Estudiando
2.Noaj
El Libro De Bereshit (Génesis)
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Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

Los pecados de la generación anterior al Diluvio

A pesar de que los seres humanos ya no vivían más en el Gan Eden, su estilo de vida anterior al diluvio todavía se asemejaba al del Gan Eden.
La vida era buena. En realidad era demasiado buena. Era una vida de ininterrumpida serenidad y placer. Por ejemplo, los hijos se concebían y nacían el mismo día. Un recién nacido podía pararse y caminar inmediatamente y también era capaz de hablar. Aun más, ningún hijo se moría mientras sus padres estuvieran con vida – en realidad todos los padres vivían para ver, no sólo a sus hijos sino también a sus nietos.

– La generación anterior al mabul poseía una fuerza física enorme, como dice el pasuk: (6:14) «Los gigantes estaban en la tierra en aquellos días». Ellos eran capaces de extraer de raíz cedros enteros y consideraban a leones y panteras tan inofensivos como pulgas. Su fuerza no disminuía en la vejez sino todo lo contrario, aumentaba con la edad. Esta fuerza desapareció únicamente después del mabul.

– Vivían una vida muy prolongada, cientos de años. Sólo cuando pecaron Hashem dijo: (6:5) «Y sus días serán ciento veinte años.»

– No conocían sufrimiento de ningún tipo.

– Sembraban sólo una vez cada cuarenta años y la tierra producía una cantidad suficiente para los cuarenta años siguientes.

– No tenían que soportar ni calor ni frío excesivo, ya que no había variación de estaciones y el estado del tiempo era un continuo clima primaveral suave y placentero. Sólo después del mabul fue que Hashem dijo -«La siembra y la cosecha, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche no cesarán.»
Como consecuencia de esos beneficios desecharon la autoridad de Hashem diciendo, «¿Para qué lo seguimos necesitando? Ni siquiera necesitamos su ayuda para obtener agua ya que no necesitamos de la lluvia. Estamos abundantemente provistos de agua de diferentes fuentes; tenemos los ríos y los pozos de la tierra.» Hashem contestó- «¿Es justamente con la misma generosidad que yo les otorgué, que se rebelan contra Mí? Los castigaré con la misma sustancia, agua de lluvia, y por lo tanto (6:17), «Y he aquí, que yo traigo el diluvio.»

¿Cuáles eran los pecados de estas generaciones?
Eran culpables de idolatría, derramamiento de sangre e inmoralidad.

Idolatría

-«Ellos le decían a D-s, ‘Apártate de nosotros, porque no deseamos conocer Tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso para que lo tengamos que servir? ¿Por qué le debemos rezar?’»(Iov 21:14- 15). Ellos reforzaban su independencia de Hashem adquiriendo experiencia en hechicería.
Abandonaron a su Hacedor Supremo y servían a ídolos.

Derramamiento de sangre

Eran asesinos. Su depravación era similar a la que luego encontramos en la perversa ciudad de S’dom (como se explicará en parshat Vaiera, «La perversidad de S’dom»).

Inmoralidad

Estas generaciones rechazaban el mandamiento impartido a Adam (1:28), » Procread y multiplicaos.» Dado que su meta en la vida era gratificar sus instintos, trataban de reducir al mínimo el número de hijos que engendraban. Esto explica las atrocidades que prevalecían en esos tiempos.

– Los hombres tomaban dos esposas, una con el propósito de engendrar hijos, la otra para el placer.

– Se intercambiaban sus esposas.

– Arreglaban «contratos matrimoniales» entre hombres y bestias, legalizando de esta manera relaciones prohibidas.

– Los jueces mismos eran corruptos.

Hasta los animales imitaban sus caminos corruptos; el perro se unía con el lobo y el gallo con el pato.
Sin embargo, Hashem habría indultado a estas generaciones perversas si hubieran pecado inconscientemente. Pero a ellos les enseñaron las seis mitzvot encomendadas a Adam que incluían la prohibición de la idolatría, el asesinato y el adulterio. Fueron castigados porque prefirieron ignorar los mandamientos de Hashem. A pesar de esto, Hashem habría continuado siendo paciente y moderado si no hubiese sido por el pecado adicional del robo.

Robo

Hashem dijo «El fin de todo ser llegó ante Mí» (6:13).
-¡La acusación de ladronería llegó ante Mí y por lo tanto no puedo prolongar más el castigo!
¿Cuáles eran las costumbres de la Generación del Diluvio? Si un hombre traía una canasta llena de arvejas, inmediatamente una multitud lo rodeaba y se las arrebataba. Cada uno tomaba hábilmente una pequeña cantidad que valía menos que una prutá (moneda pequeña). La canasta se vaciaba rápidamente. Sin embargo, la víctima no podía presentar su problema ante el juez porque cada uno de los inculpados podía alegar que había robado una cantidad tan minúscula, que no era pasible de castigo según la ley.

R. Eliezer caminaba por la calle y le pidió a uno de sus alumnos que le trajera una astilla de madera del cerco que rodeaba un viñedo para usarla como escarbadientes. A pesar de que el cerco era propiedad privada, era evidente que el dueño no se iba a rehusar a que le saquen una minúscula cantidad de madera sin valor. Sin embargo, R. Eliezer cambió de parecer y dijo:- ¡No me traigas la astilla! ¡Los demás podrían seguir mi ejemplo y provocar eventualmente la destrucción del cerco!

R. Shimón ben Elazar contó – Una vez una niña me dió una lección en materia halájica. Yo atravesaba un campo cuando la niña me llamó: -¡Rabi éste es un campo privado! -Pero estoy caminando por el sendero- repuse. -Este sendero – contestó – fue marcado por ladrones como usted.

Una de las costumbres de esa generación era la de desplazar los mojones que divide a cada vecino para extender cada uno su propiedad. Además se robaban habitualmente ovejas los unos a los otros. Si alguien veía un buey o un burro en manos de un huérfano desamparado o de una viuda, se lo arrebataba. La gente estaba tan temerosa de que le roben la ropa que llevaban puesta, que decidieron que era más seguro caminar desnudos.
¿Por qué el veredicto final de culpabilidad recalcaba el pecado de robo más que los delitos de idolatría, derramamiento de sangre o inmoralidad. La respuesta es que el robo consume los cimientos básicos de toda civilización. El concepto de que la propiedad ajena no puede ser robada, forma parte del sentido común. Cuando Hashem juzga a una persona que es culpable de varios delitos, existe uno que lo delata por sobre todos los demás, el pecado de robo.

* * * *

Noaj, el hombre que se opuso al espíritu de su época

Noaj era un hombre extraordinario, un tzadik cuya rectitud sostenía al mundo entero.

Tres tzadikim constituían la formación del mundo entero: Adam, Noaj y Abraham.

Esto debe ser tomado en el sentido literal de la palabra. Cada uno de ellos aseguró la supervivencia del mundo. Si no fuera por Noaj, el mundo habría sido aniquilado.
A Noaj es posible aplicarle el pasuk (Tehilim 1:1) «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, no se detuvo en camino de pecadores, ni se ha sentado en silla de escarnecedores».
A pesar de la permisividad prevaleciente en el comportamiento ético y moral, sus propios antecedentes eran impecables. No se permitía a sí mismo ser influenciado por sus pares. Se sometió a la humillación de parecer como ridículo ante las tres generaciones en las que vivió- la Generación de Enosh, la Generación del Diluvio y la Generación de la Dispersión- y se mantuvo inmutable en su servicio a Hashem. El respetó fielmente las seis mitzvot que Hashem le ordenó a Adam.
Su esposa Na’amá era igualmente recta. Su nombre Na’amá significa que su comportamiento era agradable. Tuvo tres hijos varones, Iefet, Jam y Shem quienes siguieron los caminos de Hashem, tal como les había enseñado su padre Noaj y su abuelo Metushelaj. De los tres, Shem es nombrado en primer término en la Torá porque era el más virtuoso.
La Torá describe a Noaj como un tzadik, (5:9) «perfecto en su generación». ¿Qué nos sugiere éste último agregado? Nos enseña que Noaj era justo únicamente en relación con los de su generación. Si hubiese vivido en los tiempos de Moshé o de Shmuel no habría sido considerado virtuoso. «En el país de los ciegos el tuerto es rey».

Un hombre tenía una bodega de vinos. Un día bajó hacia allí para llevarse un poco de vino y descubrió que su vino se había transformado en vinagre.
– Caramba- murmuró mientras abría un barril tras otro y los encontraba ácidos. – Se echó todo a perder. Al final descubrió un barril que estaba sólo medio ácido.
– Este está sensacional- exclamó – comparando con el resto, podía considerárselo bueno.

De la misma forma, Noaj es llamado tzadik comparado con su generación perversa.
Sin embargo, según otro punto de vista, la intención del pasuk citado anteriormente es alabar a Noaj diciendo que si él era capaz de mantener su rectitud aún dentro de un clima inmoral, se habría convertido en alguien increiblemente más virtuoso si hubiese vivido en los tiempos de Moshé o Shmuel (tomando sus ejemplos).

Una joven vivía en un barrio desacreditado de la ciudad pero su propia reputación era impecable. Si ella se hubiese instalado en un buen vecindario, se habría transformado por cierto en un brillante ejemplo de comportamiento intachable.

¿Cómo podemos reconciliar estas visiones contrastantes y comprender la personalidad de Noaj?
Es cierto que al obedecer los mandamientos de Hashem y al evitar el pecado, Noaj hacía lo que se esperaba de él. Por esto, la Torá lo llamó tzadik. Sin embargo, nuestros Sabios lo critican en forma sutil por no esforzarse más allá de lo exigido. Nuestros grandes hombres hicieron historia porque se superaron a sí mismos en el servicio de Hashem y excedieron las expectativas humanas. Esto está ilustrado en el estilo de vida de Abraham. El tercer día después de su circuncisión (descripta al comienzo de parshat Vaiera), Abraham estaba muy dolorido. Sin embargo envió a su sirviente Eliezer en busca de invitados. Eliezer no tuvo éxito en su misión y retornó sin ningún viajero. De acuerdo a los patrones normales de expectativas humanas, Abraham a esta altura había cumplido con su obligación y tenía todo el derecho de volver a su tienda. Pero Abraham superó los patrones de conducta exigidos. A pesar del dolor se sentó delante de su tienda esperando invitados. Ya que la oportunidad de practicar benevolencia no se le presentó sola, salió al camino para buscar un medio a través del cual practicar la hospitalidad.
De esta forma, cambió su personalidad de Abram por la de un hombre nuevo y más virtuoso Abraham y consecuentemente transformó su destino en uno nuevo y más importante.

* * * *

Cuando Hashem le ordenó a Noaj: «Dos de cada uno traerás al arca» todas las criaturas entraron en pareja.
El engaño también quería entrar al arca. Noaj le dijo: «No puedes entrar sin tu pareja».
Engaño fue en busca de pareja y encontró a Necesidad.
-¿De donde vienes? preguntó Necesidad.
-Vengo del arca de Noaj. Quería entrar, pero fui expulsado por falta de pareja. ¿Quieres tú ser mi pareja?
-Con gusto – contestó Necesidad – pero ¿qué me ofreces a cambio?
-De lo que yo consiga tú puedes tomar.
-Trato hecho – dijo Necesidad.
De esta forma Engaño y Necesidad entraron al arca juntos siendo pareja eterna: Lo que Engaño consigue, Necesidad se lo lleva.

* * * *

El Rey Nimrod inicia la construcción de la Torre de Babel

Kush, el hijo de Jam, engendró un hijo que más tarde se hizo famoso como el infame Nimrod.
En realidad, a Nimrod se le conocen tres nombres. Lo llamaban Kush por su tez negra. También lo llamaban «Amrafel», el que echó a Abraham al calderón. Y era popularmente conocido como Nimrod, simbólicamente por su caracter «el que incitó a todos a rebelarse contra Hashem».
Nimrod era muy suelto de lengua para convencer a la gente a servir a los ídolos. Era astuto y un asesino a sangre fría. Fue el primero que aprovechó del permiso de comer carne de un animal, a los cuales solía cazar con arco y flecha. En poco tiempo se hizo famoso como un cazador sin parangón cuyo tiro nunca erraba el blanco, convirtiéndose así en el tema del momento. El verdadero secreto de su éxito lo tenía bien escondido. Cuando Noaj abandonó el arca se llevó entre sus objetos más preciados, las prendas celestiales que Hashem le había hecho a Adam. Jam, el hijo de Noaj, se las robó y las pasó subrepticiamente a su hijo Kush, quien a su vez legó las prendas a su hijo preferido Nimrod. Las prendas de Adam le permitían al usuario someter a los animales. Las bestias caían cuando Nimrod, quien vestía las prendas de Adam, tiraba de arco y flecha. Pero la gente de su generación atribuía el éxito a su fuerza y habilidad.
Cuando Nimrod tenía cuarenta años, estalló una guerra entre sus parientes, los descendientes de Jam y los de Iefet. Nimrod reunió a la familia de Kush, organizó un gran ejército y con él a la cabeza ganó la batalla tomando a los prisioneros como esclavos.
A su regreso, sus amigos y hermanos se congregaron y lo proclamaron rey. En este punto Nimrod afirmó ser un poder divino y ordenó a sus súbditos postrarse ante su presencia.
La generación de Nimrod sabía la historia del mabul y estaban atemorizados que un evento similar volviera a ocurrir. En consecuencia buscaron un lugar seguro donde se pudieran reunir todos juntos y encontraron un valle en la tierra de Babel lo suficientemente grande como para vivir todos. Hashem les había dado un valle tan inmenso, precisamente para que luego no afirmen: «Si hubiésemos podido vivir todos juntos en un solo lugar, Hashem no habría sido capaz de desplegar su poder contra nosotros. Todos coronaron a Nimrod como rey, y como todos se habían establecido en Babel, era el amo de toda la población de la tierra.

Nimrod sugirió a la gente: «Construyamos una ciudad en la que podamos vivir todos juntos. Levantemos allí una torre muy alta». La idea fue recibida con gran entusiasmo por todas las naciones. Mitzraim le dijo a Kush y Kush a Put y Put a Canaan, «Construyamos una torre tan alta que llegue a los Cielos y nos pondremos un nombre por si otra inundación nos desparrama por el globo».
¿Cómo podían pensar realmente que una torre los salvaría de otro diluvio; si sabían de generaciones anteriores que todos los intentos de escapar del castigo de Hashem fueron en vano, como lo demostró claramente el mabul?
«No sabían ni entendían, porque estaban cerrados sus ojos para no ver y su corazón para no entender» (Ieshaiahu 44:18).


* * * *

Fin de la Torre y Dispersión de la Generación

Hashem descendió junto a setenta ángeles y juzgó a la generación.
Hashem decidió -Les daré una última oportunidad para hacer teshuvá. Si la aprovechan, los perdonaré aunque no lo merezcan, porque por lo menos reina la paz y la amistad entre ellos.
Dado que la generación no hizo teshuvá, recibió su merecido. Cada segmento de la problación recibió un castigo proporcional a la gravedad del pecado cometido.

– El grupo que dijo -Subamos a lo alto de la torre para estar a salvo de otro Diluvio- fue dispersado por todo el globo. Cada uno fue devuelto a la región a la que había pertenecido antes de establecerse en el valle de Babel.

– Aquellos que dijeron: -Construyamos la torre para hacerle la guerra a Hashem- se transformaron en monos, espíritus y demonios.

– Aquellos que quisieron que la torre fuera un centro de idolatría, fueron castigados a través de la confusión de idiomas. Hashem dijo -Este proyecto perverso pudo ser diagramado únicamente por gente que hablaba un mismo idioma. De ahora en adelante estarán divididos porque carecerán de un idioma común.
En vez de comunicarse como antes en Lashon Hakodesh (hebreo), la gente se encontró de repente hablando setenta idiomas diferentes. La confusión fue inmediata. Cuando uno se dirigía a sus amigos, sus palabras eran ininteligibles para los demás.
Uno decía -Dame agua. El otro en vez de agua le tiraba tierra encima. Uno decía -Dame una soga. El otro tomaba un serrucho y le pegaba matándolo. Se armó una pelea y un tumulto infernal.
Tomaron sus espadas y comenzaron a matar a sus amigos. La mitad de la humanidad pereció bajo la espada.
¿Cuál fue el final de la torre?
Al tercio más bajo se lo tragó la tierra, el tercio más alto se incendió y el tercio del medio permaneció en el suelo.
Para tener una noción de la enorme altura de esta torre, debemos mencionar que aún la parte que quedó después de la destrucción era tan alta, que si alguien ascendía veía las palmeras de abajo como minúsculas langostas, tan pequeñas parecían desde arriba.

¡Qué importante que es la paz y qué detestable que es la guerra!Como en la generación del diluvio se odiaban los unos a los otros, nadie sobrevivió, no quedaron ni rastros. En la Generación de la Dispersión, sin embargo eran unidos y la amistad reinaba entre ellos, por eso sobrevivieron.


* * * *

La primera de la diez pruebas a la que fue sometido Abraham

Nacimiento de Abraham y reconocimiento de Hashem

La fortaleza y la astucia del Rey Nimrod eran conocidas. Era del conocimiento de todos que si su brazo apuntaba al corazón de un ciervo jamás erraba. Pobre de aquel que osara dudar que él era una divinidad autocreada. El verdugo estaba siempre listo al lado del trono. Un día los astrólogos de Nimrod se acercaron al trono humildemente y se postraron ante el rey.
-Majestad- anunciaron- vinimos a avisarle que un gran peligro amenaza vuestro trono. Las estrellas avizoran que nacerá un niño en vuestro reino que negará vuestra divinidad y vencerá a vuestra Majestad.
Nimrod se dirigió a sus ministros -¿Qué medidas me sugieren tomar?
Respondieron rápidamente – Ordena que todos los varones recién nacidos sean aniquilados.
-Este es un buen consejo. Programen una reunión de arquitectos y ordenenles diseñar casas especiales para confinar allí a toda mujer que vaya a tener familia. Luego nos aseguraremos de que solo a los recién nacidos del sexo femenino se les perdone la vida.
Teraj, uno de los hombres más honorables de la corte, estuvo presente en la reunión y preguntó riéndose -¿Espero que no quieran incluir a mi esposa en este nuevo reglamento, no?
-No nos referíamos a tu familia Teraj- le aseguró el rey. – Eres uno de mis ministros más confiables.
Este cruel edicto fue promulgado y a partir de ese momento todos los varones recién nacidos fueron asesinados. Mataron a más de 700.000.
Una mañana los astrólogos de Nimrod solicitaron una nueva audiencia. -¡El peligro aún está presente, Oh Rey! Hemos observado una estrella encima de la casa de Teraj surcando el firmamento en todas las direcciones y devorando cuatro estrellas, en el este, oeste, norte y sur. Esto señala claramente al varón recién nacido de Teraj, quien conquistará tu reino.
-Ordenen a Teraj entregar a su recién nacido. Le compensaré su pérdida con un tesoro en oro y plata.
Los mensajeros se apresuraron hacia lo de Teraj y exigieron al niño.
– Entrega a tu hijo en el nombre de Nimrod- le ordenaron.
– No les daré a mi hijo- repondió.
– El rey te ofrece un tesoro en oro y plata a cambio.
Teraj se rió despectivamente. – Vayan y digan a vuestro amo: Le dicen al caballo, te cortaremos la cabeza y recibiras a cambio un vagón de heno. Tontos, contestó el caballo. Si me decapitan, ¿quién comerá el heno? Si matan a mi hijo, ¿quién heredará mi oro y plata?
Los mensajeros se fueron pero Teraj no se quedó tranquilo.
– Apúrate – le ordenó a su esposa Amtalai. – Envuelve al niño y escóndelo en una cueva, lejos de la casa. Estoy seguro que pronto regresarán.
Y así fue. Poco tiempo después, los delegados del rey golpearon a su puerta, pero Teraj ya estaba preparado. Les dio el hijo de su fiel sirvienta en su lugar.
¿Y cuál fue el destino de su pequeño Abram?
Se crió en una cueva, lejos del mundo cruel que lo circundaba. Con su mente fenomenal reconoció a Su Creador desde que tuvo tres años, habiendo llegado a esta conclusión observando y razonando. -Quizás debería adorar a la tierra, pensó, porque es debido a lo que ella produce que nos mantenemos. Pero en realidad la tierra no es todopoderosa porque depende del cielo para la lluvia. ¿Debo entonces inclinarme ante el firmamento?
El poder que domina al firmamento es por cierto el sol que mantiene al mundo con vida por su calor y su luz. El sol debe ser el dios poderoso que me creó a mí y a todo el universo que me rodea.
Abram se postró ante el sol. Pero cuando cayó la noche y el sol desapareció dando lugar a la luna, Abram pensó que la luna debía ser divina. Pero abandonó la idea cuando se dio cuenta que la luna brillaba sólo de noche. Finalmente, al observar el ritmo habitual del día y la noche, de las estaciones y todas las leyes de la naturaleza, Abram dedujo que existe la presencia de un Creador sabio y omnipotente. Abram se preguntó -¿Cómo es que los cuerpos celestiales salen y se ocultan a una hora determinada? Debe haber una inteligencia superior que los dirige.

Un vagabundo pasaba por un castillo. Como quería saber qué había adentro, dió vueltas a su alrededor buscando la entrada. Todo fue en vano. Llamó a viva voz pero nadie le contestó -¿Puede ser que este castillo esté desierto?- reflexionó. Elevó la vista al techo y vio que había sido cubierto con una capa protectora de material y una segunda capa cuidadosamente puesta sobre la primera. – Este castillo debe estar habitado – dijo el vagabundo – sino quién puede haber puesto las capas sobre el techo tan meticulosamente?

-No lo ví a El- dijo Abram – pero comprendo que solamente un D-s poderoso y misericordioso pudo haber creado el mundo a mi alrededor, y solo su inteligencia superior puede mantenerlo funcionando. A El le haré la reverencia.
Como el tiempo pasaba y las predicciones de los astrólogos no se hacían realidad, el rey revocó el decreto y Abram pudo regresar a su casa.

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