Estudiando
1.Vaikrá
El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

Una Mirada al Sentido profundo de los Sacrificios

Nuestros Sabios nos enseñan que el mundo reposa sobre tres pilares:

– Torá/ El estudio y el cumplimiento de la Torá.
Avodá/ Los Servicios del Templo.
Guemilut Jasadim/ Ser amable con el prójimo.
Este principio implica que hay tres fuerzas espirituales que aseguran la existencia del universo. El Todopoderoso no mantendría al mundo para otra cosa que no sea aprender y cumplir con la Torá, para el jesed que realizamos el uno con el otro, y para que ofrezcamos korbanot. Los sacrificios, en sí mismos, evocan satisfacción Celestial. Uniendo este mundo con las esferas más altas, éstos traerán resplandor y bendiciones Divinas.
Después de la destrucción del Templo, los sacrificios, cuyo servicio había constituído el «pilar de la avodá», fueron reemplazados por las tefilot (plegarias) cuya redacción había sido realizada proféticamente por los Hombres de la Gran Asamblea. La profundidad, las riquezas espirituales, contenidas en cada palabra van más allá de la simple comprensión. Las tefilot, desde la destrucción del Beit Hamikdash, conectan a los mundos más bajos con los más altos, tal como los sacrificios solían hacerlo.
La Torá reiteradamente emplea la expresión «un aroma placentero» con respecto a los korbanot. La implicancia de este término es que los sacrificios, en sí mismos, gratifican al Todopoderoso. Cuando el aroma de los korbanot asciende al Cielo, El otorga merced Divina y bendiciones a todo el mundo.
Sin embargo, no hay que confundirse y pensar que al Todopoderoso le va a faltar algo si nosotros no le ofrecemos los sacrificios, jas veshalom; el próximo Midrash lo indica claramente.s

Hashem dice, «Yo ordené que una Casa se estableciera en Mi honor y que en ella se Me ofrecieran sacrificios.»
«¿Ustedes creen que Yo necesito de sus sacrificios? ¿Creen que preciso comida y bebida?» Cada bestia del bosque es Mía, como también el ganado que se encuentra en miles de colinas. Conozco a todos los pájaros de las montañas, y las bestias salvajes de los campos son Mías. Incluso si Tuviera hambre, No los necesitaría a ustedes, ya que el mundo y todo lo que hay en él es Mío. ¿Acaso Yo como la carne de los toros, o bebo la sangre de las cabras» (Tehilim 50:9- 12)?

Es claro, que el servicio de los korbanot, como todas las otras mitzvot no nos fueron ordenadas para beneficiar al Todopoderoso, sino a nosotros mismos.
A pesar de que las leyes de los sacrificios se categorizan como jukim, preceptos Divinos que van más allá de la comprensión del intelecto humano, los comentaristas ofrecen varias razones que explican los pormenores de estas leyes, (aparte de su función básica de mantener el universo).
Rambam explica que el pecador era más humillado al ser testigo de cómo se sacrificaba, se mataba en forma sangrienta y se quemaba. Se concientizaba del hecho de que todos los actos realizados durante el sacrificio, deberían haber sido realizados sobre él, ya que la justicia máxima exige la muerte por cualquier violación de las mitzvot del Todopoderoso.
Además, el observar el destino del animal, estimula al hombre a preguntarse qué es lo que en realidad lo distingue de éste. Ambos son parecidos en lo que respecta a sus funciones físicas. Así como el animal encuentra su fin en la muerte, también el hombre, y sus cuerpos perecen de la misma manera.
¿Qué es entonces lo que eleva al ser humano por encima del mundo animal? Sólo, el alma Divina, introducida en el hombre por el Todopoderoso. Al observar la ofrenda del animal, un judío tendría que pensar en preguntarse a sí mismo cómo es que pudo haber sido tan tonto para transgredir la voluntad del Todopoderoso, permitiendo que su naturaleza animal obtuviera ventaja. A menos que haga teshuvá (arrepentimiento), su destino será el mismo que el del animal.
Entonces, el efecto que se persigue con el korbán, es despertar en el pecador un sentimiento que lo lleve a una teshuvá sincera.
Cada parte del procedimiento de traer un sacrificio, fue planeado por el Todopoderoso para expiar algún aspecto del pecado. Como un pecado, generalmente comprende pensamiento, palabra y acción, cada uno de éstos tres aspectos del pecado debe ser expiado, y ésto se logra a través de un sacrificio.

Semijá/ acto de apoyar sus manos sobre el sacrificio, expiación por los actos pecaminosos de la persona.
Vidui/ la confesión verbal, sirve para expiar el discurso pecaminoso de la persona.
Hakravat haemurim/ acto de quemar las entrañas y los riñones del animal, sirve para expiar el pecado de haber pensado mal.
Zeriká/ esparcimiento de la sangre del animal sobre el altar, simboliza que la sangre del pecador debería haber sido derramada debido a su acto malvado. La sangre del animal, en lugar de la del hombre, expía sus pecados.

¿Por qué fue necesario poner en funcionamiento un elaborado sistema que comprende el sacrificio de animales para evocar en el pecador pensamientos de teshuvá? ¿La Torá no podía simplemente ordenar que el transgresor confiese su pecado y sea castigado?
La respuesta es que el Todopoderoso, el Creador de la psiquis humana, es el que mejor entiende la psicología humana. El escogió el método más efectivo para incitarnos a una teshuvá sincera. Es evidente que la Torá podría haber ordenado del transgresor una simple confesión verbal, «Cometí un error.» No obstante, el efecto de la palabra hablada no puede comparase al efecto de la acción acompañada de la impresión visual. Traer un animal al Beit Hamikdash, apoyar la mano sobre éste, y presenciar cómo se lo mata y cómo se lo quema despierta en el pecador una conciencia mucho más profunda de la maldad del pecado que la simple confesión del mismo.

Sin embargo, ¿qué sucede si el objetivo deseado no se logra, si el transgresor simplemente siguió todos los pasos del rito de los sacrificios prescriptos mientras que su corazón no cambia?
Si ésto sucediese, el sacrificio no expiará sus pecados, ya que «La ofrenda de reshaim (malvados) es una abominación» (Mishlé 21:27).
El Todopoderoso declara, «¿acaso Hashem disfruta las ofrendas quemadas y los sacrificios tanto como cuando uno obedece la Voz de Hashem? Observad, obedecer es mejor que sacrificar, y escuchar es mejor que grasa de carnero» (Shmuel 15:22).

El reproche arriba mencionado se refiere a un episodio de la vida de Shaul, el primer rey judío.
El profeta Shmuel instruyó al rey nuevo, Shaul, en nombre del Todopoderoso, para que le declare la guerra a la nación de Amalek, y la destruya completamente. Se le ordenó que eliminara a todos, hombres, mujeres, niños, y animales de todo tipo. No obstante, Shaul, al escuchar esta orden, dudó mucho acerca de la justicia de la misma. En su mente, estaba latente la duda concerniente a la rectitud de destruir una nación entera. ¿No era éste un acto horrendo? Por consiguiente, decidió compadecerse de Agag, el rey de Amalek, y de los animales de valor. Luego, procedió ofreciendo estos animales como korbanot. Cuando el profeta Shmuel llegó, Shaul exclamó, «Consagrados sean a Hashem; cumplí con Su mandato!
Cuando se le preguntó la razón por la cual gemían los animales, Shaul explicó, «¡El pueblo le tiene lástima a los mejores carneros y bueyes y querían sacrificarlos para Hashem!
El reproche de Shmuel fue incisivo.
«¿Acaso, se te ha designado rey de toda esta gente para que los escuches a ellos? le preguntó furioso. «Hashem desea que le obedezcas y no que, en cambio, le traigas sacrificios! Como rechazaste la palabra de Hashem, Hashem ahora te rechaza como rey!»
Este sólo acto de desobediencia a la voluntad de Hashem descalifica a Shaul para que continúe con su función de gobernante. La orden del Todopoderoso debe ser ubicada por encima del razonamiento propio. El rey que asumió que podía modificar la orden de Hashem y que luego trató de apaciguarlo con sacrificios, ya no podrá continuar con ese cargo.

Hashem en forma clara establece que el hecho de traer korbanot constituye sólo un medio para un fin; y un sacrificio que se ofrece mientras que el pecador continúa en su camino errante es repulsivo para el Todopoderoso. Durante la época del primer Beit Hamikdash, los profetas exclamaron en Nombre del Todopoderso, «¿Qué propósito se persigue con la multitud de sacrificios que Me traen?» (Ieshaiahu 1:11). «¡No deseo la sangre ni de bueyes ni de corderos ni de cabras. Cuando te presentaste ante Mi, ¿quién te pidió que hicieras ésto, que pisotearas Mis cortes?! No traigas más ofrendas en vano; para Mi son sólo inciensos de abominación» (ibid. 1:12- 13). Cuando los judíos ignoraron las advertencias de los profetas y continuaron pecando, esperando reconciliarse con Hashem con korbanot sin hacer teshuvá, El destruyó el Beit Hamikdash.
¡Qué afortunada era la nación judía en la época del Beit Hamikdash!
Un judío entraba al Templo sagrado en un estado psíquico de confusión y ansiedad, conciente de que había pecado ante el Todopoderoso. Luego ofrecía su korbán y sus pecados se expiaban. Cuando este mismo hombre dejaba el Beit Hamikdash, era un tzadik (justo). Su regocijo no tenía límites. Por consiguiente, no había ninguna ciudad en la cual la gente era tan feliz como en Ierushalaim; era el centro mundial del regocijo espiritual. No había motivo para preocupaciones, porque los judíos sabían que los korbanot siempre les darían la deseada oportunidad de reunirse con Hashem. El mizbeaj, debido a esta razón, se denomina en Tehilim (48:3) «mesos kol haaretz/ el júbilo de todo el mundo.»
Sin embargo, no todos los sacrificios servían para expiar pecados. Algunos korbanot eran ofrecidos como una expresión de júbilo y agradecimiento hacia el Creador. Así mismo, todos compartían un objetivo en común – acercar a una persona a su Creador. El nombre de korbán denota ganar cercanía hacia Hashem.
Hoy en día, el Beit Hamikdash ya no está entre nosotros. Los korbanot ya no nos sirven para ayudarnos a obtener cercanía hacia el Creador y para expiar nuestros pecados. ¿Qué debemos hacer en cambio?
Nuestros Sabios nos sugieren varias alternativas:
1. Oración – Hoy en día nuestras tefilot reemplazan a los sacrificios. Nosotros rezamos Shajarit para reemplazar al korbán tamid de la mañana; Minjá reemplaza el sacrificio tamid de la tarde, y Maariv reemplaza la ofrenda de emurim, todas las partes del sacrificio que no eran ofrecidas durante el día.
2. Estudio de las leyes de los sacrificios – Hashem establece que el que estudia las leyes concernientes a los korbanot se considerará como que en realidad los ofrece.
3. Arrepentimiento – Desde la destrucción del Templo, el efecto de la teshuvá sincera tiene el mismo grado de expiación que los sacrificios que se hacían antes.
4. El estudio de la Torá – Y finalmente, el estudio de la Torá vale más que todos los sacrificios del mundo.

Esto se puede ver claramente en la siguiente historia:
Los dos hijos del gran sacerdote Elí, no condujeron el servicio en el Mishkán con la veneración que se esperaba de ellos. Además, demoraban aquellos sacrificios en los cuales la ventaja que podían obtener no era considerable. Por consiguiente, el Todopoderoso envió al profeta Pinjas, que predijo que ciertas calamidades sobrevendrían a la casa de Elí. La descendencia masculina de esa familia, profetizó, morirá muy joven, la familia entera empobrecerá, y con el tiempo, el gran sacerdocio se transferirá a la familia de Pinjas. (La última predicción se cumplió en los tiempos del Rey Shlomó, quien removió al gran sacerdote Eviatar, descendiente de Elí, y designó, en su lugar, a Tzadok de la casa de Pinjas.)
Hashem le dió a Shmuel, quien entonces era un niño, una profecía adicional en lo concerniente a los descendientes de Elí que finalizaba con las palabras, «Juro que los pecados de la casa de Elí nunca se expiarán con sacrificios ni con ofrendas de minjá» (Shmuel 3:14).
Este versículo, explican nuestros Sabios, es elíptico. Estaba implícito en las palabras de Hashem que, «A pesar de que los pecados de la casa de Elí no podían expiarse con sacrificios, Yo les proporcioné otra forma de expiación de los mismos, el estudio de la Torá y la realización del bien.»
Los Sabios que interpretaron las profecías concernientes a la casa de Elí de esta manera, fueron Ravá y Abaié, quienes eran descendientes de Elí. Confirmando la verdad de sus enseñanzas, Ravá, fue un gran erudito de la Torá, vivió hasta los 40 años, y Abaié, quien dedicó su vida a la benevolencia y al aprendizaje de la Torá murió a los 60 años.

Al tratar a la avodá con desdén, los hijos de Elí probaron que no comprendieron el espíritu, el significado profundo que invadía a los korbanot. Por consiguiente, no importa cuántos sacrificios ofrezcan, jamás lograrán que se suprima de la descendencia de Elí el castigo de morir joven y de ser pobres. Sin embargo, el logro e impacto espiritual de estudiar Torá es más importante que ofrecer sacrificios. Si los sucesores de Elí se convirtieran en eruditos de la Torá, y si además realizaran jesed, benevolencia, se los separaría del destino que se les había predestinado: la destrucción de su familia.

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