Estudiando
2.Tzav
El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

La porción de Tzav se dirige en forma específica a los kohanim, y por eso es que comienza con las siguientes palabras, «Ordena a Aharón y a sus hijos» (vaikrá 6:2).
El Midrash ofrece una explicación adicional para la frase que abre esta parte. Es llamativo, remarca el Midrash, que el nombre de Aharón se omite en toda la parashá de Vaikrá. Sólo se menciona a sus hijos (vaikrá 1:7,8 2:2, 3:5). La omisión del nombre de Aharón expresa el resentimiento continuo del Todopoderoso por su participación en la construcción del Becerro de Oro. Por consiguiente, Moshé intercedió por su hermano. Cuando Hashem le ordenó la mitzvá de preparar madera para el altar, tomó esa oportunidad para suplicar por Aharón.
«¿Qué tipo de madera es apta para que se prenda el fuego en el mizbeaj (altar)?» Moshé preguntó.
«Todas son aptas excepto la madera que provenga de las parras o de las ramas de los olivos,» le informó el Todopoderoso. «Ninguna de éstas se puede quemar en el altar. Se les acordó una jerarquía honorífica debido a las frutas que producen. Las ramas de las parras no pueden ser usadas para prender fuego en el altar debido a que ellas le suministran vino a los nesajim (libaciones); tampoco se puede utilizar la madera de los olivos, ya que éstos producen aceite para la menorá (candelabro) y para las ofrendas de minjá
De inmediato Moshé le replicó, «Rey del Universo, según Tus palabras parecería ser que una persona merece respeto sólo si produce frutos valiosos. Honraste a la parra y al olivo por lo que producían. Entonces, ¿no deberías tratar a Aharón de una manera honorable (y dirigirte a él en forma directa) y dejar de lado Tu ira hacia él después de que éste educó a sus hijos y los mismos son tan valiosos?»
«Acepto tu argumento,» admitió el Todopoderoso. El demostró su asentimiento al comenzar la parashá de Tzav con las palabras, «Ordena a Aharón y a sus hijos…»(6:2).2

Los Siete Días de Inauguración del Mishkán

Los hechos de este capítulo, que conciernen a la consagración del Mishkán, también están descriptos en la parashá Tetzavé.
Siete días antes de que finalmente se erigiera el Mishkán, el veintitrés de Adar, Hashem le ordenó a Moshé que llamara a Aharón y a sus hijos, los kohanim, para entrenarlos en el vestir de las prendas sacerdotales y en el procedimiento referente a la ofrenda de sacrificios.
Le dijo a Moshé, «Convoca a Aharón y persuádelo para que se desempeñe como el futuro gran sacerdote.»
Por dos razones, se precisó una persuación dócil. La primera era que Aharón estaba desalentado por la demostración de enfado tanto de Hashem como de Moshé después del Pecado del Becerrro de Oro. Luego de eso, se mostró reacio a oficiar en el mishkán y sólo era atraído con palabras que demostraran un afecto especial.
Además, debido a su modestia no deseaba aceptar el distinguido cargo de gran sacerdote.
Hashem le dijo a Moshé, «Reúne a la nación entera en el atrio del Mishkán para que asistan a la consagración de las ceremonias durante los siete días de la Inauguración del Mishkán«.
Al escuchar este mandato, Moshé se preguntó, «¿Cómo será posible reunir a todo el klal Israel en el atrio del Mishkán?
La medida del atrio era de 50 x 100 amos (alrededor de 25 x 50 mts.), de los cuales sólo el Mishkán ocupaba doscientos amot. Una parte adicional fue tomada por el mizbeaj y el kior. El área que sobraba era demasiado pequeña para acomodar a 600.000 hombres.
No obstante, Hashem le informó a Moshé, «No te preguntes como haré para realizar esta hazaña. Yo puedo hacer que entres en areas pequeñas contenidos que excedan su capacidad.»
Este tipo de milagro fue realizado por el Todopoderoso en varias ocasiones:

– Cuando trajo a Egipto la Plaga de las Ampollas, Hashem le ordenó a Moshé y a Aharón que recogieran dos puñados de hollín. Luego Aharón debió darle el hollín que sostenía en sus manos a Moshé. Moshé milagrosamente sostuvo en una sóla mano cuatro puñados de hollín, los suyos y los de Aharón, y los arrojó al cielo.
Moshé y Aharón reunieron a la nación entera en un lugar denominado Mé Merivá frente a una roca de la cual el Todopoderoso iba a extraer agua. En ese momento, ocurrió un milagro. Cada judío efectivamente estaba parado frente a la roca (Bamidbar 20:20).
Cuando los judíos estaban por cruzar el Iardén (Jordán), Iehoshua reunió a la nación entera en el área comprendida entre las dos barras del arón (3:9). El anunció, «A través de este milagro en el que acomodé a todos en un área tan pequeña y del cual ustedes son testigos, deben saber que D-s vive entre ustedes.»
Como ya se mencionó en este capítulo, el atrio del Mishkán durante los Siete Días de Inauguración, contuvo a todos los hombres de la nación, un total de 600.000.
Este mismo milagro ocurrió con cierta regularidad en el Beit Hamikdash. Cuando la gente llegó al Atrio, eran una multitud. Sin embargo, cuando rezaban, cada uno de repente se encontró con cuatro amot (aprox. 2 mts.) extra adelante, y hacia las otras direcciones un espacio de un amá (aprox. 50 cm.).
En el futuro nosotros también vamos a experimentar el gran milagro en el cual un área contendrá un contenido que exceda su capacidad natural. El Todopoderoso va a resucitar a todos los tzadikim (justos) que vivieron desde los tiempos de Adam, y los traerá a Eretz Israel. Entonces, la Tierra se expandirá en forma milagrosa para acomodar a todos aquellos que van a regresar. Ningún judío va a sufrir la falta de espacio.

El Todopoderoso realiza milagros sólo si son necesarios o si El desea impresionarnos con una lección vital. ¿Por qué es que en cada uno de los casos anteriores El realizó el milagro de una superficie pequeña con un contenido sobrenatural? Trataremos de señalar en cada caso la necesidad del milagro:
– La Plaga de las Ampollas, que le causó a los egipcios un dolor físico bastante agudo, fue un castigo midá- kenegued- midá por haber obtenido un gran placer físico a expensas de los Bnei Israel debido a que los obligaban a que calentaran y enfriaran el agua para sus baños. Por lo tanto, esta plaga fue introducida de forma tal que incluía muchos detalles milagrosos como un castigo impresionante por el comportamiento impudente.
– En Mé Meriva, todo judío de repente se encontraba parado frente a la roca. El Todopoderoso deseaba que todo judío se convirtiera en testigo ocular del hecho de que el agua en verdad comenzó a brotar de la piedra.
– La conquista de Eretz Israel bajo el mando de Iehoshua fue lograda con un ejército bastante reducido si se lo compara con las fuerzas numerosas y bien entrenadas de treinta y un reyes. El milagro de que la nación entera encuentre un lugar entre las barras del arón que tuvo lugar antes de que cruzaran el Iardén fue una demostración del amor y del afecto de Hashem. Al saber que El estaba entre ellos, reunirían el coraje necesario para enfrentar a los enemigos que superaban por lejos a los judíos.
– Durante los Días de Inauguración del Mishkán, todos los hombres entraron en el atrio del Mishkán. Hashem deseaba que todos los judíos pudieran observar cómo se consagraban los kohanim de modo que cada uno debía demostrar una actitud apropiada de respeto hacia la kehuná (sacerdocio). Además, el Todopoderoso quería que todos sean testigo de la revelación de la shejiná señalada por el fuego Celestial que desciende sobre el altar.
– En el Beit Hamikdash, el milagro de que un área determinada tenía un contenido que excedía su capacidad normal era necesario para que los adoradores lo pudieran ver frente a sus narices durante la tefilá. Por esta razón, cada uno necesitaba cuatro amot de frente, el promedio de altura de cada persona. Hashem también proveía un espacio vacío de un amá hacia los costados y hacia atrás de cada uno para que pudiera rezar sin que el rezo de su vecino lo distrajera. Además, este espacio no permitía que se escucharan los vidui (confesiones de pecados) del de al lado y de esta manera evitaba que uno se avergonzara.

Moshé hizo lo que el Todopoderoso le había ordenado. Reunió a Aharón, sus hijos, y a los Bnei Israel en el atrio del Mishkán.
A pesar de no ser un kohén gadol, ni siquiera un kohén, Moshé asumió el rol del gran sacerdote durante los siete Días de la Inauguración. Se puso las prendas blancas del tipo de las que vestía el kohén gadol en Iom Kipur, y ofició como si fuera el gran sacerdote mientras Aharón lo observaba.

La princesa se casó muy joven. El rey, su padre, temía que tal vez ella todavía no estuviese preparada para cuidarse a sí misma. Por lo tanto, le ordenó a una mujer noble que la acompañara a su nuevo hogar y esperara hasta que ella aprendiera a cuidarse a si misma.
En forma similar, Aharón había servido hasta ese momento como un leví. Ahora se iba a requerir de él que oficie de kohén gadol. Por lo tanto, Hashem le ordenó a Moshé, «Entrénalo hasta que sepa cómo realizar la avodá en forma independiente. Esparce tú la sangre en su presencia y purifica el altar mientras él observa.»
Moshé realizó todos los pormenores del Servicio de Consagración de acuerdo con la descripción de la parashá Tetzavé. El en persona vistió a Aharón con las ocho prendas del gran sacerdote. Moshé también vistió y desvistió a los otros kohanim durante los siete días para enseñarles y entrenarlos. Moshé ungió a los kohanim con el shemen hamishjá (aceite de ungimiento) y asimismo ungió a todas las vasijas sagradas del Mishkán para santificarlas.
Ofreció los Sacrificios de Inauguración en forma periódica, un toro y dos carneros. El sólo, sacrificaba a los animales, esparcía su sangre, y extraía las cenizas del mizbeaj.
Durante cada uno de los siete días Moshé desarmaba el Mishkán por completo durante la noche, y lo volvía a armar durante la mañana.
Moshé fue un profesor maravilloso, y Aharón y sus hijos muy buenos alumnos. Ellos vehementemente aceptaron las palabras de instrucción de Moshé.
Hashem ordenó que durante los Siete días de la Inauguración, los kohanim no podrían dejar su avodá por ninguna razón.
Pasaron Siete días, y ahora el octavo, el día decisivo era inminente. En él, se les ordenó a los kohanim por primera vez que realizaran el servicio en forma independiente, y provocaron que la shejiná (divinidad) descendiera al Mishkán. Los hechos de este octavo día memorable, lleno tanto de tragedia como de júbilo, están descriptos en la siguiente porción de la Torá, Shminí.

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El Midrash dice, Vol. 3 Vaikra

Torá , Biblia




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