Estudiando
7.Terumá
El Libro de Shemot (Exodo)
+100%-

Farbrenguen: Likutei Sijot 1

extraido de Sijot en español

Bsd.
En oacasión de Shabat Parshat terumá publicamos la primera parte de la Sijá de Parshat terumá del Volumen I del Likutei Sijot.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908.
Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
1 de Adar de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. El término terumá (“ofrenda”) se menciona tres veces al comienzo de la Sección homónima de la Torá: 1) “Ellos tomarán para Mí una terumá”; 2) “… de aquellos a quienes su corazón motive tomarán Mi terumá”; y 3) “Y ésta es la terumá que tomarán de ellos: oro, plata y cobre…”.

La Guemará comenta que esta repetición alude a tres ofrendas diferentes:
1) La ofrenda de 1 béka (o sea, medio shékel) per cápita con la que se hicieron los adaním (los zócalos de plata en la base de los pilares que formaban el muro perimetral) del Mishkán (el Tabernáculo Móvil que acompañaba a los judíos en su travesía por el desierto); 2) La “ofrenda para el altar”, también de 1 béka, que cada persona debía donar y con la cual se adquirían los sacrificios comunales; y 3) La “ofrenda para el Mishkán”, en la que cada uno contribuía con lo que quería para la construcción del Mishkán y sus enseres.

Entre estas diferentes contribuciones hay una diferencia obvia: Las empleadas para la adquisición de los sacrificios comunales y para la fabricación de los zócalos eran, ambas, de “1 béka por cabeza”, medio shékel por persona; todos contribuían con idéntica suma. Las ofrendas para el Mishkán y sus enseres, en cambio, no tenían estipulado un monto determinado, y cada cual aportaba cuanto quería.
¿Por qué esta diferencia?

2. La razón de que la “ofrenda para el altar” (el béka con el que se adquirían los sacrificios) debía ser idéntica para todos se comprende fácilmente: Esta tenía por objeto “expiar por vuestras almas” (como explica Rashi, que esto se refiere a la “ofrenda para el altar”, la adquisición de sacrificios comunales, ya que “los sacrificios vienen a expiar”), o sea, expiar el pecado del Becerro de Oro, como declaran el [Talmud] Ierushalmí y los Midrashím.

El pecado del Becerro de Oro fue una transgresión colectiva que afectó no sólo a quienes participaron [activamente] de él sino también a la Tribu de Leví que no participó de este episodio. Incluso nuestro Maestro Moshé, quien no estaba allí en ese momento y por lo tanto no podía siquiera ser incluido en la categoría de “aquel que tiene la posibilidad de reprochar al prójimo por su mala acción [que, cuando no lo hace, es castigado por ella”,] se vio afectado por este pecado, y por eso está escrito: “Ve, desciende”, sobre lo que nuestros Sabios comentan: “Desciende de tu grandeza [espiritual”].

El pecado del Becerro de Oro significó que la totalidad del pueblo de Israel, en términos de comunidad global, transgredió. Fue una degradación [igualitaria] colectiva y, por lo tanto, su remedio y expiación debía ser por intermedio de una actitud colectiva: cada individuo debía dar la misma suma, pues se trataba de remediar un pecado que involucró [de manera igualitaria] a la totalidad del pueblo de Israel.

3. Para entender en mayor detalle el mencionado concepto [debemos anteponer la siguiente explicación]:
El pecado del Becerro de Oro fue [conceptualmente] similar al pecado del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal. Este último trajo impureza moral al mundo [entero. La transgresión cometida por Adám y Javá, quienes en ese momento constituían la totalidad del género humano, hizo que la impureza y el mal que hasta ese momento se encontraba en estado latente y potencial, se encarnara en el hombre y se transmitiera también a sus descendientes]. Esta impureza fue erradicada [temporalmente] en Matán Torá, cuando se entregó la Torá, pero retornó cuando cometieron el pecado del Becerro de Oro.

Por lo tanto, si ahondamos en el tema y analizamos en qué consistieron tanto el pecado del Árbol del Conocimiento [que fue el que introdujo la impureza en el mundo] y el evento de Matán Torá [que la erradicó pasajeramente], comprenderemos claramente qué significó el pecado del Becerro de Oro.

Originalmente, el mundo fue creado perfecto y [su perfección era de un grado tal que] “la esencia de la Shejiná (Presencia Divina) se hallaba en este plano físico inferior”. El pecado del Árbol del Conocimiento atrajo impureza moral al mundo y de ese modo lo convirtió en un sitio inadecuado como vehículo para que en él se manifestara reveladamente la Divinidad. Si bien los Patriarcas [Avraham, Itzjak y Iaacov,] observaron toda la Torá antes de que ésta fuera entregada, esta observancia no se relacionaba intrínsicamente con el aspecto físico del mundo [y en consecuencia no lo afectaba]; lo espiritual y lo físico estaban totalmente distanciados uno del otro, por lo que lo espiritual no podía penetrar en la materia física y ser absorbido por ella.

La innovación de Matán Torá consistió en la remoción de esta impureza. El mundo fue purificado. Ahora la Torá y las mitzvot podían impregnar las entidades físicas, y la materia podía convertirse en instrumento de la Divinidad. El pecado del Becerro de Oro “reavivó” la impureza del pecado del Árbol del Conocimiento y afectó al mundo entero produciendo un “retroceso” en el estado espiritual de la Creación]. Pero aun así, el efecto innovador de Matán Torá ciertamente perduró también después del pecado del Becerro de Oro. Pues ahora, [después de Matán Torá,] también pesa sobre los judíos [pese a la impureza reinante,] una clara responsabilidad de cumplir la Torá y las mitzvot en su contexto físico, siendo su misión y meta vincular y unir lo físico con lo Divino. No obstante, hubo un cierto resurgimiento de esa impureza [original] que afectó no sólo a las personas en particular y sus experiencias particulares, sino al mundo entero como un todo.

La enmienda del pecado del Becerro de Oro se logra por medio del “medio shékel” del que las Escrituras dicen: “Ze – esto es lo que darán”. La palabra ze indica un estado de manifestación –como dijeran nuestros Sabios [respecto de la manifestación Divina en el momento de la Partición del Mar]: “Cada uno señaló apuntando con su dedo y dijo: ‘Ze – éste es mi Di-s’”–. Esto significa que por medio de [la revelación de Divinidad que produce la entrega de] el “medio shékel” y la ofrenda de sacrificios [que con éste se adquirían en la época del Gran Templo] –y en el presente por intermedio del servicio a Di-s con la plegaria, instaurada en lugar de los sacrificios– se elimina la impureza y se vuelve a revelar Divinidad en el mundo. De esto comprendemos que ambos, el pecado del Becerro de Oro y su rectificación, son cuestiones globales [que afectan al mundo y al pueblo judío como un todo].

4. Lo dicho aclara algunas leyes específicas del “medio shékel”: 1) El dinero entregado por cada judío pasaba a ser propiedad de la comunidad. Cada uno debía dar de su propio dinero, pero una vez que lo hacía dejaba de ser suyo o de alguna sociedad entre individuos y pasaba a formar parte del fondo comunal. 2) Los fondos del “medio shekel” sólo se usaban para adquirir los sacrificios comunales.

Maimónides, en la introducción a su Comentario a la Mishná en el Séder Kodashím, explica que hay cuatro clases de sacrificios: 1) los comunales; 2) los privados (individuales); 3) un sacrificio comunal análogo al sacrificio individual; y 4) un sacrificio privado análogo al sacrificio comunal. Los ‘sacrificios comunales’ son aquellos que tienen un tiempo fijo preestablecido [en el cual debían ser traídos] y se ofrendan en beneficio de toda la comunidad –por ejemplo, los temidím (las Ofrendas Igneas Diarias) y los musafím (las Ofendas Adicionales de Shabat, Rosh Jodesh y las Festividades).

Un ‘sacrificio privado’, o ‘individual’, es una ofenda que no tiene un momento estipulado y cada persona lo trae de manera individual. Un ‘sacrificio público análogo a uno privado’ es un korbán ofrecido en beneficio de toda la comunidad pero que no tiene un tiempo estipulado –por ejemplo, el buey ofrecido por algún dictamen erróneo–. Un ‘sacrificio privado análogo a un sacrificio público’ es una ofrenda traída por un individuo pero que está sujeta a un momento específico –por ejemplo, el Sacrificio Pascual–. El ‘sacrificio privado’ –incluyendo a aquel que es ‘análogo a un sacrificio comunal’– no se adquiría con los fondos del “medio shékel”. Con respecto a los ‘sacrificios comunales análogos a los individuales’ hay diferentes opiniones, pero el dictamen legal final es que tampoco estos se adquirían con aquellos fondos. El ‘sacrificio comunal’ de la primera categoría es el único que se adquiría con el dinero recaudado con los “medio shékel”.

Esto explica el significado interior, más profundo, de las dos leyes citadas previamente: Debido a que el “medio shékel” atañía al pueblo judío como un todo, pasaba a integrar el fondo comunal y por ende sólo podía emplearse para adquirir aquellos sacrificios que eran íntegramente comunales.

5. Lo antedicho explica por qué la terumá para el altar (con que se compraban los animales para los sacrificios) era de idéntico monto, 1 béka, para todos. Pero, ¿por qué también la terumá para los adaním (los zócalos) debía ser precisamente de 1 “béka por cabeza”? Es más, los zócalos formaban parte del Mishkán, de modo que tanto la terumá para los zócalos como la terumá para el Mishkán estaban destinadas exclusivamente, ambas, para el Mishkán y sus implementos. Siendo así, ¿por qué estas dos contribuciones eran independientes y diferían también en sus regulaciones: la terumá para el Mishkán la daba cada cual en la medida de su generosidad, en tanto que la terumá para los zócalos era de “1 béka por cabeza”?

6. El [Talmud] Ierushalmí explica que cada una de las diferentes referencias a la terumá en nuestra Sección Semanal guarda conexión con su ofrenda correspondiente: “Ellos deberán tomar para Mí una terumáveikjú li terumá” se refiere a la ofrenda para los zócalos; “tomarán Mi terumátikjú et terumatí” se refiere a la ofrenda para el altar; y “ésta es la terumá que tomarán de ellos – vezot haterumá” se refiere a la ofrenda para el Mishkán.

Esta relación se expresa de la siguiente manera: Cuando la Torá dice “ésta es la terumá que tomarán de ellos…”, continúa enumerando 13 o 15 elementos: “oro, plata y cobre…”. Claramente, se refiere a las contribuciones para el Mishkán. Cuando dice “tomarán Mi terumá”, especifica: “aquel cuyo corazón lo motive a dar”; resulta obvio que se refiere a los sacri.cios, donde era crucial la “intención del corazón” (tal como lo es en la plegaria, “instituida en correspondencia con las ofrendas ígneas diarias”, pues ésta es llamada “servicio del corazón” y su esencia es la intención meditativa [la kavaná]). Y la frase restante: “Ellos tomarán para Mí una terumáveikjú li terumá” se refiere a los zócalos [del Mishkán].

Así, vemos que el término li (“para Mí”) es expresa exclusivamente yuxtapuesto a la ofenda para los zócalos –en realidad, es relevante a las tres [clases de] ofrendas; de hecho, lo es para toda la Torá y las mitzvot, como se declara en Tania, citando del Zohar, que por medio de la Torá “ellos Me tomarán”, es decir, realmente “Me están sujetando”, para decirlo de alguna manera; no obstante, el término li (“para Mí”) se menciona explícitamente sólo en relación con los zócalos– y, [citando las palabras del Midrash, li tiene una trascendencia especial, ya que] “dondequiera aparece la palabra li, alude a algo que jamás cesará”.

7. Las dos mencionadas diferencias entre los zócalos y las demás partes del Mishkán, [que: a) pese a ser un elemento más del Mishkán no se incluye entre los donativos generales cuyo monto dependía de la generosidad de cada cual, y b) sólo respecto de estos se emplea el término li] se entenderán mejor si aclaramos primero el significado de los zócalos en términos del servicio a Di-s por parte del alma humana.

Respecto del versículo “Me harán un Santuario y Yo moraré dentro en ellos”, nuestros Sabios enfatizan que “no está escrito ‘… en él (en el Santuario)’, sino ‘…en ellos’, es decir, dentro de cada judío, sin excepción”. Existe, pues, un ‘Mishkán’ y Santuario espiritual dentro de cada judío, y en éste están presentes todas las partes que integran el Mishkán físico, incluyendo sus zócalos.

8. Los adaním (zócalos) eran la parte más baja del Mishkán, pero no obstante ello constituían la base [y sostén] de todo el Mishkán, incluyendo sus krashím (pilares) y ieriót (cortinas y coberturas) situados más alto [y por encima] de los zócalos. Así, en términos de la avodá (el esforzado servicio a Di-s) por parte de la persona, los ‘zócalos’ aluden a la humildad y la capacidad de bitul (abnegación). Los ‘kerashím’ (pilares) en el alma humana son sus facultades interiores (inmanentes), su intelecto y emociones. Por lo tanto, su longitud era de 10 amot30, en correspondencia con los 10 poderes del alma. Las ieriót (coberturas) aluden a las facultades abarcadoras del alma.

Los adaním representan los modos inferiores de todas las formas de avodá: humildad, bitúl (auto-anulación) y kabalat ol (sumisión). No obstante, [pese a ser inferior,] constituye precisamente el fundamento sostenedor de todo el ‘Mishkán’, tal como suplicamos [en el párrafo final de la Plegaria Shemoné Esré]: “sea mi alma cual polvo para todo…”, lo que a su vez es un prerrequisito para “…abre mi corazón a Tu Torá y haz que mi alma persiga Tus ordenanzas”.

9. Esta es también la razón de que la entrega de la ofrenda para los adaním sólo se realizara el primer año, en tanto que las demás continuaron también después: Pues humildad y bitúl son la base y el punto de partida de la avodá, el primer paso a dar [en el servicio a Dis]. Una vez que este fundamento quedó firmemente establecido [en la propia alma], la persona puede [y debe] acceder a los diferentes estilos y niveles de avodá específicos.

Es por esto que la avodá diaria comienza con Modé Aní y Hodú LaHashem…. Hodaá y bitul son los puntos de partida de la avodá, y sólo luego le siguen los niveles específicos de psukéi dezimrá, birjot kriat shemá, kriat shemá, etc.

10. Ahora podemos entender las dos mencionadas diferencias entre los zócalos y las demás partes del Mishkán: En lo que respecta a los modos de avodá “interior” [o sea, lo que cada judío realiza acorde a su propio nivel intelectual y emocional] los ‘krashím’ (pilares) y las ‘ieriót’ (coberturas) de cada individuo difieren de los del otro, cada uno debe servir a Di-s de acuerdo a sus propios talentos y habilidades particulares. Pero con respecto al kabalat ol, todos son iguales, [pues en el bitúl y la abnegada entrega absoluta, no hay diferencias].

¿Con qué se “toma” la Esencia Divina, el li? Solamente a través de bitúl. “Di-s no se halla en el viento… ni en la tormenta… tampoco en el fuego, sino sólo en el sonido del fino silencio” – allí es donde “viene” el Rey (conforme estos cuatro aspectos de la avodá del hombre. Estos son explicados extensamente en la Serie de Maamarím del año 5672).

11. Kabalat ol y bitúl son, de hecho, la base de la avodá, pero no más que eso. Una avodá completa requiere que el hombre también entregue a Di-s sus facultades interiores, el intelecto y las emociones. Con respecto a esto último no es suficiente dar sólo “medio shékel”. Aquí se aplica la ley de los sacrificios [privados]: “Si el rico trajo la ofrenda del pobre, no ha cumplido su obligación”. Cada cual debe entregar a Di-s todo su intelecto y todas sus emociones [de acuerdo a la capacidad individual de cada uno].

Por otro lado, la ley también establece que “si el pobre trajo la ofrenda de un rico, ha cumplido su obligación”. Los comentaristas señalan que esta ley no es sólo post facto (que luego del hecho, su ofrenda es válida, pese a que en principio debería haber traído otra diferente), sino incluso puede hacerse así desde un comienzo; y de hecho, quien así hace, “sobre él recaerá bendición”.

En términos de la avodá espiritual del hombre esto significa lo siguiente: Existen aquellos que son “pobres en conocimiento”, les falta estudio en niglé [la faceta revelada] de la Torá, e incluso en la propia observancia de mitzvot con hidur (embellecimiento puntilloso); aun así se exige de ellos estudiar Pnimiut HaTorá (el aspecto místico de la Torá), la “ofrenda del rico”. “Enriquécete a fin de que te enriquezcas aún más”, y “no hay rico sino en conocimiento”. Esta persona será enriquecida espiritualmente, en sus sentidos y capacidades, lo que se reflejará también literalmente en riqueza material, descendencia abundante, vida y sustento.

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