Estudiando
4.Beshalaj
El Libro de Shemot (Exodo)
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Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

Benei Israel Viajan al Desierto

Después que cientos de miles de Egipcios murieran en la Plaga de la Muerte del Primogénito, la conducta del Faraón hacia los Benei Israel cambió radicalmente. No sólo él los despidió con palabras bondadosas, sino que incluso él personalmente los escoltó fuera del país. Como una recompensa por su acompañar a los Benei Israel, la Torá nos ordena a nosotros no rechazar a una tercera generación de conversos egipcios que desee casarse dentro del pueblo Judío (Devarím 22:8). Sólo después de que los Benei Israel partieron, el Faraón apreció en toda su extensión su pérdida. El clamó, «¡infortunado soy yo! ¡no debería haberles permitido partir!»

Había una vez un hombre que poseía un huerto, el que deseaba vender. Un comprador interesado pronto vino y le ofreció mil dólares, y un trato fue hecho. El dinero y el huerto cambiaron de manos, y ambas partes estuvieron satisfechas.
«¿Por cuánto vendísteis vos aquella tierra?» la gente inquirió mas tarde.
«Mil dólares,» replicó el ex-propietario.
«¿Estáis loco? Los olivos que crecen allí valen ellos sólos mil, las viñas otros mil, los árboles frutales mil sin mencionar el manantial de agua fresca y el resto de la vegetación. ¡Aquel huerto vale varios miles de dólares!» Cuando escuchó esto, el vendedor comenzó a lamentar su apresurada acción.

Asimismo, el Faraón inicialmente estuvo contento de despedir a los Benei Israel. Subsecuentemente, sin embargo, sus nobles lo reprocharon, «¿Qué habéis hecho? Había muchos hombres sabios y profesionales entre ellos, y considerad todos los hombres ordinarios, mujeres y niños cuyas asignaciones fueron dejadas incompletas. Por añadidura, ellos nos pidieron oro, plata, y vasijas, de tal modo marchándose con nuestra fortuna íntegra. Los Egipcios que se convirtieron al Judaísmo y partieron con ellos también llevaron consigo su oro, plata, y ganado, y puesto que eran hombres acaudalados la pérdida de recursos nacionales fue considerable.» El Faraón entonces lamentó el haber accedido dejar ir a los Benei Israel. Los Benei Israel partieron de Egipto, los hombres bajo la guía de Moshé y Aharón, mientras las mujeres fueron conducidas por la hermana de Moshé Miriam. Hashem no los llevó en una ruta directa a Eretz Israel. Más bien, El los condujo en una trayectoria ondulada a través del desierto, a fin de evitar confrontación con los pelishtím. Había un número de razones por las cuales Hashem no quería que ellos entraran al territorio de los pelishtím:

– Hashem dijo, «Si los pelishtím atacan, aquéllos de entre Benei Israel que están temerosos de batalla querrán retornar a Egipto.»
Hashem tampoco quería que los Benei Israel atacaran a los pelishtím, ya que aquello violaría el acuerdo entre Abraham y Abimelej (ancestro de los pelishtím) de no dañarse mutuamente por tres generaciones (y los nietos de Abimelej todavía vivían). Era por tanto preferible que los Benei Israel no se acercaran a la tierra de los pelishtím.
Una razón adicional para evitar la tierra de los pelishtím era exceptuar a los Benei Israel de la visión de los huesos de sus asesinados hermanos de la Tribu de Efraim que estaban esparcidos sobre los caminos filisteos. Un amplio número de familias de la Tribu de Efraim había abandonado Egipto treinta años antes del Exodo, calculando mal el tiempo de la redención. (Ellos alegaron que los cuatrocientos años de exilio Egipcio predichos a Abraham en el brit ben habetarim (pacto entre las partes) comenzaron al tiempo de aquel convenio mientras en realidad el verdadero comienzo del exilio debía ser computado desde el día del nacimiento de Itzjak.) Ellos escaparon de Egipto mas al arribar en la tierra de los pelishtím fueron atacados por los habitantes, y 300.000 Benei Efraím fueron muertos.

Un príncipe llegó de un país distante para desposar a su prometida. Cuando la ceremonia matrimonial finalizó, la pareja se preparó para su largo viaje de regreso a la tierra del príncipe. Los recién casados partieron de buen humor, mas mientras viajaban, la joven esposa del príncipe murió repentinamente, y él la sepultó al lado del camino.
Algún tiempo después, le fue propuesto que casara a la hermana menor de su difunta esposa. El consintió y nuevamente viajó al mismo país extranjero para la boda. Cuando el banquete finalizó, el príncipe pensó «Yo no llevaré a mi joven esposa a mi país vía la ruta directa. Si ella advierte la tumba de su hermana en el camino se descorazonará y podría no querer continuar el viaje. Sería preferible tomar una ruta diferente.»

Similarmente, Hashem circunvaló la tierra de los pelishtím por temor de que al advertir los huesos de los hombres de la Tribu de Efraím, los Benei Israel se desalentaran y quisieran retornar a Egipto.

¿Por qué Hashem no protegió a los Benei Efraím del ataque filisteo? Ellos habían jurado a su ancestro Iosef que no abandonarían Egipto sin llevar sus huesos con ellos. Fueron castigados por Hashem porque violaron su juramento. (Por esta razón Iehoshúa, quien era un miembro de aquella Tribu, rehusó unirse a ellos. El permaneció con Moshé, quien llevó el ataúd de Iosef a Eretz Israel para su entierro.) Por añadidura, los Benei Efraím incurrieron en la pena de muerte por negar las palabras de los Sabios de aquella generación quienes proclamaron que el tiempo de la redención no había llegado aún. Los Benei Efraím insistieron en seguir sus propios cálculos, negando la Tradición Oral. Ellos fueron destruídos para enseñar a todas las generaciones que la existencia de nuestra nación depende de la subordinación a la Torá shebe-al pe, la Tradición Oral.

Hashem liberó a los Benei Israel de la esclavitud Egipcia para que ellos se volvieran Sus sirvientes. No obstante, su tratamiento con ellos en ningún modo se asemejó a aquél de un amo humano quien emplea a un sirviente. Sería tarea ordinaria del sirviente lavar y vestir a su amo, cargar sus paquetes, y , de noche, sostener una linterna para iluminar el camino para él. Hashem, en Su gran amor por K-lal Israel, no demandó ninguno de estos servicios de ellos. Por el contrario, El les suministró todo tipo concebible de servicio. El los proveyó con siete Nubes de Gloria- cuatro Nubes rodeaban el Campo en todas direcciones y proveían refugio, la Nube sobre ellos servía como una protección como techo del quemante sol del desierto, y una desde abajo alisaba el camino y mataba culebras y escorpiones. La séptima Nube viajaba frente al Campo para guiar el camino. Era reemplazada por un pilar de fuego a la noche para iluminar sus tiendas. Durante todos sus viajes en el desierto, los Benei Israel nunca estuvieron hambrientos ni sedientos pues Hashem les dio pan del Cielo y causó que agua surgiese de un pozo en la tierra, sin importar dónde ellos estuvieran.

Onkelos, el sobrino del emperador romano Adriano, abandonó la corte romana. El viajó a Eretz Israel y se volvió converso al judaísmo. El emperador despachó sus tropas para traer a su sobrino de regreso a Roma. Cuando los soldados arribaron, Onkelos los convenció de convertirse al judaísmo también. El emperador por tanto envió a una segunda división con instrucciones estrictas de no comprometerse en ninguna conversación con Onkelos. Los soldados lo forzaron a él a retornar con ellos al emperador, pero en el camino él les dijo, «Permitídme sólo mencionar un punto de interés para vosotros. Si un grupo de personas de noble rango viajaran juntas, un barón sostendría una linterna para un duque, un duque iluminaría el camino para un príncipe, y un príncipe para un monarca. ¿Mas alguna vez vosotros escuchásteis de un monarca que encendiera el camino para la totalidad de la población?»
«Nunca,» ellos replicaron.
«Bien, el Di- s de los Judíos iluminó el camino para Su pueblo íntegro durante su estada en el desierto,» explicó Onkelos.
Cuando los soldados escucharon esto, todos ellos se convirtieron en guerím.

* * * * *

Keriat Iam Suf / La Partición del Iam Suf

A pesar de que el mar aún no se había partido, los Benei Israel continuaron avanzando dentro de las aguas del mar, luchando contra las poderosas olas. El agua ya alcanzaba sus cuellos. Samael intentó persuadir al Angel del Mar de ahogar a los Benei Israel arguyendo con Hashem que los Benei Israel no merecían ser salvados. «Señor del Universo,» él arguyó, «¿no fueron los Judíos adoradores de ídolos en Egipto? ¿Por qué merecen ellos milagros?» «¡Tonto!» «Hashem le respondió a él. «¿Sirvieron ídolos por su propia voluntad? Su idolatría fue meramente el resultado de la esclavitud y de su confuso estado mental. ¡Tú no puedes juzgar acciones realizadas involuntariamente y bajo amenaza en la misma manera que hechos realizados en un espíritu de rebelión!» El Angel del Mar aceptó esta defensa y dirigió su furia a los Egipcios en vez de a los Judíos, preparándose para ahogar a los Egipcios.
Moshé extendió su mano hacia las revueltas olas y ordenó al mar, «¡En nombre de Hashem, partíos!» pero el mar no obedeció. El no quería cambiar sus fronteras, las cuales habían sido fijadas desde los Seis Días de la Creación. Hashem ordenó a Moshé elevar su bastón y amenazar al mar, al igual que el amo eleva su vara para golpear a un esclavo rebelde. No obstante, las olas continuaron henchiéndose y no se retirarían. Entonces la shejiná de Hashem apareció sobre el mar, y él se partió. «Ma lejá haiam ki tanus / ¿Por qué, mar, tú te retiras ahora?» Moshé le preguntó.
La réplica fue, «¡Milifnei adón julí aretz– Yo me retiré sólo por el Amo del Universo Mismo!». El rugido del agua partiéndose fue oído incluso en países distantes. En aquel momento, no sólo el Iam Suf se partió, mas así hicieron las aguas de los lagos y manantiales de todos los países, e incluso el agua en las jarras de las personas, de tal modo dando a publicidad el milagro por todo el mundo. Las aguas en el mundo retornaron a su estado natural sólo después que el agua del Iam Suf hubo reasumido su curso normal.
Mientras los Benei Israel caminaban en el cauce del mar, ellos advirtieron que el suelo bajo sus pies era fangoso. Hashem quería probar su reacción. Algunos miembros de la Tribu de Reuvén observaron a aquéllos de la de Shimón, «¡Después de haber abandonado el fango de Egipto, nosotros otra vez nos encontramos en el fango!» Hashem consideró estas palabras una rebelión en Su contra y afirmó, «Ellos se rebelaron en contra Mía en el Iam Suf. Yo no obstante los salvaré para que Mi Nombre sea santificado.» Hashem, en Su misericordia, secó el fango, y el suelo se volvió firme.
Mientras los Benei Israel estaban caminando a través del mar, el ángel Gabriel permaneció a su lado, protegiéndolos a ellos como una pared. El proclamó al agua a su derecha, «Custodiad a K-lal Israel que en el futuro recibirán la Torá de Hashem de Su diestra,» y reprendió al agua a su izquierda, «¡No dañéis a este pueblo que en el futuro colocará tefilín sobre su brazo izquierdo! «

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