Estudiando
3. Sheminí
El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Farbrenguen

Extraido de sijot en español

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Sheminí publicamos parte de la Sijá correspondiente a la Sección Sheminí, del Volumen I de Likutei Sijot.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908.
Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
23 de Nisán de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. La Sección Semanal [Sheminí] hace referencia a los animales puros que tenemos permitidos ingerir y a los animales impuros que no debemos comer. La Torá ofrece dos señales (simaním) para reconocer a un animal puro: debe ser rumiante y tener las pezuñas partidas.
En relación a estas señales distintivas hay un estudio [de un exegeta talmúdico] que analiza si la condición de pureza o impureza [de un animal] es determinada por estos signos o no. En otras palabras, [la duda es,] si el ser rumiante y poseer las pezuñas partidas convierte a un animal en puro y viceversa; o si estos simaním son tan sólo señales identificatorias, es decir, el animal en sí es puro debido a otras razones, [no necesariamente ligadas a estos signos,] sólo que para que nosotros podamos reconocer qué animales son puros, el Todopoderoso introdujo en ellos señales mediante las cuales podamos identificarlos como tal.

La diferencia entre estas dos formulaciones es la siguiente:
La Ley de la Torá establece que “aquello que ‘sale’ (nace) de lo puro es puro” – aunque no posea las señales de pureza. Por ejemplo, cuando la cría de un animal puro no tiene las pezuñas separadas, a pesar de carecer de signos de pureza, sin embargo, debido a que esta cría nació de un animal puro, se la considera también pura.

Ahora bien, si las señales de pureza fueran sólo signos de reconocimiento (como la segunda propuesta), esta regla [de “aquello que nace de lo puro es puro”,] se deduciría también desde la lógica: dado que este animal nació de uno puro, los signos identificatorios, [en este caso,] no tienen sentido [ya que estamos seguros de la procedencia del animal]. En cambio, si las señales son las que determinan la pureza, entonces desde la lógica, aquella cría que no tiene las pezuñas partidas sería considerada impura. El hecho de que la Halajá (Ley Judía) establezca que es pura se debe a que [“todo lo que nace de lo puro es puro”] es un decreto de la Escritura.

Si la pureza [de un animal que no tiene las señales distintivas] es determinada por la lógica o por un decreto de la Escritura, tiene implicancias halájicas legales:
[La Halajá establece que] está prohibido jugar con alimentos puros. Esto se aplica sólo cuando el alimento proviene de una especie pura. En cambio, si la especie per se [de la cual proviene este alimento] es impura, sólo que según el decreto de la Escritura es declarada pura, no existe tal prohibición.
Esta distinción puede verse en el contexto del versículo: “El Leviatán, que Tú has creado para jugar con él”. El [Talmud] Ierushalmi pregunta cómo es posible que se pueda jugar con un ser puro, y responde que el Leviatán per se es un animal impuro, pero fue declarado puro por un decreto especial. De aquí, que si la pureza de un ser creado se debe solamente a un decreto de la Escritura, está permitido jugar con ella.

2. Existen varias pruebas que permiten sostener que las señales de pureza son los factores determinantes de la pureza [de un animal]. De hecho, el texto mismo de la Escritura aparenta sustentar esta idea cuando declara que ciertos animales están prohibidos “debido a que son rumiantes pero no poseen la pezuña dividida…”.

Otra evidencia puede obtenerse de la norma que establece que un “gallo de pantano” [que nace con las características de ave impura,] está prohibido. El [comentario de] Tosafot señala que en el caso del “gallo de pantano” no aplicamos la regla “lo que nace de lo puro es puro”, ya que la gallina no dio a luz un pollito [y tampoco lo empolló,] sino simplemente colocó un huevo en la tierra, (en el pantano), y de este huevo [colocado en el pantano] se desarrolló aquel pollito [prescindiendo de la acción de la gallina]. Por ende, este ave está prohibida debido a que posee las señales distintivas de impureza. Ahora bien, si las señales sirven meramente como identificadores, y nosotros sabemos de qué especie proviene este gallo, ¿qué importancia tiene que posea o no los signos de impureza? [¡Después de todo su procedencia es de una especie permitida!]. De aquí se deduce indefectiblemente, que los signos distintivos [establecidos por Di-s en la Torá,] son los que determinan y causan la pureza [de un ave o animal, o su impureza]. Así, [según la opinión del Tosafot,] la norma: “Lo que nace de lo puro es puro”, es un decreto de la Escritura que [tiene la fuerza de contrariar la carencia de signos de pureza, decretando que un animal es puro, siempre y cuando el mismo provenga de una especie pura. Pero este principio] no se aplica al caso del “gallo de pantano”, pues el mismo “creció de la tierra” [desconectado de su especie de procedencia, por lo cual, al haber nacido con signos de ave impura, éstos determinan su impureza].

[Según lo expuesto, que las señales distintivas son la causa de la pureza o impureza de un animal,] hay que [analizar y] entender la conexión entre [los signos distintivos de] ser “rumiante” y poseer las “pezuñas partidas” con la pureza. Aunque sostengamos que aquellos signos no son más que identificadores de los animales puros, debido a que todo, aun las cuestiones mundanas suceden por Providencia Divina, y por supuesto, y con más razón es así, en relación a temas conectados con la Torá y sus mitzvot, por eso, del hecho de que se hayan establecido éstos signos de pureza [y no otros], es una evidencia de que los mismos están intrínsecamente relacionados con la pureza, al menos como derivados de la misma (para propósitos de identificación) –aun sin llegar a ser sus causales, como lo establece la primera formulación-.

3. Una de las razones para la prohibición de ciertos alimentos, se debe a que todo lo que la persona ingiere se transforma en “sangre y carne de su propia carne”, [es decir, el alimento se transforma en parte integral del ser]. Por ello, la Torá prohibió los “maajalot asurot – alimentos prohibidos”, para evitar que el hombre asimile las características negativas de los mismos.

Este principio se aplica también a [lo que representan] los signos de pureza e impureza: Si la prohibición de ingerir animales que no son rumiantes y no tienen las pezuñas separadas tiene como objetivo evitar que el hombre asimile estas características como parte de su personalidad, se deduce entonces, que la conducta de la persona debe contemplar la inclusión de comportamientos tales como “pezuñas partidas” y ser “rumiante” [como se explicará más adelante].

4. Como fue mencionado [en otras ocasiones,] cada tema de la Torá es una enseñanza que guía los pasos del hombre. Por lo tanto, las señales distintivas de pureza, que al menos identifican a un animal como puro, constituyen también una enseñanza: en el ser humano, las cualidades de carácter de “rumiante” y “pezuñas partidas” determinan si las conductas de la persona son “puras” [y sanas], o –Di-s libre- todo lo contrario.

Hay otro aspecto en esta enseñanza:
Cuando la Torá otorga señales distintivas, es para reconocer a un animal [puro de otro que no lo es]. El paralelo espiritual de esta situación en el ser humano, es el “animal que se haya en el corazón”, el Alma Animal. Estas señales no fueron dadas para analizar cuestiones relacionadas con el Alma Divina, es decir, para determinar si la Torá y las mitzvot de la persona son observadas verdaderamente lishmá (sólo para cumplir la Voluntad de Di-s y conectarse a él), o debido a motivos ulteriores. Pues incluso si hay motivos ulteriores, de igual manera se debe estudiar Torá y observar las mitzvot, [como dicen nuestros Sabios:] “La persona siempre debe estudiar Torá y observar las mitzvot, aunque no sea lishmá, pues [finalmente accederá al nivel de lishmá”]. El análisis y reconocimiento [si una actitud es “pura” o “impura”,] debe estar orientado a cuestiones que involucran temas materiales y mundanos relacionados con el Alma Animal. Ahí sí hay que reconocer si el “animal” [que se halla en el corazón de la persona] es “puro” o no.

Ambas clases de animales, los puros y los impuros, son mencionados en la Torá. Esto significa que alguien puede observar la Torá y aun así ser un “animal impuro”. Najmánides (el Rambán) señala que la persona puede ser un “malvado en el ‘contexto’ de la Torá” (es decir, él puede creer que sigue el camino de la Torá, cuando en realidad está violando el precepto de “kedoshím tiihú – santos seréis”, uno de los fundamentos del servicio a Di-s). Así, para poder distinguir lo que constituye un “animal puro” [en el corazón de la persona], la Torá ofrece dos señales: a) Que tenga la “pezuña partida”; y b) Que sea “rumiante”.

5. En líneas generales, también en los animales existe una diferencia básica entre la cabeza y las patas, (como es evidente de las leyes de terefot (animales que tiene defectos en ciertos órganos, etc.)), asimismo, incluso en los animales sólo las patas están cerca de la tierra. [En términos de la analogía con el hombre,] esto implica que las facultades elevadas [de la persona], también las del Alma Animal, no deben estar imbuidas en la materia, en cuestiones terrenales15, sólo [las “patas” del Alma Animal, es decir] sus fuerzas de asiá (acción), deben estarlo –cuando es necesario-.

(En la época del Rebe Rashab había un jasid, un hombre de alta talla espiritual, bendecido con talentos especiales, que estaba muy involucrado en el negocio de galochas. El Rebe Rashab le dijo: “pies ‘metidos’ en galochas, he visto, ¡pero la “cabeza en galochas”…!”).
Asimismo, incluso en relación a las “patas”, [la facultad de acción de la persona,] debe haber una “pezuña” entre la “pata” y el piso (la tierra), una interposición entre el pie y lo mundano, [de modo que también desde sus facultades inferiores, el individuo se involucre en cuestiones mundanas, sólo lo necesario].
No obstante, esta “pezuña” que separa [entre la materia y la persona,], debe estar “partida”, abierta. Esto significa que incluso en las cuestiones mundanas debe [haber una “abertura” mediante la cual pueda] iluminar la Luz Divina, y también se debe detectar, [gracias a esta “abertura”,] Divinidad en los asuntos terrenales.

(Esto es análogo al análisis de la Filosofía Jasídica sobre el concepto de los “pelos”: El pelo descubierto de una mujer es considerado desnudez. Sobre los levitas también está dicho: “pasen navajas sobre todo su cuerpo”. Por otro lado, sobre un nazir (nazareno) está dicho: “él dejara crecer su pelo libremente”. Jasidut explica que donde hay poca vitalidad y Luz, los pelos constituyen un defecto, una falta (pues los pelos representan tzimtzum – contracción [de la Luz Divina]; además, entre la raíz del pelo y el pelo en sí se interpone el cráneo). En cambio, donde hay abundancia de vitalidad y Luz, debe haber pelo. Por eso, con respecto al nazir se señala: “él será santo, y dejará crecer su pelo libremente”. Lo mismo se aplica a las pezuñas del animal, estas deben estar divididas [para que el animal sea puro]). –

De esta manera, el Tania declara que “incluso en asuntos mundanos la persona no debe separarse del Di-s de la Verdad”. Por lo tanto, la “pezuña” debe estar “separada” completamente de “arriba hacia abajo”, pues sólo entonces el “animal” puede ser un “animal puro”. Es decir, sólo entonces el “animal” que hay en el hombre – las cuestiones materiales necesarias para [la manutención de] el cuerpo- puede ser un “animal puro”.

Así, está escrito en Kehilat Iaacov (de Rabí Iaacov Tzvi Ioles, autor del Melo Haroim), que la palabra behemá (animal) es un acrónimo de “Basar Haiored Min Hashamaim – carne que desciende del cielo”; pues ello con seguridad es un “animal puro”, ya que “nada impuro desciende del cielo”.

7. Existe otro aspecto con respecto a las “pezuñas divididas”. La “pezuña” debe estar dividida en dos, lo que indica que nuestro caminar por la tierra, es decir, nuestra actividad mundana, debe incluir dos principios: “la mano derecha acerca [contiene], y la mano izquierda aleja” [pone límites].
Hay quienes sólo se manejan con el criterio de “la mano derecha acerca”, sin ninguna restricción. Ellos argumentan que para acercar a un judío a la Torá, conviene flexibilizar cuestiones establecidas por la Torá, e incluso adaptar la Torá, Di-s libre, a las tendencias y al “espíritu predominante de la época”.
El [preocuparse por] acercar a todo judío a la Torá, es algo correcto, como ya se explicó en varias ocasiones que lo que está dicho en la Mishná: “Ama a las criaturas, y acércalos a la Torá”, significa que incluso aquellos que no son más que meras “criaturas”, es decir, que no se refleja en ellos más que la única virtud de ser seres creados por Di-s, también a este tipo de judíos hay que acercar a la Torá, [esta es la aplicación práctica de “la mano derecha acerca”].

No obstante, decir que por este motivo se debe, Di-s libre, “corregir” la Torá –cuando en realidad significa arruinarla- es contrario al espíritu de la Torá. Esto resulta evidente de la misma Mishná que dice “acércalos a la Tora”, se debe acercar la gente a la Torá, y no “arrastrar” la Torá y refórmala de acuerdo a su criterio y conveniencia.

Aunque fuera verdad que dicha postura atrae a más judíos, debemos saber que según la Ley de la Torá está prohibido cambiar siquiera la orden más simple de la Torá, ya sea de la Escritura misma o una orden rabínica, incluso si esta fuera una instituida por las autoridades de las generaciones recientes, [esta es la aplicación práctica de “la mano izquierda ‘aleja’, pone límites”].
(Los únicos cambios posibles son aquellos autorizados por un Profeta auténtico, e incluso en ese caso el cambio no puede ser más que una medida temporaria. En esa instancia ello mismo es una Ley de la Torá, no menos que cualquier otra mitzvá que la persona debe obedecer. Así sucedió con el Profeta Eliahu en el monte Carmel: él era un auténtico Profeta y sus instrucciones fueron órdenes temporarias necesarias para un caso de emergencia. Fuera de estas condiciones incluso el más leve desvío más allá de lo que la Torá indica, está prohibido, sin importar los efectos positivos que pueda tener).

La verdad es que haciendo modificaciones en la Torá, no sólo que nada mejorará y ningún judío más se acercará a la Torá, sino todo lo contrario, la situación empeorará; pues aquellos que intentan acercar serán acarreados por las “criaturas”, hasta el extremo de desvirarse completamente, Di-s libre, de la Torá y el judaísmo.
El concepto antedicho encuentra expresión en la siguiente parábola de mi suegro, el Rebe (anterior): cuando la persona se halla perdida en el bosque entre feroces bestias, es obvio que no se dirigió a la profundidad del bosque, directamente desde su casa. Al principio marchó por el camino correcto (el camino real, el del Rey del Universo), luego se desvió del camino del Rey, sólo el ancho de un “pelo”, luego otro “pelo” más, que fue seguido por otro y otro, hasta que de repente se encontró en la profundidad del bosque entre bestias feroces.

8. [Para que el “animal del corazón de la persona” sea puro, poseer sólo] la señal de “pezuña dividida” no es suficiente. Es necesaria también otra señal: [El “animal” debe ser] “rumiante”.
El individuo debe analizar cuidadosamente cada actividad mundana que quiere llevar a cabo. Debe “masticar” y pensar una y otra vez si debe hacerla y cómo hacerla. Sólo entonces será “un animal puro”.
En la terminología jasídica, este es el proceso de birurim, que requiere primero el birur Ban y luego el birur Ma.

9. En este contexto existe otra lección que se puede extraer de los signos de pureza de las aves:
En relación a las aves no nos podemos basar únicamente en las señales de pureza, sino que también necesitamos de la tradición oral que nos confirme la pureza de aquellas especies. Surge la pregunta: ¿Por qué es necesaria la tradición oral y no es suficiente con observar las señales para reconocer al ave pura? La lección de esto es la siguiente: La persona no debe basarse sobre su propia lógica e inteligencia. Es posible estudiar el Shulján Aruj (Código de Leyes Judío), e incluso guiar la propia conducta de modo que el intelecto determine que la misma va “más allá de los requerimientos estrictos de la Ley”, y al mismo tiempo encontrarnos en el más bajo de los abismos espirituales, Di-s libre. Debe existir una “tradición”. La palabra mesorá (tradición) se relaciona la palabra mesirut, devoción y conexión (hitkashrut). Debe haber hitkashrut con el Rebe, con el “cazador experto”, el Rebe que se ocupó y preocupó por salvar almas judías, y se halla “familiarizado con ellas y sus nombres”, para salvarlas de la seducción del Ietzer Hará, la Inclinación al Mal.

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