Estudiando
2.Tzav
El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Farbrenguen

Extraido de sijot en español

Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Tzav publicamos parte de la Sijá correspondiente a la Sección Tzav, del Volumen I de Likutei Sijot.

La persona puede preguntarse: ¿”qué sentido tiene cumplir las mitzvot y seguir el ritmo de vida que la Torá quiere para el judío?. Después de todo, seguiré siendo el mismo ser humano limitado y mortal que antes. Ciertamente
mi vida tendrá un poco más de sentido y contenido, pero hay otras filosofías que también proveen a la persona de ideales y objetivos nobles”.
En esta Sijá el Rebe explica cómo la acción del ser humano, si es acorde a la Voluntad de Di-s en Su Torá, por más que la misma es de naturaleza limitada y efímera, tiene la facultad de atraer el Infinito, la Luz Divina que trasciende lo limitado. Así, la persona seguirá viviendo una vida terrenal y mundana, pero conectada y “atravesada” por el Infinito, lo la Luz ilimitada de Di-s. Esto se logra sólo cuando la persona hace TODO lo que está a su alcance, entonces Di-s responde con Sus Facultades.

Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones. Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar o al Teléfono 54 11 4504 1908.
Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las notas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE). Cuando aparece en el texto ‘’Mi suegro, el Rebe (anterior)’’, el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, 6to. Rebe de Jabad.
7 de Nisán de 5767
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

1. Sobre el versículo [al inicio de la Sección Semanal] “Un fuego perpetuo arderá sobre el altar, no se extinguirá”, dice el [Talmud] Ierushalmi que [la expresión “fuego] perpetuo” [indica que] aun en Shabat [este fuego debía estar encendido]; y también [“fuego] perpetuo” [hace alusión a que] aun en [estado de] impureza [éste debía permanecer ardiendo sobre el altar].
Ya se mencionó en numerosas ocasiones que todos los conceptos y aspectos del servicio a Di-s realizados en el Mishkán y en el Beit HaMikdash físicos, tienen su paralelo en el Mishkán y Mikdash espiritual que hay dentro de cada judío.
[En este contexto,] el altar es el corazón del hombre. Así como en el Santuario físico había [dos altares:] un altar exterior, [que se hallaba en el patio del mismo,] y el altar interno [que se encontraba dentro del sector llamado kodesh,] también en el corazón [humano,] existen ambos aspectos, la faceta externa y la interna del corazón.

El altar al cual se refiere el mandato: “Un fuego perpetuo arderá sobre el altar” es el altar externo [del Santuario]. En el sentido espiritual esto significa que debe existir un éxtasis visible en la faceta externa del corazón: el corazón debe tener un ardoroso anhelo por la Divinidad.
[Al introducir brevemente en qué consiste la avodá del Shabat, entenderemos la antedicha cita del Ierushalmi que relaciona el versículo en cuestión con el Shabat:]

El sentido del Shabat es el descanso, [apartarse y] separarse de lo mundano. Es por ello que en este día se prohíbe realizar labores pertinentes a los días de semana. En términos de la avodá, [el servicio a Di-s en el fuero íntimo], en el alma de la persona, esto significa [detenerse y] reflexionar acerca de [lo que la Escritura insta al individuo a conectarse con la excelsa espiritualidad del Shabat:] “Llamarás al Shabat deleite”; así, cuando la persona capta intelectualmente la manifestación de la Luz [Divina propia del Shabat,] se logra un estado de separación de lo mundano. Ahora bien, esto puede llevar a pensar que en virtud de su involucración en el área netamente intelectual, él se halla más allá del aspecto emocional, y [piensa erróneamente que] no necesita [del] “fuego” [interior del corazón]. Es por eso que se le dice: “Un fuego perpetuo… no se extinguirá” – aun en Shabat.

En el otro extremo se halla el individuo que está tan alejado [de lo espiritual] que piensa que ya no tiene -Di-s libre- ninguna conexión con lo sagrado. A él se le dice: [“el fuego] ‘no se extinguirá’ – aun en estado de impureza; ¡no te dejes llevar por tu estado presente y procura que [el fuego] ‘no sea extinguido’. Continúa avivando el ‘fuego perpetuo’; es decir, el fuego Divino que hay dentro tuyo, de modo que no se extinga”. Este esfuerzo resultará en que [finalmente] el “No, se extinguirá“, como lo interpreta el Predicador [Maguid] de Mezritch, que el “No” –todos los aspectos negativos [que resultan de la impureza]- serán extinguidos.

2. Esta interpretación del Maguid nos enseña que la extinción del “No”, [los aspectos negativos,] requiere de un “fuego perpetuo”, es decir, una continua y ardiente dedicación a la Torá y las mitzvot.
No basta con que ocasionalmente, o sólo un momento atrás, se haya dedicado con entusiasmo a la Torá y las mitzvot. Permanentemente la avodá debe estar imbuida con ardor y entusiasmo, pues de enfriarse incluso por un momento, se le da al “No” –en ese instante- la posibilidad de entrometerse [en la mente y corazón de la persona].
Así se explica también por qué la mitzvá de recordar lo que sucedió con Amalek es un precepto diario. Debemos hacerlo continuamente para impedir que se nos introduzca la frialdad de Amalek en el menor descuido, como está escrito: “Un fuego perpetuo arderá sobre el altar, no se extinguirá”.

3. Hay otro concepto relacionado con el “fuego perpetuo”: el mismo constituye la preparación para el “fuego de Arriba”. Nuestros sabios dijeron que “si bien el fuego (del altar) desciende del Cielo, es obligación [de los kohanim (sacerdotes)] ofrecer ‘fuego común’”. Esto significa que el “’fuego común’ de abajo” (que alude a la participación del ser humano), es una preparación y sirve como estímulo desde “abajo” para atraer el “fuego del Cielo”. El “fuego del Cielo”, sin embargo, puede ser atraído sólo si el “fuego de abajo” [que lo precedió] fue íntegro, perfecto. Este último concepto se halla implícito en las Secciones Tzav y Sheminí:

En los “Iemei haMiluím – Días de Inauguración” del Mishkán, todo el Santuario y sus utensilios ya habían sido confeccionados y completados; [no sólo eso, sino que también] Moshé y Aharón [en persona, y no otros sacerdotes,] estaban allí; los sacrificios ya se habían ofrendado, etc., pero no obstante, la Shejiná (Presencia Divina) aún no había descendido para morar en la obra de sus manos, [es decir, no se percibía la presencia manifiesta de Di-s en el Santuario,] pues aún quedaban vestigios [espirituales] del pecado del Becerro de Oro. Fue sólo en el octavo día, al encenderse el “fuego terrenal” [que ofrecieron Moshé y Aharón, y con lo cual la acción humana llegó a su perfección,] lo que consumió todo el “No”, y anuló completamente el efecto del pecado del Becerro de Oro; [en ese momento,] “un fuego salió de ante Di-s…” y la Shejiná moró sobre la obra de sus manos.

Ahora bien, ¿En qué se distinguía tan especialmente este “fuego Celestial” que para poder descender se debía anteceder [aquí abajo] un servicio perfecto, [aquel representado por] el “fuego terrenal”? [La explicación del concepto es la siguiente:]

Los seres creados son limitados, asimismo el servicio a Di-s por parte de ellos, y hasta qué punto [espiritualmente] pueden llegar, también es limitado. Por lo tanto, éstos, [el servicio a Di-s de las criaturas y los efectos de éste,] carecen por sí mismos de existencia eterna, [pues toda cosa limitada, por naturaleza, con el correr del tiempo se debilita y hasta desaparece]. Para que la avodá y su efecto espiritual sean eternos, es necesaria una “proyección” [de Luz Divina] desde lo Alto, pues el Altísimo [en su carácter de Todopoderoso] es realmente ilimitado, [en el sentido de que nada ante él es imposible y “soporta opuestos”, de modo que puede proveer eternidad a un acto humano que por peso propio es limitado].

Es por ello que durante los “Siete Días de Inauguración”, [en los que Moshé y Aharón ofrecieron sacrificios,] el Mishkán era erigido y desmontado [cada día], pues por parte de entidades creadas era imposible que el armado del Mishkán perdure de manera verdadera y estable. Sólo en el “Octavo Día” cuando la Shejiná se posó [en el Santuario] y “un fuego salió de Di-s”, el Mishkán fue erigido y luego no desmantelado. En esa instancia el Mishkán fue erigido verdaderamente, para siempre [con el “toque” de eternidad dado desde lo Alto].

Esto explica la diferencia entre los “Siete Días de Inauguración” y el “Octavo Día”, es decir, por qué el “fuego Celestial” descendió sólo recién al “Octavo Día”. “Siete” se refiere al ciclo normativo de días, es decir, todo lo que se relaciona con [la naturaleza y] las dimensiones creadas. Por otro lado, “ocho” [hace referencia a todo lo que] trasciende este ciclo, es la Luz Divina que se halla más allá de los planos creados, [tanto físico como espirituales,] y es esta Luz [la que se corporiza, por así decirlo, en] el “fuego Celestial”, como se explicó antes.

4. Por otro lado, si bien los seres creados no pueden, per se, conectarse con lo eterno, no obstante, tal como se mencionó antes, el “fuego Celestial” desciende exclusivamente cuando la avodá terrenal –el “fuego de abajo”- es perfecta. Esto quiere decir que cuando la persona hace todo lo que está a su alcance, a pesar de que su servicio es limitado, el Todopoderoso le confiere el “fuego Celestial”, sin límites.

A ello alude el término “perpetuo” (tamid), “Un fuego perpetuo…”: tamid significa sin límites, más allá del tiempo. El tiempo se compone de secuencias limitadas, por lo tanto, per se, es limitado. No obstante, cuando la avodá por parte del “abajo” –el “fuego terrenal”- es perfecta, es atraído el Infinito que trasciende el tiempo, de modo que [que la Luz Divina que está más allá del tiempo] permea el tiempo, causando que el tiempo [que de por sí es limitado, esté imbuido por lo ilimitado y] se transforme en eterno, tamid.

En términos [simples,] mundanos, [relacionando el antedicho concepto místico con el servicio diario a Di-s por parte de la persona: Cuando] el ser creado [entrega todo de sí para realizar la Voluntad de Di-s, a pesar de que él se encuentra] dentro de los límites del orden natural, verá [la bendición del Todopoderoso, que es ilimitada, y la misma se materializará en] éxito sobrenatural [visible y obvio también en sus cuestiones mundanas].

5. Las implicancias prácticas de todo lo antedicho son las siguientes:
Cada judío es un Mishkán y Mikdash para Di-s, como está escrito: “Ellos harán para Mí un Santuario y Yo moraré dentro de ellos” – es decir, dentro de cada integrante del pueblo de Israel. Así, debemos entender: Uno puede estudiar Torá, observar las mitzvot, y tener todo lo que se halla en el Mishkán, no obstante, si no hay “fuego”, es decir, si falta calor y vitalidad en la avodá, en él no está la Shejiná, y puede ser incluso que haya en él cierta huella del pecado del Becerro de Oro.

La Torá y las mitzvot deben ser observadas con ardor y vitalidad, en todas las tres dimensiones de Torá, avodá (plegaria) y guemilut jasadim (cumplimiento de mitzvot).
Con respecto a la Torá: no es suficiente estudiar “un capítulo por la mañana y otro por la tarde” y dejar el resto del día sin conexión alguna con la Torá. El estudio de la Torá no debe ser en voz baja, en susurro, dejando todo el ser inalterado. El estudio debe ser de forma tal que “no se apartará…”, involucrando todos los 248 órganos, hasta el punto que “todos mis huesos habrán de declarar…” Debe ser con vitalidad, con vida.

En relación a avodá: la plegaria, que es la dimensión de avodá (cuando la persona esfuerza su mente y corazón para conectarse con Di-s), no debe ser rutinaria, sino “buscando misericordia y suplicando ante el Omnipresente”, con un sentimiento de vitalidad.
Y en cuanto a guemilut jasadim: Mitzvot, que generalmente son clasificadas como guemilut jasadim, no deben ser realizadas de manera mecánica, como deshaciéndose de las obligaciones personales.

Las mitzvot deben ser observadas con hidur (embelleciendo su cumplimiento), y el hidur depende del sentido de vitalidad y vigor de la persona en el cumplimiento de las mitzvot.
La perfección del ”fuego terrenal” genera el “fuego Celestial”, causando que la Shejiná more en la Torá y avodá de esta persona, y en todas sus actividades, incluso en sus quehaceres mundanos.
Ello ocasionará, como mencionamos antes, que lo ilimitado se proyecte en lo limitado, de modo que podamos ver la bendición Divina y el éxito sobrenatural incluso en la realidad mundana [regida por el orden natural].

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