Estudiando
3.Behaalotejá
El Libro de Bamidbar (Números)
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Farbrenguen: Likutei Sijot 1

Extraido de Sijot en Español

Una Antologia de Alocuciones del Lubavitcher Rebe Rabí Menajem Mendel Shneerson Sobre las Lecturas Semanales de la Torá y Ocasiones Especiales del Calendario Judío
Un proyecto de Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Behaalotjá publicamos la Sijá correspondiente
a la Sección Behaalotjá, del Volumen II de Likutei Sijot.
Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios
y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908. Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
11 de Siván de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. En la [Sección de los Profetas, la] Haftará [que se lee a continuación] de la Sección Semanal Behaalotjá [–en la que se habla del encendido de la Menorá (el Candelabro del Santuario) por parte del Kohén –], está escrito: “Yo vi, y he aquí una Menorá toda de oro”. Este versículo alude a Kneset Israel, [las almas de toda la Comunidad de Israel,] pues todos los judíos, en su conjunto, conforman una “Menorá toda de oro”.

La Menorá tenía siete lámparas. Análogamente, entre los judíos hay siete modos [de avodá, servicio a Di-s]. Este concepto se explica en detalle en la Filosofía Jasídica: Están aquellos que se caracterizan por su Jésed (su bondad, afabilidad); aquellos cuyo sendero [en la avodá espiritual] es el de la Guevurá (la severidad, disciplina), etc. De este modo se totalizan siete maneras [diferentes de avodá espiritual. Cada judío, conforme la raíz espiritual de su alma, se destaca en uno de estos siete aspectos, e integra uno de los siete grupos de almas] que a su vez conforman las siete lámparas [de la Menorá].

[Sin embargo, al mismo tiempo que cada grupo de almas mantiene su singularidad,] todas comparten un aspecto en común: todas son luminarias, todas iluminan en el Beit HaMikdash. Es más, su luz no se restringe al Beit HaMikdash, sino que de allí irradia hacia todo el mundo. A ello se debe que los ventanales del Beit Hamikdash fueran “anchos [por fuera] y angostos [por dentro]”.

A diferencia del común de las casas, en las que las ventanas se hacen con el propósito de permitir la entrada de luz desde el exterior, en el Beit HaMikdash, por el contrario, la luz [que se generaba en su interior] salía hacia todo el mundo. Este es [precisamente] el propósito [de la construcción] del Beit HaMikdash.
¿Quién producía esta radiación? Las ‘luminarias’, es decir, las almas de Israel.

Si bien existen diferentes clases de judíos, y cada uno debe servir al Todopoderoso con sus facultades personales, [conforme la enseñanza de Nuestros Sabios:] “Yo no fui creado sino sólo para servir a mi Hacedor”, [es decir,] cada cual, fue creado con determinadas aptitudes individuales [sólo] para servir al Todopoderoso con esas facultades y capacidades [personales]; aún así, sin embargo, todos comparten un aspecto en común: [deben] ser luminarias, [deben] generar luz.
La diferencia [entre ellos] es sólo en relación con el enfoque personal de su avodá (servicio a Di-s). Están aquellos cuya avodá se caracteriza por la bondad –Jésed–, conforme sus facultades y dones. Otros sirven a Di-s aplicando disciplina –Guevurá–, restringiéndose a sí mismos con actitudes estrictas, conforme sus dones. Sin embargo, éste no más que su modo [de servir a Di-s] mediante la rigurosidad y la disciplina, pero el propósito de sus esfuerzos es el mismo: generar luz.

[Por otro lado,] si bien la finalidad es común a todos, hay no obstante una gran diferencia si se toma el camino del rigor o directamente el de la afabilidad. En el caso de este último no tenemos necesidad de evaluar demasiado [su actitud afable], pues su propósito es evidente: de manera manifiesta se percibe el “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. [No sucede lo mismo con aquel que se conduce con rigor, pues podría parecer que no se ve afectado por el malestar del prójimo, y para comprobar que no es así se hace necesario analizar su actitud para entenderla y juzgarlo para bien].

Este estilo de conducta, [el de la amabilidad y la tolerancia,] era el [que caracterizaba el servicio a Di-s por parte] de Aharón, el Sumo Sacerdote, quien encendía la Menorá. Aharón “amaba a las criaturas y las acercaba a la Torá”, [Es decir, amaba] incluso a aquellas personas que no tienen virtud alguna, sólo defectos, y la única virtud que se les podía atribuir era el hecho de ser criaturas de Di-s (conforme lo explica el Alter Rebe [en el Tania]); Aharón extendía su amor incluso a ellos.
El interés de Aharón por el prójimo no sólo constituía su objetivo, sino también [se vislumbraba en] el medio que usaba a tal fin. En otras palabras, incluso manifiestamente su actitud era la de “amar a las criaturas”, y mediante ésta las “acercaba a la Torá”, a fin de transformarlos en “Tóire Idn” – judíos de Torá.
Este es también el camino de los Rebes, nuestros líderes, incluyendo a mi suegro, el Rebe [anterior], cuyo trabajo consistió en encender las luminarias.

Todo judío posee “la lámpara de Di-s [que] es el alma del hombre”, pero hay algunos que aguardan a que alguien se la encienda. Este es el trabajo de los Nesiím, los Líderes de Israel: encender la “lámpara de Di-s que es el alma del hombre”, presente todos los judíos, que en su conjunto conforman las siete clases [de almas].
El estilo de los Líderes de Jabad en general, y el de mi suegro, el Rebe [anterior], en particular, fue el de [mostrar a todo judío] amor manifiesto. [En su forma de ser,] la luz no sólo constituía un fin, sino que también el medio para alcanzar el objetivo consistía en irradiar luz; tratando a todos con afinidad y gratamente, él lograba encender la “luminaria de Di-s que es el alma del hombre” en todas las clases de judíos.

(De la Sijá del 10 de Shevat de 5716)

2. En cuanto a la “difusión de los manantiales del Jasidismo hacia afuera”, no se debe esperar hasta que aquellos que se encuentran [en el “exterior”,] “afuera” de [el contacto con] los manantiales vengan [y se acerquen]; más bien, [hay que bregar por] “que tus manantiales se difundan hacia afuera”, [es decir,] hay que salir y diseminar los manantiales allí.
Esta actitud comenzó a partir de Aharón, el Sumo Sacerdote, quien “Amaba la paz y perseguía la paz, amaba a las criaturas y las acercaba a la Torá”. Aharón no esperaba a que la gente viniera hacia él, sino que tomaba la iniciativa e iba hacia ellos.
Iba incluso a las “criaturas”, a personas que no poseían otra virtud fuera de la de ser briot, creaciones del Todopoderoso. Incluso a ellas se dirigía, y las acercaba a la Torá.

[Si prestamos atención a la frase citada, nos percataremos de que] las palabras [de la Mishná] son exactas: [Aharón] “los acercaba a la Torá”, él acercaba a las personas hacia la Torá, pero no la Torá hacia ellas. Si bien se dirigía hacia las [meras] briot, no les ofrecía la Torá de manera tal que se ajustara a las ideas, [intereses y comodidad] de ellas. No les ofrecía concesiones ni era permisivo en cuestiones de Torá. No acercaba la Torá para ajustarla al espíritu de las briot, sino que [elevaba y] aproximaba las criaturas a la Torá, a la Torá plena y perfecta tal cual es.

3. A este aspecto de la avodá de Aharón se alude en esta Sección de la Torá [con la declaración del versículo]: “cuando enciendas las lámparas”. “Lámparas”, se refiere a las almas de Israel, como está escrito: “La lámpara de Di-s es el alma del hombre”. En general, hay siete clases de almas judías –como se explica en Likutéi Torá– que se corresponden con las siete lámparas de la Menorá. La avodá de Aharón consistía en encender y elevar todas las ‘lámparas’, o sea, la luz Divina que está en el interior de cada judío, sólo que se encuentra en estado latente. Así, la tarea de Aharón era ‘encender’ estas ‘lámparas’, y llevarlas de su estado latente al plano manifiesto.
La influencia de Aharón al lograr que se [“despierte” y] manifieste el alma de cada judío era tal que “la llama ascendía por sí misma”. Pues siempre que la “lámpara de Di-s” precise del encendido de Aharón, ello mismo demuestra que la persona aún no alcanzó el objetivo deseado. La lámpara debe ser encendida hasta que la llama se eleve por sí misma, es decir, que no haya más necesidad de avivarla, pues brilla por sí misma.

4. El encendido de la Menorá en el Beit HaMikdash tenía tres normas: a) Podía hacerlo incluso alguien que no era Kohén; b) La preparación de las lámparas [para su posterior encendido] debía ser llevada a cabo exclusivamente por un Kohén; y c) El lugar del encendido de la Menorá era, específicamente, el Heijal del Beit HaMikdash. Obviamente, también cuando nos referimos al ‘encendido’ de la Menorá espiritual, el iluminar las almas judías, estamos sujetos a estas mismas tres condiciones:

a) “El encendido [de la Menorá] es aceptado incluso si lo hace un ajeno [al sacerdocio]”.
[Esto quiere decir que] la tarea de influir sobre otros y “diseminar los manantiales hacia afuera” no se restringe a personas ‘especiales’. Constituye un privilegio, y a la vez un deber, de cada judío, como lo expresa la Mishná cuando insta a cada judío individualmente: “Sé de los discípulos de Aharón…”. Cada judío debe seguir el camino de Aharón y acercar [incluso] a las briot a la Torá.

b) No obstante, “La preparación de las lámparas debía realizarla exclusivamente un Kohén”. [En otras palabras,] uno podría llegar a pensar: “Si lo principal es influir en el prójimo, ¿qué importancia tienen los métodos y medios que se empleen para lograrlo? Explicaré los conceptos de la Torá tal como yo los entiendo, de manera acorde al nivel intelectual de mi interlocutor; elegiré un enfoque de las mitzvot que se adapte a mí y a él, y de esa forma seré capaz de tener impacto en los demás”.
Para refutar esta manera errónea de pensar se nos dice que “la preparación de las lámparas”, es decir, la colocación del aceite y las mechas –los elementos empleados para el encendido de la lámpara–, debe ser realizada exclusivamente por un Kohén. No toda persona es capaz y apta para elegir y preparar los elementos, [es decir, los medios] a utilizarse para ‘encender’ las ‘lámparas’ [–almas–] de los judíos. Sólo un Kohén puede hacerlo.

Lo particular del Kohén consiste en que no posee porción ni herencia [en el reparto territorial de la Tierra Prometida], sino que “[sólo] Di-s es su heredad”. Maimónides lo define [en términos más amplios, diciendo que esta particularidad de la condición de ‘kohén’, en el plano espiritual, es aplicable a cada judío; es] “aquel cuyo espíritu lo impulsa… a apartarse de lo mundano, a fin de pararse ante Di-s y servirlo”. Sólo quien está más allá de las cuestiones mundanas y toda su dedicación es puesta en apegarse a Di-s y servirlo – solamente alguien así es apto para preparar los elementos necesarios para encender la lámpara del alma. Luego, una vez que el ‘kohén’ ya preparó ‘el aceite y las mechas’, es responsabilidad de cada uno ‘encender las lámparas’ –diseminar también hacia afuera los manantiales ya dispuestos por el Kohén–.

c) “El lugar del encendido de la Menorá era, específicamente, el Heijal del Beit HaMikdash”. [Dice la Mishná:] “Hay diez categorías de santidad”, (el recinto del Santo de Santos, el recinto del Heijal, etc.). Los niveles inferiores al Heijal [enumerados en la Mishná después de éste,] también son sagrados. No obstante, si la Menorá era encendida en algunos de estos lugares cuya santidad era inferior a la del Heijal, no se cumplía con la mitzvá. Cada cosa [que integra la Creación] tiene su propio “campo de acción”, y en el caso de la Menorá se requería de ella que iluminara el Heijal.

5. La lección de todo lo expuesto, aplicada a la avodá del individuo, es la siguiente:
El judío no debe decir: “Es cierto; [me corresponde y] debo encender mi lámpara interior y la del prójimo, pero ¿quién dice que debo hacerlo en un estado tan sublime de santidad? Hay muchos judíos sobre los que no pesa todas estas exigencias; entonces, ¿por qué se exige esto de mí?”
Para clarificar esta idea, se nos enseña:
Cada persona tiene su tarea, la misión que depende [sólo] de él. [Por lo tanto, se le dice:] “Si fuiste dotado con [determinadas] virtudes personales y se te han brindado las condiciones para iluminar en un lugar más santo [que el común de los sitios], ello mismo es señal de que eso es precisamente lo que el Todopoderoso requiere de ti. Y cuando tú no haces lo que te corresponde, no has cumplido tu misión pues no concretaste la Voluntad del Creador”.

Es axiomático que la [concreción de una] voluntad –raztón– no es divisible. En ello radica la diferencia entre la razón y la voluntad: En el plano de la razón y el intelecto es posible entender [un concepto] de manera parcial, una parte de la idea. En contraste, en cuanto a la voluntad, [cuando la persona quiere algo,] si [esta voluntad] no se concreta en todos sus detalles no se considera que se haya satisfecho siquiera “la mitad del deseo”. [En ese caso] la persona no vio cumplido en absoluto lo que deseaba. De hecho, lo cierto es a la inversa: [al satisfacer un deseo apenas a medias] el individuo hizo lo contrario a su [propia] voluntad.

Así como hay diferencias entre los seres humanos –pues [el alma de] cada uno tiene [en este mundo] su misión específica, y no necesariamente lo que es útil para uno sirve para el otro–, lo mismo es válido respecto de las diferencias entre una generación y otra: Si bien es cierto que en generaciones pasadas habían muchos judíos temerosos de Di-s que no estudiaban la faceta oculta, mística, el Pnimiut, de la Torá, en las últimas generaciones, en las esta faceta fue revelada, esta revelación misma constituye la evidencia de que el estudio de este aspecto de la Torá es uno de los deberes de nuestra generación, [o sea, Di-s quiere que se estudie la faceta interior de la Torá y por eso dio lugar a que la misma fuera revelada]. Por lo tanto, no tenemos opción. Ratzón –el cumplimiento de un deseo, [en este caso, un Deseo Divino]– no admite satisfacerse realizado a medias.

Para resumir: El encendido de la Menorá nos enseña que debemos involucrarnos en Pnimiut haTorá. En el contexto del concepto del fuego, debemos saber que no es suficiente con tener el “fuego oscuro”, es decir, el gália (la faceta revelada, manifiesta) de la Torá, sino que debe existir también el “fuego brillante”, es decir, Pnimiut haTorá. El estudio de Pnimiut haTorá nos infunde la capacidad y fuerza para superar cualquier obstáculo y también añade en nosotros vitalidad en el estudio del aspecto revelado de la Torá y en la observancia de las mitzvot.

(De la Sijá de Shavuot de 5717)

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