Estudiando
1.Shemot
El Libro de Shemot (Exodo)
+100%-

Farbrenguen: Likutei Sijot 1

Extraido de sijot en español

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Shemot publicamos parte de la Sijá correspondiente a la Sección Shemot, del Volumen I de Likutei Sijot.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908. Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.

19 de Tevet de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Vaad Lehafotzas Sichos, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.
Esta traducción se realiza con la autorización expresa de Vaad Lehafotzas Sichos, Brooklyn, NY.

1. El decreto del Faraón que [“ordenó a todo su pueblo diciendo:] todo niño que naciere, arrójenlo al río [Nilo]; pero a toda niña, hagan vivir (tejaiún)”, despierta el siguiente interrogante:
¿Con qué objeto incluyó el Faraón [en su ordenanza, que] “a toda niña, hagan vivir”? Su intención, por cierto, era que todos los varones hebreos recién nacidos fueran [eliminados,] arrojados al río. ¿Qué pasaría con las niñas? Aparentemente eso no era de su interés. Sin embargo, el hecho de que su edicto incluyera también el destino de las niñas permite inferir que [esta adición] –“a toda niña, hagan vivir”– sí formaba parte integral del [siniestro] decreto.

La explicación es la siguiente:
El significado preciso de tejaiún es [no como se interpreta generalmente, “dejen con vida”, es decir, no eliminen, sino que] “ustedes (los egipcios) deben procurar que ellas vivan”, [“a toda niña, hagan vivir”]. Eran precisamente los mismos egipcios, a los que el Faraón había encomendado matar físicamente a los varones judíos arrojándolos al río, los responsables de extinguir las almas de las niñas sobrevivientes. ¿Cómo debían hacerlo? Educándolas conforme las costumbres egipcias, “haciéndolas vivir” según el estilo de vida egipcio.

Lo dicho nos permite entender tambien por que [en el primer decreto faraonico que abarcaba solo a los varones judios,] para obtener el consentimiento de las parteras judias de asesinar a los varones recien nacidos, este les indico solo que no dañaran a las ninas; no les dijo tejaiun, sino: «si es una niña, que viva [simplemente] dejenla vivir, [sin exigirles mas que eso, que la dejaran vivir, pues, .acaso podia pretender el Faraon que las parteras judias educaran a las niñas en el espiritu de la cultura egipcia? Obviamente, no. Pero cuando el edicto de llevar a cabo la aberrante tarea de asesinar a los recien nacidos se extendio a todo el pueblo egipcio, el Faraon si exigio a su pueblo tejaiun, que se aseguraran de que las niñas judias sobrevivientes fuera educadas segun las costumbres egipcias].

El hecho de que la Tora incluyera ambos decretos en un mismo versiculo demuestra que aquel de » toda niña, hagan vivir» no es mas trivial que el de » todo varon que naciere, arrojenlo al rio «. La muerte del alma no es menos grave que la del cuerpo, [sino mas,] como fuera dicho5: «Es peor la muerte espiritual que la fisica».

2. El decreto [faraónico de] “a toda niña, hagan vivir”, es decir, que eduquen y críen a los judíos inmersos en la aberración moral de la vida egipcia, se insinúa asimismo en el decreto [dirigido a los varones:] “a todo niño que naciere, arrójenlo al río [Nilo]”:
El Nilo era la deidad adorada por los egipcios. Este constituía su principal fuente de sustento, ya que en Egipto no abundan las lluvias y la irrigación de los campos provenía [de los canales construidos para acarrear las aguas] del Nilo.

Este es, entonces, el sentido de “arrójenlo al río [Nilo]”, el que a su vez abarca dos conceptos: a) el [de la crudeza] del exilio egipcio en su dimensión física –la matanza del cuerpo judío– y, b) el [de la severidad] del galut egipcio en su perspectiva espiritual –arrojar a los niños judíos a la idolatría y al placer hedonista egipcio, representativo de la muerte [espiritual del judío, la aniquilación] del alma; las aguas del Nilo eran la fuente de placer de los egipcios, pues “el agua hace crecer toda suerte de placeres” [y los judíos eran sumergidos y ahogados en el placer y la desenfrenada forma de vida egipcios].

3. El galut (exilio) egipcio es la raíz de todos los demás exilios [que el pueblo judío sufrió a lo largo de su historia. La raíz contiene todos los aspectos que eventualmente surgirán de ella]. De ello se entiende que los decretos [contra los judíos] presentes en Egipto existieron asimismo en todos los demás exilios [subsiguientes], inclusive en el nuestro, y [se manifiestan,] por ende, también en nuestra propia generación.

También en la actualidad se alza el “Faraón de Egipto”, la ideología y presión social “de la calle” que insiste en que se debe “arrojar” a los niños judíos al mar de las costumbres y cultura del país [en que se vive,] y “ahogarlos” en lo que, supone esta concepción, será la [futura] fuente de sustento [del niño].
Esta doctrina exige [también] que los muros de Pitóm y Raamses se construyan con [los cuerpos y almas de] niños judíos. Es decir, [que sean sacrificados al] introducirlos en, [y entregarlos a,] aquellas cuestiones que constituyen la fortaleza y más profunda pasión y entusiasmo en la vida de aquella sociedad foránea a lo judío.

[No nos dejemos engañar:] Debemos saber [y tener bien en claro] que la estrategia de “Actuemos astutamente con El” se origina en el “Faraón de Egipto”, cuyo objetivo es que no quede huella ni sobreviviente, Di-s nos proteja, del judaísmo ni de las almas judías y, por esta vía, tampoco resabios de los cuerpos judíos.
En consecuencia, es imprescindible alzarse con firmeza frente a estas ideas, y educar a los niños de acuerdo al espíritu tradicional judío.

4. El sentido concreto de estas palabras es el siguiente:
Cuando surge una duda acerca de la educación que se debe dar a los hijos, hay que recordar que está prohibido ahogarlos en el Nilo –la idolatría social local–, en las “olas” de quienes piensan en el sustento como única finalidad [y por lo tanto desechan todo lo judío en aras de una carrera profesional]. ¡El único camino en la verdadera vida es el de una educación en el espíritu de la Torá –la Torá de la Vida– que lo abarque todo!

No se debe imitar a aquellos padres cuyos hijos parecen crecer “bien provistos” –“fulano” con una casa, “mengano” con un automóvil; uno médico, el otro abogado, y un tercero, al menos, lustrabotas–, y creer que si se envía un hijo a la Ieshivá, crecerá un inútil que ni siquiera sabrá lustrar zapatos pues ignora cómo se toma el cepillo en la mano…
Debemos tomar conciencia de que es Di-s quien alimenta y concede sustento a todo ser creado, y cuando satisfacemos Su voluntad [tal como ésta se expresa en Su Torá], que “las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa y en el camino, al acostarte y al levantarte”, sin duda El concederá todo lo que le pidamos, tanto para nosotros como para nuestros hijos.

El niño debe ser confiado únicamente en manos de maestros cuya propia vitalidad provenga de la Torá y que viva [día a día] en consonancia con ella y con sus preceptos – la Torá de la Vida, [como reza el versículo:] “vivirá por ellos”. Sólo un maestro tal educará a los niños a vivir en el sendero de la Torá y la mitzvot, y este tipo de educación salvará a nuestros hijos, y por medio de ellos al pueblo judío entero.

5. Como ya se explicó, el galut egipcio es el precedente y la raíz de todos los exilios [sucesivos del pueblo judío]. Por lo tanto, también ahora, [en este galut,] existen situaciones comparables a los decretos de entonces. El mismo principio se aplica [también al aspecto positivo del tema, es decir,] a la redención [de Egipto como raíz y fuente de las redenciones posteriores del pueblo judío, incluso de la Redención final,] como fuera dicho: “Como en los días de tu salida de la tierra de Egipto, Yo os mostraré maravillas”. La Redención final será similar a la de Egipto, por lo que los preparativos que traerán a esta Redención se asemejan a los que la provocaron en Egipto.

Sobre la redención de Egipto se ha dicho que “nuestros ancestros fueron liberados de Egipto en mérito de las mujeres piadosas de aquella generación”. ¿Cuál fue la virtud especial de aquellas mujeres? ¡Criaron una generación de judíos! Su reacción ante el decreto del Faraón –arrojar a los niños judíos al río– fue la de no prestarle atención en absoluto. Si hay una orden Divina, ésta debe cumplirse sin pensar en posibles consecuencias. Y fue en mérito de estas mujeres virtuosas [y su leal e incondicional actitud] que nuestros ancestros fueron liberados de Egipto.

También hoy en día, en cada país –y particularmente en América– no debemos prestar atención a los empeños mundanos y a la búsqueda consumista predominante en el ambiente, ni tampoco a contingencias acerca del futuro económico de los niños. En cambio, se los debe criar tal como lo indicara el Todopoderoso, y El [con toda certeza] proveerá a los niños, y también a sus padres, de sustento.
Es precisamente cuando ignoramos los “decretos del Faraón” que salvamos a nuestros hijos y traemos rápidamente la Redención general para el pueblo judío como un todo, a través de nuestro justo Mashíaj.

6. Sobre el versículo [citado:] “todo niño… hagan vivir”, la Hagadá de Pesaj [al desglosar interpretativamente el versículo16 “Y clamamos Di-s… y Di-s oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestra esforzada labor (veet amaléinu) y nuestra opresión”] comenta que “la expresión ‘nuestra esforzada labor’ alude a los niños, como fuera dicho: ‘Todo niño… hagan vivir’”.

El versículo citado respecto de veet amaléinu (“todo niño… hagan vivir”) no pretende demostrar que amaléinu (“nuestra esforzada labor”) se refiere a los niños propiamente dichos, ([o sea, que ellos mismos constituyeran el ‘esfuerzo’, y en esto] esta cita difiere de las otras en el mismo párrafo de la Hagadá [que lo que hacen es demostrar cómo se expresaba la situación insinuada en los términos del versículo cuya interpretación se está desglosando]). La alusión es una de orden general, y expresa que hubo una situación aflictiva que afectó a los niños. Y del hecho de que no se ofrezca una prueba concreta que demuestre que los niños mismos son “nuestra esforzada labor”, se entiende que este concepto es evidente y obvio, por lo que no requiere de pruebas.

7. Esto nos enseña lo siguiente:
Para lograr la meta de que los hijos –e igualmente los alumnos (quienes también son llamados ‘hijos’, como declara Sifrí)– se encaminen como es debido, es preciso invertir esfuerzo, hasta el agotamiento.

Incluso cuando estos son obedientes, o cuando la influencia ejercida sobre los alumnos es tan sólida que con una simple palabra basta, el responsable de su educación no debe considerar que con ello ya cumplió con su obligación. Aun en estos casos es su deber esforzarse en su educación.
Amaléinu (“nuestra esforzada labor”) es un esfuerzo [real y objetivo,] que la Torá [y no el subjetivo ser humano] define como “esfuerzo”, por lo que se trata de una real denodada dedicación, hasta caer exhausto, y por lo tanto lo califica de ese modo.

Cuando se pone semejante empeño en la educación de los hijos, no hay motivos para alarmarse y temer al decreto del Faraón –que “todo niño que naciere, arrójenlo al río”– pues en esa instancia el decreto no lo afecta; de hecho, fueron precisamente aquellos niños, los criados bajo condiciones tales, los primeros en reconocer a Di-s en el momento de la Partición del Mar de los Junco: “los primeros en reconocerlo a El”, diciendo ze (“éste”) –“señalando” a Di-s con el dedo, y exclamando: ‘Este es mi Di-s y Lo alabaré’”– no fueron Moshé ni Aharón, ni los hijos de Aharón, ni los ancianos, ni la generación previa a la opresión, sino los niños criados con mesirut néfesh (sacrificio).

8. Esta es una lección no sólo para los padres respecto de sus hijos, y los maestros respecto de sus alumnos, sino que es válida para cada judío pues “de seguro reprocharás a tu prójimo” es una mitzvá de la Torá, tal como lo es “fructifíquense y multiplíquense”. De hecho, “fructifíquense y multiplíquense”, la primera de todas las mitzvot de la Torá, no rige sólo en el sentido físico sino también en el espiritual, [pues quien acerca a otro judío a Di-s es considerado como si lo hubiera hecho nacer].

En este contexto resulta pertinente citar una máxima de los jasidím del Alter Rebe –y según otra versión, del Alter Rebe mismo–: [No sólo los conceptos y temas de la Torá son “Torá”, instrucción y enseñanza, sino también] el orden [en que aparecen las mitzvot y todas las cuestiones] también lo es. De modo que el primer fundamento de la Torá, y por tanto, el primer principio en la vida de cada judío, es que: “¡Un judío debe hacer [nacer y formar] a otro judío!”

A cada judío se lo exhorta a tomar conciencia de que debe invertir todo esfuerzo posible, hasta el agotamiento, a fin de “hacer” a otro judío, encaminarlo en el sendero de la Torá, procurando particularmente que la educación de los niños sea kasher, [es decir, sólida y exclusivamente basada en los más auténticos y puros cimientos del judaísmo].

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