se encuentre el “faraón, rey de egipto” con toda suerte de decretos, y no obstante tener hijos a los que todo esto no les afecte. Los padres pueden guiar a sus hijos en el sendero de la Torá, la senda que les concede vida no sólo en el Olam HaBá, el Mundo Venidero, sino también literalmente en este mundo, el aquí y ahora.
Los padres pueden, [a pesar del “faraón”,] conducir a sus hijos por el camino que les hará decir: “Este es mi Di-s y yo Lo glorificaré, el Di-s de mi padre y Lo exaltaré”s; pues seguirán el camino de sus padres. Ciertamente, ésta es la auténtica satisfacción que se puede obtener de los hijos.

A su vez, ello llevará –como continúa diciendo la Shirá– a “Los traerás y plantarás en la montaña de Tu heredad”, es decir, que seamos privilegiados con la construcción del Tercer Beit HaMikdash, pronto en nuestros días.
Más aún, como declara la Guemará: “Puedes aprender el amor de Di-s por Israel del hecho de que el Todopoderoso no esperó a que se cumpla ‘Los traerás y plantarás en la montaña de Tu heredad’ –que se refiere al Gran Templo en Jerusalén– sino que aún estando en el desierto les dijo: “Me harán un Santuario y Yo moraré en medio de ellos”.

Lo mismo es válido ahora, en estos contados días restantes hasta la llegada del Mashíaj: Al no dejarse afectar por toda clase de decretos, y criar “una simiente bendecida por Di-s”30 resulta en “Me harán un Santuario y Yo moraré en medio de ellos”, es decir, que Di-s morará en cada hogar judío; y como morará allí, habrá inevitablemente también abundantes sustento, salud y verdaderas satisfacciones de hijos y nietos por largos y buenos días y años.

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