Estudiando
4.Shelaj Lejá
El Libro de Bamidbar (Números)
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Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

La Mitzvá de Fijar Tzitzit (Flecos Anudados) a Vestimentas de Cuatro Esquinas

El Todopoderoso nos obsequió una mitzvá (mandamiento) que tiene el propósito de recordarnos todas Sus otras mitzvot. Esa es la mitzvá de tzitzit.
¿Cuál es significado de la palabra tzitzit?
Tzitzit significa «flecos». Ellos se refieren a hebras que deben ser hechas para el propósito explícito de la mitzvá, anudadas de acuerdo con especificaciones halájicas, y fijadas a vestimentas de cuatro esquinas.
El fin de los flecos es que un judío debe mirarlos, recordar a Hashem, y desistir de pecar.
¿Cómo ayudan los tzitzit a un judío a recordar sus obligaciones hacia el Todopoderoso?

Un apikoros preguntó a Rabí Biniamín, «¡¿Qué tonta costumbre observáis vosotros los judíos?! ¿Por qué colgáis sobre las esquinas de vuestras vestimentas ocho cuerdas anudadas?»
«Yo lo explicaré en una manera simple,» replicó Rabí Biniamín. «Nuestro maestro Moshé se quejó al Todopoderoso que un hombre había profanado el Shabat porque en aquel día él no estaba usando sus tefilín los cuales recuerdan a un judío del lazo entre Hashem y el pueblo judío. (En aquel tiempo, los judíos usaban sus tefilín todo el día, excepto en Shabat, cuando uno no puede usarlos.) Hashem por lo tanto dijo a Moshé, `Yo os daré a vosotros una mitzvá que es pertinente aún en Shabat y en los Iamím Tovím. Ordena a cada judío fijar tzitzit, cuerdas anudadas, a sus vestimentas a fin de recordar las mitzvot.»
«Vos véis que nosotros actuamos como aquellas personas que hacen nudos en sus pañuelos a fin de recordar ciertas materias.»

Más aún, el Todopoderoso nos ordenó marcar nuestras vestimentas, al igual que un amo manda a su esclavo anudar sus vestimentas como una señal de servidumbre.
Cada detalle de la mitzvá es diseñado para recordarnos que, como sirvientes del Todopoderoso, nosotros estamos obligados a cumplir Sus mandamientos:
Tzitzit son fijados a una esquina en cada una de las cuatro direcciones para recordarnos de nuestra obligación dondequiera que nos volvemos. Más aún, los tzitzit representan dos testigos en frente de una persona, y dos detrás de ella, que le advierten contra pecar.
El valor numérico de la palabra tzitzit (en hebreo) es 600. Si nosotros agregamos a este número sus 8 hebras y 5 nudos (en cada esquina), llegamos a 613, un recordatorio de las mitzvot.
De las ocho hebras, una debe ser de lana y teñida azul (tejelet), con tintura conseguida de la sangre de la criatura de mar jilazón. Esta hebra no puede ser coloreada con tintura azul obtenida de ninguna otra fuente. La hebra azul en el tzitzit sugiere el Trono de Gloria Celestial en lo Alto.
Hoy nosotros no tenemos el jilazón.

Hashem lo ocultó de nosotros porque no somos dignos de asociarnos con el kisé hacabod (Trono celestial), como fueron nuestros ancestros.

Benei Israel Solicitan que Moshé Envíe Espías a Eretz Israel

Benei Israel estaban ahora en Kadesh Barnea, al sudeste de Eretz Israel. Ellos sabían que en breve ascenderían la montaña en la frontera de Eretz Israel.
Excitadamente empujándose uno al otro,se aproximaron a Moshé con una solicitud. La única Tribu que no se unió a la multitud fue la Tribu de Leví.
«Mandemos espías delante de nosotros,» peticionó el pueblo a Moshé, «para investigar la Tierra. Ellos nos aconsejarán acerca de qué ruta tomar. También nos informarán cuáles ciudades pueden ser conquistadas fácilmente, de modo que nosotros sabremos dónde atacar primero.»
Es obvio que ellos no necesitaban espías para reconocer la Tierra. La Nube de Gloria y el Arón (arca) de Hashem viajaban al frente del pueblo. Preparaban el camino para ellos y los dirigían adónde ir.
Benei Israel por consiguiente citaron varios argumentos a fin de convencer a Moshé de la necesidad de exploradores.
«Hashem prometió traernos a una Tierra llena con cosas todas buenas y preciadas,» le dijeron. «Antes de nuestro arribo, los canaaním seguramente ocultarán todos sus objetos preciados. Por consiguiente, es una buena idea enviar agentes secretos delante de nosotros para observar a los habitantes e investigar sus lugares de escondite.»
Benei Israel incluso citaron una razón halájica (de la ley) para su solicitud. «Tú nos enseñaste, Moshé,» le dijeron ellos, «que si nosotros capturamos imágenes idólatras de no- judíos, estamos obligados a destruir solamente aquéllas que ellos adoran activamente, mas no ídolos que no son usados. Eretz Canaán (nombre antiguo de Israel) está llena de objetos idólatras. Enviemos espías ahora para asegurarnos qué ídolos los canaanitas adoran. Entonces sabremos cuáles debemos destruír».
«Más aún, Hashem prometió expulsar a los habitantes de Eretz Canaán poco a poco (Shemot 23:20). Nosotros debemos decidir qué ciudades deberían ser atacadas y conquistadas primero».
«Los Espías averiguarán también el lenguaje nativo. (Si sabemos su lenguaje, podemos ser entrenados para espiarlos durante la guerra para descubrir su estrategia.)»
Benei Israel realmente deseaban enviar espías porque dos dudas se escondían en sus mentes:
1. A pesar de que Hashem les había asegurado que Eretz Israel era una buena Tierra, nadie en aquella generación la había visto alguna vez. Ellos no estaban convencidos de que la Tierra era suficientemente especial para justificar pelear una guerra importante (la guerra en el tiempo de Iehoshúa duró siete años). Benei Israel querían confirmación por el reporte de testigos oculares de que la Tierra Prometida era de hecho muy buena.
2. Comparado a los numerosos y bien entrenados ejércitos de las siete naciones que habitaban Eretz Canaán, Benei Israel constaban de sólo un puñado de inexpertos peleadores. ¿Cómo podían ellos osar enfrentar a tal terrible enemigo en terreno desconocido, sin conocimiento exacto de sus números, la fuerza de su ejército, y los otros detalles relevantes para combate?
Desde nuestro punto de vista, la actitud de Benei Israel era ciertamente entendible.
No obstante, el Todopoderoso condenó su falta de emuná (fe) en Su palabra, proclamando por consiguiente que aquella generación no entraría a Eretz Israel. El episodio íntegro está ilustrado por la siguiente parábola:

El príncipe había llegado a la mayoría de edad. Una novia adecuada debía ser encontrada. Su padre escogió para él una muchacha a quien había seleccionado cuidadosamente de todas aquéllas que eran elegibles.
«Yo tengo una muchacha maravillosa para ti,» informó a su hijo. «Ella es sabia, hermosa, instruída, y de noble linaje. Posee todas las cualidades que alguien podría desear.»
El hijo no estaba convencido. «Déjame conocerla,» le dijo a su padre, «para verla yo mismo.»
El rey se irritó grandemente de que su hijo no confiara en él. «Si yo rehuso su solicitud,» pensó, «él asumirá que ella es fea. Por consiguiente le permitiré conocerla, para que pueda convencerse de que es verdaderamente hermosa. No obstante, dado que no me creyó, no lo dejaré casarla. Reservaré esta muchacha para su hijo, en cambio.»

Similarmente, Hashem ahora decidió que la generación que desconfió de Su palabra no era digna de entrar a Eretz Israel. (Su decreto incluyó aún a aquellos judíos que más tarde no aceptaron la calumnia de los Espías. Ellos, también, pecaron demandando Espías.) Porque la Tribu de Leví, sin embargo, no solicitó Espías, y ningún espía fue enviado de esta Tribu, los leviím ciertamente entraron a la Tierra.
Cuando Moshé escuchó la solicitud del pueblo, él replicó, «Yo nunca doy un paso antes de consultar a la Shejiná (Divinidad). Accederé sólo si Hashem ratifica vuestro plan.»
Moshé preguntó al Todopoderoso, «¿Consientes en enviar Espías a Eretz Canaán
«Si tú lo deseas,» replicó Hashem, «Yo no te impediré. No obstante, envía Espías por ti mismo, Moshé; no por Mí. Yo no estoy envuelto en este proyecto.»

Cuando el propietario de un viñedo vio que la vendimia estaba produciendo bien y que las uvas de estación producirían delicioso vino dulce, ordenó a sus trabajadores, «¡Traed todas las uvas a mi bodega!»
Otra vez, no obstante, cuando probó unas uvas de estación diferentes, él se dio cuenta de que ellas producirían vino ácido. Por consiguiente dijo a sus trabajadores, «¡Vosotros podéis llevar todas estas uvas a vuestras propias bodegas!»
Similarmente, Hashem previó que los Espías se volverían ácidos; por lo tanto, El no usó la frase «Envía Espías por Mí» (como El dijo, por ejemplo, «congrega por Mí setenta hombres; trae a los leviím a Mí») En vez, El concedió con las palabras, «Envía Espías por tí mismo.» El así indicaba que estaba descontento con el plan.
Viendo que Hashem concedió sólo a regañadientes, ¿por qué Moshé no imploró a los judíos abandonar su plan?
Moshé estaba todavía en un estado de shock por la tzaraat (tipo de lepra) que le había sobrevenido recientemente a su hermana. El careció de su usual claridad de mente para comprender completamente la significación de la réplica de Hashem.
A pesar de que Hashem sabía que los Espías fracasarían en su misión y acarrearían castigo a la generación entera, El no les prohibió viajar a Eretz Israel por varias razones. Entre ellas:
1. Si El rehusara la solicitud de Benei Israel, ellos podrían asumir que la Tierra no era verdaderamente tan buena como El había prometido. El jilul Hashem (profanación del nombre de Di´s) de creer que el Todopoderoso los había engañado era peor que el eventual castigo de la generación.
2. A pesar de que el Todopoderoso prevé todos los eventos futuros, El concede a cada persona libre elección. A pesar de que la demanda de Kelal Israel por Espías era equivocada, los Espías tenían la opción de traer de regreso un buen reporte y convertir su misión en un éxito.

De hecho, Moshé consultó con Hashem concerniente a cada uno de los espías, acerca de si él era un tzadik (justo), y Hashem confirmó acerca de cada uno, «El es un individuo digno.»
Los doce hombres que fueron seleccionados eran los doce mejores de Kelal Israel.
Cuando Moshé informó a los judíos que Hashem accedió a la empresa, esperaba que Benei Israel replicarían que ellos no necesitaban Espías. Después de todo, el hecho de que el permiso fue concedido significaba que Eretz Israel debía ser una buena Tierra. No obstante, el pueblo no reconsideró su solicitud.

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