Estudiando
2. Vaerá
El Libro de Shemot (Exodo)
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Farbrenguen: Likutei Sijot 1

Extraido de sijot en español

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Vaerá publicamos parte de la Sijá correspondiente a la Sección Vaerá, del Volumen I de Likutei Sijot.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios
y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908.
Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
26 de Tevet de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.


1. Ya se explicó en numerosas ocasiones que todos los temas de la Torá, vocablo que proviene de la palabra horaá, “instrucción” constituyen una enseñanza vigente en todas las épocas y lugares, hasta el fin de las generaciones. Este es precisamente el significado de la eternidad de la Torá, [el hecho de que sus enseñanzas jamás prescriben]. Dicho principio no se aplica sólo a los pasajes de la Torá en que se enuncian leyes (mitzvot), sino también, [y con idéntico rigor,] a sus relatos, [de los que también se derivan lecciones en toda época y lugar]. De modo que incluso aquellos relatos acerca de acontecimientos que no guardan relación con la actualidad – también estos, dada la eternidad intrínseca de la Torá, encapsulan una enseñanza [ instrucción] para todas las épocas.

El mencionado concepto rige para todos los relatos de la Torá, pero se aplica con mayor énfasis a los pasajes bíblicos que cuentan el Éxodo de Egipto. Recordar el Éxodo de Egipto constituye una mitzvá que debe cumplirse todos los días, pues [si bien en la realidad física éste tuvo lugar una única vez en la historia,] espiritualmente, la persona debe “salir de Egipto” todos los días, conforme lo explica el Alter Rebe en Tania (cap. 47) y en Torá Or. Siendo así, todos los aspectos que la Torá menciona en cuanto al modo en que los judíos salieron físicamente de Egipto encarnan, con certeza, una enseñanza a ser aplicada a la “salida de Egipto” espiritual [que el judío debe llevar a cabo consigo mismo, interiormente, en las facetas espirituales de su ser].

Mientras los judíos estaban siendo todavía esclavizados,] las Diez Plagas constituyeron el comienzo del Éxodo. Fue por intermedio de éstas que se quebró la soberbia del Faraón y de Egipto. Y es precisamente la Sección de la Torá de esta semana (Vaerá), la que hace referencia a [la mayoría de] las Plagas, [a saber: las de] Sangre, Ranas, [Piojos, Fieras Salvajes, Peste, Sarna y Granizo].

2. La Sección de la Torá de este Shabat comienza relatando el duro sufrimiento [de los judíos] en el exilio egipcio. Las palabras de apertura de esta Sección –“Yo Me revelé a Avraham, [a Itzjak y a Iaacov…”]– son la respuesta de Di-s a nuestro Maestro Moshé a su pregunta ([formulada a Di-s] al final de la Sección Shemot): “¿Por qué has hecho mal a este pueblo, [por qué me enviaste? Desde que vine al Faraón a hablar en Tu nombre, él ha hecho mal a este pueblo,] y Tú no has salvado a Tu pueblo”.

La opresión del galut (exilio) fue de tal magnitud, y la oscuridad reinante de semejante densidad redoblada, que ni siquiera Moshé recurriendo a su sabiduría (una que constituía la cumbre de la sabiduría y el entendimiento en el ámbito de la Santidad), podía captar [el motivo de un sufrimiento tan intenso, y] por eso preguntó: “¿Por qué has hecho mal a este pueblo?”

[La opresión física era tan férrea que provocó que los judíos se “bloquearan” espiritualmente. Por eso,] aun después de que Moshé les transmitiera la [tranquilizadora] respuesta de Di-s –“Por lo tanto, di a los Hijos de Israel: Yo soy Di-s (Havaiá); Yo los sacaré de debajo de la opresión egipcia, [los liberaré…los redimiré…y los tomaré…”], empleando las [célebres] cuatro expresiones de redención– [con todo] “no escucharon a Moshé a causa de su corto aliento y duro trabajo”.

Ni siquiera la sublime revelación espiritual del Nombre Divino Havaiá –“Por lo tanto, di a los Hijos de Israel: Yo Soy Havaiá”– bastó para quebrar el galut [“bloqueo diaspórico”] interior de los judíos, persistiendo en esa instancia todavía el “no escucharon a Moshé…”.
[Quizás se podría argumentar que el pueblo judío “no escuchó a Moshé” porque el mensaje Divino de su inminente redención no fue expresado de la manera adecuada; en realidad, sin embargo, de ninguna manera se pueda esgrimir un argumento semejante, pues] indudablemente no se puede culpar, [por la negativa de los judíos a escuchar,] al shelíaj (emisario) responsable de transmitir la palabra de Di-s, pues en este caso, éste fue [ni más ni menos que el mismísimo] Moshé, de quien se dijera: “La Shejiná [Misma] habla desde la garganta de Moshé”, por lo que [no sólo el espíritu de Moshé estaba absolutamente entregado a Di-s en virtud de la elevada condición de su alma, sino que] también el cuerpo de Moshé constituía [exclusivamente] el vehículo y “recipiente” apropiado [cuya única función durante sus 120 años de vida terrenal fue] para transmitir adecuadamente la palabra de Di-s.

(Hay una diferencia básica entre Moshé y el resto de los profetas. Todos los demás, al momento de profetizar, debían despojarse de su naturaleza física pues sus cuerpos no estaban capacitados para ser instrumentos de la transmisión profética; e incluso habiéndose despojado de ésta, sólo podían profetizar a modo de ko (“como esto”, es decir, tenían visiones figuradas [de las cuales podían descifrar el mensaje de Di-s]). Moshé, en cambio, al recibir la profecía conservaba su condición física [y psíquica] natural, y profetizaba con la expresión ze (“esto es”), pues su cuerpo físico, tal cual, se había convertido en un canal e instrumento para transmitir la palabra de Di-s).

Además, cuando el Todopoderoso dijo: “Y Yo Me revelé [a Avraham, a Itzjak y a Iaacov”] hizo referencia al mérito de los patriarcas. Esta referencia genera una influencia protectora –al estilo de lo que vemos en la Mishná, que [en el Gran Tempo de Jerusalén] decían: “Todo el este está alumbrado, incluso hasta Jevrón”, y lo hacían ‘a fin de evocar el mérito de aquellos que están sepultados en Jevrón’, declaración ésta que confería una asistencia espiritual especial en el servicio de las ofrendas del Templo en general y de la Ofrenda Cotidiana (tamíd) en particular. Lo que es más, esta referencia al mérito de los patriarcas fue hecha por Di-s Mismo, lo que señala una asistencia sumamente especial.

De esta forma, observamos que [en el mensaje de Di-s al pueblo judío por intermedio de Moshé] estaban presentes muchas condiciones auspiciosas: 1) La manifestación [Divina del supremo nivel] del Tetragrámaton (Haviá) y las cuatro expresiones de redención (“los sacaré… liberaré… redimiré… tomaré…”); 2) Esta revelación fue transmitida por intermedio de Moshé; 3) Se hizo referencia al mérito de los Patriarcas; y 4) La referencia la hizo el propio Todopoderoso. Y no obstante todo ello, no fue suficiente para influir en los judíos y «moverlos» de su postura galutica y permitirles incorporar la idea y posibilidad de una redencion.

Los judios no solo no lograron vislumbrar esta posibilidad desde una perspectiva visual (empirica) «que es la forma mas solida de verificacion» sino que incluso no pudieron siquiera «escuchar» -es decir, [no pudieron incorporar la idea de una redencion] siquiera con el entendimiento y la captacion racional; a ello se refiere el versiculo cuando expresa que «ellos no escucharon…»¨.

3. Todo lo antedicho aparece al comienzo de esta Seccion Semanal. Luego, en su desarrollo, la Tora cuenta acerca de las Plagas [que se abatieron sobre Egipto]. En la practica, fueron precisamente estas las que comenzaron a [debilitar y finalmente lograron] quebrar el galut egipcio, sin importar cuan severo este era.
Conforme lo explicado, la ensenanza a aplicar diariamente por parte de cada judio es la siguiente:
Aun si el «egipto interior» es muy fuerte, no se lo debe tomar en cuenta; [este debe ser golpeado con «plagas» y su poderio quebrado]. Y no hace diferencia alguna si el servicio a Di-s por parte del judio se enmarca en un «egipto sacro» –es decir, que su avoda se sustenta en la logica y la comprension, por lo que esta restringida [a los limitados parametros de su propio calibre intelectual] (el termino mitzraim, «Egipto», esta vinculado a la palabra meitzar, «limitacion» -, o si el judio se encuentra inmerso en un «egipto impuro», un estado en el que incluso los soportes de la razon estan ausentes. Como sea, mediante la avoda de «plagas», se puede quebrar el poderio de [semejante] «egipto», y lograr de ese modo la redencion de la propia alma.

4. La primera Plaga que [inició el proceso que eventualmente] acabó con el galut egipcio fue la de Sangre: Las aguas –[de todas partes, pero especialmente las] del Nilo– se transformaron en sangre.
El agua es una sustancia fría y húmeda. La frialdad simboliza generalmente lo contrario a la Santidad. Esta última se caracteriza por su vitalidad –como se menciona en Avot deRabí Natán: “Diez son llamados ‘vivos’…”, enumerándose en primer término al Santo, Bendito Sea, y luego a todos aquellos que están unidos a Di-s. La vida, la vitalidad, trae consigo calor. La frialdad, por su parte, es lo contrario al calor, lo opuesto a la vitalidad de la Santidad–. En términos prácticos, lo primero que se debe hacer para salir del “egipto personal e interior” es quebrar esa frialdad hacia las cuestiones de Santidad; pues mientras impera ésta comienzan a gestarse todas las condiciones que se contraponen a la Santidad. La primera Plaga, por ende, estaba relacionada con el agua, es decir, la frialdad.

5. La Plaga que afectó a las aguas ocurrió con “las aguas que están en el río”, o sea, el Nilo.
[La interpretación de esto en cuanto al servicio a Di-s por parte del judío es la siguiente:] Hay dos clases de frialdad: a) Aquella frialdad (indiferencia y apatía) por las cuestiones mundanas, que [es una frialdad positiva y] se deriva de la Santidad; y b) Aquella frialdad por las cuestiones de Santidad que constituye la raíz de todas las kelipot (“cáscaras”, el mal), como se mencionara antes. Lo mismo sucede con las aguas. Hay aguas que: a) provienen de Arriba –como fuera dicho: “Bebe agua de la lluvia del cielo”– al estilo de la frialdad que deviene del ámbito de la Santidad, y b) aguas de “debajo de la tierra”, una situación similar a la frialdad de la kelipá.

Las aguas del Nilo pertenecen a esta segunda categoría de “aguas”; tal es así que encontramos el uso de la expresión “las aguas del Nilo se elevaron”, pues éstas no vienen de arriba sino de debajo de la tierra.
Estas aguas, las del Nilo –es decir, la apatía por la Santidad– constituían la deidad de Egipto, de la cual se nutría todo tipo de mal. Por eso, cuando debía quebrarse el orgullo egipcio, lo primero en ser atacado fueron las aguas del Nilo, el aspecto de la frialdad [negativa, contraria a la Santidad].

6. La primera Plaga convirtió estas aguas en sangre. La sangre es indicio de vitalidad, como fuera dicho: “Pues la sangre es la fuerza vital”. Así, “todas las aguas que estaban en el río se transformaron en sangre”: la frialdad fue convertida en vitalidad, pues “del bosque mismo se extrae [el mango de] el hacha con que es talado”.
Esto explica por qué no bien comenzó la Plaga dice la Torá que las aguas del río se transformaron en sangre “sobre tierra seca”. ¿Para qué agrega el versículo estas palabras? Es que pese a que la tierra seca carece siquiera de la condición de humedad –símbolo del dveikút (unión, apego)–, incluso esta característica de sequedad fue transformada, no obstante, en vitalidad (sangre).

7. La proximidad de los cuatro reinos que conforman la integridad de la Creación –el mineral (o inerte), el vegetal, el animal y el parlante (humano)– con la Santidad, es proporcional a la vitalidad interior que poseen, pues como se dijera, ‘santidad’ significa ‘vitalidad’. Por lo tanto, la materia inerte es aquella que se encuentra más alejada de la Santidad, seguida por las especies que integran el reino vegetal, y luego por los animales. Lo mismo sucede con los cuatro Mundos de Atzilut, Beriá, Ietzirá y Asiá: Asiá, el mundo [de la Acción] en el que predomina el mal, es análogo al reino inerte, y así sucesivamente en orden secuencial.
Agua y Sangre representan la frialdad y el calor tal como se encuentran presentes en la materia inerte. Los animales, por su parte, también tienen el rasgo de la frialdad, en particular aquellos creados a partir del agua.

En el contexto de las Diez Plagas, esto rige para las ranas –“y el Nilo hará pulular ranas”– tal como cuando fueron creados los peces durante los Seis Días de la Creación. [Y la relación de las ranas con el agua se manifiesta también después de que han nacido de ella, pues] las ranas nadan en el agua, como cuentan la Guemará y el Midrash, que para que el escorpión pueda cruzar el río se sube a una rana que lo transporta hacia el otro lado.
[El escorpión, por naturaleza, también es un animal frío; de hecho, manifiesta la esencia de la frialdad. No obstante, no forma parte integral del agua y por ende no es lo opuesto al fuego y no es capaz de nadar. Las ranas, por otra parte, son seres acuáticos, lo diametralmente opuesto al fuego].

8. Lo antedicho nos permite entender por qué dice el versículo que las ranas también subirán “a tus hornos”. ¿Qué importancia tiene este detalle?
En realidad, nuestros Sabios dicen que este pasaje nos enseña acerca del auto-sacrificio de las ranas: El Todopoderoso les ordenó esparcirse por toda la tierra de Egipto y ellas se introdujeron incluso en los hornos. Sin embargo, esto no aclara por qué no se comportaron del mismo modo también los piojos y las bestias salvajes [en otras de las Plagas].

En el contexto de lo antedicho la lección es clara: Este fue un acto de mesirut néfesh (auto-sacrificio) en su máximo grado: las ranas, que derivan de las aguas –“el Nilo hará pulular…”– se introdujeron en los hornos encendidos, es decir, se arrojaron al fuego, [sin importarles que semejante acto suyo era] algo diametralmente opuesto a su naturaleza [con tal de cumplir la Voluntad Suprema].

9. Las ranas vinieron a azotar todo el dominio del Faraón. Al cumplir su misión, demostraron una frialdad sacra, sublime, frente a las cosas materiales. Es por ello que fueron hasta “tus hornos y tus recipientes donde amasas el pan”, con el objeto de extinguir el ‘calor’ y la falsa exaltación de la kelipá, pues el calor, análogamente, puede hallarse en el plano opuesto a la santidad.

Se mencionó antes que la kelipá per se es frialdad. Pero para permitir el libre albedrío, la kelipá debe tener alguna condición similar a la Santidad – al menos en el grado de similitud existente entre el mono y el hombre. Por lo tanto, la kelipá también posee un aspecto de ‘calor’: su ardiente dedicación apasionada a las cuestiones mundanas.

10. La enseñanza de lo antedicho, aplicada en el servicio a Di-s, es la siguiente:
Para abandonar y librarse del “egipto impuro” la persona debe introducir calidez y vitalidad en todo lo que se relaciona con la Santidad, pues la frialdad es el comienzo de toda suerte de mal.

Esto se aplica también al modo en que se debe abandonar el “egipto sacro”, es decir, la avodá que se apoya [exclusivamente] en el entendimiento y la razón. Pero, [como resulta claro,] nuestra principal preocupación debe ser abandonar el “egipto impuro”.
Podríamos preguntarnos: ¿Por qué tanta conmoción por la falta de entusiasmo en cuestiones de Santidad? Al fin y al cabo, mientras la persona se abstenga de cometer malas acciones, ¿qué importa si no se siente entusiasmada por los asuntos de Santidad?
En verdad, sin embargo, no es posible estar “ni aquí ni allá”, no sentir entusiasmo por lo relacionado con la Santidad ni sentirlo por lo impropio. La frialdad hacia la Santidad llevará eventualmente a que el individuo se involucre en la impureza de Egipto, Di-s nos libre.

Por lo tanto, la Inclinación al Mal (el Iétzer HaRá) invierte denodado esfuerzo para enfriar al judío, haciéndolo indiferente a la Divinidad. Incluso frente a un milagro evidente, el Iétzer HaRá argumentará: “¿De qué te impresionas? ¡Después de todo, tú crees, de hecho, que todo proviene de Di-s, que Di-s es Omnipotente, y que en comparación con Di-s todos los mundos son como la nada absoluta! Siendo así, por cierto nada de especial tiene el hecho de que Di-s altere la combinación de las tres letras jet-mem-tzadik ([que forman la palabra] jómetz, “vinagre”) en una nueva combinación de shin-mem-nun (shémen, “aceite”) y que [en consecuencia] “¡Aquel que ordenó al aceite que arda también ordenará al vinagre que lo haga!” ¿Por qué todo este entusiasmo, hasta el extremo del éxtasis?”

La finalidad del Iétzer HaRá es enfriar los sentimientos de emoción Divina y generar frialdad, apatía e indiferencia hacia lo sagrado. Esta es la raíz de la impureza de Egipto.
Para deshacerse de “egipto” se debe recordar que primero debe haber “sangre”, un ardiente entusiasmo por, y en, las cuestiones de Santidad.
Tal como debemos generar en nosotros mismos un ardiente sentimiento por lo sacro (“sangre”), también debemos generar frialdad hacia las cuestiones mundanas (“ranas”). Esto representa los dos aspectos de “apártate del mal” –“ranas”– y “haz el bien” –“sangre”–. A través de estos dos conceptos y sus ramificaciones la persona es liberada de [su propio] “Egipto” [como se explicará a continuación].

11. En general, el orden en la avodá es: primero “apártate del mal” y luego “haz el bien”. Hay un famoso ejemplo [que ilustra el concepto]: Cuando se desea construir una casa para residencia de un rey, primero deben quitarse todos los escombros y la suciedad. Sólo entonces se podrán introducir objetos preciosos y preparar la morada de modo que sea apta para la realeza.
Este es el orden natural, en nuestro nivel de desarrollo, “desde abajo hacia Arriba”. Sin embargo, en el orden Celestial, “de Arriba hacia abajo”, el orden es inverso: primero viene el “haz el bien” y luego el “apártate del mal”; es decir, [según el orden Celestial] se proyectan [sobre el alma de la persona] excelsas revelaciones espirituales desde lo Alto, y éstas hacen que el mal se aparte. Por eso, como las Plagas venían de Arriba, primero tuvo lugar la de sangre (‘haz el bien’) y sólo después la de las ranas (‘apártate del mal’).

12. Esta secuencia –primero ‘sangre’ y después ‘ranas’ fue, de hecho, de orden sobrenatural, “de Arriba hacia abajo”. Sin embargo, como todos los relatos de la Torá nos brindan instrucciones a ser aplicadas en la avodá del hombre en todos los tiempos, aquí se nos enseña que nuestro servicio a Di-s también debe incluir una secuencia que comienza con “haz el bien”. Tal es así, que el Rebe Maharash solía decir: “El mundo sostiene que si no es posible ir por debajo hay que ir por arriba. Pero yo digo: ¡ya inicialmente se debe ir por arriba!”
El orden [en el servicio a Di-s] debe ser el de apuntar bien alto desde un comienzo, hacia la revelación de una enorme medida de luz que, por sí misma, provoque que la oscuridad se disipe.

13. De manera similar al principio mencionado existe una distinción entre galia deTorá (el aspecto revelado o exotérico de la Torá) y pnimiut haTorá (la faceta interior o esotérica de la Torá, también conocida como Jasidut o doctrina jasídica).
galia deTorá sigue el orden de “de abajo hacia Arriba”, avanza de lo simple a lo complejo. En pnimiut haTorá se da el orden inverso, comenzando con or (“luz”). Y esto es así particularmente en lo que respecta a las últimas generaciones: el pnimiut haTorá se ha revelado y es enseñado a todos [sin excepción], sin los requisitos, condiciones y preparativos previos que antaño eran prerrequisitos para su estudio.

Hoy en día se estudia pnimiut haTorá con cualquier persona, haciendo énfasis en su masiva y total difusión en consonancia con la bien conocida parábola del Alter Rebe acerca de la joya central en la corona del rey.
Así, al diseminar y difundir pnimiut haTorá, nos liberamos de “egipto”, comenzando con un ardiente deseo y entusiasmo por lo sacro –“sangre”–, lo que a su vez genera la repulsión al mal [“ranas”].
Mientras las tres kelipot impuras son eliminadas por completo del dominio del hombre, kelipat nóga logra su elevación.
Esto traerá la redención personal al alma de cada uno, y por intermedio de ella, la Redención general, de modo que muy pronto en nuestros días [se concretará la profecía de que] “Yo les mostraré maravillas como en los días de tu salida de la tierra de Egipto”.

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