Estudiando
3.Bo
El Libro de Shemot (Exodo)
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Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

La Décima Plaga: Muerte del Primogénito

Cuando los primogénitos Egipcios escucharon la advertencia de Moshé sobre una plaga en la cual ellos todos perecerían, imploraron a sus padres, «¡Por favor liberad a los Judíos! ¡En el pasado, todo lo que Moshé predijo acaeció, y nosotros no deseamos morir!» Los padres Egipcios se rehusaron a escucharlos , contestando, «Cada hombre posee diez hijos. ¡Es mejor que cada familia sacrifique uno de sus hijos antes que dejar a los Judíos salir libres!» Viendo que sus padres eran despiadados, los hijos primogénitos decidieron exhortar al Faraón. Razonaron, «El Faraón ciertamente consentirá porque él mismo es un primogénito.» Ellos suplicaron al Faraón, «¡Conceded libertad a los Judíos! ¿Por qué deberíamos todos nosotros ser aniquilados y vos también?» «¡Expulsad a estos hombres del palacio!» el Faraón coléricamente dio instrucciones a sus sirvientes.» «¡Nosotros todos debemos estar preparados para sacrificar nuestras vidas para impedir a los Judíos partir!»
Los primogénitos retornaron a sus hogares, mas antes de medianoche, hicieron estragos en la tierra desenvainando sus espadas y, en ira ciega, matando a sus padres y a quienquiera cruzara sus sendas. Ellos tomaron todo tipo de precauciones en la esperanza de ser salvados de la Plaga.
Algunos fueron escondidos por sus padres en los templos de idolatría que pensaron eran seguros. Muchos niños primogénitos corrieron a la tierra de Goshen para dormir en las mismas camas que los Benei Israel. Al exacto momento cuando la medianoche sonó, las palabras de Hashem se hicieron realidad. El Todopoderoso descendió sobre Egipto, acompañado por una multitud de Angeles Destructores. Hashem Mismo mató a los primogénitos, mientras los Angeles de Destrucción fueron asignados la tarea de matar a los todavía no nacidos primogénitos aún en los úteros de sus madres. Todos los niños primogénitos murieron, tanto varones como mujeres, desde los nobles hijos del Faraón hasta el esclavizado primogénito de los prisioneros Egipcios quienes habían afirmado maliciosamente, «Nosotros preferiríamos permanecer en prisión por el resto de nuestras vidas que ver a los Judíos salir libres.» Hashem también mató a los primogénitos de todos los animales porque los Egipcios los adoraban. Los primogénitos Egipcios quienes se escondían en los templos de idolatría fueron destruídos junto con sus dioses todos los cuales se desintegraron – los ídolos de madera se pudrieron, los ídolos de piedra se disolvieron, y las imágenes de oro y plata se fundieron. Ni un solo ídolo permaneció intacto excepto el ídolo Ba-al Tzefón el que continuó existiendo a fin de conceder a los Egipcios la elección de atribuirle a él supremacía. En familias en las cuales no había niños primogénitos, el mayor de la casa fue muerto. En hogares donde los primogénitos habían fallecido antes de la plaga, los perros arrastraron sus cadáveres fuera de sus sepulturas, los masticaron , y también demolieron las estatuas erigidas en su honor. La mujer anciana que había ridiculizado la profecía de Moshé fue la primera en ser atacada. Ella poseía una estatua de su hijo primogénito varón la cual apreciaba más que su vida. Los perros la arrancaron y la demolieron, y ella fue muerta de pesar. Todos los Egipcios fueron más afectados al ver sus estatuas destruidas que por la real muerte de sus primogénitos. Además, la vista de sus ídolos desplomándose y desintegrándose frente a sus ojos evocó en ellos la más grande pena. El palacio del Faraón era la escena del desastre. Casi todos sus hijos estaban muertos y así estaban los hijos de sus sirvientes. El Faraón, loco de ira, asió una espada y ejecutó a todos los consejeros y nobles quienes le habían aconsejado a él desobedecer a Moshé. Esta fue la tercera masacre de reshaím en aquella terrible noche de castigo:

– Los primogénitos habían matado a sus padres y a quienquiera que encontraron.
Hashem destruyó a los primogénitos a la medianoche.
El Faraón mató a todos sus nobles y asesores.

Siguiendo a la Plaga, una turba de Egipcios tomó por asalto el palacio, con la intención de asesinar al rey en revancha, y él tuvo que esconderse. Mas el Faraón escapó porque Hashem lo mantuvo con vida para que pudiera dar testimonio de todos Sus milagros. ¿Por qué la Plaga de la Muerte del Primogénitos tuvo lugar en la noche en vez de en el día ? Hashem estaba así castigando a los Egipcios midá- kenegued- midá por haber revertido el orden natural de las cosas. Ellos habían ordenado a los Benei Israel realizar labor que es usualmente hecha en el día a la noche y vice- versa, y habían comandado también a los hombres Judíos realizar trabajo ordinariamente hecho por mujeres mientras a las mujeres les asignaron las tareas de los hombres. En consecuencia, Hashem también revirtió el orden natural y los castigó en el medio de la noche. Los Egipcios merecían que sus primogénitos fueran muertos como castigo por haber intentado aniquilar a los Benei Israel quienes son llamados, «el hijo primogénito de Hashem» (Shemot 4:2). Hashem, no obstante, esperó hasta el mismo fin antes que El comenzara esta severa Plaga sobre los Egipcios. El esperaba que ellos hicieran teshuvá tan pronto como fueran hechos sufrir y sus animales y pertenencias fueran atacados , y así la Plaga que era una amenaza a sus vidas podría ser evitada.

Hashem causó Diez Plagas a los Egipcios para castigar al Faraón quien negaba la existencia del Creador del universo el que había sido traído a existencia por Diez Pronunciamientos. Los Benei Israel, más aún, merecían que sus enemigos fueran afligidos con Diez Plagas porque su antepasado Abraham había exitosamente resistido Diez Pruebas. Las Plagas emergieron de todos los variados elementos, algunas del agua, algunas de la tierra, y algunas del cielo, para manifestar que Hashem es el Amo sobre todos ellos.

Ietziat Mitzraim – El Exodo

Era la mañana del quince de Nisán de 2448. La tierra de Egipto estaba atestada de los muertos y de los expirantes. No todos los primogénitos habían muerto inmediatamente; Hashem distribuyó juicio individual a cada primogénito. Algunos perecieron inmediatamente, otros permanecieron retorciéndose en agonía hasta la mañana, y todavía otros sufrieron de la Plaga por tres días y sólo entonces expiraron. No había una sola casa Egipcia en la cual no hubieran cinco o diez difuntos, porque además del primogénito, Hashem destruyó a aquellos depravados Egipcios que se opusieron a la redención de los Benei Israel. No obstante, los Egipcios no permanecieron con sus muertos. En lugar de ello, todos ellos se apresuraron a Goshen con animales y carretas, implorando a los Benei Israel partir porque pensaron, «Nosotros todos moriremos pronto.» Antes de su partida los Benei Israel solicitaron a sus vecinos Egipcios oro, plata, y vestimentas porque recordaron bien la orden de Moshé. Moshé les había informado a ellos que Hashem le había dicho a él, «Por favor dí al pueblo que cada uno debe pedir a su vecino Egipcio oro, plata, y vasijas. Así la promesa que Yo le consagré a su antepasado Abraham de que saldrían fuera de Egipto con grandes riquezas será cumplida.»
¿Por qué Hashem formuló su mandamiento a Moshé como una súplica, diciendo a Moshé, » Por favor dí al pueblo…?»
Hashem temía que los Benei Israel, una vez concedidos su libertad, tendrían prisa de huir e ignorarían el precepto de solicitar de los Egipcios dinero. El por consiguiente lo precedió con una súplica especial de que su mandamiento fuera observado. Al principio, los Egipcios intentaron negar que poseían cualquier objeto de valor. Sin embargo, los Benei Israel les describieron la ubicación exacta, forma, y cantidad de estas posesiones ya que habían buscado por todas partes de las casas de los Egipcios a fondo durante los días de Oscuridad. Los Egipcios por lo tanto no sólo les entregaron a ellos las cosas que demandaron, sino que entregaron dos de cada, diciendo, «¡Tomad el doble de cantidad, y sólo ídos!». Los Benei Israel vaciaron a Egipto de su riqueza. Ellos estaban legalmente habilitados a todo el dinero que recibieron a causa de la propiedad que dejaban detrás de sí tanto como por los doscientos diez años de labor esclava impaga. Era parte del castigo de los Egipcios el que fueran forzados a regalar sus fortunas a los Benei Israel.

Al cocinero principal del palacio real le fue entregada una considerable suma de dinero con la que comprar un pescado para la comida del rey. El retornó con un maloliente pescado en el cual había empleado la suma entera de dinero. Cuando el rey escuchó acerca de esto, dijo, «¡Vos seréis castigado por vuestra negligencia! ¡Escoged entre comer este pescado, pagar por él, o ser azotado con cien azotes!» «Permitídme a mí comer el pescado,» replicó el cocinero. Comenzó a masticarlo pero fue tan repulsado por su mal olor que no pudo continuar. «Yo preferiría recibir la paliza,» dijo. Los soldados del rey lo tomaron y comenzaron a azotarlo. Cuando él sintió el látigo henderse sobre su cuerpo, gritó de dolor. «¡Parad! ¡Prefiero pagar!» Así él pagó el valor total del pescado después de haber probado de él y haber sentido el látigo también.

Similarmente, el Faraón y los Egipcios pagaron caramente por sus crímenes contra los Benei Israel. Primero, plagas fueron infligidas sobre sus cuerpos, y luego por añadidura, tuvieron que reembolsar a los Judíos con oro y plata.
Todo individuo Judío que abandonó Egipto llevó consigo noventa burros cargados con oro, plata y perlas. Mientras los Benei Israel se ocuparon ellos mismos con la mitzvá de llevarse la riqueza de Egipto, Moshé estaba comprometido en una mitzvá diferente. El estaba preparando el ataúd de Iosef para llevarlo para ser enterrado en Eretz Israel (como los hijos de Iosef habían prometido hacer). Moshé se esforzó él mismo por tres días tratando de localizar el ataúd de Iosef, pero su búsqueda fue infructuosa. Finalmente, él encontró a Seraj bat Asher, una mujer anciana, quien recordaba los eventos en el tiempo de la muerte de Iosef. Ella condujo a Moshé a un cierto paraje junto al Nilo y, señalando al río, le reveló a él, «¡Los magos del Faraón colocaron el cadáver de Iosef en un ataúd de metal y lo hundieron en el Nilo!» La razón por la cual los magos del Faraón habían enterrado a Iosef en el Nilo era su deseo de detener a los Judíos para siempre. Ellos dijeron al Faraón, «Los Judíos han prometido a Iosef enterrarlo en Eretz Israel. Si su ataúd fuera ocultado y ellos no pudieran recuperarlo, no podrán nunca partir.» Más aún, los astrólogos creían que las aguas del Nilo serían bendecidas por la presencia de los restos de Iosef.
Moshé, parado junto a la orilla del Nilo, llamó, «¡Iosef, Iosef!. Ha llegado el tiempo para que Hashem cumpla Su juramento de redimir a los Benei Israel, y ha llegado el tiempo de cumplir nuestro juramento para con vos. ¡Si tú te presentas nosotros llevaremos tu ataúd, mas si no, estamos absueltos de nuestro juramento!» Moshé lanzó una placa de metal dentro del río sobre la cual el Nombre Divino había sido grabado. Inmediatamente, el ataúd se puso a flote. La habilidad de Moshé para hacer ascender un ataúd de metal a la superficie del río no debería asombrarnos si nosotros consideramos que esta hazaña fue llevada a cabo incluso por una persona inferior a Moshé por el profeta Elishá, generaciones más tarde.

Los estudiantes del profeta Elishá fueron al Río Iardén (Jordán) para cortar vigas (con el propósito de construir para ellos un nuevo Beit Hamidrash). La cabeza del hacha de uno de los estudiantes cayó dentro del río. «¡Ay,maestro,» él exclamó a Elishá, «es prestada!»
Elishá le preguntó, «¿Dónde cayó?» El estudiante señaló el lugar. Elishá cortó una vara, la arrojó dentro del Río Iardén (Jordán) y la pieza de hierro se puso a flote. El estudiante extendió su mano y la recuperó.

En la noche de ietziat Mitzraim, Moshé también recolectó las vigas que Iaacov había traído a Egipto y la madera que sus hijos habían plantado allí con el propósito de construir el Mishkán. El número de hombres Judíos entre veinte y sesenta años de edad que partieron de Egipto en pleno día en este quince de Nisán era de 600.000 menos uno. Dijo Hashem, «¡Yo Me incluiré a Mí Mismo en el número para que sean exactamente 600.000!»121
Los erev rav, los mejores de los Egipcios se alistaron junto a los Benei Israel. A pesar de que Hashem había aconsejado a Moshé en contra de aceptarlos como gueirim, Moshé insistió. El discutió con Hashem, «Estas personas han presenciado Tu gran fuerza en Egipto. ¡Si nos acompañan a nosotros, experimentarán milagros adicionales y entonces comprenderán totalmente que no existe poder fuera de Ti!» Batia, la hija del Faraón, estaba entre aquéllos que se unieron al éxodo. Ella entró a Eretz Israel (como lo hicieron todas las mujeres de aquella generación,pues sólo los hombres pecaron en el desierto y murieron allí), y, más aún, fue una de las nueve personas rectas que fueron llevadas con vida al Gan Edén.

Una vez que el tiempo de la redención hubo llegado, los Benei Israel no fueron detenidos en Egipto por un momento extra. Partieron en la prisa más grande. Apremiados por los Egipcios, no tuvieron tiempo para preparar provisiones para el viaje sino llevaron consigo sólo la amarga masa no leudada que habían tenido la intención de dejar levantar y luego hornear. Más tarde hicieron matzot de esta masa. Un milagro ocurrió en donde aquellas matzot proveyeron alimentación suficiente por treinta días hasta que el man comenzó a caer el dieciséis de Iyar. Ellos envolvieron los restos de su comida de Pesaj de matzá y maror y los colocaron sobre sus hombros porque apreciaban la mitzvá de Hashem tanto que no permitirían a sus burros llevar los sobrantes. A pesar de que Benei Israel no sabían cómo ellos iban a sobrevivir en el desierto, todos ellos, hombres, mujeres, y niños, siguieron a Moshé con la más grande emuná que Hashem proveería para ellos. Hashem en Su bondad causó que el éxodo ocurriera en Nisán, un mes en el cual el tiempo es benigno y placentero, y no en una estación lluviosa o fría. Los Benei Israel alcanzaron su primer destino, la ciudad de Ramsés, en el espacio de un muy corto tiempo. De allí fueron milagrosamente transportados a la ciudad de Sucot como si en alas de águila. Luego ellos continuaron viajando hasta Eitam la cual linda el desierto.

El Significado de Ietziat Mitzraim (el Exodo de Egipto) para nuestra Generación

Toda generación tiene sus descreídos, ateos, escépticos y burlones quienes niegan la Providencia de un Di-s omnisciente e intentan persuadirnos a nosotros que no existe ni Recompensa ni Castigo. El Todopoderoso podría fácilmente refutar sus alegatos realizando milagros los cuales demostrarían Su existencia y poder. ¿Mas debería Hashem causar un cataclismo del cosmos, entremetiéndose en las leyes de la naturaleza, para los tontos y filósofos de cada generación que dudan de Su existencia? En lugar de ello, Hashem escogió demostrar Su Providencia y Poderío de una vez y por todas enviando las Plagas sobre Egipto y redimiendo a nuestros ancestros. Los eventos que tuvieron lugar antes y durante ietziat Mitzraim prueban lo siguiente:

– Hashem se comunica con grandes hombres y los elige a ellos como Sus profetas como puede ser visto del hecho de que Hashem habló a Moshé y le informó a él de las Plagas venideras.
El castiga a los reshaím (malvados) como es evidente del castigo de los Egipcios.
El guía los asuntos del mundo como está claro de la redención de los esclavizados Judíos.

Todos los eventos precitados fueron presenciados por nuestro pueblo íntegro. Ellos no sólo fueron registrados en la Torá y transmitidos por palabra de boca de una generación a la siguiente, sino, por añadidura, Hashem nos comandó a nosotros cumplir un gran número de mitzvot para asegurar que ietziat Mitzraim y sus milagros permanezcan por siempre frescos en nuestras mentes:

– Para este propósito El nos ordenó a nosotros mencionar ietziat Mitzraim al leer el Shemá (Devarím 16:3).
El ordenó que nosotros escribamos las porciones relacionadas con ietziat Mitzraim sobre rollos de pergamino y las coloquemos en los tefilín (filacterias).
El nos mandó a nosotros observar Pesaj y Shavuot en toda generación en memoria de ietziat Mitzraim, en adición a muchas más mitzvot.

En consecuencia, una persona que adquiere una mezuzá y la fija a la jamba de su puerta no ha meramente comprado un rollo de pergamino y lo ha clavado a una viga, sino que ha de tal modo realizado una mitzvá por la cual reconoce que Hashem es el Creador. En la misma veta, la Torá pronuncia el estricto castigo de caret sobre alguien que come jametz (alimentos leudados) en Pesaj porque de este modo niega la creencia en ietziat Mitzraim y, como resultado, en todos los principios de la Torá. Quien niega ietziat Mitzraim de tal modo niega a Hashem y Su Torá, quien reconoce ietziat Mitzraim admite la verdad de Hashem y Su Torá. Existe una mitzvá especial (en esta parshá) de relatar la historia de ietziat Mitzraim en la noche del quince de Nisán al tiempo cuando la matzá ( la que debe ser comida en esa noche) es colocada ante la persona. Aún si no hay ninguna otra persona presente a quien él pudiera relatar la narrativa de ietziat Mitzraim, él se debe recitar la historia del éxodo a sí mismo.

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El Midrash Dice, Vol. 2 Shemot

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1 comentario
  1. Yohanan preciado

    Quisiera mas informacion de todo del tema que quieran mandarme .me interesa mucho la tora es super intersante baruj jashem gracias mi abba kadosh

    25/10/2018 a las 21:45

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