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Etica Medica Judia

Extraido de La Voz Judia

De nuestros días, los adelantos de la tecnología han llevado a una serie de preocupaciones morales que denominamos comúnmente “ética médica”. Tanto los médicos como pacientes judíos recurren constantemente a los rabinos para pedir orientación sobre estos asuntos, deseando conocer el punto de vista judío al respecto.

Como ejemplo en que la ética médica esta en juego podemos citar el aborto, el control de la natalidad, la eutanasia, los transplantes de órganos, etc.. Es bueno que los judíos soliciten información a los rabinos: son cuestiones morales muy sensibles y tienen su explicación en la Torá. En este artículo nos referiremos a una terapia médica de riesgo.

Uno de los principios básicos del judaísmo es que la vida humana tiene un valor infinito. En todos nuestros mandamientos bíblicos se nos ordena preservar la vida humana, con sólo tres excepciones: idolatría, incesto y homicidio. La vida tiene un valor supremo y absoluto. Por lo tanto, un anciano como una persona mentalmente retardada, un bebé monstruo o un paciente muriendo de cáncer tienen el mismo derecho a la vida que todos nosotros. Para salvar una vida humana se puede profanar el Shabat e incluso Yom Kipur y pueden suspenderse todas las demás leyes o reglas, exceptuando las tres mencionadas anteriormente. Con este principio vemos claramente que se nos prohibe hacer cualquier cosa que pueda acortar una vida, incluso por muy poco tiempo, pues cada momento de la vida humana tiene un valor infinito.

Cómo se aplican estos principios básicos cuando un médico se enfrenta al dilema siguiente: tiene un paciente muy grave que, en condiciones normales, morirá pronto, en unos pocos días o semanas. Su única esperanza de sobrevivir es someterse a cirugía o terapia. Sin embargo, si éstas no logran curarlo, el paciente morirá inmediatamente. ¿Qué debe hacer el médico? ¿Debe acaso arriesgar el poco tiempo que le queda a su paciente administrándole el drástico remedio con la esperanza de curarlo y prolongar su vida? Es decir, ¿debe el médico perder ese poco de tiempo definido que queda al paciente por una posibilidad de prolongar extensamente su vida?

El problema no sólo atañe al médico sino también al enfermo y a su familia. No es sólo un asunto médico y ellos tienen derecho a decidir. ¿Se permite al paciente aceptar una terapia experimental o una cirugía arriesgada? Estas son decisiones básicas que involucran tanto aspectos médicos, morales como legales. ¿Según la ley judía, qué deben hacer el médico, el paciente y la familia? Veamos el caso siguiente para ejemplificar este problema.

Una niña de nueve años con leucemia limfoblástica aguda fue tratada con los mejores regímenes quimioterapéuticos existentes; sin embargo, a los ocho meses de tratamiento la enfermedad aún no retrocedía. El seguir con quimioterapia sólo ofrecía un 5% de posibilidad de éxito. Tenía una cantidad muy baja de glóbulos blancos y corría constantemente el riesgo de contraer alguna enfermedad grave o incluso fatal. Además, poseía muy pocas plaquetas y podía desangrarse ante cualquier eventualidad.

El hematólogo pediátrico sugirió un transplante de médula ósea como última alternativa. Se hizo un análisis de tejidos y resultó que el padre de la niña tenía el mismo tipo de tejido que su hija. Había un 60% de posibilidad de tener éxito con el transplante, pero el procedimiento en sí se asociaba a cifras de un 25% de mortalidad y alta morbosidad. Muchos pacientes pueden sufrir complicaciones o rechazo, es decir, alguna enfermedad en que la médula ósea del donante (en este caso el padre) causa signos y síntomas graves, a veces fatales, en el receptor. Sin el transplante no se veía posibilidad de retroceso o cura en la enfermedad de la niña y se le daba un promedio de vida de semanas o, a lo más, de algunos meses. Por otra parte, aunque es poco usual, ocurren remisiones a largo plazo despu és de transplantes de médula ósea debido a una leucemia aguda, en quizás 10 a 15% de los pacientes.

Examinemos ahora este caso desde un punto de vista ético y moral judío. La niña tiene 9 años. ¿Tiene alguna importancia la edad al decidir si la ley judía permite o no un transplante de médula ósea? Se sabe que la leucemia aguda, sin un tratamiento adecuado, es invariablemente fatal. ¿Reconoce acaso el judaísmo el concepto de porcentaje riesgo beneficio? ¿Considera la probabilidad estadística de prolongar una vida versus la tasa de mortalidad o el riesgo de acortar esa misma vida? ¿Puede acaso instituirse un procedimiento terapéutico de gran riesgo para un paciente moribundo si existe una mínima chance de cura, aunque hayan muy pocas posibilidades de sobrevivir? ¿Cómo definimos el término .mínima.? ¿Es acaso un transplante de médula ósea un procedimiento tan ampliamente reconocido y aceptado como un transplante de córnea o riñón? ¿O estamos hablando de un procedimiento aún en fase experimental?

¿Hace acaso la ley judía alguna diferencia entre métodos terapéuticos peligrosos por naturaleza y procedimientos de gran riesgo por estar en una etapa enteramente experimental? El uso de ciertas drogas como la daunorrubicina para tratar una leucemia aguda conlleva ciertamente gran riesgo, puesto que es de alta toxicidad. Sin embargo, todos conocen bien la eficacia de ésta y otras drogas similares. Permiten una larga supervivencia en aproximadamente el 50% de los niños con leucemia linfoblástica aguda. Nosotros, médicos, administramos estas drogas con la esperanza de una cura, a pesar de su gran riesgo. ¿Condena acaso el judaísmo el empleo de una nueva droga o procedimiento experimental con un potencial curativo desconocido?

En este caso específico: ¿Debe someterse a la niña a un transplante de médula ósea? ¿Debe ella realmente seguir ese tratamiento? ¿Un transplante de médula ósea es considerado como un procedimiento terapéutico, experimental o ambos? ¿Puede un médico ofrecer este tipo de tratamiento de alto riesgo? ¿Debe hacerlo? ¿Tiene acaso el judaísmo una actitud discrecional o forzada hacia procedimientos que involucren un alto riesgo? ¿Qué consideramos de alto riesgo? ¿Sanciona la ley judía, en este caso, un transplante de médula ósea porque la enfermedad en sí pone ya la vida de la niña en peligro, incluso cuando este procedimiento pueda llevar a una muerte prematura del paciente?

Surgen muchos otros planteamientos éticos en este caso. ¿Si se decide por esta alternativa, se requiere entonces algún consentimiento? ¿De quién? ¿Puede el padre acaso exponerse al riesgo y peligro, aunque ínfimo, de servir de donante? Si la niña muere después del transplante, ¿puede hacerse una autopsia? Con este caso también se plantean muchas cuestiones filosóficas y teológicas. Si D.s ordena que la niña muera a los nueve años de leucemia aguda, ¿cómo nos atrevemos a interferir en la voluntad divina intentando un transplante de médula ósea para salvar a la niña? ¿Cómo podemos nosotros, médicos, hacer aún más daño que el que ya ha producido la enfermedad? Si un médico no puede recomendar un tratamiento o procedimiento experimental espec ífico sobre la base de sólidos principios científicos, ¿puede él acaso ofrecerlo como .una chance en un millón.?

Estos son algunos de los planteamientos éticos que surgen en una terapia médica de alto riesgo. Es un tema que ha sido ampliamente tratado por muchas autoridades rabínicas en medicina. El decano del American Orthodox Rabinate, Rabino Moshé Feinstein Tz.Z..L, afirmó que uno puede someterse a cirugía de alto riesgo, aun cuando pueda acelerar la muerte, porque existe la posibilidad, aunque ínfima, de que la operación sea exitosa y lleve a una cura del paciente.

Dos fuentes rabínicas anteriores también enunciaron claramente la posición judía legal sobre experimentación humana. Se preguntó al Rabino Jayim Ozer Grodzinski (1863-1940) si se podía someter a un paciente muy enfermo a una intervenci ón quirúrgica. Respondió que si todos los médicos presentes, sin excepción, recomendaban esa operación, ésta debía realizarse, aunque hubiese más posibilidades de fracaso que de éxito. El Rabino Yaacob Reischer (1670-1733) hizo un pronunciamiento similar sobre la terapia médica de alto riesgo para un paciente gravemente enfermo. El rabino Reischer autoriza esta terapia pues puede curar al paciente, aunque también puede apresurar su muerte. Opina, al igual que los demás, que la decisión debe ser tomada por un grupo de médicos.

Por lo tanto, concluimos que es necesario una decisión unánime para someter a un enfermo a una terapia de alto riesgo.

El principio básico del judaísmo es el supremo valor de la vida humana. Esto se basa, en cierta medida en que es un fundamento del judaísmo que el hombre haya sido creado a Imagen de D-s, como consta en el libro del Génesis. Por ello, cuando la vida de una persona está en peligro, incluso cuando sólo hay algunas esperanzas de sobrevivencia por un corto período, no acatamos los mandamientos de la Biblia.

Fred Rosner

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