Estudiando
10. Haazinu
El Libro de Devarim (Deuteronomio)
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Estudiando tres pesukim (versículos)

Haazinu XXXII, 3
3 – CUANDO INVOQUE EL NOMBRE DE ADONAI, GLORIFICAD A NUESTRO DIOS.

3 – CUANDO INVOQUE EL NOMBRE DE ADONAI. El Talmúd (Ber. 21a) deduce de este versículo que es necesario pronunciar una bendición antes del estudio de la Toráh; en lo que respecta a la obligación de recitar una después del estudio de la Toráh, es consecuencia de aquella de dar las gracias después de una comida: si se debe bendecir a Dios por un beneficio pasajero (Jayé Shaáh), con mayor razón hay que hacerlo por un beneficio eterno (Jayé `Olám).

Por otra parte, la Berajáh dicha después de la comida es ordenada con toda claridad, como está escrito: (ve-ajaltá vesav`atá u-berajtá.. comerás, te hartarás y bendecirás); la obligación de una Berajáh antes de la comida se deduce por el siguiente razonamiento: si ya se está obligado a dirigir una plegaria a Dios cuando se está satisfecho, con mayor razón cuando se tiene hambre. La pregunta que se plantea aquí, sobre las bendiciones para la comida, es la de saber por qué la obligación de la que le sigue está formulada sin omitir nada, mientras que la que la precede emana de un razonamiento a fortiori que se funda en aquella que se recita después; para la bendición sobre la Toráh se hace a la inversa: la bendición antes recitada está prescrita sin omitir nada, mientras que la bendición final emana de un razonamiento a fortioti.

Rabí Meír Ha-Cohén, autor del Sefer Jafetz Jaim, da una respuesta a esta pregunta. Por un favor material, por ejemplo saciar a un hombre que tiene hambre, él mismo se preocupa de obtenerlo y no tiene necesidad de que se le recuerde; es por esto que los Sabios concluyen en la necesidad de una Berajáh por razonamiento a fortiori sobre aquella que se dice después de la comida. Pues entonces, el hombre tiene el deber de agradecer a su Creador por la satisfacción que ha obtenido. Por el contrario, es diferente en el momento del estudio de la Toráh; es natural que el hombre formule una bendición antes del comienzo de su estudio para mostrar cuán grande es su alegría y su deseo de estudiar. Pero después del estudio tiene necesidad de que se le recuerde la obligación de agradecer a Dios, para rendirle homenaje por el don de la verdad que le ha sido reservado a Israel.


Haazinu XXXII, 7
7 – RECUERDA LOS DIAS DE LA ANTIGÜEDAD; CONSIDERAD LOS AÑOS DE MUCHAS GENERACIONES. PREGUNTA A TU PADRE, QUE EL TE ANUNCIARA A TUS ANCIANOS, Y ELLOS TE DIRAN,

7 – RECUERDA LOS DIAS DE LA ANTIGÜEDAD. Esta es la invitación hecha a los hijos de Israel para que mediten sobre la historia y sus lecciones.
«La «Filosofía de la Historia» es una obra [singularmente] judía y en un sentido la última transformación del espíritu profético».
Este pensamiento ha sido explicado por Emest Renan. El pone en relieve uno de los aportes más preciosos por medio de los cuales el Monoteísmo ha sabido enriquecer la civilización humana. El Monoteísmo implica en efecto una concepción universal de la Humanidad y considera el conjunto de los sucesos y de los actos de los hombres sobre la tierra como una unidad. El da así un sentido a la historia y permanece fiel a la idea de una historia universal, compuesta de múltiples historias particulares de los pueblos, pero que mantienen al día el juicio de la Humanidad por la Providencia. Guarda la llave de la historia. Sin el Monoteísmo, de propósito Mesiánico, la historia no tiene sentido. En verdad, una historia universal sin sentido final parecería una embarcación que navega a la deriva, por consiguiente, sin rumbo.

Sin duda, el cristianismo es también una religión con base histórica, pero su historia ha sido hecha mito en su raíz por el pensamiento griego. Allí donde el mito, ese «parásito de la historia «, se introduce, no puede existir una sana filosofía de la misma. El Pueblo de Israel ha comprendido la noción de la historia mucho tiempo antes de las «leyendas helénicas» y, desde las primeras páginas del Tanáj, la historia del inicio de la Humanidad, no sólo de anales o de crónicas, se describe con amplitud. En la perspectiva bíblica la historia comprende una finalidad, tiene un sentido coherente y constituye la realización del «Proyecto Providencial». Su carácter teológico, fijado sobre el fin Mesiánico, excluye toda excepción vagamente pragmática. Esta orientación implica una educación progresiva del género humano. La relación del fin y de los medios exige que la historia se desenvuelva conforme a una lógica intrínseca. Así es como se ha podido decir. Die Weltgeschichte ist das Weltgejicht [La Histori Universal es la Historia de la Justicia Inmanente]. La vida de las naciones, al igual que la de los individuos, se determina por su actitud, de cara a la justicia y al derecho. Es la que determina la moral de la historia. En este marco universal, expuesto en el Tanáj, la historia del Pueblo Judío está presente como si fuera función de su grado de fidelidad a la Alianza concluida con Dios. Pero la vocación particular ha encontrado su expresión clásica por boca del Profeta Yeshayáhu (LI y LIII); Israel es el servidor del Eterno, enviado para la salvación de los pueblos hasta el fin de los días. Vemos formarse aquí la noción de la misión histórica de Israel, que ocupará un lugar tan grande en la vida del Pueblo, como en las obras de los historiadores judíos. Esta concepción es la que forma la conciencia histórica del Pueblo Judío hasta el alba de los tiempos modernos.

CONSIDERAD LOS AÑOS DE MUCHAS GENERACIONES. «A cada generación y a cada época llega del cielo una nueva comprensión de la Toráh: se manifiesta según la naturaleza de dicha época; los justos de cada generación comprenden la Toráh de acuerdo con lo que interpretan los representantes de la misma.


Haazinu XXXII, 45
45 – Y CUANDO MOSHE HUBO ACABADO DE RECITAR TODAS ESTAS PALABRAS A TODO ISRAEL

45 – Y CUANDO MOSHE HUBO ACABADO. Rabí S. R. Hirsch comenta: «Moshé ha terminado este cántico que en adelante «vivirá en el recuerdo del Pueblo. Una vez más recomienda respetar la regla de oro del destino judío: La Ley. Porque esta Ley «no es una palabra vacía». Dios no ha tenido la intención de tornar nuestra vida más difícil de lo que ya es. El no encuentra ningún placer en imponer privaciones, pues Su Ley es únicamente producto de Su bondad, sin otro propósito que el de mostramos el camino de la verdadera felicidad, de una vida llena de salud, de alegría y de santidad.

Los años dolorosos han llegado a su fin para Israel y se abre un gran futuro ante si, y Moshé no tiene más que un solo deseo: «Que podáis prolongar vuestros días sobre esta tierra adonde vais para tomar posesión de ella» (Deut. XXXII, 47). Prolongar nuestros días, la «Shemá » ya nos lo desea, con una sola condición: vivir de acuerdo con la ley de Dios, realizar, dentro del espíritu de la Ley un mundo regenerado, imagen de justicia y de amor

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