Estudiando
2. Vaerá
El Libro de Shemot (Exodo)
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Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

Moshé y Aharón Realizan Señales Milagrosas

Hashem ordenó a Moshé y Aharón comandar al Faraón dejar ir a los Benei Israel. El predijo, «Yo endureceré el corazón del Faraón y luego multiplicaré Mis señales y maravillas en Egipto.» Esto no significaba que el Faraón sería incapaz de arrepentirse porque Hashem estaba endureciendo su corazón. Las palabras del Todopoderoso implicaban, «Yo le daré una oportunidad de hacer teshuvá por la duración de las primeras cinco Plagas. Sólo si él después de eso persiste en su iniquidad Yo detendré de él Mi Mano Auxiliante que está lista para asistir a aquéllos que hacen teshuvá.» Moshé y Aharón se presentaron en el palacio. Al verlos , el Faraón montó en cólera. Volviéndose a los guardias, gritó, «¿No he dado yo órdenes explícitas de no admitir más a estas personas?» Los guardias estaban confundidos. «Nosotros no sabemos cómo ellos pudieron haber entrado,» contestaron. «Todas las puertas del palacio están sumamente vigiladas.»
El Faraón se había jurado a sí mismo,»¡Cuando este Ben- Amram venga aquí la próxima, lo apuñalaré, lo colgaré, lo quemaré encontraré algún tipo de muerte que lo acabe!» Pero tan pronto como Moshé entró, el Faraón se volvió tan mudo como una estaca y no se atrevió a tocarlo.
Moshé y Aharón transmitieron el mensaje de Hashem al Faraón. Cuando el rey solicitó una señal, Aharón, en presencia de la corte Egipcia entera arrojó su bastón al suelo, y él fue transformado en una serpiente. El Faraón comenzó a reir. «¿Son éstas las maravillas de vuestro Di-s? se mofó. «¡Las personas usualmente intentan vender mercadería en un lugar donde se necesita, no en un lugar donde existe abundancia de ella! Nosotros los Egipcios somos los más famosos hechiceros en el mundo y ¡vosotros creísteis que podríais enseñarnos a nosotros magia! ¡Este truco es tan fácil para nosotros que hasta mi esposa sabe cómo realizarlo! El hizo señas a su esposa- quien en realidad era tan experta en brujería como todos los otros magos Egipcios combinados- y le dijo , «¿Véis a estos Judíos que han venido aquí para burlarse de nosotros?» El dio a su esposa un bastón, ordenándole convertirlo en una serpiente. Ella lo hizo. El Faraón se burló, «¡Aún los niños Egipcios son capaces de realizar esta suerte!» Ordenó que algunos niños de cuatro o cinco años fueran traídos y les entregó varas. Todos pudieron convertir los palos en culebras. El patio completo se llenó con retorcidas culebras. Los dos renombrados magos Egipcios, Iujani y Mamré, ridiculizaron a Moshé diciendo, «¿Intentásteis vos vender paja en Ofaraim, una ciudad superabundante en paja?¿Realmente creísteis que nosotros seríamos impresionados con vuestra magia en este país el cual originó el arte de magia negra?»
Moshé contestó, «Ese es precisamente el por qué Hashem me envió a mí aquí. Si alguien tiene buenas verduras para vender, las lleva a un mercado donde los compradores son expertos y las apreciarán.»
Las palabras de Moshé implicaban, «Eventualmente vosotros quienes sóis expertos en magia deberéis testificar la verdad, que nuestras maravillas no tienen sus orígenes en magia. Son fenómenos sobrenaturales los cuales pueden sólo ser logrados por el poder de Hashem.»
La serpiente de Aharón abrió su boca de par en par y devoró a todas las otras culebras que estaban deslizándose por el suelo.
«Este truco es tan viejo como Adám,» se mofó el consejero Bilám. «Todo el mundo sabe que una culebra puede tragar a otra. Que Aharón nos muestre si él sabe cómo hacer que un bastón trague a todos los otros bastones. ¡Si él es capaz de eso, nosotros sabremos que no es un hechicero común sino que es socorrido por la fuerza de Hashem!»
Un milagro ocurrió y la serpiente de Aharón se volvió nuevamente un bastón y devoró a todos los otros bastones. A pesar de ello, no era perceptible que recién había devorado docenas de varas porque permaneció tan delgado como antes. El Faraón tembló. «¿Qué si él ahora ordena a su bastón tragarse tanto a mí como a mi trono?» pensó. No obstante, como Hashem había predicho, el Faraón endureció su corazón y rehusó dejar libres a los Benei Israel.

La Primera Plaga: Sangre

Hashem dijo a Moshé, «El Faraón rehúsa dejar ir al pueblo. Adviértele a él que a menos que Me escuche, Yo le causaré una plaga devastadora a él y a su pueblo. Baja al Nilo temprano en la mañana para encontrar al Faraón y adviértelo a él allí. El finge ser un dios y por consiguiente va al Nilo a cumplir sus funciones corporales en secreto.» Hashem ordenó a Moshé, «Vé al río temprano en la mañana para probar al Faraón que él no es divino. Lleva contigo el bastón que fue convertido en una serpiente porque él lo reconocerá, recordará los milagros ejecutados con él, y se atemorizará. Díle, «Hashem, Di- s de los Hebreos, me ha enviado a comandaros, «Deja ir a Mi pueblo para que ellos puedan servirme en el desierto. Mas si tú rehúsas escuchar, sabe que con este bastón en mi mano Yo golpearé al agua en el río, y ella se volverá sangre.¡A través de esto tú sabrás que YO SOY HASHEM!»»
La estrategia de Hashem en castigar al Faraón fue enteramente diferente de la contienda armada conducida por seres humanos. Si un hombre desea derrotar a su enemigo, él prepara su ataque con la más grande reserva a fin de tomar a la otra persona por sorpresa. Hashem por el contrario, envió a Moshé anteriormente a la primera Plaga para dar una advertencia explícita al Faraón. De esto es evidente que Hashem esperaba que él hiciera teshuvá y la plaga por consiguiente fuera innecesaria.
Moshé encontró al Faraón temprano en la mañana junto al Nilo y lo censuró , diciendo, «Vos alegáis divinidad. ¿Qué, entonces, estáis vos haciendo aquí ahora? ¿Cumple también un dios funciones humanas?»
«¿Quién dijo que yo soy divino?» El Faraón le preguntó a él.
«¿No les decís eso a los Egipcios?»
«¿Y quiénes son los Egipcios? Esos tontos, no son seres humanos, ¡son asnos! ¿Importa lo que yo les digo a ellos?» el Faraón se mofó.
Moshé repitió las palabras de Hashem al Faraón, advirtiéndole a él que el Nilo se volvería sangre, mas el Faraón hizo caso omiso de la advertencia.
Hashem por consiguiente ordenó a Moshé, «¡Extiende tu mano y golpea al río!»
Moshé objetó, «¿Es correcto que yo golpee al Nilo? Alguien que bebió de un pozo no debería después arrojar piedras dentro de él. Al ser puesto en el Nilo cuando fui bebé, las aguas del río no hundieron la canasta sino en lugar de ello me protegieron. ¿Debería yo ahora golpear a esa misma agua?»
Hashem desafió a Moshé intencionalmente, esperando que él respondiera como lo hizo. De la respuesta de Moshé nosotros somos requeridos aprender el alcance de nuestra obligación en demostrar gratitud. Debiéramos razonar que si nosotros debemos ser agradecidos a cualquiera quien nos hizo una bondad , cuán más grande debe ser nuestra gratitud a Hashem Mismo Quien es la causa de todos los beneficios que una persona recibe y Quien siempre se propone hacernos bondad a nosotros.
Moshé advirtió al Faraón por un período de más de tres semanas, pero el Faraón no hizo caso.
Luego, los Egicios despertaron una mañana encontrando al Nilo fulgurando con un inusual color rojo. La espantosa noticia pronto se esparció. El líquido que llenaba el río, lucía, sabía, y olía como sangre. Todos los peces en el río habían muerto, y el río hedía. (La plaga acarreada a Egipto fue, de una forma, aún más severa que el mabul durante el cual los peces permanecieron con vida) Los Egipcios comenzaron a buscar diferentes fuentes de agua, diciendo, «Debe haber agua subterránea que esté limpia. Moshé pudo golpear sólo al agua que es perceptible al ojo.»
Ellos cavaron pozos alrededor del río, mas incluso el agua subterránea se había tornado sangre. Egipto pareció estar saturado con sangre. Sangre chorreaba de los pilares del palacio del Faraón; sangre goteaba de madera y piedras; sangre fluía de sus ídolos. Las frutas ya no producían jugo de fruta, porque cuando los Egipcios exprimían una fruta , sangre se escurría fuera. Incluso la saliva que salía de sus bocas se volvía sangre.
Existía sólo una fuente de clara, pura agua potable – el agua de la tierra de Goshen. Los Benei Israel tenían tanta agua como ellos querían. Los Egipcios corrían a Goshen para obtener un poco de aquel precioso líquido, pero tan pronto como ellos intentaban tomar un sorbo de agua, ella se convertía en sangre. Aún si un Egipcio compartía una jarra de agua con un Judío, el Judío bebía agua mientras que el líquido que corría por la garganta del Egipcio era sangre. Pronto, sin embargo, los Egipcios descubrieron que si pagaban dinero por el agua, ella permanecía agua. Fueron a Goshen trayendo oro y plata y así enriquecieron a los Benei Israel.
En las profundidades de sus corazones, los Egipcios sabían por qué Hashem los había afligido con esta plaga. Ellos adoraban al Nilo. El Di- s de los Judíos les estaba demostrando que el río no era, de hecho, divino. Por añadidura, la vista de la sangre recordó a los Egipcios la inocente sangre Judía que habían derramado. Además, Hashem los estaba castigando por medio del Nilo porque los Egipcios habían intentado impedir a las mujeres Judías sumergirse a sí mismas en el río para estar puras para sus maridos.
El Faraón citó a sus magos y los interrogó. «¿Sabéis vosotros convertir agua en sangre?»
«Nosotros lo sabemos,» ellos replicaron.
Los hechiceros egipcios convirtieron agua en sangre con magia. Viendo esto, el Faraón decidió ignorar la plaga lo mismo que él había ignorado la señal del bastón que había devorado a los otros bastones.
Esta primera plaga no dañó personalmente al Faraón por tres razones:
1. Hashem era paciente con él en su sufrimiento a causa de que Moshé había sido nutrido y criado en su casa.
2. Hashem esperaba que él aún hiciera teshuvá.
3. Hashem causó que el Faraón se tornara eminente a los ojos de los Egipcios para que su subsecuente caída pareciera tanto más drástica.
La Plaga de la Sangre duró siete días y fue acompañada por una Plaga de Pestilencia secundaria que mató a muchos Egipcios. Todas las Plagas subsiguientes fueron también acompañadas por la adicional Plaga de Pestilencia.
Cuando los siete días de la Plaga finalizaron, Hashem ordenó a Moshé advertir al Faraón acerca de la próxima plaga, diciendo, «Di al Faraón, «Si tú rehúsas despedir a los Benei Israel, Yo afligiré todas tus fronteras con ranas. ¡El río pululará con ranas, y ellas entrarán en tus casas y alcobas, en tus camas y en las casas de tus sirvientes, en tu pueblo y en tus hornos y tus artesas de amasar!»» Moshé advirtió al Faraón por tres semanas acerca de la Plaga de las Ranas, mas el Faraón no hizo caso de la advertencia.

La Segunda Plaga: Ranas

La segunda Plaga fue traída por mediación de Aharón y no por Moshé puesto que ella nuevamente ocasionaba afligir al río, y no era correcto para Moshé afligir al río que había protegido su canasta. Hashem ordenó a Moshé, «Dí a Aharón, «Extiende tu mano con tu bastón de forma tal que todas las corrientes, ríos y estanques de Egipto produzcan ranas.»» Tan pronto como Aharón extendió su mano, los Egipcios quedaron pasmados al contemplar una horrible vista. Fuera del río brincó una horrible rana de excesivo tamaño que comenzó a marchar bajando el camino principal hacia el palacio del Faraón. Hashem dio a los Egipcios una última oportunidad de arrepentirse antes de que ellos fueran invadidos por ranas adicionales. Los Egipcios llevaron armas y estacas con las cuales pretendían matar a la monstruosa rana. En lugar de caer muerta, ella abrió su boca de par en par y escupió legiones de ranas bebés. Dejó salir un silbido estridente, y ante esta señal, ejércitos de ranas salieron brincando fuera del río, acompañadas por otros reptiles de mar con colosales bocas y dientes. Ellos formaron una procesión y marcharon bajando el camino principal, aparentemente con un propósito definido en mente. El horror de los Egipcios puede ser bien imaginado cuando el ejército de ranas se encaminó directamente hacia el palacio del rey. Hashem hizo que la plaga visitase primero al Faraón ya que el Faraón se había tornado arrogante cuando vio que él personalmente no había sufrido de la Plaga de la Sangre. Hashem por consiguiente dijo, «Tú serás el primero en ser afectado por la Plaga de las Ranas.» Las ranas corrieron atravesando las entradas del palacio, subieron los escalones, y entraron al cuarto privado del Faraón. El Faraón estaba en cama cuando las ranas saltaron dentro de sus cobertores, se arrastraron bajo su ropa blanca, y mordiéndolo a él, se entremetieron dentro de su cuerpo. Después del Faraón, la totalidad de los otros nobles de la corte Egipcia fue infestada y luego la gente común. Las ranas llenaron las casas Egipcias, saltando sobre mesas y sillas y dentro de las camas de los Egipcios y mordiéndolos. La más grande y gorda de las ranas se asentó en el palacio del Faraón. Las ranas no perecieron incluso después de que se hubieron deslizado dentro de los cuerpos de los Egipcios. Continuaron haciendo un ruido ensordecedor en los estómagos de todos, gritando, «¿Cuánto tiempo tendremos que permanecer aquí?» Otro coro de ranas en las paredes del estómago croó de nuevo, «Hasta que Moshé, hijo de Amram, venga y rece para que nosotras seamos puestas en libertad.» La Plaga de las Ranas cubrió la tierra entera. Las ranas brincaron dentro de los campos y devoraron el producido del cultivo.
Incidentalmente, las ranas solucionaron una vieja disputa entre Egipto y las tierras vecinas concerniente a las demarcaciones precisas del país. Los Egipcios reclamaban ciertas tiras de tierra que los kushím sostenían formaban parte de su territorio. La plaga claramente definió las fronteras Egipcias porque dondequiera que las ranas se asentaron era incuestionablemente territorio Egipcio.
¿Cómo fue posible que las ranas entraran en las casas de piedra y mármol incluso después de que los Egipcios cerraran con llave sus puertas y ventanas? Este fue uno de los milagros de Hashem Quien cambió las leyes de la naturaleza, dando a una sustancia blanda el poder de penetrar una más dura. Tan pronto como las ranas gritaron, Nosotras somos mensajeras de Hashem Quien creó el mundo, el mármol y las piedras inmediatamente se separaron, permitiendo a las ranas penetrarlos.
Toda vez que una mujer Egipcia calentaba su horno a fin de hornear pan, las ranas brincarían dentro de la masa y la mordisquearían. La mujer por consiguiente la ponía apresuradamente dentro del horno. Las ranas, a pesar de ello, se asían a la masa, permitiendo ser ellas mismas horneadas junto a ella. Atemperaban el calor de tal modo que ningún pan nunca fue bien horneado.Los Egipcios sufrieron severamente de la Plaga de las Ranas. Ni un solo Egipcio pudo evadir la plaga de las ranas; tan pronto como él llenaba una taza para tomar un trago, la encontraba llena de odiosas ranas. A pesar de ello, consideraron al croar que continuaba aún después de que ellas entraran a los estómagos Egipcios peor que sus acciones destructivas. No había absolutamente ningún modo de deshacerse de las ranas pues si un Egipcio intentaba matar una con una vara o piedra, seis nuevas ranas brotaban en su lugar, y así tuvieron que abandonar todo intento de destruirlas. Hashem estaba castigando a los Egipcios midá- kenegued- midá (medida por medida). Los Egipcios solían torturar a sus infortunadas víctimas Judías ordenándoles recolectar todo tipo de aborrecibles animales rastreros e insectos (los que no necesitaban excepto por el placer sádico de hacer miserables las vidas de los Benei Israel); Hashem por tanto produjo a cambio ranas repulsivas que los nausearon. Faraón llamó a sus magos y les preguntó si también eran capaces de producir ranas. «Ciertamente,» ellos respondieron y trajeron a la vista ranas adicionales, (mas quedaron perplejos cuando llegó el tiempo de deshacerse de las existentes). El Faraón no tuvo más alternativa que llamar a Moshé y Aharón. «Implorad a Hashem que El quite las ranas de mí y de mi pueblo,» él rogó «y yo dejaré ir a los Benei Israel.»
«Ahora yo os probaré a vos que esta Plaga es un milagro Divino y no una ocurrencia natural,»Moshé anunció al Faraón. «Fijad el momento cuando esta Plaga debería finalizar, y yo rezaré a Hashem que le ponga fin en el tiempo que vos designéis.»
«Mañana,» dijo el Faraón.
«Será como vos decís,» proclamó Moshé, «para que vos sepáis que NO EXISTE NADIE COMO HASHEM, nuestro Di- s.»
Moshé clamó al Todopoderoso. Al preciso día siguiente, las ranas en las casas, patios, y campos perecieron, mas hubo una excepción: Todas las ranas que habían voluntariamente brincado dentro de los hornos permanecieron vivas y les fue permitido a retornar al río. Hashem de este modo demostró que quienquiera se sacrifica a sí mismo por Hashem nunca sufrirá una pérdida. Las ranas muertas no desaparecieron sino fueron dejadas yaciendo sobre todo Egipto. Los Egipcios tuvieron que palearlas juntas. Puesto que había tantas de ellas, cada Egipcio recolectó al menos cuatro pilas de ranas. Las ranas muertas eran aún más repugnantes que las vivientes.Emitían un hedor nauseabundo que penetró la tierra entera. Los Egipcios fueron de este modo devueltos midá- kenegued- midá por haber golpeado a los Judíos sin piedad hasta que un fétido olor emanó de sus bocas. La Plaga de las Ranas afligió sólo a los Egipcios mas exceptuó a los Benei Israel. De hecho, si un Judío y un Egipcio caminaban por el camino al mismo tiempo, la rana huía del Judío y saltaba sobre el Egipcio. Tan pronto como la Plaga finalizó, el Faraón nuevamente endureció su corazón. Esto es típico de todos los reshaím que no hacen jamás teshuvá sincera sino sólo hacen promesas bajo compulsión, rescindiéndolas tan pronto como sienten alivio.

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