Estudiando
6. Emor
El Libro de Vaikrá (Levítico)
+100%-

Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

Se les ordenaba a los Kohanim que no se Hagan Tamé (impurifiquen) con el Muerto

Todo el Klal Israel debía santificarse. Sin embargo, los Kohanim debían cumplir leyes de santidad que superaban a aquéllas que regían al resto de la nación porque ellos efectuaban el servicio de Hashem en la Santa Casa, el Beit Hamikdash.

Cuando el cocinero jefe ingresaba al servicio del rey, se le advertía, «¡Eres responsable de la preparación de todas las comidas que se sirvan en la mesa real. El rey está acostumbrado a la comida más refinada preparada de la manera más estética. En caso de que alguna vez tocases un cadáver mientras realizas las compras en el mercado, su olor se impregnará. La esencia será perceptible en el palacio, y el paladar sensible del rey la detectará en la comida. Por lo tanto, tenga cuidado de tomar contacto alguna vez con un cadáver!

De manera similar, los kohanim, quienes ofrendaban los sacrificios en el Beit Hamikdash, deben estar puros de tumá (impurezas) de las que están impregnadas los cadáveres. (Sin embargo, la tumá de los cadáveres no tiene un origen físico. Se trata de impurezas espirituales ordenadas por el Todopoderoso).
El mandamiento que les ordena preservarse ellos mismos libres de toda impureza inherente a los cadáveres afecta a los kohanim en todas las generaciones. Ellos no pueden tocar un cadáver o permanecer bajo un mismo techo con uno de ellos.
Deberán educar aún a sus hijos pequeños para que eviten tumat hamet, cadáveres.
Sin embargo, las leyes de pureza de los sacerdotes no rigen para las mujeres; la esposa o hija de un kohén puede tocar un cadáver. Para ello hay dos razones:
1- Las mujeres no realizan la avodá (servicio) en el Beit Hamikdash, y, por lo tanto, no necesitan mantener el alto nivel de pureza de los kohanim hombres que efectúan el Servicio.
2- Desde Javá, la primera mujer, que causó la muerte a toda la humanidad, las mujeres perdieron el privilegio de participar en la santidad que se adquiere al protegerse uno mismo del contacto con los cadáveres. También quedan excluídos de las leyes de pureza los jalalim, kohanim que nacieron de uniones prohibidas. Sin embargo, a los kohanim con una impureza física también se les prohibe tocar cadáveres, aunque no pueden efectuar servicios en el Beit Hamikdash como explicaremos más adelante.
Un kohén no puede siquiera tocar un trozo de carne u órgano de un cadáver. Si bien estas leyes son difíciles de cumplir, los kohanim eran siempre meticulosos para hacerlo. Ello es evidente teniendo en cuenta las dos situaciones que se mencionan a continuación:
El kohén Iosef ben Pikjín padecía un gran sufrimiento debido a una herida infectada en su pierna. Los médicos decidieron amputarle la pierna a fin de salvarle la vida. El hijo del kohén estuvo presente durante la operación. El hombre enfermo dijo a los médicos, «No separen inmediatamente la pierna del cuerpo. Déjenla conectada al cuerpo por medio de un hilo y háganme saber cuando lleguen a tal punto en la operación.»
Tan pronto como el médico le hizo saber que su pierna estaba unida al cuerpo por sólo un hilo, el kohén, que permanecía acostado sobre la camilla y que estaba sufriendo mucho, le pidió a su hijo que abandonara la habitación. «No te quedes hasta el final de la operación», le dijo. «La pierna amputada te va a impurificar!»
Los Sabios le aplicaron a aquel kohén el pasuk (versículo) (Kohelet 7:15),
» Iesh tzadik oved betzidkó»
, cuya interpretación significa «Aunque un tzadik sufra y su vida esté a punto de extinguirse, su rectitud y su fe permanecen en él.»

La Prohibición de Jilul Hashem (La Profanación del Nombre Divino)

Ordenó Hashem, «Y tú no deberás profanar Mi Nombre Sagrado!» (Vaikrá 22:32).
Todos los judios, hombres y mujeres por igual, deben evitar la profanación del Nombre de Hashem en cualquiera de las siguientes situaciones:
– Si alguien le ordena a un judío, «O adoras a ídolos (o cometes un asesinato, o pecado con una de las relaciones matrimoniales prohibidas), o bien Yo te mataré, » él debe permitir que lo maten antes que transgredir la prohibición. Si él acepta violarla, profana el Nombre del Todopoderoso.
Debe sacrificar su vida únicamente por las tres prohibiciones antes mencionadas, a saber, matanza, adoración a los ídolos, e inmoralidad ya que son considerados pecados capitales. En caso de que fuera amenazado de muerte, salvo que transgreda otro mandamiento de la Torá, él está obligado a cometerlos antes que sacrificar su vida (ya que la mitzvá de preservar la vida propia está por encima del resto de las mitzvot excepto estas tres).

– En el supuesto de que una persona que no es judía en presencia de otros diez hombres adultos judíos lo desafía a violar cualquier mitzvá de la Torá, debe someterse él mismo a muerte antes que transgredirla, ya que en estas circunstancias especiales, él profanaría públicamente el Nombre del Todopoderoso si consintiera la petición del no judío.

– Durante un período de persecución religiosa, cuando se les prohibe a los judíos por edicto oficial cumplir con la totalidad de la Torá o algunas mitzvot, un judío debe sacrificar su vida para evitar cometer algún pecado, aún si diez judíos no se encuentran presentes ( y por lo tanto su pecado no sería considerado público). (Por ejemplo, cuando con posterioridad a la destrucción del Segundo Templo los romanos prohibieron a los judíos la práctica de mitzvot o cuando los tribunales de la Inquisición Española pidieron a un judío que transgrediera la Torá, él tuvo que sacrificar su vida para evitar el jilul Hashem que resultaría de la comisión del pecado).
Se incluyen dos transgresiones más en la categoría de «profanación del Nombre del Cielo»:

– Si un judío – aún en privado – peca, no porque haya sido vencido por la tentación o porque se beneficia personalmente, pero simplemente con el propósito de hacer enojar al Creador y desafiar a Su Deseo, profana el Nombre del Cielo (degradó el honor de Hashem en sus propios ojos.)

– Si alguien públicamente actúa más allá de los niveles de piedad esperados, él profana el nombre de Hashem, ya que la gente perderá su respeto por la Torá y las mitzvot (o por una mitzvá determinada).
Cuanto más respetada y conocida es la persona, más cuidadosamente debe evitar cualquier acción o palabra que pueda causar una mala impresión y profanar el Nombre de Hashem en los ojos de otros.

¿Con qué clase de acción uno profana el Nombre del Todopoderoso? Depende de su lugar en la sociedad.
El gran Sabio Rav explicó una vez, «Si yo comprara carne en la carnicería y no pagara la cuenta de inmediato, yo profanaría el Nombre del Todopoderoso».

Rav era una persona famosa. Si se atrasaba en el pago, el carnicero podía sospechar que él estaba tratando de evitar pagar todo junto, y así, su respeto por un talmid jajam estaría disminuído.
Asimismo, el carnicero tendría un ejemplo para él mismo, al pensar que no necesita ser meticuloso para evitar el robo si aún una gran persona como Rav trató a la prohibición sin seriedad.

Rabi Iojanán explicó, «Yo profanaría el Nombre Divino si alguna vez fuera visto caminando por ahí y no estuviera comprometido con la Torá o no estuviera usando tefilin (filacterias).» (La gente no se daría cuenta de que yo no me sentía bien, sin embargo, concluirían que el estudio de la Torá no puede ser tan importante, después de todo, si un Sabio de renombre como yo no estaba constantemente ocupado con él.)

Cada persona debe contemplar lo que constituye un jilul Hashem para él de acuerdo a su posición en la sociedad. Alguien que estudia la Torá tiene una gran obligación respecto de ella. Si el demuestra mal carácter o conducta poco refinada, profana el honor de la Torá y por lo tanto de El quien nos la dio.
El pecado de profanar el Honor de Hashem es tan severo que aún la teshuvá (arrepentimiento) no puede reparalo por completo. Sólo la muerte puede exonerar a una persona de su culpa.

Los hijos del gran sacerdote Elí profanaron el honor del Mishkán al tratar de manera irreverente al Servicio de los sacrificios. Ellos fueron castigados con la muerte por causar un jilul Hashem. Ellos cayeron en la batalla, y se ordenó que todos sus descendientes debían morir durante su juventud.

Si alguien profanaba el Nombre de Hashem y deseaba hacer teshuvá, ¿cómo debía expresarla?
Debía santificar al Gran Nombre en todas las maneras en las que las profanó anteriormente. Por ejemplo, si habló lashón Hará (calumnias), causó un jilul Hashem con sus labios, él debería, por lo tanto, usar sus labios para hablar palabras de la Torá. Si él usó incorrectamente sus pies al caminar en dirección a un destino pecaminoso, debería apurarse a realizar mitzvot. Si empleaba sus manos con maldad, él debería ponerse tefilin y dar caridad, etc.
El versículo que prohibe la profanación del Gran Nombre de Hashem también ordena, «Y deberá ser santificado en el medio de los Bnei Israel«(22:32). Las dos mitzvot se unen en la Torá como para darnos a entender que debemos remediar un jilul Hashem con el correspondiente kidush Hashem.

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