Profundizando
1. Perspectiva del Amor desde la Torá
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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Explicación de los ejemplos

(Selección extraída del libro “2 partes de un todo”, por Rab Irmiahu Abramov y Tehilla Abramov, © Perspectivas)

…continuación de ¿los matrimonios están hechos en el cielo?

¿Por qué es tan importante el concepto de que “los matrimonios están hechos en el Cielo”? Por más increíble que parezca, es la base para la armonía del hogar.
En el sentido espiritual, la unidad conyugal es una entidad preexistente. Tanto marido y mujer son parte de un todo que D-s se propuso unir por medio del matrimonio. El Zohar describe el matrimonio como la unión de dos medias almas. A estas mitades se les confirió dos cuerpos separados cuando el alma descendió a la Tierra, sólo para que se volvieran a reunir en el matrimonio. Este vinculo de las almas está predestinado de forma Divina.
Sin embargo, el viaje entre el encuentro y la verdadera reunión de las dos medias almas es largo y absorbente. Muchos cometen el error de suponer que si pudieran lograr encontrar al compañero espiritual de entre el mar de almas, el resto seria fácil. La pareja vivirá “feliz para siempre” puesto que su matrimonio fue “hecho en el Cielo”. En realidad, descubrirse uno a otro es un proceso que dura toda la vida. Implica hacer frente a las dificultades, lo que ayuda a que cada uno averigüe de qué se trata la otra mitad de su alma, así como a tener una mejor comprensión de lo que contiene su propia mitad.
Al pararse bajo el palio nupcial, un hombre y una mujer comienzan juntos una vida de crecimiento. Ni el hombre ni la mujer valen más uno que el otro, ya que son como la mano derecha e izquierda del mismo cuerpo que empiezan a unirse para poder funcionar como partes complementarlas de un todo completo. El propósito del matrimonio es convertirse en uno solo.
Creemos que D-s participa en la predestinación de cada pareja, pero el libre albedrío sigue siendo un factor importante. Las decisiones de desarrollar o no desarrollar el potencial inherente a la pareja hecha por D-s depende de cada persona. Entonces, cuando un hombre y una mujer se casan, las dos medias almas se reconocen perfectamente bien. El problema se encuentra en los dos seres físicos que tienen vestimentas distintas. Cada ser fisico trae consigo su propia serie de necesidades y peculiaridades diferentes. El matrimonio se decretó en el Cielo, pero se debe desarrollar en la Tierra con todos los supuestos desafíos mundanos.
En el mundo espiritual, nuestras almas pueden provenir del mismo origen, pero acá en la Tierra debemos encargarnos de la realidad de nuestras vidas terrenales que, generalmente, tienen orígenes muy distintos. Al provenir de hogares y ambientes diferentes y al tener distintas personalidades, capacidades, experiencias, fuerzas y debilidades nos encontramos con que la mayoria de nuestras características no desembocan en sectores claros de compatibilidad. Estos son justamente los materiales en bruto con los que cada pareja debe trabajar. El objetivo consiste en tomar esos materiales y trabajarlos creativamente para moldearlos en el ideal armonioso que constituye la esencia misma de lo que se previó cuando nuestro matrimonio fue hecho en el Cielo.
Tenemos que comprender que en los matrimonios hechos en el Cielo siempre habrá dificultades. El dolor del crecimiento puede acercar aún más a las dos mitades. Los problemas que provocan dolor no se deben ignorar. La propuesta de la Torá es confrontar los hechos, esclarecer el origen del dolor y encontrar la mejor forma de tratarlo.
A pesar de que destaca la santidad del matrimonio, el judaísmo siempre ha permitido la posibilidad del divorcio. Esta es una situación muy triste, descripta por nuestros Sabios como un momento en que “el altar derrama lágrimas”. El gran problema actual, sin embargo, es que vemos parejas que consideran el divorcio cuando nunca han comprendido verdaderamente lo que es el matrimonio. La propuesta de la Torá es confrontar los temas problemáticos, buscar la ayuda de rabinos y consejeros calificados que se guían por la Torá y optar por el divorcio sólo cuando todo lo que queda del vínculo entre la pareja son las formalidades halájicas.
En un momento de decepción, cuando sentimos que nuestra elección de marido fue errónea, si podemos aferrarnos a la idea de que el compañero que elegimos estaba destinado para nosotras, entonces estaremos más motivadas para hacer que el matrimonio funcione como fue diseñado, con el potencial para que funcione. Los problemas en el matrimonio son señales, no para el divorcio, sino para identificar el problema más claramente y ponernos a trabajar para solucionarlo. El divorcio debe ser, sin duda alguna, el último recurso, después de agotar todas las posibilidades de reconciliación.
Bajo el palio nupcial recibimos una bendición. Es que nuestros matrimonios sean colmados con la clase de exaltada alegría que experimenta la primera pareja casada, Adam y javá, en el jardín del Edén.
¿Cuál era el origen de su dicha? Cuando dos personas se casan e inevitablemente surgen los conflictos, es normal que las dudas se les crucen por la cabeza. “Quizás si me hubiera casado con fulano o mengano habría sido diferente” se piensa con demasiada frecuencia. Entonces, en lugar de resolver las diferencias, concentran más energía en sentirse estafados y enojados al haber cometido un grave error.
Adam y javá nunca perdieron tiempo ni energía preguntándose si eran justo el uno para el otro. Eran las únicas dos personas de la Tierra, por lo que estaba absolutamente claro para cada uno de ellos que eran los cónyuges adecuados el uno para el otro. Nunca tuvieron dudas y entonces todas las energías se concentraban en mejorar aún más el matrimonio. El compromiso entre ellos era claramente eterno.

En nuestra época, cada matrimonio constituye una réplica del matrimonio original de Adam y javá. Si el nombre de nuestro cónyuge fue decretado en el Cielo cuarenta días antes de nuestra concepción, es obvio que nuestro matrimonio tiene el sello de aprobación de D-s al igual que lo tuvo el matrimonio de Adam y javá. ¿Quién no experimentó la sensación de que la mano de D-s nos condujo el uno hacia el otro? Y sin embargo dudamos; vacilamos internamente; comparamos nuestra relación con la de nuestros amigos, sin darnos cuenta de que solamente existimos nosotros dos, nadie más.

La creencia absoluta de que ya estaba resuelto que nos casáramos con nuestros cónyuges nos lleva a tener conciencia de que D-s está entre nosotros; que D-s nos ha estado guiando y seguirá guiándonos a través de los altibajos y vicisitudes que hay que enfrentar para convertirse en uno solo en el matrimonio. ¿Cuándo podremos alcanzar la misma alegría que Adam y javá?

Cuando el compromiso hacia nuestro cónyuge sea absoluto y estable.

La lección de Adam y javá es el primer paso. En tanto aceptemos a nuestros cónyuges como al que D-s destinó para nosotras, podremos ahorrar las energías para el arte más sutil y complicado de lograr que nuestros matrimonios sean verdaderamente felices y vitales.

 

Rab Irmiahu Abramov y Tehilla Abramov

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