Estudiando
5. Ajarei Mot - Kedoshim
El Libro de Vaikrá (Levítico)
+100%-

Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

 

La parashá de Ajarei Mot incluye todo lo referente al servicio de Iom Kipur en el Beit Hamikash. Para saber cómo era el mismo según el Midrash, con todos sus detalles, ingresar en la sección de Iom Kipur


Salvaguardias Contra la Inmoralidad

Al describir las relaciones prohibidas, la Torá emplea la expresión especial «no debes acercarte a ellas» (Vaikrá 18:6,9).
Por consiguiente, nuestros Sabios instutuyeron las leyes de ijud, las cuales prohíben que un hombre esté recluído en un lugar privado con una mujer extraña. Tampoco debe conversar con una mujer que no conoce.

Una vez, Rabí Iosé Hagalilí estaba parado en un cruce, y no estaba seguro acerca de qué camino debía tomar, cuando se encontró con la esposa de Rabi Meir, Bruria, que era muy sabia.
«¿Qué camino debo tomar para llegar a la ciudad de Lod?» le preguntó a ella.
«Idiota», ella lo reprobó, «¡¿acaso no sabes que nuestros Sabios recomiendan que la conversación con una mujer sea lo más corta posible (Pirké Avot 1:5)? Debiste haber dicho, «¿Cuál vá hacia Lod?»!»

Las precauciones para resguardarnos de la inmoralidad no son, según puede pensarse, una prudencia anticuada de la cual podemos dispensar en esta era moderna. Por el contrario, el Todopoderoso, Quien creó y le dió forma al alma del ser humano es el gran psicólogo, que conoce los instintos e impulsos dinámicos que El implantó en todos los seres vivos. Por lo tanto, El nos obliga a tomar medidas cautelosas contra la inmoralidad, un area que provee la mayor cantidad de pruebas. Si se utiliza el espíritu y se lo emplea para fines de kedushá (santidad), une a la persona con su Creador y hace que la shejiná (divinidad) resida en nuestro medio. Si deja que se pierda con el estilo de las naciones del mundo, se degrada al nivel de un animal.

Las noches de Jol Hamoed Sucot eran las celebraciones más alegres y felices que se presenciaron en el Beit Hamikdash. Los grandes Sabios de la Torá, Rashei Ieshivá, miembros del Sanhedrín, y otros personajes notables, bailaban, tocaban instrumentos, y realizaban actos de habilidad y destreza en el Beit Hamikdash mientras todo el mundo observaba.
En general, las mujeres solían quedarse en el ezrat nashim (el sector de las mujeres) mientras que los hombres se reunían afuera del Monte del Templo. Como este acuerdo ocasionó un cierto grado de confusión, los Sabios invertieron las cosas, y ordenaron a los hombres que ocupen el ezrat nashim y a las mujeres que se queden afuera. Los jajamim decidieron que este acuerdo también era muy frívolo, entonces decidieron hacerle una enmienda drástica. Se erigieron balcones sobre las paredes que cada año antes de Sucot eran cercados con plantas entonces, las mujeres podían ver las presentaciones desde arriba.

Los jajamim consideraron esta precaución autoritaria a pesar del hecho de que el lugar de celebración era el Beit Hamikdash en donde cualquier judío podía naturalmente conducirse con respeto y reserva.

El Todopoderoso unió Su gran Nombre al de varias personas que huyeron de la inmoralidad, entre ellos Iosef y Paltiel.

– Iosef fue expuesto a incitaciones diarias y a presiones por la esposa de Potifar, sin embargo él no pecó. Hashem dijo, «Serás recompensado midá- knegued- midá por cada acto de abstención de inmoralidad.»
Por no torcerse ante el pecado, el Faraon lo adornó con un collar de oro. Sus manos no estaban extendidas de manera pecaminosa, y por lo tanto, el anillo del Faraon fue colocado sobre ellas. Su cuerpo permaneció puro, y por lo tanto, fue vestido con ropas de lino blancas; sus pies no caminaron hacia el pecado, y por consiguiente, Hashem hizo que conduciera una carroza real; sus pensamientos no fueron indulgentes con imágenes pecaminosas, y por ende, se lo proclamó un padre de la sabiduría. Y por último, el logro que corona todo lo anterior; a Iosef se le cambió el nombre a Iehosef (Tehilím 81:6) y se le adhirió la letra Hei del Nombre de Hashem, lo cual implica que el Todopoderoso es testigo del hecho de que no pecó de ninguna manera.

– El Todopoderoso también asoció su nombre al de Palti ben Laish, quien ejerció un gran autoconrtrol para resguardarse de la inmoralidad y se destacó aún más que Iosef. Iosef enfrentó la tentación durante un año, sin embargo, Palti lo hizo por muchos años; Iosef resistió la incitación de una situación claramente pecaminosa, no obstante, Palti lo hizo en una que pudo haber sido justificada como legal.
El Rey Shaul (quien consideró el matrimonio de su hija Mijal inválido por una serie de razones halájicas) por despecho la dió en matrimonio a otro hombre, Palti. Sin embargo, Palti, era un hombre que le temía a Hashem y durante todos los años que él, fue esposo de Mijal, por orden del rey, no la tocó. No se involucraría en un acto que posiblemente constituiría inmoralidad. El pasuk lo honra al cambiar su nombre por el de «Paltiel» (Shemuel 3:1) y adhiere el Nombre de D-s al suyo. La conducta de Paltiel hizo que él fuera el modelo de auto control para todos los asuntos relacionados con moralidad.

Al no estar en contacto con la inmoralidad, la persona se convierte en socio del Todopoderoso.
A aquél que vio de forma accidental algún tipo de obsenidad pero no se permitió detenerse a observarla se le asegura una recompensa especial. Con respecto a él, se dice, (Ieshaiahu 33:15,17), «El que cierra sus ojos para evitar observar maldad…sus ojos contemplarán al Rey en Su magnificencencia, verán la tierra que está muy lejos.»
La Torá exige del judío un nivel de conducta mucho más elevado que el que exige de un gentil. Si bien la ley Divina prohibe el incesto y el adulterio tanto a los judíos como a los gentiles, los primeros, además están censurados al adulterio con la vista (Vaikrá Rabá 23:12) y a cualquier acción que cause inmoralidad. Por otra parte, la Torá prohibe de forma explícita los pensamientos inmorales.
Si nos elevamos hasta el punto de alcanzar el concepto de moralidad de la Torá en vez de establecer nuestros niveles a través del camino corrupto de la vida que caracteriza al ambiente no- judío, contribuímos a traer a nuestra nación más cerca del ideal fundamental, el cual es, «Y serán para mi un reino de kohanim y un pueblo sagrado» (Shemot 19:6).

* * * * *

La Mitzvá (mandamiento) de Respetar a los Padres

Nuestra parashá afirma (19:3), «Un hombre deberá respetar a su madre y a su padre.» Por otro lado, en los Diez Mandamientos se nos exhortó, «¡Honra a tu padre y a tu madre!»
¿Cuál es la diferencia entre RESPETO y HONOR?

– RESPETO significa que un hijo no puede contradecir las palabras de sus padres, ni tampoco puede corraborarlas y decir, «Las palabras de mi padre son correctas». No se debería parar ni sentar en el lugar especial de los padres. La mitzvá de respetar al padre y a la madre se extiende hasta el punto de que incluso si su padre o madre se le acercaran en público, le rasgaran sus prendas, lo insultaran y lo golpearan, él no podría ponerlos en ridículo ni lastimarlos. Deberá soportar la humillación en silencio, con temor hacia el Todopoderoso Quien nos dio este mandamiento. (Sin embargo, puede convocar al Beit Din -tribunal judío- si lo lastiman.)

– HONOR: Por honor se entiende que un hijo debe observar que sus padres estén abastecidos con comida, bebida y vestimenta y debe satisfacer todas las necesidades de éstos.

¿Por qué es que en nuestra parashá, cuando la Torá ordena que se respete a los padres, la madre se menciona antes que el padre, mientras que en el pasuk (versículo) que hace referencia acerca de honrar a los padres, el padre se menciona primero?
En realidad, debemos honrar y temer a ambos padres por igual. (No obstante, si la madre y el padre le dan simultáneamente un mensaje al hijo, éste deberá atender en primer lugar al deseo de su padre, debido a que la madre también está obligada a honrar a su esposo.) Sin embargo, es natural que los hijos le tengan menos miedo a la madre que al padre, y por lo tanto, la Torá enfatiza primero a la madre cuando exige respeto hacia los padres. Por otro lado, es la tendencia natural que los hijos tengan una estimación mayor por la madre que por el padre, y por consiguiente, la Torá consideró necesario colocar al padre en primer lugar cuando se ordena honrar a los padres.
A pesar de que la redacción literal de nuestro versículo es «un hombre debe temer» la mitzvá se aplica tanto para el hijo como para la hija. No obstante, la mujer casada que recibe órdenes contradictorias de su marido y de sus padres está obligada a respetar en primer lugar el deseo de su marido antes que el de sus padres. Por consiguiente, la Torá emplea el término, «un hombre debe temer», – para enseñar que el hombre debe obedecer a sus padres siempre, mientras que la mujer, después del matrimonio está sujeta en primer término a la autoridad de su marido.

Uno de los hijos de Iaakov, Naftalí, se destacó en la mitzvá de honrar a sus padres. Cada vez que su padre, Iaakov, le enviaba un mensaje, él juntaba hasta su último aliento con el fin de realizar su pedido con la mayor rapidez. Sus esfuerzos por cumplir los deseos de su padre bordearon lo sobrehumano. Su amor por la mitzvá de honrar a sus padres le hizo renovar su vigor por cada misión como si ésta hubiera sido la primera orden. Por ende, Iaakov, en su última bendición a sus hijos alabó a Naftalí como a una «cierva que se envia» (Bereshit 49:21).
Además, Naftalí, solía dirigirse a su padre Iaakov, de una manera extremadamente cortés, como si se estuviese dirigiendo a un rey. Por lo tanto, a su padre le agradaban las palabras de su hijo y lo elogiaba diciendo, «¡hablas muy bien y dices cosas sabias!» (ibid.).
La recompensa de Naftalí, midá- kenegued- midá estaba compuesta por dos partes:
– Mereció una porción en Eretz Israel donde los frutos maduraban con la misma rapidez con la que él corría para obedecer las órdenes de su padre.
La recompensa midá- kenegued- midá que se le otorgó a sus descendientes fue durante el período de los Jueces.
En la época de la profetiza Deborá, a quien se le unió en el liderazgo Barak, un descendiente de Naftalí, los judíos fueron oprimidos por los canaanitas.
Sisrá, el general canaanita, movilizó un ejército enorme que estaba compuesto por la infantería y novecientas carrozas de hierro. Barak y Deborá tenían en comparación un ejército mucho más pequeño de diez mil judíos, y les faltaba un equipo apropiado.
Sin embargo, el Todopoderoso hizo que las fuerzas enemigas fueran vencidas en un día de manera milagrosa y que el general Sisrá fuese asesinado.
Hashem hizo posible esta victoria inmediata del pueblo judío a través del descendiente de Naftalí, Barak, por el mérito del primero que siempre realizaba de inmediato las órdenes de su padre.

El versículo que ordena que le temamos a nuestros padres (Vaikrá 19:3) concluye, «Y cuidarás mis Shabatot; Yo soy Hashem, tu D- s». Este final nos enseña que el hijo debe ser indiferente a los deseos de sus padres si éstos lo obligan a transgredir un mandamiento de la Torá, por ejemplo, a profanar el Shabat. Hashem dice, «Yo soy tanto tu D- s, como el de tus padres. Por consiguiente, mi mandamiento Divino, tiene la autoridad máxima».

Después de ser vendido, Iosef estuvo apartado de su padre por veintidós años. Iaacov pasó todo este tiempo de luto y con dolor por la pérdida de su hijo. Su dolor fue una retribución midá- kenegued- midá por haber estado lejos de su propio padre, Itsjak, por veintidós años, el tiempo que pasó en la casa de Laván. Como no honró a su padre y a su madre por veintidós años, Hashem hizo que Iosef estuviera lejos de él por la misma cantidad de tiempo.
Sin embargo, Hashem no castigó a Iaakov por haber estado alejado de sus padres durante un período de catorce años que pasó en la ieshivá Shem y Ever estudiando Torá porque la mitzvá de estudiar Torá es más importante que la de honrar a los padres.

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